Saturday, October 21, 2006

Un Hueco en la Sierra


Honor a quien honor merece...esto fue fusilado de lo que escribio SCHMEICHEL090 en

http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=710917&temaid=5101291

UN HUECO EN LA SIERRA (1847)

Grandes son las proezas del pueblo mexicano en la Guerra con los Estados Unidos de 1847. Sería imposible narrar todas las magníficas escenas de heroísmo, desarrolladas por las audaces guerrillas mexicanas. Y como claro ejemplo está el capítulo de San José del Monte, un apartado rincón en la sierra coahuilense. Habían llegado a él algunos oficiales mexicanos, dispersos tras la derrota en Sacramento, pero alentando bríos dignos de sus almas exentas, hablando a los habitantes de la sierra y recordando al eterno Hidalgo, alientan a la población en la iglesia, ante un estandarte de la Virgen de Guadalupe.

¡Qué vibrante entusiasmo en el pueblo de San José! Un ex Lancero, Suárez, muy querido en la comunidad, comienza a organizar su defensa ante dos compañías y dos piezas de artillería americanas que se ha avistado aproximarse, tratando de entrar al pueblo impunemente.

-¡¡¡Viva México, Viva Nuestra Señora de Guadalupe, María Santísima nos ampare!!!- exclamaron algunos rancheros.

-¡¡¡Viva México!!!- tronó la voz de Suárez el Guerrillero

Y retumbó entonces inmenso griterío de hombres, mujeres y niños, todo el pueblo de San José del Monte ordenado en masa en el atrio de la iglesia.

En aquel mismo instante se oyó el estampido del cañón norteamericano.

Y la avalancha humana se precipitó furiosamente a través de la pequeña plaza, entre los árboles, desembocando por la callejuela norte.

Iban por fin a romper el cerco que el Mayor Stepheson había aferrado al pueblo, batiendo la iglesia con el fuego acompasado y terrible de sus dos cañones ligeros; iban por fin a precipitarse sobre el bárbaro enemigo que intentaba destruir a San José desde lejos, sin peligro para sus infantes, ¡sin tener que derramar ni una gota de sangre americana! Marchaban a vanguardia dos pelotones de Lanceros con un frente de cinco jinetes y un fondo de seis. En seguida, sobre mulas, viejos caballos, asnos y carretas, las mujeres, los ancianos y niños arreando bueyes y carneros, seguidos de sus fieles perros, en un montón confuso de tribu alentada a la batalla.

Al frente de aquel humano montón, lanzado a todo galope, iba sobre un potro aún no bien domado, el joven sacristán de la iglesia, el cual llevaba atada a su cuerpo y a su cabalgadura, la lanza a cuya punta flotaba el lienzo tricolor con la imagen de la Virgen de Guadalupe

Cincuenta guerrilleros de los mejores, armados con machete, lanza y reata, con Suárez al frente, cerraban la columna.

Y todos, sin excepción, guerrilleros y mujeres, niños y viejos, gritaban terriblemente, animados en el vértigo huracanado de su carrera

-¡Viva México, Viva la Virgen de Guadalupe!- Relinchaban los caballos, ladraban los perros y los nobles toros mugían azotados por la garrocha de los robustos ganaderos, armados de viejos machetes...

El enemigo no tuvo tiempo de para enfilar aquella masa humana al atravesar la callejuela
Tres minutos después de la partida del atrio de la iglesia desembocaban en el campo, ya al abrigo de una colina, tras la cual estaban los cañones y las dos compañías americanas.

Entonces fue cuando los pelotones de Lanceros de la vanguardia aumentaron su parte, dispersándose en un gran espacio; veinte jinetes de retaguardia avanzaron a proteger la derecha de la masa de gente de pueblo, en tanto que diez cubrieron la izquierda, menos expuesta.
Sin duda, el Mayor Stepheson no esperaba tan temeraria salida en masa y permaneció estupefacto algunos instantes, pues no se movió

Hasta que al fin el cañón, con mala puntería, atronó el espacio, dominado por la espantosa gritería, y su bala, pasando a dos centímetros de las cabezas de los Lanceros, fue a estrellarse contra la tapia de una huerta cercana, en lo alto de la colina

Después la descarga de fusilería. Una compañía americana cerraba el paso a la muchedumbre hacia los cañones

El combate principió. Los primeros Lanceros, aullando, cargaron brutalmente contra los infantes enemigos, a punta de lanza y filo de machete.

Y entonces fue cuando lanzas y machetes mexicanos no se dieron punto de descanso para atravesar pechos norteamericanos, pasando de uno a otro, evolucionando prodigiosamente con sus pequeños caballos que parecían tener alas; y entonces los robustos ganaderos del pueblo, que solo tenían reatas, las lanzaban al aire serpenteando pavorosamente y cayendo sobre los grupos de soldados enemigos a los que derribaba y arrollaba luego.

¡¡Oh, las gloriosas reatas mexicanas de aquellos rudos ganaderos coahuilenses!! El estruendo era atroz, el humo envolvía el combate. Un pánico siniestro recorría las filas del extranjero al ver volar aquellas serpientes que los sujetaban, sin saber como, con nudos trágicos.

Y Suárez, en su yegua retinta, pequeña y agilísima, iba manejando su gran lanza, delgada y aguda, clavándola una y otra vez en los cuerpos de los arrogantes soldados americanos.

Su voz tronaba, destacándose entre el traqueteo de la fusilería

-¡¡A ver, Culobrotas, Chato, Malgareño, Chucho y tú, Sapo... a las reatas y a lazar el cañón!!- gritó el caudillo

Y cuando tras la colina que había a la entrada del pueblo se rehicieron diez a doce Lanceros, mientras se alejaban por la izquierda las gentes inútiles del pueblo, acometieron los lanzadores presididos por un grupo de Lanceros.

Tronó el cañón y quedaron algunos cadáveres de hombres y caballos

-¡¡Viva México, Viva la Virgen de Guadalupe!!... –

¡¡Y ya están sobre el cañón!!

Terribles, en sus altos frisones negros, treinta dragones americanos se abalanzan rabiosos sobre nuestros Lanceros; pero éstos, al recibirlos, quiebran rápidamente sus caballos, esquivan los robustos y ágiles mexicanos a los fuertes jinetes estadounidenses, les toman la retaguardia y los matan a todos a machetazos por la espalda, por los hombros, sobre el cuello, por donde cae la pesada masa del ágil machete mexicano

¡¡Y al fin, desarrollándose en lo alto, sobre las cabezas de los combatientes, una reata cae sobre el cuello del cañón, haciéndolo girar en el momento en que iba a hacer fuego... y dispara... pero ha disparado sobre le flanco de las compañías americanas, barriéndolas completamente...!!

-¡¡Viva México!!- tronaban los mexicanos entusiasmados ante la victoria

-¡¡Otras reatas, otras reatas!!- gritaban los Lanceros, abalanzándose sobre la segunda pieza.
Y el pánico enemigo ante aquel disparo le hizo abandonar sus cañones. Y mientras llegaban otras fuerzas americanas, Suárez y sus tropas ganaron el sur, pródigo en recursos, escoltando a los cañones capturados y la heroica población de San José del Monte, que fue a adorar en un hueco de la sierra a su querida y salvadora Virgen de Guadalupe

¡¡Se habían evocado espléndidamente las glorias de nuestra Guerra de Independencia!!
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En parte de:

Frias, Heriberto (1901) Episodios Militares Mexicanos. Ciudad de México
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Nota aparte: el cuerpo de lanceros mexicanos era el arma de choque preferida de los ejercitos de Anahuac del siglo XIX. Estos portaban una lanza como de tres metros de largo. Se distinguieron en varias acciones tanto en Tejas, como en 47, y el cuerpo de Lanceros de Toluca de la division mexiquense del general Berriozabal se cubrio de gloria el cinco de mayo masacrando al segundo regimiento de zuavos al pie de los fuertes. Por lo general la infanteria de esos tiempos, si formaba cuadro, era mas o menos inmune a una carga de caballeria. Se tiene que tener mucha sangre fria tanto para esperar esta --y disparar en el ultimo minuto-- como para asaltar a un cuadro de infanteria, sabiendo que los van a acribillar.

La montura de los lanceros mexicanos eran unos caballos pequenos, mas bien como los ponies de los apaches, pero muy correosos. Nuestros soldados, hay que recordar, eran conocidos como los "boca de palo" pues rara vez tenian para comer asi pues sus caballos tenian que ser tan correosos como los jinetes. Los europeos para sus caballeros medievales habian evolucionado al destrier y al percheron para que aguantaran el peso de la armadura y del jinete. Desarrollaron entonces cuerpos de caballeria pesada entre los mas famosos se encontraban los coraceros de Milhaud de la Grand Armee. A la America nos llego sin embargo el caballo arabe, mucho mas pequeno y de todas maneras el jinete mexicano no era tan toscote.

La caballeria mexicana tenia la tradicion de cargar como fuera, ya sea entre barrancas o monte arriba o hacia abajo o en terreno plano y despejado (este ultimo es el ideal pero raramente se contaba con ese lujo). Se necesita estar medio loco o ser un comanche para cargar bajo esas condiciones. Sin embargo, la tradicion de cabalgar en todo terreno se conservo hasta nuestros dias. El general Mariles diseno un circuito de entrenamiento con el que preparo a Arete, el caballo con que gano el oro en las olimpiadas. Ni a pie se atreve uno a atravesarlo a riesgo de romperse una pierna, ya se imaginan como esta.

1 comment:

Anonymous said...

No, no se necesita estar loco ni ser comanche para cargar en estas condiciones. Nuestros Lanceros siempre fueron las tropas más aguerridas de todas nuestras fuerzas armadas durante el pasado S. XIX... Y la formación de la infantería en cuadro, a la bayoneta, efectiva contra Coraceros y Húsares, es por otro lado inservible contra Lanceros. Al cargar brutalmente con sus lanzas de 3 a 5 metros en escuadrón compacto, solo la primera línea recibe el impacto de la fusilería, mientras que el resto se abalanza contra el enemigo, que está recargando sus armas... y sí, muy bien dicho, nuestros Lanceros tenían fama de cargar como y donde fuera... chequate este relato del 47:
"Al amanecer del 21, la columna de Worth se puso en marcha, dirigiéndose rumbo al río, con el objeto de tomar el Fortín de la Federación. Nuestra caballería, al mando del General Torrejón intentó cortarle el paso, cargando con determinación contra la compacta y sólida infantería enemiga. Esta hizo alto tras unas milpas y cercas de árboles y piedras, desde donde rompió un fuego ordenado, vivo y certero, que desorganizó a los cuerpos de jinetes mexicanos, detenidos por los obstáculos del terreno. En vano el General Don Manuel Romero hace esfuerzos inauditos por abrir un portillo por donde pasar para caer sobre el enemigo; su fuego diezma a la tropa mexicana, en tanto el comandante de los Lanceros de Jalisco, Coronel Juan Nájera, cae muerto al frente de sus valientes. Pero no todo era cosa fácil para el invasor. El Teniente Coronel Jesús Torres, que pudo llegar al frente de cincuenta Lanceros Capitalinos hasta la terrible línea de hierro y fuego de los americanos, hace atroz carnicería entre la infantería invasora, lanza en ristre, hasta quedar aislado en la lucha, muertos sus bravos soldados y él solo, herido, llega intrépidamente hasta los mismos cañones enemigos donde, rota su lanza, tira de la espada y acuchilla, heroico y sublime, a los artilleros americanos, desconcertados en aquel punto por tan valiente carga... Luego vuelve bridas y regresa a galope, cubierto de sudor, polvo y sangre, yendo a reunirse con el resto de la caballería que no pudo cargar... ¡Había recibido en su cuerpo, caballo y montura quince balas!...."

Gracias por poner mi topic... la información sobre mis Lanceros la sacaste de Wikipedia, yo también la subí... "Quién se enrole como Lancero, o está demente o es un valiente..." se decía en aquellos años... saludos

schmeichel090