Sunday, December 24, 2006

EL FALSO TERROR- EL CAMINO A LA GUERRA Y A LA DICTADURA

Michael Rivero

www.whatreallyhappened.com

Es el truco más Viejo en los libros que data de los tiempos de los romanos para crear a los enemigos que necesitas.

En el año 70 antes de Cristo Marco Licinio Craso, un insignificante pero ambicioso político que tenía mucho dinero, quería gobernar Roma. Tan solo para que te des una idea de la clase de hombre que realmente era Craso, a él se le acredita la invención de la brigada de bomberos. Pero en la versión de Craso, sus esclavos bomberos corrían a la escena de un edificio en llamas; mientras tanto Craso acudía a ofrecerle al dueño una pequeña fracción del valor de la propiedad. Si el dueño se la vendía, los esclavos de Craso apagaban el fuego, pero si no se la vendía dejaba que el edificio se quemara hasta el suelo. Por medio de éste mecanismo, Craso virtualmente se convirtió en el más grande terrateniente en Roma y usó algo de su riqueza para apoyar a Julio César contra Cicerón.

En el año 70 antes de cristo, Roma era una República que ponía límites muy estrictos a lo que podían hacer los que gobernaban y, más importante, a lo que NO podían hacer. Pero Craso no tenía ninguna intención de soportar tales límites a su poder personal, por lo que inventó un plan: para infundir el terror en los corazones de los romanos aprovechó la revuelta de los esclavos encabezada por Espartaco, quien ya había derrotado a sus comandos en batalla. Pero éste no tenía ninguna intención de marchar hacia Roma, por que sabía que ésta sería una acción suicida. Tanto él como su banda no querían tener nada que ver con el imperio romano; el había planeado desde el principio solamente conseguir suficiente dinero de sus antiguos dueños en la campiña italiana para contratar una flota mercenaria que los llevara a la libertad.

Lo último que Craso hubiera querido es que Espartaco se fuera. El necesitaba a un enemigo conveniente con el cual aterrorizar a Roma para su ganancia política personal. Por lo tanto, Craso sobornó a la flota de mercenarios para que zarparan sin Espartaco y después posicionó dos legiones Romanas de tal manera que éste no tuviera otra alternativa que marchar hacia Roma.

Aterrados por la inminente llegada del temible ejército de gladiadores, los romanos nombraron a Craso pretor de Roma, quien hizo pedazos al ejército de Espartaco y aunque Pompeyo se adjudicó el crédito, a Craso lo eligieron Cónsul de Roma el siguiente año.

Con ésta maniobra, los romanos rindieron su forma de gobierno republicano. Pronto se establecería el primer Triunvirato constituido por Craso, Pompeyo y Julio César seguido por el reinado de los casi Dioses Emperadores Romanos.

Los romanos fueron engañados para que rindieran la republica y aceptaran el mandato de los Emperadores.

Cicerón, el oponente político de Julio Cesar, con todo y sus logros literarios, recurrió a los mismos juegos en su campaña contra Julio Cesar, alegando que Roma estaba cayendo víctima de una conspiración de “derecha” en la cual el deseo de poner límites legislativos era tratado como comportamiento sospechoso. Sin embargo, para demostrarle a los romanos qué tan insegura se había vuelto Roma, Cicerón contrató maleantes para causar tantos disturbios como fuera posible, y basó su campaña en la promesa de acabar con la inseguridad y violencia si lo elegían y le otorgaban poderes extraordinarios

Lo que para Cicerón fue solo un sueño, para Adolfo Hitler fue una exitosa realidad. Cuando se le eligió Canciller de Alemania, así como Craso, no tenía intenciones de vivir con los estrictos límites que las leyes le imponían a su poder. A diferencia de Cicerón, los maleantes de Hitler se reconocían fácilmente; todos usaban camisas de color café, pero sus acciones no eran diferentes a las de sus predecesores romanos. Ellos escenificaban golpizas, prendían fuegos y causaban tantos conflictos como podían, mientras que Hitler pronunciaba discursos prometiendo que él podía acabar con la ola de crímenes de los subversivos y los terroristas (antes llamados comunistas) si se le otorgaban poderes extraordinarios, si se le cedía el poder. Después siguió el incendio del Reichstag, un ataque terrorista prefabricado. A los alemanes los engañaron para que cedieran la República y aceptaran el mando del Fuehrer. Hitler hizo que las tropas alemanas se vistieran con uniformes polacos y atacaran la estación de radio de Gliewitz; después les mintió a los alemanes diciéndoles que Polonia había invadido llevando a Alemania a la Segunda Guerra Mundial.

Las escuelas nunca te dirán esto, pero los gobiernos rutinariamente se valen de engaños para venderle sus agendas a un público que de otra manera no creería en ellos. Los romanos aceptaron a los Emperadores y los alemanes aceptaron a Hitler no por que quisieran, sino por que las ilusiones de amenazas se fueron tejiendo con esmero de manera en que aparentemente no había ninguna otra opción.

El gobierno de Estados Unidos también usa artimañas para crear la ilusión de que la gente no tiene otra opción más que ir en la dirección en que su gobierno desea llevarlos.

En 1898, el periódico New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst discutían sobre la intervención de Estados Unidos en Cuba. Se dice que Hearst mandó a un fotógrafo a Cuba para fotografiar la guerra en contra de España. Cuando el fotógrafo le pregunto cual guerra podría ser esa, se dice que Hearst le contestó, “Tu toma las fotografías, y yo te proporcionaré la guerra”. Hearst cumplió su promesa en el momento en que sus periódicos publicaban historias de las atrocidades que se estaban cometiendo en contra de los cubanos: la mayoría resultaron ser fabricaciones completas.

La noche del 15 de febrero de 1898, el buque USS Maine, anclado en el puerto de la Habana con el objeto de mostrar la determinación de Estados Unidos de proteger sus intereses, estalló violentamente. El Captan Sigsbee, Comandante del Maine, exhortó a que no se diera por hecho que había sido un ataque del enemigo hasta que no se hiciera una investigación completa de las causas de la explosión. Por éste motivo, el Capitán Sigsbee fue denunciado, reprendido y castigado por “rehusarse a ver lo obvio” mientras que el Atlantic Monthly declaró que el suponer que la explosión no había sido un acto deliberado de parte de España “desafiaba las leyes de la probabilidad”.

Bajo el slogan “Recuerda el Maine”, los estadounidenses fueron a la guerra contra España, ganando eventualmente las Filipinas y anexándose Hawai de pasada.

En 1975, una investigación encabezado por el Almirante Hyman Rickover examinó los datos recuperados del análisis que se hizo en 1911 y concluyó que no había evidencia de una explosión externa. La causa más probable del hundimiento del Maine fue la de una explosión del polvo de carbón que se encontraba en la carbonera localizada imprudentemente junto al almacén de municiones. La advertencia del Captan Sigsbee estaba bien fundamentada.

El Presidente Franklin Delano Roosevelt necesitaba una Guerra; necesitaba el fervor de una gran guerra para enmascarar una economía que agonizaba silenciosamente y que luchaba aún por recuperarse de la Gran Depresión (y que a la vez mutaba hacia el Socialismo). Roosevelt quería una guerra contra Alemania para frenar a Hitler, pero a pesar de varias provocaciones en el Atlántico, los americanos, que aún lidiaban con una economía problemática, se oponían a cualquier guerra. Roosevelt violó la neutralidad mediante el sistema de préstamo-arrendamiento, y hasta ordenó el hundimiento de varios buques Alemanes en el Atlántico, pero Hitler se rehusó a caer en la provocación.

Roosvelt necesitaba a un enemigo, y si los Estados Unidos no atacaban voluntariamente a ese enemigo, entonces uno tendría que ser maniobrado para atacar a los Estados Unidos, así como Marco Linicio Craso maniobró a Espartaco para atacar a Roma

El camino a la guerra se abrió cuando Japón firmó el acuerdo tripartito con Italia y Alemania, en el que los participantes juraron defenderse el uno al otro. Aunque Hitler no declarara la guerra contra los Estados Unidos, independientemente de cual fuera la provocación, los medios para forzar a Japón a que lo hiciera ya estaban a la mano.

El primer paso fue el imponer embargos al petróleo y al acero a Japón, usando las guerras japonesas contra los países Asiáticos como excusa. Esto forzó a Japón a considerar el apropiarse de las regiones de Indonesia ricas en petróleo y minerales. Con las potencias europeas militarmente exhaustas por la guerra en Europa, Estados Unidos era el único poder en el Pacífico capaz de evitar que Japón invadiera las Indias Orientales Neerlandesas, y al mover la flota del Pacífico de San Diego a Pearl Harbor en Hawai, Roosvelt realizó un golpe pre-defensivo a esa flota, de manera que fuera el primer paso obligado de llevar a cabo cualquier plan que Japón tuviera de extender su imperio hacia el “área de los recursos del sur”. Roosevelt acorraló a Japón de manera tan completa como Craso hizo con Espartaco. Japón necesitaba petróleo. Tenían que invadir Indonesia para obtenerlo, y para hacerlo primero tenían que quitar la amenaza de la flota Americana en Peral Harbor. En realidad nunca tuvieron otra alternativa.

Para despertar la ira de los estadounidenses tanto como fuera posible, Roosvelt necesitaba que el primer ataque al descubierto de parte de Japón fuera lo más sangriento posible y que pareciera tan furtivo como aquel que antes habían hecho los japoneses contra los rusos. Desde ese momento hasta el ataque al mismo Pearl Harbor, Roosvelt y sus asociados se aseguraron que los comandantes en Hawai, el General Short y el General Kimmel, fueran mantenidos en la oscuridad tanto como fuera posible sobre la posición de la flota japonesa y de sus intenciones, para después hacerlos los chivos expiatorios del ataque. El Congreso recientemente exoneró de manera póstuma a los dos, a Short y a Kimmel, restituyéndoles sus antiguos rangos.

Pero así como el consejo de la Armada concluyó en aquel momento y los subsecuentes documentos des-clasificados confirmaron, Washington DC sabía que el ataque estaba por llegar, sabía exactamente en dónde estaba la flota japonesa y sabía hacia dónde iba.

El 29 de noviembre, el Secretario de Estado Hull mostró al reportero de United Press Joe Leib un mensaje con la hora y el lugar del ataque, y el New York Times en su edición especial Pearl Hrbor del 8 de diciembre del 41, en la página 13 reportó que la hora y lugar del ataque se sabían con anticipación. El repetido reclamo de que la flota japonesa mantuvo en silencio su radio en el camino a Hawai fue una mentira. Entre otros mensajes que fueron interceptados y que aún se mantienen en los Archivos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) se encuentra el mensaje DECODIFICADO que envió el buque Shirya que dice: “procediendo a una posición 30.00 N, 154.20 E. Se espera arribar al punto el 3 de diciembre” (cerca de HI).

El Presidente Lyndon Johnson quería una guerra en Vietnam. Quería ayudar a sus amigos que tenían compañías de defensa para que hicieran su pequeño negocio. La necesitaba para que el Pentágono y la CIA dejaran de tratar de invadir a Cuba. Y más que todo, necesitaba una provocación para convencer a los estadounidenses de que en realidad “no había alternativa”.

En agosto 5 de 1964, los periódicos en Estados Unidos reportaron que se “renuevan los ataques” en contra de los navíos destructores norteamericanos que operan en aguas vietnamitas, específicamente en el Golfo de Tonkin. La historia oficial fue que los barcos de torpedos nor-vietnameses lanzaron un “ataque sin que fueran provocados” en contra del USS Maddox mientras realizaba su “patrulla de rutina” La verdad es que el USS Maddox estaba involucrado en una recolección agresiva de inteligencia en coordinación con los ataques realizados por Vietnam del Sur y la Fuerza Aérea de Laos en contra de objetivos en Vietnam del Norte.

La verdad es también que nunca hubo un ataque de buques torpedo en contra del USS Maddox. El Capitán John J. Herrick, Comandante de la fuerza asignada al Golfo, mandó un cable a Washington DC en donde decía que el reporte resultó ser el de un hombre "sobre-entusiasta" a cargo del sonar, quien había recogido los sonidos de los tornillos de su propio barco y se dejó llevar por el pánico. Pero incluso con el conocimiento de que el reporte era falso, Lyndon Johnson salió en la TV nacional esa noche para anunciar el inicio de ataques aéreos en contra de Vietnam del Norte, una represalia por el ataque que nunca ocurrió.

El Presidente George H. W. Bush quería una guerra con Irak. Al igual que Craso, a George Bush lo motivaba el dinero, específicamente, el dinero del petróleo. Pero como la alianza OPEP no ponía límites a la producción de petróleo en el Medio Oriente, el mercado se estaba saturando del petróleo extraído del subsuelo de Irak que yacía sobre 1/3 de las reservas de la región entera.

George quería una guerra para parar el flujo de petróleo y evitar que los precios (y las ganancias) cayeran más de lo que ya había caído. Pero al igual que Roosvelt, el necesitaba que el “otro lado” diera el primer paso.

Por mucho tiempo, Irak había estado tratando de adquirir un mayor acceso al Golfo Pérsico, y se sentía limitado al estar confinado a una franja angosta de tierra a lo largo de la frontera norte con Kuwait, lo cual ponía los intereses iraquíes en una cercana proximidad con el Irán hostil. George Bush, quien había estado Armando secretamente a Irak durante su Guerra con Irán, mandó decir a través de April Glaspie que los Estados Unidos no intervendrían si Saddam Hussein se apropiaba una mayor parte de Kuwait. Saddam mordió el anzuelo e invadió.

Claro está, los estadounidenses no tenían intenciones de mandar a sus hijos e hijas a arriesgar sus vidas por productos petroleros. Por lo tanto, George Bush creó un ardid con la ayuda de una compañía de relaciones públicas, la cual se ha hecho rica a costa del dinero de los contribuyentes de impuestos al ser los mentirosos más industriosos y creativos. La firma PR elaboró un fraude monumental en el que la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos salió en la televisión haciéndose pasar por enfermera y relatando una historia de horror en la que las tropas iraquíes saquearon las incubadoras del hospital de Kuwait dejando a los bebés prematuros en el frío suelo para que murieran. Los medios, que formaban parte de la estafa desde el inicio, nunca se ocuparon de preguntar porqué la “enfermera” no levantó a los bebés y los envolvió en cobijas o hizo algo.

Furiosos por la historia de las incubadoras, los estadounidenses apoyaron la operación Tormenta del Desierto, la cuál nunca quitó a Saddam Hussein del poder pero si sacó el petróleo de Kuwait del Mercado por casi 2 años y limitó el petróleo de las exportaciones hasta la fecha. El que nuestros hijos e hijas hayan regresado a casa con enfermedades serias y persistentes aparentemente no fue un precio alto a pagar por el incremento de las ganancias del petróleo.

Después de la Victoria en Irak, una guerra más se vislumbraba como una buena oferta en Bosnia, una región rica en minerales. Una vez más, un engaño se usó para lograr apoyo a la acción militar. La fotografía (derecha) de Fikret Alic mirando a través de una cerca de alambre de púas, se usó para “probar” la existencia de “Campos de Concentración” modernos. Como el encabezado de “Belsen 92” lo indica, todas las posibles asociaciones con los horrores Nazis se hicieron para vender la idea de mandar aún más tropas estadounidenses a cualquier ortra nación.

El campo de Trnopolje no era un campo de concentración sino un centro para refugiados y tampoco estaba rodeado por alambre de púas. Un examen cuidadoso de la foto original reveló que el fotógrafo había tomado la foto a través de una sección rota de la barda que rodeaba un cobertizo de herramientas. Era el fotógrafo quien estaba en el lado interior tomando la foto a los refugiados.

Una vez más, los estadounidenses fueron engañados para que apoyaran las acciones que de otra manera no hubieran consentido.

Mientras que varios Presidentes estadounidenses de buena gana han iniciado guerras por motivos personales, posiblemente ninguno las ha llevado al extremo al que Bill Clinton lo hizo. En el momento en que se esperaba la declaración pública de Monica Lewinsky después de su testimonio, Bill Clinton ordenó un ataque de misiles contra Sudán y Afganistán, alegando tener pruebas irrefutables de que el extraordinario “coco” (y antes aliado afgani) Osama Bin Ladin estaba creando armas químicas terroristas allá.

Un análisis de las fotografías de los escombros reveló que no había ninguna de las estructuras que se esperaría encontrar en un laboratorio que manejara materiales para armas letales. Las garantías de la CIA de que tenían pruebas positivas de suelo que detectaban armas biológicas, lo que les dio en cara cuando se reveló que no había suelo al descubierto en ningún lado cercano al edificio que fue bombardeado. Sudan pidió que observadores internacionales hicieran pruebas para ver si encontraban alguna seña de que había el gas que afecta los nervios, el que Clinton insistía que se encontraba en ese lugar. No se encontró ninguno. La planta sudanesa era una inofensiva fábrica de aspirina y su dueño puso una demanda por los daños.

Un análisis posterior reveló que el sitio bombardeado en Afganistán era una Mezquita.

Mientras tanto en Kosovo, las historias sobre el genocidio y las atrocidades inundaban los medios (justo a tiempo para distraer la atención del ridículo de Sudan), tan espeluznantes y sensacionalistas y, como suele suceder, tan ficticias como la mayoría de las historias de William Randolph Hearst sobre las atrocidades contra los cubanos. De Nuevo, el gobierno y los medios engañaron a los estadounidenses. La fotografía que aparece abajo fue mostrada en todas las redes de Estados Unidos, asegurando que era uno de los aviones Migs De Slobodan Milosovic, derribado mientras atacaba a civiles. Un examen de cerca de la fotografía muestra que el grabado de esténcil está en inglés¡



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Al igual que Alemania bajo el Canciller Hitler, hay eventos en nuestra nación que han infundido miedo en los corazones de los ciudadanos, tales como el bombardeo de la torre del World Trade en Nueva York, el del edificio Federal de la Ciudad de Oklahoma, la bomba del Parque Olímpico (en el mejor momento para desviar a los medios del derribamiento del avión TWA 800). Los medios han sido rápidos para poner la culpa de los eventos en los “radicales”, y otros “enemigos en nuestro medio, sin que haya diferencia alguna entre estas mentiras y las que usaron Cicerón y Hitler.

Pero en un análisis cuidadoso, tales eventos de “terroristas domésticos” no parecen ser lo que originalmente se pretendía que fueran. La FBI tenía un informante dentro del grupo que pretendía bombardear la torre del World Trade, Emad Salam, quien ofreció sabotear la bomba. El FBI le dijo que “no”. La llamada “cama caliente” o cuna del separatismo en la ciudad de Elohim, el hogar ocasional de Tim McVeigh en las semanas previas al bombardeo de la ciudad de Oklahoma, fue encontrada y es manejada por un informante de la FBI.

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Y nadie ha podido explicar que estaba haciendo un segundo camión de Ryder (ver fotografía arriba) en un campo secreto a la mitad del camino de la ciudad Elohim a la ciudad de Oklahoma dos semanas antes del bombardeo.

Así que henos aquí ahora. Como en los tiempos de los romanos Craso y Cicerón, o los alemanes bajo un recién electo Hitler, estamos siendo alertados de que un peligroso enemigo nos amenaza, implacable, invisible, omnipresente, e invulnerable mientras nuestro gobierno esta siendo impedido por una tonta Acta de Derechos. Ya para ahora, han aparecido artículos que debaten si las “medidas extraordinarias (torturas por ejemplo) no estarán totalmente justificadas bajo ciertas circunstancias tales como las que se supone que enfrentamos.

Así como fue el caso de Roma y Alemania, el gobierno continúa suplicándole al público que le extienda su poder y autoridad par “manejar las crisis”.

Sin embargo, mientras los relojes con marcadores de tiempo marca Casio (usados como evidencia de ser detonadores de bombas) se sigan mostrando ante las cámaras con estridentes voces dando chillidos desesperados de alerta, es legítimo cuestionar que tan real es la crisis, y cuanto es el resultado de las maquinaciones políticas de nuestros propios líderes.

¿Son los terroristas realmente una amenaza, o son solo actores contratados que traen bombas y relojes Casio pagadas por Cicerón y con camisas cafés que les dio Hitler para que usaran?

¿Es el terrorismo dentro de los Estados unidos verdaderamente del exterior, o es una producción escénica diseñada para provocar que los estadounidenses crean que no tienen otra opción que rendir la República y aceptar el mandato totalitario de un nuevo emperador, o un nuevo Fuhrer?

Una vez perdida la República, los romanos nunca la recuperaron. Una vez perdida la República, los alemanes nunca la recuperaron. En los dos casos, la nación tuvo que llegar al colapso total antes de que la libertad le fuera restituida a la gente.

Recuerda que cuando Craso te dice que Espartaco se acerca.

Recuerda que cuando los rufianes en las calles actúan de una forma claramente diseñada para provocar el miedo del público.

Recuerda que cuando el Reichstag se queme.

Recuerda que cuando el Presidente mienta sobre armas de destrucción masiva.


Ver artículo original: FAKE TERROR - THE ROAD TO DICTATORSHIP

Traducido por A. Garza

Ver: El Fuego 9/11 de Reichstag

www.whatreallyhappened.com

Ver: La historia de la administración de Bush sobre 9/11 es una “Teoría de Conspiración”

http://www.youtube.com/watch?v=vpjGfJNZUbU&mode=related&search=9/11%20September%2011%20911%20WTC%20conspiracy%20theories

Pomponio, Sombrerudos y Adelitas:

Les invito a pasar a mi casa ..para que vean el nacimiento tradicional de mi familia Un abrazo y un beso muy cariñoso para todos.

FELIZ NAVIDAD PARA USTEDES Y SUS FAMILIAS