Friday, January 12, 2007

El Ultimo Tren - capitulo VIII

VIII. Un Tecolote en la Noche

“Y ora que se trae usted?” pregunto mi tio encañonando a Maldonado.

“Se dirige usted a mi?” pregunto el viejo.

“Pos ni modo que a Manuel! Puta madre!” Lo que mas enchilaba a mi tio era que lo quisieran hacer pendejo. “No se haga guey que no le queda. Lo he estado observando. Frecuentemente se voltea y se pone a escudriñar el horizonte. Cree que acaso nos estan siguiendo los yaquis?”

“Pos hay que ser precavidos,” contesto Maldonado. “Si no hubiera yo estado atento el pajarraco ese infernal nos hubiera devisado!”

“Yo no vi ningun maldito pajaro! Para mi que estaba usted halucinando!” respondio mi tio.

“Y porque nos seguirian?” pregunto Brigida. “A poco cuatro pares de orejas valdran la pena meterse a este mal pais?”

En efecto, ya teniamos una hora que habiamos entrado en un gigantesco pedregal y cuatro que habiamos huido del tren. El sol estaba a punto de ponerse. Por lo que toca a Maldonado, aparentemente si conocia el camino pues nos habia metido por un corredor entre piedras y basaltos donde la Babayaga todavia podia pisar bien y entrar.

“Los yaquis son rete malos, señora,” explico el viejo.

“Pos en tal caso oiriamos los relinchos de sus caballos y eso nos daria tiempo de escondernos,” dijo Brigida.

“Ahi estan equivocados,” siguio el viejo. “Los yaquis no montan. Prefieren andar corriendo como locos por horas. Aguantan un resto. Se ponen una piedrita bajo la lengua para que fluya la saliva y siguen su presa por kilometros. No, no es facil perderlos.”

“Parate ahi, Brigida,” ordeno mi tio. Brigida detuvo a la Babayaga. “El caso es que usted no ha contestado nada de lo que le hemos preguntado. Pa mi que usted hizo algo gacho y teme que lo sigan. Yo no quiero ni saber que chingaos hizo porque luego me involucran! Es mas, ya me involucro solo con habersenos unido. Y eso en verdad me encabrona. Sepa que lo estare vigilando dia y noche. No confio en usted para nada!”

“Esta usted equivocado!” protesto Maldonado.

“Ay Dios mio!” juro Brigida. Yo me habia desmayado. “Don Pancho! Manuel no respira!”

“Sostengalo erecto señora!” ordeno Maldonado. El viejo me tomo el pulso. “Apenas vive. El pulso casi no se lo detecto. Tengo que operar a su muchacho lo mas pronto posible o sera difunto.”

“Vamos a necesitar agua,” apunto mi tio. “Nomas salimos con cuatro cantimploras.”

“No se preocupen de eso,” explico el viejo. Apunto a la cima derruida del cerro negro y mocho de donde habia salido el pedregal. “Vamos rumbo al crater ese. En un cuarto de hora mas llegamos. Conozco una cueva donde nos podemos esconder. Dentro de esta hay un manantial. Es agua sulfurosa pero no nos va a matar. ”

“Pos yo no tomare de ella sino hasta verlo a usted tomar,” contesto mi tio. “Pero bien, sigamos adelante o se nos muere Manuel!”

Brigida me sostenia las manos. No era necesario pues yo estaba inconsciente. Habiamos entrado a la cueva. Era un “tubo de lava” lo suficientemente ancho para que entraramos con todo y la Babayaga. Mi tio vigilaba desde la boca de la cueva con la 30-30 en las manos. Habia un pequeño manantial dentro de la cueva de donde surgia un agua sulfurosa y algo caliente. Maldonado pasaba sus herramientas sobre un fuego que habia hecho.

“No va a quedar idiota?” pregunto con recelo Brigida. Su primer hombre no habia sido muy inteligente, razon por la cual lo habian venadeado los pelones.

“No se preocupe. Le abrire un agujero en el craneo para relevar la presion. El cerebro esta hinchado y ha de tener muchos coagulos.”

Los ojos de Brigida estaban llorosos. “En verdad?”

Maldonado se rio. “No se preocupe, le digo. Yo he hecho esta operacion muchas veces. Y al unico que me quedo idiota le fue rete bien.”

“Me suena a jarabe de pico!” dijo mi tio receloso desde la boca de la cueva.

“No! Es cierto!” se apresuro a explicar Maldonado mientras levantaba un pedazo de mi cuero cabelludo. “Fue unos años antes del alzamiento de Madero. Opere a un hacendado al que le dio una patada en la cabeza una mula. Yo era caporal ahi. Los medicos ya lo habian desahuciado y yo me ofreci a hacerle la trepanacion. Me temo que se me paso la mano rascando los coagulos. De todas maneras vivio pero quedo medio tarado. Pero luego Porfirio Diaz andaba de gira por el rumbo y se quedo a dormir en la hacienda. Ya que lo oyo hablar…hablaba todo al reves…en lugar de decir ‘me monto en la yegua’ decia ‘ me yegua la enmonto’…pos don Porfirio quedo muy impresionado con el y lo hizo candidato a gobernador. Quesque el infeliz tenia todas las cualidades que queria don Porfirio en un satrapa. Eso si, sus discursos de campaña fueron un desmadre. Pero en general la indiada decia que ‘Don Lorenzo no se le entiende pero habla bonito’ y lo eligieron sin necesidad de hacer chanchullo.”

“Eso si lo creo,” admitio mi tio. “Cuantos politicos he conocido que no rebuznan porque no saben la tonada!”

“A ver, señora, alumbreme con una tiza aqui. Voy este taladro voy a quitar un pedazo del craneo…si…poco a poco…ya estuvo..a ver, paseme la cucharita esa que pase por el fuego.”

“La quiere caliente?”

“No, es algo que me enseñaron. Como que hay menos infeccion si pasa uno los instrumentos por el fuego antes.”

“Ah jijos!” dijo Brigida asombrada. “Ese es el cerebro?”

“Si, ve usted los coagulos? Tengo que quitarlos…poco a poco…esta hinchado…”

Media hora mas duro Maldonado escarbandome el cerebro. Tal vez por eso a veces mis narraciones saltan para atras y adelante sin ton ni son. El caso es que ya era cerca de la medianoche cuando Maldonado decidio cerrar.

“Tiene un peso?” pregunto Maldonado.

“No, pos si le pagaremos,” contesto Brigida.

“No, es para tapar el agujero,” explico Maldonado.

Brigida le paso un peso de plata del centauro que tenia la leyenda “Muera Huerta”. Hasta el dia de hoy lo traigo como parte de mi craneo.

“Vivira?” pregunto Brigida.

“Necesita estar inmovil varios dias,” advirtio Maldonado.

“No creo que eso sea posible,” explico mi tio. “Si nos estan siguiendo tendremos que improvisar algo para que no se mueva mucho sobre la Babayaga.”

“Se les va a morir entonces,” dijo Maldonado. “No me culpen de ello. Sugiero que me dejen ir a buscar ayuda y que se queden aqui con el mientras.”

“Y usted que dijo, ya van a decir que si?” pregunto mi tio encañonandolo. “No sabemos ni siquiera donde estamos a ciencia cierta. No, amigo, usted se queda aqui con nosotros y mañana improvisaremos algo para mover a Manuel.”

Le taparon los ojos a la Babayaga para que no se asustara con los murcielagos y se pusiera a relinchar. Apagaron la fogata. Mi tio continuo en la boca de la cueva.

“Si quiere, hare una guardia,” ofrecio Maldonado.

“Vayase a dormir, carajos,” dijo mi tio de mala gana. “Tu tambien, Brigida, te despertare en la madrugada para que vigiles.”

La noche era estrellada y hacia un frio de la chingada. Los coyotes empezaron a aullarle a la luna. Mi tio creyo oir un tecolote a lo lejos. O por lo menos lo que sonaba como un tecolote.

3 comments:

Galindo said...

Al igual que la Brigida, soldadera fiel y retobada, se levantara en la madrugada a cumplir con su guardia, sus lectores estamos en vela esperando el Capitulo IX del Ultimo Tren.
Vamos Herr Pomponius, no te hagas del rogar y publica de una vez lo que sigue.
Te comento que mi hermano Diego y yo estamos discutiendo y proponiendo algunas ideas para hacer que nuestros paisanos que radican en esta parte de USA tengan acceso a la lectura del Ultimo Tren por medio de su publicacion en algun periodico de los que se editan en nuestro idioma. Te envio mi correo para que me des tu opinion al respecto.

Pomponio said...

Galindo,

Estoy a sus ordenes. Mandeme su correo y le mandare el manuscrito y a segun vayan saliendo estas historias. Nomas les recomendare que lo editen y le pongan acentos. Pomponio Azuela escribe con las patas.

Galindo said...

Herr Popmponius: Por un lamentable olvido omiti mi correo electronico en mi anterior comentario ( jlgg@myway.com ) tal vez se me movio en la cabeza alguna cacharpona con la efigie del alcoholico Fecal I Emperador de todas las Tranzas.
Saludos