Monday, October 23, 2006

CALAVERAS

Amigos Sombrerudos:

Con motivo de la celebración del Día de Muertos , les mando estas calaveras de mi autoría:

Democracia.

Estaba la democracia
instalada en mi país.
Ella no era muy feliz
presintiendo una desgracia.
Hildebrando, con falacia
a la muerte se asoció.
Con su programa asestó
certera y cruel puñalada.
A la democracia amada:
muerta en su nicho dejó.






Calderón

Dispuesto era Calderón
a pactar con el demonio,
p'a vender el patrimonio
de México,el muy fregón.
El decía: la razón
como siempre, me acompaña,
mas no contó con la maña
de la muerte traicionera,
que atrás de la puerta espera:
segarlo con su guadaña.

Fox.

Fox contento se retira
p'a descansar en su rancho
él piensa que sí dió el ancho.
Siente que el pueblo lo admira.
Pasar a la historia aspira
como el mas buen gobernante;
pero no sabe el tunante
que la parca justiciera
en su ranchito lo espera
P'a quitarle lo farsante.

María de Lourdes Aguirre Beltrán


Marta y Sus Hijos

Verdadera presidenta
en este sexenio fué
lo dice, con mucha fe:
¡Lo que ordeno, es lo que cuenta!
Mil riquezas, ella ostenta :
sus hijos son millonarios
a costa de los erarios.
Mas la pelona envidiosa,
tiene en la mente otra cosa:
¡Llevarse a los perdularios!




Ulises Ruiz

Con sangre del magisterio
el vampiro se alimenta,
y su autoridad ostenta
al gobernar con imperio.
Reprime con fuerza, en serio.
No se tienta el corazón;
nunca admite la razón.
En su cargo se empecina:
Hoy la calaca, con muina,
se lo arrastra hasta el panteón.

María de lourdes Aguirre Beltrán










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El Alba

A ver como sale esto. Es una novela por entregas, muy al estilo del siglo XIX, aunque sin el talento de un Sue o un Dumas por supuesto. He descubierto cosas muy fascinantes acerca del periodo preliminar de la independencia. Habia toda suerte de conspiraciones. La inquisicion andaba por todas partes. La bronca es que Napoleon habia secuestrado a Fernando VII y habia puesto a un espurio en el trono de España, a su hermano Jose, llamado Pepe Botella por lo borrachin. A resultas de tener tal espurio borrachin en el trono las instituciones quedaban desacreditadas. Muchos argumentaban entonces que la soberania recaia entonces en los pueblos. Esto dividio a los Españoles asentados en Mexico en dos partidos, y de ahi pal real...

I Desayuno del Virrey - Junio 23 de 1808 – Ciudad de Mexico

En la obscuridad, un gallo canto. Jose Joaquin de Iturrigaray y Arostegui, general del ejercito de España, veterano de Rosellon, y virrey de la Nueva España, se desperto. Acostumbrado a las fatigas y sobresaltos militares, tenia el sueño ligero. A su lado, su esposa, Maria Inez de Jauregui, dormia placidamente. El virrey camino al balcon de sus aposentos. La calle estaba vacia, tranquila, en unas cuantas horas se llenaria de gente y de carretas. Al oriente, entre los dos volcanes gigantes que custodiaban el valle de Mexico, se divisaba un tenue resplandor que anunciaba el alba. “Agua va!” dijo y desde el balcon vacio la basinica que acababa de usar. El palacio no tenia plomeria.

El virrey se arropo pues la mañana era fresca y el, a sus 66 años, ya no era un hombre joven. Una tenue linterna de aceite de ballena alumbraba los corredores del palacio de los virreyes. Iturrigaray camino cuidadosamente por el corredor pues toda la noche habia estado el chipi chipi y la loza estaba resbalosa. Luego descendio por una amplia escalera que daba a un hermoso patio adoquinado. Este estaba rodeado de una gran variedad de plantas que Iturrigaray habia coleccionado en sus viajes por la Nueva España. En una esquina habia una puerta de donde salia la luz de varias linternas. Don Jose vio a varias mujeres de piel cobriza dentro. Hablaban quedamente mientras trabajaban.

“Dona Matilde, señoras, buenos dias,” saludo el virrey entrando en la habitacion. Las mujeres inclinaron la cabeza.

La encargada de la cocina virreinal, una mujer morenisima y de carnes generosas se le acerco. “Buenos dias tenga su merced. Le preparamos el desayuno?”

El virrey, un peninsular grandote y colorado que habia echado panza desde que llego a Mexico, se lamio los labios. Habia adquirido gran gusto por los guisos de la Nueva España. “Si! Le agradeceria que me hiciera esos chilaquiles, como uds. los llaman. Sin embargo, no me cargue mucho el chile esta vez, por favor.”

La mujer le sonrio y mostro una dentadura perfecta. “No se preocupe, don Jose, me ire con tiento. Quiere que se lo llevemos a sus habitaciones?”

“No,” dijo el virrey jalando una silla y sentandose en una mesita. Saco una bolsa con tabaco y empezo a prepararse un pitillo. “La virreina todavia duerme. Aqui comere si no tiene ud. inconveniente.”

“Por supuesto, don Jose!” dijo la mujer mientras le servia un aromatico café de olla. En eso entro el sargento Blas, de la guardia del palacio. Al ver al virrey se cuadro y saludo.

“Que tal la guardia sargento?” pregunto el virrey. El sargento era un hombre pequeño, indigena, con bigotes de aguamiel. En el ejercito de España en la Nueva España era raro encontrar sangre peninsular excepto en los cuadros superiores. La pregunta que estos ultimos siempre tenian en su mente era: se harian matar estos hombres morenos por el rey?

“Sin novedad, su señoria,” explico el sargento. Tan solo unos borrachos que pasaron frente a palacio a la media noche.”

“Creo que oi algo de escandalo.”

“Llamamos a los serenos, su señoria, y los arrestaron pero resultaron ser influyentes, unos hidalgos que andaban dando serenatas y se pasaron de copas. Los llevaron al arzobispado para dormir la mona.”

“Si, me imagino que salieron con eso de que ‘usted no sabe con quien se mete’, verdad?”

“Pos ya se imagina, su señoria. Se ponen luego rete majaderos.”

El virrey se rio. “Pues ojala entonces que las mazmorras del arzobispo los hagan entrar en razon.”

“Aqui esta el atole para la guardia, sargento,” dijo doña Matilde dandole a este un tarro grande y una canasta con tortillas calientitas y recien hechas.

“Con su permiso su señoria,” el sargento saludo otra vez y se llevo el desayuno.

Afortunadamente, penso para sus adentros Iturrigaray, en la Nueva España hay tranquilidad. El gallo volvio a cantar. Picoteaba en el patio del palacio acompañado de dos gallinas. A una de ellas el pajarraco se le monto. Iturrigaray los vio y sonrio. En la Nueva España nunca pasa nada, todo es como Dios manda.

El reino de la Nueva España que Iturrigaray gobernaba se extendia desde las desoladas planicies de Tejas hasta las impenetrables selvas del Darien en Panama. El Baron de Humboldt, apenas hace unos años huesped de Iturrigaray, calculaba su poblacion en tan solo seis millones de almas. Es decir, la Nueva España estaba muy despoblada.

Los EEUU empezaban a ser un problema. Varias veces la marina virreinal habia arrestado naves de estos pescando ilegalmente en las costas de California y de Tejas. La frontera norte con la Luisiana, poco cuidada a excepto de unos cuantos presidios aislados, era comunmente cruzada por toda clase de forajidos e ilegales norteamericanos. A raiz de la venta de la Luisiana a los EEUU se extendia entre sus habitantes la doctrina del Destino Manifiesto segun el cual los norteamericanos eran destinados por Dios a extender sus dominios de oceano a oceano.

El plato de chilaquiles fue excelente y la conversacion con las mujeres de la cocina amenizo el desayuno del virrey. Para cuando se levanto de la mesa don Jose se sintio tentado a volver a la cama a dormir un rato mas. Sintio una sensacion de pesadez y los comienzos de un mareo. Estaba sobrepasado de peso, el lo sabia bien, y era aficionado en demasia al rioja que traian de su madre patria. Suspiro con tristeza, ya no era el mismo perdonavidas que habia marchado al frente del tercio de Cataluña contra el centro de la linea francesa en Rosellon enmedio de un huracan de metralla y con la tierra resbaladiza con sangre, entrañas, y sesos. El mareo paso. Era, penso don Jose sonriendo, lo que los mexicanos llamaban “la bola”…la bola de años.

“Con el perdon de su señoria!” anuncio el sargento Blas. “Tiene un visitante que acaba de llegar de Veracruz. Trae la contraseña del servicio de la corona y dice que es urgente que lo reciba.”

Detras del sargento venia un hombre alto vestido con ropas de viajero. Se quito el amplio sombrero de charro y Iturrigaray reonocio a Fray Melchor de Talamantes. Iturrigaray sonrio y lo abrazo. “Vaya! El fraile Inca! Que os trae por aqui? Acaso a la flor de la canela viene a enraizarce en estas tierras? Enhorabuena!”

Fray Melchor de Talamantes, cura seglar y antiguo miembro de la orden de los carmelitas, era un mestizo que habia nacido en Peru donde sirvio a las ordenes del virrey de esa provincia. Aficionado a los libros subversivos, por lo general de escritores franceses, y al juego, habia atraido la atencion del tribunal del santo oficio. Habia decidido por prudencia –y decian los malillas que huyendo de ciertos maridos cornupetas pues el fraile era buen mozo—emigrar a la Nueva España. Ahi entro al servicio del virrey Iturrigaray el cual le confio varias misiones delicadas, de las que involucraban descargo de polvora o de dar lo que en Mejico (asi lo escribian los españoles) llamaban mordidas o cruzar acero y crear viudas y huerfanos.

En una de sus misioes al servicio del virrey Fray Melchor recorrio la frontera de Tejas con Luisiana e hizo un reporte sobre lo expuesta que estaba esta provincia a una invasion de filibusteros. Iturrigaray hizo lo que pudo por fortalecer las guarniciones de los presidios y mando a la peninsula el reporte con la recomendacion de que se le prestara oido. Desafortunadamente ese reporte languidecia tal vez en algun cajon olvidado del archivo de indias.

“Vive Dios, don Jose, que si usted contemplara esa mulata acabaria tan enamorado de ella como toda Lima lo esta. No, su señoria, vengo a darle parte de menesteres mas graves. No hace unos cuantos dias que llego una nave desde España a Veracruz. En cuanto lei los periodicos que traia me vine a matacaballo a la capital. Acabo apenas de llegar. Podemos hablar en privado?”

“Sigame, Fray Melchor,” dijo Iturrigaray sin mas. Si Talamantes cabalgo a matacaballo entonces las noticias que traia eran graves. Los dos hombres se dirigieron al despacho del virrey. En el patio se oyo al gallo volver a cantar.

II Guelatao

Esa misma mañana, muchisimo mas al sur de la Ciudad de Mexico, entre las verdes montañas de Oaxaca, tres viajeros divisaban un humilde caserio. Los tres viajeros eran bastante disimiles. El que parecia ser el lider era alto, cobrizo, y flaco de carnes. Lo seguia un hombre extremadamente gordo, bajo, y muy moreno. Finalmente habia un tercero que parecia ser el termino medio pues no estaba ni muy flaco ni muy gordo y ni muy alto o bajo. Sin embargo, su craneo mostraba la deformacion tipica a la que se sometian los antiguos habitantes de la peninsula yucateca. Los tres eran obviamente indigenas e iban vestidos a la usanza de cada uno de sus pueblos: mexica, totonaca, y maya. Lo unico que tenian en comun era la cabellera cana pues ya estaban entrados en años.

“Pues ahi esta Guelatao,” anuncio el lider.

“Bendito sea dios,” dijo el totonaca. “Estos cerros son solo de subida!”

“Bien, recomiendo prudencia, hermanos” apunto el maya. “Si interprete los signos correctamente, el niño esta sano. Pero no conviene atraer la atencion hacia el.”

Tanto el mexica como el totonaca se persinaron. Lo que el maya implicaba era no atraer la atencion de cierto personaje innombrable, su nemesis.

“Bueno, pues, escenificare la farsa cual debe de ser,” dijo el mexica. Se quito su ayate y se puso un habito de franciscano. La tonsura que llevaba era natural.

Los tres viajeros bajaron al pueblo, que estaba en una cañada junto a un arroyo. Los perros de inmediato empezaron a ladrar. Los hombres, que se dirigian a las milpas, los vieron y se descubrieron al ver al “franciscano”.

“Avenganse al santisimo!” anuncio el maya en zapoteco, lengua que dominaba. “El cura don Ramiro ha venido a bautizar a los niños que esten sin este sacramento. Juntense pues. Tienen que negar al diablo!”

El que se apareciera un cura por esos cerros perdidos era un gran acontecimiento. La intencion de trabajar de los hombres fue abandonada. Iba a haber fiesta. Se buscaron las botellas escondidas. Mas de un infeliz cochino y pipila (guajolote) fue sacrificado ese dia para preparar los tamales. Las mujeres de inmediato empezaron a organizar los bautizos y algunas parejas se presentaron a pedir que los casaran para ya no vivir en el pecado. Empezaron por bautizar a los mas tiernitos. La mortalidad infantil era muy alta y el que un niño “se lograra” era considerada como una gran bendicion.

Despues de varias horas de hacer cola, una mujer se presento llevando de la mano a un niño de dos años. “Se llama Benito,” explico la mujer.

El cura cruzo una mirada significativa con sus compañeros. El niño los miraba con asombro y algo de recelo. En forma rapida el cura le derramo agua bendita en la testa y solto unos latinajos, pues no solo dominaba esta lengua sino tambien el griego y el arabe.

“Señora, mis compañeros son medicos de gran renombre en el Totonacapam y en Yucatan. Ellos quieren saber si su hijo esta de buena salud.”

“Pues mire, señor cura, a no ser que es un poco distraido, esta sano. Es muy seriecito, no como yo o su papa.”

“Si nos permite,” continuo el cura, “le quisieramos dar un amuleto sagrado para que lo proteja. Esta ud. de acuerdo?” La mujer de inmediato accedio y les dio las gracias y se llevo al niño que ahora portaba un amuleto colgando del cuello. Empezo a caer una fina lluvia. El mexica quedamente dio las gracias a Tlaloc.

Tres dias estuvo en Guelatao el cura don Ramiro y sus dos compañeros. La familia del niño les dio posada, cosa que aprovecharon para observarlo y darle consejos. Varias parejas se echaron la soga al cuello y muchos niños abjuraron de Satanas. Los doctores del Totonacampan y de Yucatan hicieron muchas curaciones y prepararon varios brebajes que ayudaron a aliviar las multiples querencias del lugar. Igualmente afortunado fue un anciano que coincidio en morir mientras el cura estaba en el pueblo y recibio por lo tanto la extrema uncion.

Varios años despues, cuando un dia se presento un dominico agrio que dijo no saber de ningun franciscano de nombre don Ramiro, todavia se recordaba la memoria de los tres sabios ancianos que habian dado un amuleto para proteger al niño Benito Juarez, el mismo que se decia ahora estudiaba leyes en la Antequera.

(tu bi continued)


Adelitas y Sombrerudos

Falta una semana para el dia de muertos, esperamos sus calaveritas o lo que ustedes quieran

Saludos

Carla

El Jefe Seatle

Esta es la declaración más bella y amorosa hacia el medio ambiente que se haya escrito.

ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA, Junio de 1854 *

DECLARACIÓN DE AMOR AL MEDIO AMBIENTE DEL PUEBLO INDÍGENA “PIELES ROJAS”

PORQUE SOY UN SALVAJE QUE NO COMPRENDE NADA.

En 1854, Franklin Pierce el “Gran Jefe Blanco” (o sea el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica), ofreció comprar amplísima extensión de tierras de una tribu piel roja prometiendo crear una reservación para el pueblo indio.

La respuesta del Jefe Indio “Seattle” (un hombre que era poeta y filósofo sin saberlo, y también profeta que pudo prever el desastre ecológico que provocaría el hombre blanco) aquí publicada en su totalidad, ha sido descrita como la declaración mas bella y profunda jamás hecha sobre el medio ambiente.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, y aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas ¿cómo podrían ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo.

Cada brillante mata de pino, cada grano de arena de las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las vena de los árboles lleva consigo la memoria de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden su paseo entre las estrellas; en cambio nuestros muertos no pueden olvidar nunca esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos.

Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y del hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello cuando el gran jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros.

El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ellos consideramos su oferta de comprar nuestras tierras; lo cual no es fácil, ya que estas tierras son sagradas para nosotros. El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solo agua sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si le vendemos la tierra deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las clara aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de la vida de nuestra gente. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle y la tierra convertida en desiertos.

Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa; tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás solo un desierto.

No se, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del indio piel roja. Su ganado convierte en desierto sus suelos, el hombre blanco destruye todo a su paso por su deseo de expansión y por presumir su tecnología que pronto nos destruirá a todos.

Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, no hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos, pero quizás esto debe ser también porque soy un salvaje que no comprende nada.

El ruido solo parece insultar nuestros oídos, pero después de todo ¿para que sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras, ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del medio día o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento: la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire.

El hombre blanco no parece consiente del aire que respira del mismo modo que un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire nos es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras ustedes deben conservarlas como casa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no tengo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por los fusiles del hombre blanco “cazador deportivo” desde un tren en marcha.

Soy un salvaje y no comprendo como una máquina puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre blanco sin los animales? Si todos los animales fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual. Porque lo que suceda a los animales también sucederá al hombre. Todo va enlazado. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con la vida de nuestros semejantes. A fin de que sepan respetarla.

Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a nuestra tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos, la tierra no le pertenece al hombre, el hombre le pertenece a la tierra, que lo engendró. Esto sabemos, todo va enlazado. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida, el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo quizás seamos hermanos.

Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: que nuestro Dios es el mismo Dios de ellos. Ustedes pueden pensar que ahora El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un gran valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del Creador.

También los blancos se extinguirán quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos, pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por alguna razón especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Este destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porque se extermina a los búfalos, se doman los caballos salvajes, se contaminan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres, y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció.

Termina la vida y empieza la supervivencia.

* Texto tomado de la Carpeta Informativa del Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA). 5 de Junio de 1976 Día >Mundial del Medio Ambiente.