Saturday, January 20, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo XI


XI Gallia en partes tres divisa

Donde buscando unas yerbas moradas Brigida se hace de un libro

“Nos vamos a ir al pasito Pavon,” me dijo Brigida. Entre ella, mi tio, y Maldonado me habian subido a la Babayaga. Yo estaba semi-inconsciente.

“Si se desmaya o empieza a vomitar aviseme de inmediato,” advirtio Maldonado. “Mas adelante le cambio los vendajes. No deje que se mueva mucho.”

“Bien,” dijo mi tio. “Vamonos.” Era evidente que estaba muy nervioso. Atisbaba de un lado a otro. Pero en esa soledad solo se veia escoria volcanica y una que otra nopalera.

Seguimos por entre el mal pais buena parte de la mañana. Al mediodia nos detuvimos en un ojo de agua adonde Maldonado nos habia guiado.

“Por aqui podria uno agarrar una iguana,” dijo Maldonado. “Yo se como agarrarlas.”

“Usted se queda quieto junto a Manuel,” ordeno mi tio. Era evidente que seguia sintiendo recelo y desconfianza contra el viejo.

“Para eso de agarrar iguanas me pinto sola,” se rio Brigida. “Dejeme ir don Pancho. Ya nos hace hambre.”

“Si te separas no te volvere a encontrar Brigida. Es muy dificil orientarse en este laberinto. Ademas, creo que nos estan siguiendo.”

“Yaquis?” pregunto Maldonado.

“Me temo que si,” respondio mi tio. “Bien, vamos a seguirle.”

Salimos del mal pais y entramos a un amplio valle bordeado por cerros. Enmedio del valle habia un arroyo seco.

En eso se oyo TZZZHUNK! Y una flecha se clavo enfrente de nosotros. Brigida a duras penas pudo evitar que se encabritara la Babayaga. Tres flechas mas se clavaron, a nuestros costados y a nuestra espalda. Mi tio habia cortado cartucho en su carabina 30-30 y escudriñaba los cerros. Brigida murmuraba maldiciones.

Maldonado parecia impasible. “Como que quieren que no nos movamos.”

De detras de unas rocas emergio un indio Yaqui.

“No dispare!” exclamo Maldonado. “Vere que quiere. Afortunadamente se hablar raramuri.”

Mas adelante describire como mi tio se metio a la bola. Dejenme solo apuntar por ahora que el habia sido maestro normalista. Tenia estudio. De niño su mama lo habia querido hacer seminarista pero no le gusto. Lo que si le quedo fue una fascinacion por el latin. A mi me la quiso pasar pero lo de ‘gallia en partes tres divisa’ fue lo mas que me entro. Sin embargo, puedo reconocer la lengua de los cesares. Y esto sale a colacion porque lo que uso Maldonado para hablar con el indio de plano no era raramuri. Era latin. A cualquier otra gente los hubiera dormido. Ciertamente no a mi tio.

Maestro, esta usted bien?

Si, no me han maltratado. Cuantos hombres traes?

Cinco, maestro. Incluyendome a mi. Esos son todos sus acompañantes?

Si. El muchacho esta muy mal herido.

Los matamos?

Dejame desarmarlos primero y entonces decido.

Eso fue lo suficiente para mi tio. Amartillo su pistola y la puso en la base del craneo a Maldonado. “Loquasem latine cabron! Ya sabia yo que usted era un traidor.”

“Pos que iban a hacer?” pregunto Brigida.

“Este cabron esta coludido con estos indios. Nos iban a matar! Eso de que les tenia miedo a los yaquis era falso verdad?”

“No,” explico Maldonado. “Tenia que asegurarme que encontraria a estos yaquis y no a otros. Y bien? Que piensa hacer? Con tan solo una señal mia y ustedes se mueren.”

“Y me lo llevo a usted por delante. Por lo pronto vamos a seguirle para adelante.” Y asi volvimos a andar. Yo y Brigida sobre la Babayaga y mi tio con el cañon de su pistola en la base del craneo de Maldonado. Los indios se habian desaparecido pero seguro nos vigilaban y seguian.

“Manuel esta sangrando mucho!” anuncio Brigida.

“Dejeme verlo!” exigio Maldonado.

“No!” ordeno mi tio. “Brigida, bajalo. No te puedo ayudar. Busca en las cosas de este cabron a ver que le puedes poner.”

Con muchas dificultades Brigida me ayudo a apearme de la Babayaga. Maldonado cargaba un moral y Brigida empezo a hurgar en el.

“Pongale una plasta de las yerbas moradas,” le sugirio Maldonado. “Ayudan a la coagulacion.”

“Estas?” dijo Brigida mostrando unos manojos.

“No, hurguele mas.”

Finalmente Brigida encontro las mentadas yerbas. Habia escarbado entre los utensilios del viejo. Sin pensarlo mucho habia hecho a un lado un libro y se lo habia guardado en sus tiliches de soldadera.

“Usted sabe que no puede cruzar el bolson de Mapimi encañonandome todo el tiempo,” dijo Maldonado.

“Y si dejo de hacerlo de inmediato me daran un flechazo.”

Brigida y yo habiamos vuelto a montar. Aun asi semi-inconsciente pude divisar una polvadera en el horizonte y levante mi mano para apuntar hacia esta. Brigida tambien la habia visto. “Viene una columna!”

Se oyeron unos silbidos a nuestro alrededor. Los yaquis tambien habian visto la columna.

“Si vienen a caballo entonces no son yaquis,” dijo mi tio.

“Y si son obregonistas?” pregunto Brigida.

“Pues nos rendimos,” explico mi tio. “No creo que nos desorejen. Vamos para adelante. Hay que asegurarnos que nos vean.”

“Por que no me deja ir?” pregunto Maldonado.

“Esperese a que hagamos contacto. Mientras no intente nada. Esta pistola se dispara sola.”

La columna eran como cincuenta jinetes. Se nos acerco un explorador de vanguardia. “Quien vive?”

Mi tio titubeo por un momento. Pero creyo reconocer un alazan que montaba el jefe de la columna. “Francisco Villa!” contesto mi tio.

“Pos tienen suerte!” dijo el jinete dejandonos de encañonar con su 30-30.

“Teniente Pavon! Ya lo creia muerto!” dijo el jefe de la columna acercandose.

“Mi coronel Saldaña! Que gusto verlo.”

“Pancho nos mando a ver porque el ultimo tren se habia rezagado,” explico Saldaña. “Pero cuando llegamos ya estaba en manos de los pelones. Hemos estado juntando rezagados. Subase a la remonta. Y quien es ese viejo que trae encañonado?”

“Es un cabron que nos iba a traicionar. Por aqui anda una banda de yaquis y el estaba coludido con ellos.”

“Pos no vamos a perder tiempo con prisioneros,” explico Saldaña.

“No lo mate don Francisco,” pidio Brigida. “Me salvo a mi Manuel.”

“Bien! Larguese cabron!” ordeno mi tio. Y Maldonado se fue a buen paso hacia los cerros.

Saldaña me habia visto. “Que tiene su muchacho?”

“Lo hirieron en Santa Anna del Cobre,” explico mi tio. “Esta muy delicado. No puede cabalgar muy recio mi coronel.”

“Bien, nosotros ya ibamos a regresarnos pero decidi dar una ultima vuelta por estos cerros. Nos regresaremos al pasito para no reventar la caballada. Pero si tenemos que salir al galope lo siento mucho pero no voy a sacrificar la columna por su muchacho.”

Y asi fue como dos dias despues nos reintegramos a lo que quedaba de la division del norte.

1 comment:

maquilator said...

Ahijos!..segun yo le andaba dando seguimiento a su jistory por alla en le foro de Julio pero hoy me doy cuenta que ya ando bastante atrasado.

Pomponio Azuela , no se usted ojeis y caigase con un archivo donde se pueda leyer de corridito lo que lleva de la novela.


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