Friday, September 29, 2006

Carta a Francia (no, no es para Pepe le Pew)



Valentina me pidio que pusiera esto aqui en el blog. La idea es copiar el texto, incluir sus datos personales, y mandarlos a cartasafrancia@hotmail.com. Se los paso al costo entonces.




Estimados compañeros por la Democracia de México.

Somos un pequeño grupo de activistas situados en tres partes del mundo. Queremos dar a conocer a todo el mundo anglófono y francófono lo que está sucediendo en México ante el fraude electoral. Para eso y para comenzar, aquí adjunto una carta preparada por uno de nosotros y que será traducida al inglés y al francés. Tenemos planeada enviarla a los medios comunicativos de habla francesa de Canadá y Francia, además de otras asociaciones o grupos de izquierda para que se unan a nuestra campaña del movimiento lopezobradorista. Nosotros vamos a dar nuestro nombres y datos al enviar estas cartas, pero necesitamos recabar más firmas.

LOS QUE ESTÉN DE ACUERDO CON ESTA CARTA EN SU VERSIÓN ESPAÑOLA ESCRIBAN A: to (para):
cartasafrancia@hotmail.com subject (asunto): ME ADHIERO ______________________________________________________________________ NOMBRE DE PILA Y UN APELLIDO LUGAR DE RESIDENCIA ____________________________________________________________________ Gracias por su colaboración y compromiso para que se divulgue el movimiento lopezobradorista y el fraude electoral.


A los pueblos del mundo


En los últimos meses los acontecimientos políticos en México han ido tomando un paso acelerado y no se vislumbra una solución a corto plazo. Por el contrario, todos los indicios apuntan al advenimiento de un periodo particularmente difícil. La versión oficial y muchos medios de comunicación tienden a reducir el problema a un asunto electoral agravado, según ellos, por la personalidad de uno de los candidatos. Pero el verdadero problema rebasa con mucho lo electoral y lo personal: lo que hay de fondo es el descontento incubado por mucho tiempo en una sociedad profundamente desigual e injusta.

México tiene una experiencia particularmente traumática respecto al fraude electoral: durante buena parte del siglo veinte todos sabían que las elecciones en realidad eran un acuerdo entre grupos de poder que negociaban entre sí y se turnaban la presidencia. El abuso y el fraude alcanzaron el status de folclor nacional. A partir del año 2000 se planteó el dilema de si el gobierno de derecha que había reemplazado al partido hegemónico pondría fin a la tradición del fraude electoral.

Sin embargo, la elección realizada el 2 de julio reciente tuvo un periodo de campaña electoral dominado por una visión de la política que no se conocía en México: sustituir la política por el odio y acicatear los prejuicios para imposibilitar la discusión. Además, la sospecha de que se preparaba un nuevo fraude electoral iba en aumento. En México no se cometió un fraude electoral: se cometieron varios en distintos niveles y con una sincronía perversa. Se dio en las campañas de odio, en la intervención ilegal de algunos empresarios y del presidente, en el padrón electoral alterado, en los conteos de votos con discrepancias absurdas, en las computadoras donde se reunió la información (que más bien mostraban un conteo diseñado en un escritorio y no el resultado de una colecta aleatoria), en las urnas que luego del proceso electoral aparecían abiertas cuando debían estar selladas etc., etc. La infamia no tiene magnitud.

Por si fuera poco, el tribunal que debía calificar la elección presentó un dictamen donde, a pesar de reconocer la existencia de muchas irregularidades, decidió no contar de nuevo los votos ni anular la elección sino dar por válido el triunfo del candidato de la derecha. Con ello establece el gravísimo precedente de que se puede violar cualquier ley sin que haya sanción porque, según los jueces, no hay manera de saber si las irregularidades realmente fueron determinantes para alterar el resultado.

En México hay un malestar inmenso y quienes están por acceder al poder no tienen la experiencia ni el oficio ni la integridad moral que les permita encontrar una salida. Confían en que olvidaremos pronto o que bastará con reprimirnos. No permitiremos que suceda una cosa ni la otra. El problema del fraude electoral no es un asunto local. Hay indicios de que se puede globalizar si una tendencia política a nivel planetario aprende a manejarlo con eficacia y sutileza. Los invitamos a que se mantengan atentos a lo que sucede en México, no sólo por nosotros, sino porque esto es un eslabón en la cadena de acontecimientos que definirán la suerte de la democracia en el mundo.

Un saludo fraternal desde México

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