Saturday, October 28, 2006

Puede ser la última gran batalla contra el autoritarismo, afirma el líder zapoteco

*Tenemos la oportunidad de erradicar a los caciques de Oaxaca: Joel Aquino
*El de Ulises Ruiz no es un cacicazgo a la antigua sino delincuencial, expresa el dirigente

BLANCHE PETRICH Y ENRIQUE MENDEZ ENVIADOS

Oaxaca, Oax., 27 de octubre. Después de décadas de luchas, fracasos y acumulación de experiencia, el movimiento popular de Oaxaca "ahora sí puede decir: tenemos la oportunidad de erradicar definitivamente a los caciques de Oaxaca. Esta puede ser la última gran batalla contra este sistema autoritario". Lo dice un líder que conoce bien eso de las décadas de luchas y fracasos, de golpes y cárcel, el zapoteco de Yalálag Joel Aquino, dirigente de la organización Uken ke uken, que significa "hacer posible lo imposible".

Con la capital del estado bloqueada por las barricadas, desvelada por balaceras aisladas y bajo amenaza de un inminente golpe de represión, Aquino sostiene que éste "es el momento más crucial que ha vivido Oaxaca"; una coyuntura que "resume una gran toma de conciencia en todos los niveles sociales y en todas las regiones sobre la persistencia de un sistema caciquil que contradice todos los valores que se supone representan la democracia".

Reconoce el riesgo. "Ya empezaron a actuar los sicarios de siempre. Los indígenas sabemos bien interpretar estas señales. Cuando la resistencia se hace presente ya es cuestión de días para que veamos a los líderes ahí, tirados en la calle. Esta ha sido nuestra historia."

Aquino lo sabe porque lo escuchó personalmente, casi de manera accidental, en un hotel del centro. El dueño del establecimiento, Luis Pérez Mariscal, estaba reunido con un grupo de hacendados conocidos por sus posiciones en favor de una solución violenta. Discutían los problemas que está teniendo en estos momentos el gobernador para echar a andar el tan anunciado golpe de fuerza contra la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca y el magisterio. Y decían: "Hombre, que él no se preocupe, si tiene las manos atadas. Que nos lo deje a nosotros. Que nos dé 150 millones y nosotros le limpiamos el centro".

Pese al peligro de que esta crisis desemboque en un baño de sangre, entiende que ésta es una "coyuntura única", ya que la confluencia de muchas fuerzas y sectores en un objetivo común -la caída del gobernador- ofrece "la posibilidad real de construir de manera colectiva una propuesta de nuevo gobierno donde la gente humilde, sobre todo la indígena, sea respetada".

Aquino hace notar que aunque el foco visible del movimiento antiautoritario está en la ciudad capital y gira en torno al eje APPO-sección 22, en las comunidades indígenas de la sierras Norte y Sur, en la Mixe y la Mazateca y en la Cuenca y los Valles Centrales hay una reserva de la resistencia que está actuando en la misma dirección desde sus regiones.

Son muchos los ejemplos pero elige hablar del de su propio pueblo, Yalálag, siempre inconforme, siempre confrontado con la autoridad priísta hasta que, con el costo de muchos muertos y presos, ha logrado imponer un gobierno de coalición donde se respeta la autonomía y los valores comunitarios. De Yalálag y pueblos conlindantes bajaron en marcha, apenas hace dos días, los zapotecos serranos.

Llegaron marchando directamente al kiosco del zócalo, donde opera una especie de mando central de la APPO. Al frente marchaba Eulalia Sánchez, con sus 90 años bien puestos, y se dirigió al mitin en zapoteco. "Hizo un deslinde indispensable -cuenta Aquino- ya que, días antes, un grupo de autoridades menores de las comunidades de la Sierra Norte habían firmado un desplegado de respaldo a Ulises Ruiz. Por eso bajaron de la sierra. Por dignidad."

De modo que Eulalia dejó bien claro que "nunca jamás" los serranos apoyarían a Ruiz Ortiz y pidió a los maestros "tener el valor de no retroceder y no cejar hasta que caiga".

Las organizaciones de la sierra, como muchas, no forman parte de la APPO. Pero a diferencia del pasado, explica el líder yalalteco, las resistencias "ahora sí estamos coordinadas, articuladas aunque cada una con sus modos propios, su autonomía". Así, el aislamiento de las luchas de antes ha quedado superado. Ahora lo que le pasa a algún pueblo atañe a todos. Y este ha sido el gran salto cualitativo en Oaxaca. "Por eso en la sierra aguantan los maestros días y días sin salario, con pura tortilla y sal."

Pero otra cosa ha cambiado y es la "calidad" de los caciques. "Sabemos que desde tiempos de José Murat, pero sobre todo ahora con Ulises Ruiz, éste ya no es un cacicazgo a la antigua sino un cacicazgo delincuencial. Se han ligado con el crimen organizado, se han constituido en mafias."

Aquino caracteriza a Ulises como un hombre "de poco entendimiento pero gran virulencia", y recuerda que llegó al gobierno con una marca de sangre. Sólo durante su campaña se produjeron dos asesinatos de líderes con el típico modus operandi de los caciques. El primero fue el del líder del Frente Huautleco Serafín García, en la Sierra Mazateca. Fue un ensayo para demostrar la capacidad de control de Elpidio Concha Altamirano, a quien llaman el "jefe paramilitar" de Ruiz Ortiz. El segundo fue el de la maestra Guadalupe Avila Salinas, que era candidata a la presidencia municipal de Estancia Grande, en la región Costa.

En esa zona, donde los finqueros son dueños de tierras, cosechas, tiendas, cargos políticos, transporte y vidas, es muy difícil que una mujer se lance a la lucha. Pero ella sí desafió al cacique, llevando por su cuenta un equipo de médicos para la población. Por haberse "saltado" la autoridad del presidente municipal, éste, personalmente, le vació el cargador de su pistola por la espalda. Aquino subraya el episodio como uno de los ejemplos más trágicos de los crímenes que llegan a desencadenarse en los territorios donde pesa más el cacique que cualquier ley. Guadalupe dejó dos hijos huérfanos. Su marido estaba de bracero en Estados Unidos. La comunidad lo mandó traer para que ocupara el lugar de su mujer en la contienda. Ahora él es el presidente municipal.

La procuradora de Justicia en aquel entonces, Patricia Abraham, se encargó de encubrir a los asesinos y fue premiada con una diputación federal. Eso fue antes de que tomara posesión Ulises. Lo que vino después es peor: más asesinatos, emboscadas y atentados casi cada mes.
Ayer se sumaron más muertos a la lista de sangre del actual mandatario. Pero Joel Aquino apunta: "Si viene un gran golpe represivo estos días, habrá gente que diga que se han cerrado las vías políticas y que es necesario tomar las armas. Hay que distinguir: ésa no es la forma de pensar del grueso del movimiento. En los pueblos hay gran capacidad creativa y organizativa y los grupos armados que ya existen no han logrado entrar. En las zonas donde las autonomías son fuertes no florece la guerrilla. Todavía tenemos una gran reserva de fuerza para hacer valer la ley."

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