Friday, January 19, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo IX

IX - Parker y Longabaugh

A unos cuantos kilometros afuera de El Paso se encontraba estacionado en un anden un tren. La locomotora era poderosisima. Solo jalaba tres vagones. Estos eran los ultimos y mas lujosos modelos salidos de los talleres de la fabrica de Pullman. Incluso tenian unos aires acondicionados primitivos en el techo. Un cable salia del ultimo vagon y se enganchaba a la linea telegrafica. Era apenas muy de mañana y el calor del desierto todavia no arreciaba.

“Good morning!” dijo con voz ronca Chaney C. Collins entrando bruscamente a este ultimo vagon. Este era un hombre bajo, algo calvo, con una barba roja, canosa, y cerrada. Aquellos que lean “La Rosa Blanca” de Bruno Traven lo reconoceran como el dueño de la Condor Oil, un pulpo petrolero que tenia pozos tanto en la huateca veracruzana como en Irak y Persia.

“Good morning Mr. Chaney,” le respondio un hombre joven de lentes.

“Y bien, Williams, que noticias hay de allende el mar?” Por lo general C.C. Collins se desayunaba oyendo los reportes diarios que le mandaban sus filiales. El internet victoriano, el telegrafo, lo mantenia al tanto de los ultimos acontecimientos. Collins se sento en su amplio escritorio. Un mayordomo negro le sirvio una aromatica taza de café y luego le puso su “ham and eggs” al frente.

“Willougby se reporta desde Borneo,” comenzo Williams. “Aparentemente James Brooke ya no es el rajah de Sarawak. Ahorita gobierna ahi una especie de ex-pirata, un tal Sandokan, cuyo ayudante es un portugues de nombre Yañez.”

“Y bien? Me importa un bledo quien este a cargo. Siempre se les puede sobornar. Permitiran la exploracion?”

“Willougby hizo el error de querer sobornarlos y luego trato de intimidarlos. Segun explica lo iban a poner dentro de un cañon pero logro hacer una señal masonica que el portugues reconocio. Afortunadamente se calmaron los animos. Estan dispuestos a permitir la exploracion a cambio de un contrato en forma.”

“Bien, y cuando sale Willougby al interior entonces?”

“Hay mas problemas, Mr. Collins. Willougby no puede entrar al interior porque las tribus dayakas andan alborotados. Pide que le proporcionemos mas fondos para contratar cipayos en Singapur.”

“Y quien diablos son los dayakos?” Como la mayoria de los “self-made men” americanos Collins era un soberano ignorante de lo que sucedia fuera de las fronteras de EEUU. Pero para eso tenia a Williams, un egresado de Harvard, a su servicio.

“Los dayakos son unos cazadores de cabezas. Very bad men. Willougby tiene razon en contratar cipayos. Esos mercenarios los puede encontrar en Singapur.”

“Damn! Bien, Williams mandele un cable a Levi en Nueva York que transfiera fondos a Singapur. Dele instrucciones a Willougby que se dirija ahi. Ah, y digale que no sea tan imbecil y que tenga mas tacto para tratar con estos principitos autoctonos. Quiero que empiecen a levantar muestras geologicas lo mas pronto posible!”

El mayordomo le murmuro unas palabras al oido a Williams. “Mr. Collins, el mayor Anderson esta de regreso. Dice que le trae los hombres que le pidio encontrara.”

“Excelente!” exclamo Collins. “Que pasen de inmediato!”

Anderson era un ex-mayor de caballeria, un hombron con bigotazo. Vestia con un amplio saco que le llegaba a las rodillas –como los protagonistas de los spaghetti westerns--, un sombrero tejano con las insignias de la caballeria, y portaba un fusil remington de repeticion. “Hello Mr. Collins! I found the sons of bitches!”

“A ver, presentamelos!” ordeno Collins. Anderson hizo una señal a sus hombres y estos empujaron al cuarto a dos individuos en grilletes. Uno era alto y rubio de mirada torva y una cicatriz que le cruzaba el tabique nasal. El otro era moreno, chaparro, y regordete de mirar igualmente torvo.

“Mr. Collins, le presento a Robert Leroy Parker y a Alonzo Longabaugh.”

“Estos son? Parecen un par de ‘bums’! Donde diablos los encontro?”

“Les segui la pista a Sudamerica. Estuvieron involucrados en un asalto a un tren que llevaba la nomina de una mina en Bolivia. Luego aparentemente robaron un banco en Rosario, Argentina. Alguien les dio el pitazo que andaba tras de ellos y se huyeron rumbo a la Patagonia. Les segui el rastro por semanas. Finalmente los encontre en una cueva en Tierra del Fuego.”

“Tierra del Fuego?” pregunto Collins viendo a Williams.

“El extremo sur de Sudamerica, Mr. Collins, junto al estrecho de Magallanes,” explico Williams. “Es un lugar olvidado de Dios.”

“Pues es mucha pieza el mayor. Williams, asegurate de que le cubramos todos sus gastos. Bien, mayor, dejelos aqui.”

“Son hombres muy peligrosos, Mr. Collins,” advirtio Anderson retirandose. “Yo y mis muchachos estaremos afuera por si acaso.”

“No se preocupe mayor,” dijo Collins volviendose a sentar tras su escritorio. Saco de una gaveta un revolver y lo puso encima del escritorio. Luego se dirigio al mayordomo. “Joe, sirveles una taza de café a mis invitados.”

“Nos va a mandar colgar?” pregunto Parker.

“De ustedes depende,” contesto Collins. Le extendio un papel a Parker. “Su expediente indica que usted sabe leer aunque su compañero no.”

Parker leyo y silbo asombrado. “Este documente es veridico?”

“Que cosa es?” pregunto Longabaugh.

“Es un perdon presidencial,” explico Collins retirandole el papel a Parker. “El presidente es socio de la Condor, jugamos golf seguido.”

“Y a quien tenemos que matar?” pregunto Parker.

“Si las cosas salen bien, no tendran que matar a nadie importante. Lo que requiero es que se metan a Mexico y me traigan a este hombre.” La foto que les proporciono Collins era, por supuesto, la de Sostenes Maldonado.

“Un indio?” pregunto Longabaugh.

"Un mexicano," aclaro Collins. "Para el caso es lo mismo."

“Y a cambio nos dan un perdon presidencial?” Parker todavia tenia dudas. “Porque no mejor manda a Anderson?”

“Ja! Caballeros, Anderson ha estado a mi servicio por años y es primo de mi esposa. Ahorita Mexico es un volcan. Las probabilidades de que ustedes regresen con vida son remotas. De todas maneras, si se desaparecen, necesitare a Anderson para que los vaya a buscar. Entiendan esto. Ya los encontre una vez, en casa del carajo, si se vuelven a desaparecer los volvere a encontrar. Pero si lo encuentran y me lo entregan se les dara extendera ese perdon, ademas de cien mil dolares en oro para que se emborrachen.”

“Supongo que es mejor que no sepamos porque quiere usted a este indio.”

“En efecto, Parker, entre menos sepa usted mejor le va a ir. Lo unico que necesita saber es su nombre: Sostenes Maldonado.”

“Y si no lo encontramos? Mexico es despues de todo, como usted dijo, un volcan. A la mejor el hombre ya esta muerto.”

“En ambos casos les espera una cuerda. Recenle a Belcebu para que Maldonado este vivo. Anderson les dara los ultimos informes que tenemos sobre el paradero de Maldonado. Ahora, larguense!”

Collins y Williams vieron a los dos forajidos subirse a unos caballos que Anderson les proporciono. Cabalgaron rumbo al sur. “Parker y Longabaugh? Esos dos animales son Butch Cassidy y el Sundance Kid?” pregunto Williams.

“Me temo que si, Williams. Me temo que si.”

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