Saturday, January 06, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo IV

IV. La Guidoumaiquer

Perdonenme si divago un poco. Ya estoy viejo. No creo que les pueda decir en que año estamos pero cuando sueño los recuerdos me invaden. Parece que todavia siento ecos del dolor que tenia cuando me dieron el palazo en la sien. Y creo ver la crin negra azabache de la Babaya y sentir las manos pequeñas pero firmes de Brigida sosteniendo. Y recuerdo entonces como fue que conoci por primera vez a Brigida. Fue antes de Celaya, en Ciudad Juarez, donde Villa habia acantonado a la division del norte para municionarse del otro lado. Ya ven que la revolucion fue un gran negocio para los vendedores de armas. El proveedor principal del centauro era un tal Jacobo Surasky, un judio, al que el centauro le pagaba con puros centenarios. Cuando no le cumplio con un cargamento, el centauro fue a cobrarselo a Columbus. Pero esa es otra historia.

El rompimiento Villa-Carranza fue casi inevitable una vez que cayo el pelon Huerta. A Carranza no le gusto la propuesta de Villa para solucionar el problema. “Muy sencillo,” sugirio el centauro, “que tal si Carranza y yo nos suicidamos? Mientras estemos vivos no vamos a llegar a ningun acuerdo. El viejo quiere mangonear y yo no derroque a Huerta solo para poner a otro hijoeputa en la silla. Si ambos desaparecemos le ahorrariamos mucha sangre a la nacion y demonstrariamos nuestro patriotismo. O que? Le tiene miedo a la muerte el viejo barbas de chivo?”

Carranza telegrafio que iba a mandar un representante para negociar con Villa.

“Que chingaos quiere negociar el viejo?” se pregunto el centauro. “Que hay que decidir? El calibre de las balas a usar? Yo sugiero una mitigueson calibre 45. Pero si el quiere usar una Colt pos es ya su gusto.”

“Mi general,” dijo Felipe Angeles, “por lo menos hay que recibir al enviado a ver que quiere proponer Carranza.”

“Lo mejor seria fusilarlo en cuanto se presente,” sugirio Fierro.

“Eso seria una salvajada!” se apresuro a decir Angeles. El ex-director del colegio militar tenia un alto concepto del honor. “La persona de un enviado es sagrada. No se le debe tocar.”

“Bueno, y a todo esto,” pregunto Villa, “a quien envia el viejo? A Pablo Gonzalez?”

“No, no es Gonzalez…” contesto Angeles.

“Pos no!” se rio Fierro. “El Pablitos es el mayate del viejo. No va a querer que se lo ajusilen.”

“Es un general sonorense,” explico Angeles. “Se llama Alvaro Obregon. Fue el que tomo Topolombambo con una maniobra muy inteligente.”

“A poco?” habia algo de escepticismo en la voz del centauro. “Ya he oido de el, es un perfumadito. Pa mi que fueron los yaquis esos que usa los que son los de armas tomar. Esos cabrones indios ni hablan español ni les gusta tomar prisioneros.”

“Pos quien quita si algun dia nos los encontramos,” añadio Fierro. “Yo estoy dispuesto a enseñarles a hablar español a base de plomazos.”

“Ya ve que estoy en lo cierto, mi general Angeles,” se rio el centauro. “No le he dicho siempre que el compadre Fierro deberia dedicarse a maestro rural en lugar de andar en la bola? El tiene mucho que enseñar!”

“Por el bien de la niñez mexicana y el de la nacion yo pienso que el talento militar del general Fierro es mejor empleado aqui con nosotros,” respondio Angeles diplomaticamente.

Yo estaba entre los muchachos de la escolta cuando llego Obregon. Le he de reconocer al cabron que tenia huevos. No cualquiera se mete en la guarida del centauro a imponer condiciones, pues esto fue lo que el viejo le ordeno hacer segun supe luego. Tal vez el viejo ya presentia que Alvaro algun dia se le iba a voltear y lo mando a ver si el centauro le hacia el favor de fusilarselo.

Pero el caso es que Obregon se apeo del tren, saludo nuestra bandera, y fue recibido cortesmente por mi general Angeles que era todo un caballero. Obregon era un hombre fornido, un poco gordo, con el bigotazo todavia negrisimo entonces. Yo lo vide ya cadaver despues de la Bombilla y para ese entonces el bigotazo ya estaba casi blanco. Vestia Obregon un uniforme de muy buen corte, gorra de general con su aguilita, y botas federicas lustrosas con espuelas de plata. Mi tio estaba tambien en la escolta y me comento despues, “ese es un gallo fino, le va a dar buena pelea a Pancho si no lo fusilamos al amanecer.”

Como escolta nos toco estar de guardia a la entrada de la casona donde se celebraron las platicas. Las voces subian de tono. Se oyeron mentadas. Mi tio me vio y me susurro: “tenemos fusilamiento en la madrugada.”

“Si no es que antes,” conteste.

“Señores, por favor,” suplico Angeles, “no tiene porque esto llegar a tales extremos. Les sugiero que hagamos una pausa. Me acaba de llegar una invitacion. Es del general Pershing, el encargado de la guarnicion del otro lado, en El Paso. Porque no dejamos por la paz esto y vamos a visitarlo?”

“Pos yo no tengo ningun problema,” dijo el centauro. “Las broncas las crea el señor Carranza con su intransigencia.”

Fierro vio al centauro torvamente. Era obvio que solo esperaba una orden para “quebrarse” a Obregon.

“Señores, creo que seria lo mejor aceptar la invitacion del general Pershing,” continuo Angeles. “Ademas, creo, por patriotismo que debemos poner a un lado nuestras diferencias si vamos a ver a este gringo. No debe de ver que hay divisiones entre nosotros.”

“En eso tiene razon el general Angeles,” dijo calladamente Obregon. Estaba rete palido.

“Bueno, Felipe…pos vamos a visitar al gringuito ese,” contesto el centauro. La tension bajo.

En esos tiempos no habia bronca para cruzar la frontera. Villa cruzo con Obregon y con nosotros por escolta. El gringo Pershing nos recibio cortesmente. Acababa de tomar la comandancia de El Paso. Tenia el mando de un regimiento de caballeria, los llamados buffalo soldiers, en su mayoria negros a los que asi les llamabn los pieles rojas por tener el pelo pasita. El centauro y Obregon pasaron revista a la guardia de estos. Estaban bien equipaditos y se veian fornidotes, bien alimentados. Tanto mi tio como los otros muchachos de la escolta nos les quedamos viendo fijamente. En nuestra mente estaba la pregunta obligada de todo militar que ve por primera vez a un posible adversario: que tan buenos soldados serian estos negritos? Unos años despues, en El Carrizal, supe que tanto valian. Les partimos la madre.

Los oficiales eran todos blancos. La carne de cañon, como dije, eran puros negros. Tipico ejercito gringo. En ese tiempo Pershing era un gringo bastante jovial. Segun me cuentan unos años despues se le amargo el character cuando se murio su mujer e hijas en un incendio. El centauro le lleno el buche de piedritas cuando entro en Mexico con la expedicion punitiva. Nunca tuvo tan cerca a Pancho como lo tuvo ese dia. Luego por supuesto comando al ejercito gringo en Europa y la matazon que sufrieron lo acabo de amargar.

Pershing nos inspecciono. Detras de el venia un subalterno, alto, bien parecido, joven. Era el coronel Patton. Del centauro Patton aprenderia el valor de la audacia, de como mover gente con rapidez, sin prestar atencion a lo que haga el enemigo. Como dijo Danton, “la audace, tojours la audace!” Pero ese dia Patton se me quedo grabado en la memoria por otra razon. Resulta que el centauro presento a sus oficiales y a Alvaro. Como siempre, mi general Angeles mostro su caballerosidad. Alvaro se porto correctamente. Pero cuando Patton estrecho la mano de Fierro…el caso es que los dos se quedaron mirando uno al otro fijamente, sin querer soltar la mano del otro. “Al rato hay muertito,” me susurro mi tio, “a ver si no nos lo cobran en dolares.”

El centauro por supuesto se cagaba de la risa. “Ya sueltelo compadre. Ya vide oste que del odio al amor hay solo un paso. Luego empiezan las murmuraciones.”

Siguio la foto del recuerdo. Ahi estan los cuatro, el centauro, Obregon, el futuro presidente de Mexico, Pershing, y Patton, el futuro comandante del tercer ejercito gringo en Europa, que esta detras de Pershing. De los cuatro, el centauro es el mas seriecito. Acaso sentia el peso de la historia? O es que se sentia culpable porque iba a compartir el pan y la sal con sus futuros enemigos? Por otra parte, Obregon parece estar diciendo, pos mira con que clase de hijoeputas he venido a parar? Pershing esta cagado de la risa por estar a punto de tener su lunch con un “Mexican bandito”. Patton comparte la misma hilaridad con su jefe. Belicoso por naturaleza, era de los que disfrutaban encontrarse a otro gallo como Fierro.

Nos toco guardar las espaldas de los generales mexicanos. La comida transcurrio con bastante jovialidad. Los unicos que no decian palabra eran Fierro y Patton. Se habian sentado uno frente al otro y se contemplaban sin mucho disimulo. Yo pensaba que las cosas no iban a pasar a mayores hasta que Pershing cometio un error.

“Georgie there is an Olympic champion,” dijo Pershing, explicando que Patton habia triunfado en las olimpiadas compitiendo en el equipo de equitacion y en el de tiro, cosa que Angeles tradujo.

“Saber montar y tirar son excelentes cualidades en un oficial,” replico Angeles.

“El unico cabron que tira y monta mejor que yo es mi general Fierro,” explico el centauro.

“What do you mean general?” pregunto Patton. Angeles tradujo. Patton queria que se explicara.

El centauro se rio. “Pos vera, mi general Fierro puede montarse en un caballo, por rejego que sea, salir a galope tendido y todavia tumbarle de un balazo un puro a un hombre a 100 metros de distancia.”

“You gotta be kidding me!” exclamo Patton. Angeles no se atrevio a traducir. Obregon, que mas o menos hablaba el ingles palidecio.

“Gentlemen, please,” dijo Pershing con tono conciliador.

El centauro era como los perros. Nomas por el tono de voz sabia cuando alguien estaba enchilada. “Para mi que el señor coronel Patton duda de lo que estoy diciendo,” dijo el centauro. Tenia una sonrisa en los labios. Los ojos, sin embargo, estaban frios, como los de un tigre.

Pershing suspiro. Era evidente que algo se tenia que hacer pues la comida iba a acabar como el rosario de Amozoc. “Gentlemen,” continuo Pershing sacando una caja de puros de una gaveta, “perhaps a friendly bet would be in order. Say the winner gets all of this box of Havanas?”

Se iba a hacer una apuesta. El ganador se ganaria toda la caja de puros. Por supuesto que las cosas procedieron inevitablemente desde ahi.

Fierro camino ante nosotros, viendonos fijamente. Por un momento pense que iba a escojer a mi tio. Pero luego me vio. “Tu! Sigueme!”

No tuve mas remedio que murmurar un “sordenes mi general.”

Para que las cosas estuvieran iguales, ambas partes accedieron a montar el mismo caballo. Patton por supuesto produjo el mas rejego que habia en el regimiento, una yegua endemoniada llamada Guidoumaiquer (Widow Maker) o algo ansina.

Se echo un volado. Patton iria primero. Para empezar pusieron a un negro con un puro encendido a cincuenta metros. Patton hizo toda la faramalla de escoger unas pistolas de un estuche lustroso, inspeccionar el cañon, sopesar el arma. Luego se monto en el animal. Era, en efecto, bastante rejego. Patton tenia problemas en mantenerse en la silla.

Cuando el pobre negro se percato de lo que se esperaba de el se puso palido y los ojos los tenia dilatados. Patton arranco a todo galope. El disparo fue, en efecto, de campeon olimpico. Hasta los mexicanos aplaudimos. El pobre negro casi se desmayo.

“Dame tu fusca,” me ordeno Fierro. Yo tenia una pistola vieja y herrumbrosa. Fierro nomas la sopeso. “Ta guena.”

Me llevo a mitar del terregal. “No te muevas. Si oyes el disparo eso quiere decir que la bala ya paso. Si no lo oyes entonces nunca lo oiras porque estas muerto.”

Me prendio el puro, cosa que agradeci porque mis manos me hubieran temblado. “Soooo!” dijo Fierro como quien le habla a un caballo. “Quieto muchachito, yo se lo que estoy haciendo.”

Luego se puso a jurar. Contemplaba su mano que temblaba. “Puta madre! Que tome mucho en la comida carajos!” Luego se puso a carcajear como el mismo satanas.

Fierro se le acerco a la Guidoumaiquer y la agarro de la brida. Le empezo a hablar quedito y en susurrus. No habia nada de la brusqueza y fuerza que habia usado Patton. Despues de unos minutos de esto, que todos contemplamos atonitos, se monto sin muchos problemas sobre el animal. “Es cosa de saber como hablarles a las mujeres y a las yeguas. Pal caso reaccionan igual.”

Cerre los ojos. Los segundos se me hicieron una eternidad. Oi el galope del animal. Reze, si, porque Fierro tuviera buen control de la bestia. Oi el disparo. El puro se desintegro. Siguieron los aplausos.

Patton gano el segundo volado. Esta vez el negro fue puesto a cien metros. Una vez mas, Patton tuvo buena punteria.

Pa que mas que la verdad, tal vez porque era yo un chavo pendejo, pero me senti muy confiado en mi general Fierro. No me defraudo.

‘Pos ora a 150, que les parece?” pregunto el centauro.

“So be it,” contesto Patton. Fierro se carcajeo.

Esta vez Fierro gano el volado. Personalmente me llevo y me puso a 150 metros. “Portese machito. No hay que avergonzar a la division del norte.”

“No mi general!” respondi.

De todas maneras me dio un trago de una cantimplora. Estaba llena de whisky. Luego el se tomo un trago tambien. (Mi tio luego me aclaro que Fierro tiraba mejor cuando estaba briago.)

Oi los cascos del animal. Fierro iba otra vez a todo galope. Por un momento me acorde de lo herrumbrosa que estaba mi pistola. Las palabras de mi tio, que siempre me habia estado chingando para que la limpiara, me vinieron a la mente. Iba a morir por decidioso! Pero no tuve ni tiempo de aputarme. El puro se volvio a desintegrar y una fraccion de segundo despues oi la detonacion de mi pistola vieja.”

Luego, cruzando la frontera entre El Paso y Ciudad Juarez, Fierro me estrecho la mano. “Toma,” me dijo dandome la mentada caja de puros. Estaba muy pesada. Luego encontre que no solo tenia puros sino tambien tres centenarios. “Te los ganastes a pulso, muchachito. Pobrecito negro. Por lo menos no sufrio.”

Pos si me sentia muy machito cuando llegue al cuartel. Mi tio me dijo que tenia licencia el resto del dia. Enfrente del cuartel estaban los trenes de la division del norte. Bien dicen que las emociones fuertes despiertan el libido. A pesar de muy soldado, lo confieso, todavia no conocia mujer. Pero me puse a caminar entre los bivaques de las soldaderas como gallo jarioso.

La cabrona de Brigida me ha de haber olido. El caso es que la vide sentada en la escalera de un vagon comiendose una manzana. Al verme acercarme me dio una sonrisota. No habia nada que malentender. Tenia un hombro al descubierto. Senti unas ganas tremendas de morderselo, a pesar que nunca en mi vida la habia visto. Si me acusaban de violacion el centauro me hubiera fusilado de inmediato.

“Y tu como te llamas?” me pregunto.

Las palabras de Fierro, de que a las mujeres y las yeguas habia que hablarles igual, me vinieron a la mente. Pero pos la prieta que estaba frente a mi no tenia una brida. Como le iba a hacer para montarla? “Manuel. Y oste?”

“Brigida.”

“Tiene hombre Brigida?” La pregunta era pura precaucion. No te podias ponerte a hablar con una soldadera asi como asi. Si tenia un Juan era mejor dejar las cosas por la paz.

“No. Ya enterre dos. Sabes donde hay uno?” La cabrona hizo como que veia a mi alrededor ignorandome.

En mi bolsa tenia uno de los centenaries. Los otros dos se los habia dado a mi tio para guardar. “Pos yo estoy aqui.”

“Pos cuantos años tienes?”

“Veinte.” Menti.

“Te llevo varios años,” contesto.

“Pos entonces me puede enseñar muchas cosas, no? Yo respeto las canas!”

“Pinche chamaco cabron!” dijo riendose.

“Porque no se viene conmgo? Tengo plata. Vamos, la invito al otro lado. Vamos a comer y nos quedamos en un buen hotel.”

Tiempo despues aprendi la sabiduria de lo que mi tio siempre aconsejaba: “a la mujer ni todo el amor ni todo el dinero.”

“Orale! Pos a poco tu eres un general?”

“Pos casi casi.” Y asi fue como me la lleve. No, esa noche no cabalgue, como decia Garcia Lorca, “potra de nacar”, mas bien cabalgue una potranca azabache y tan rejega comio la Guidoumaiquer.

Regresamos muy tempranito a Ciudad Juarez. Ya eramos hombre y mujer. Busque a mi tio.

“Tio, dejeme presentarle a…”

“Luego, muchacho, que bueno que regresastes. Tu y yo somos parte del peloton de fusilamiento.”

Segun supe luego en cuanto regresaron a Mexico Villa le ordeno a Fierro que arrestaran a Obregon. Esto a pesar de las protestas del general Angeles. Pancho Serrano, que fue arrestado tambien, no iba a ser fusilado. El centauro queria que se encargara de llevarle el cadaver de Alvaro al viejo barbas de chivo. “Pa que el cabron aprenda a no estarme mandando perfumaditos!”

Se requiere mucha entereza para enfrentarse al centauro cuando estaba enchilada. Sin embargo, con todo tacto y diplomacia fue lo que hizo Angeles. Todos sus esfuerzos fueron en vano. Desesperado, Angeles y el general Roque Gonzalez Garza, futuro presidente de la convencion, tomaron una decision desesperada. Solo habia un hombre capaz de torear al centauro. Buscaron a Rodolfo Fierro.

“Mi general,” empezo Gonzalez Garza, “se que usted es un hombre que aprecia la valentia.”

“Que chingaos quieren? A mi no me digan zalamerias pendejas,” contesto el ex-garrotero.

Mientras, nosotros ya habiamos ido a sacar a Obregon del calabozo donde lo habian metido. Obregon tenia el rostro cetrino. Pancho Serrano, que caminaba a su lado, tenia los ojos desorbitados. “Tengan estos pesos muchachos,” dijo Obregon dandole una plata a mi tio.

“Gracias, mi general. No se preocupe. Le haremos bien el trabajito.”

Un capitan estaba a cargo de la escolta y le pregunto. “Tiene una ultima voluntad mi general?”

“Si, tiene alguien un habano? Como que se me antoja un ultimo puro,” contesto Obregon sonriendo. Carajos! Que me senti rete chiquito por lo que iba a hacer.

Me apresure a ofrecerle uno de los habanos de Pershing. “Aqui tiene uno general.”

Pusieron a Obregon frente al paredon. Fumaba su habano muy quitado de la pena, como quien ve el trajin de una plaza de armas los domingos.

“Preeeeepareeen!” ordeno el capitan.

“Apuuunteeeen!” Centre mi mira en el pecho de Obregon. Tenia al futuro vencedor de Celaya, al futuro presidente de Mexico, al caido en la Bombilla encañonado.

“AAAALLLTOOOO!” gritaron Felipe Angeles y Roque Gonzalez Garza. Venian acompañados de Fierro. Sabara Dios que labia usaron pero convencieron a Fierro de que hablara con su compadre.

“Escolta! En descanso! Ya!” ordeno el capitan.

"Nomas porque oste me lo pide, compadre, le concedere el indulto a ese perfumadito," habia dicho el centauro. "Pero estoy seguro que algun dia me voy a arrepentir!"

“Mi general!” dijo Angeles. “Tiene usted cinco minutos para salir de aqui con su tren. No respondo si se dilata un minuto mas!”

La maquina del tren de Obregon se oia pitar en lontananza cuando le presente a mi tio a Brigida.

“Tio, esta es mi mujer,” mi tio me habia recogido cuando yo habia quedado huerfano. Era como quien dice mi padre.

Mi tio vio a Brigida. Ella le sonrio. Bien sabia mi tio que los “matrimonios” en la bola no duraban mucho. Casi siempre la mujer quedaba viuda. Si Brigida habia tenido otros hombres no era cosa de escandalizarse.

“Bonita yegua te encontro,” dijo finalmente mi tio sonriendo socarronamente.

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