Saturday, March 17, 2007

BUSH Y FE-CAL EN MÉRIDA: RECUENTO DE DEBILIDADES

BUSH Y FE-CAL EN MÉRIDA: RECUENTO DE DEBILIDADES

Por: Dorado Villista

En los días pasados, el presidente norteamericano, George W. Bush, realizó una gira por cinco países latinoamericanos: Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México. Es claro que en la política internacional, las formas se emparejan en importancia con el fondo, así que la selección de estos países dice mucho de las intenciones de corto plazo de la diplomacia norteamericana.

Sin embargo, una comprensión más cabal del significado de esta visita tiene que verse en el marco de la estrategia norteamericana hacia el largo plazo. La hegemonía mundial económica, militar y diplomática de los Estados Unidos se encuentra en sus últimas fases, pues la emergencia de China y la India van a modificar drásticamente la situación unipolar en el tablero de la política internacional.

Por otro lado, a pesar de los esfuerzos hechos en el seno de la Unión Europea para situarse como un contrapeso al poderío norteamericano, las diferencias existentes en cada uno de los países que la componen, han conducido a reyertas, malentendidos, diferencias de enfoque; todo lo cual, desde luego, beneficia a los Estados Unidos.

Es decir que quienes se encuentran en condiciones para contrarrestar la hegemonía norteamericana son esas dos “potencias emergentes”: China y la India. Estos dos países cuentan con arsenales nucleares, poseen sectores de desarrollo tecnológico en rápido avance, y sus respectivos regímenes salariales (que ofrecen costos salariales baratísimos) les aseguran la llegada constante de capitales y de empresas maquiladoras, deseosos todos ellos con la promesa de esas Jaujas bullentes en el Indostán y el Extremo Oriente.

Según el “National Intelligence Council” estadunidense, hacia el año 2025 China será la segunda economía del mundo, y la India ocupará el cuarto puesto, considerando como indicador al Producto Interno Bruto. La política actual de Washington hacia estos dos países trata de construir puentes de largo plazo a través de dos vías: la vía tradicional y doctrinal norteamericana de trabar relaciones diplomáticas, más o menos estables, teniendo como base acuerdos de libre comercio. En este sentido, el gobierno norteamericano ha estado abogando por la inclusión de China y la India en varios foros económicos globales, como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, e inclusive invitando al gobierno chino a las reuniones ampliadas del Grupo de las Siete naciones más industrializadas (G-7).

En otro plano, Washington trata de adelantarse a la consolidación del poder de esos dos países, y trata de modificar ciertos espacios internacionales para acomodar los futuros intereses chinos e indios dentro de márgenes “manejables”. Es decir que antes de que estos dos países llegaran a reclamar –y desde una futura posición de fuerza- la modificación de ciertos foros mundiales, la diplomacia estadunidense quiere desde ahora ser quien lleve la iniciativa para esa eventual modificación, lo mismo en el Consejo de Seguridad de la ONU, que en el Banco Mundial, la Agencia Internacional de Energía Atómica, o la Organización Mundial de la Salud. El hecho a tomar en cuenta es que la India y China le “deban favores” diplomáticos a Washington, y que este último gobierno conserve márgenes de maniobra por adelantado, y antes de que el “destino lo alcance”.

Se trata de construir por adelantado un escenario manejable para la futura multipolaridad de cuatro cabezas: Estados Unidos, Unión Europea, India y Extremo Oriente (es decir, China y Japón).Dentro de este entramado de intereses, América Latina ocupa una posición de tercera categoría. En el marco del rompecabezas maestro del futuro, es decir del escenario multipolar de cuatro frentes, el subcontinente latinoamericano es una pieza que tendrá que acomodarse según situaciones muy puntuales y de coyuntura precisa. Por ejemplo el fuerte activismo latinoamericanista del presidente venezolano Hugo Chávez, y el ascenso de varios gobiernos de izquierda en la región.

Bush comienza su reciente gira en San Paulo, hecho notable pues envía la señal de con quién quiere entenderse en primer término. El Brasil de Luiz Inacio da Silva es un país con gobierno socialista moderado y cuyos acentos para el desarrollo los pone en el comercio exterior y en su apuesta mayor, que es el MERCOSUR. Brasil es un interlocutor moderado, que clama por cierta autonomía y liderazgos diplomáticos en su “zona de influencia” que es el Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia), y que además puede ser un puente con el venezolano Chávez. Así que la diplomacia norteamericana buscó “matar dos pájaros de un solo tiro”: fortalecer las señales de apoyo al liderazgo regional brasileño, y acercarse a un gobierno nacional de izquierda moderada y creyente además en el “libre comercio” como palanca del desarrollo.

La visita a Uruguay tiene en general esa misma tónica, quizá con el matiz de acercarse al miembro más “pequeño” del MERCOSUR en un empeño para mostrar señales de trato diplomático parejo. La pregunta es entonces, por qué no se hizo una visita a la Argentina de Néstor Kirchner (a menudo oponente abierto de varias posiciones norteamericanas en foros internacionales), o a Chile, sede de otro gobierno moderado de izquierda.

Por su parte, la escala en Colombia responde a tres situaciones. La primera, mostrar apoyo al gobierno del conservador Álvaro Uribe en su agenda de confrontación militar con las guerrillas colombianas. En tal sentido, Bush ofrece la continuación del llamado Plan Colombia, con el que Washington y Bogotá desarrollan un programa netamente castrense para “contener” a narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros, considerando que en el desorden general colombiano, cada uno de esos tres actores realiza acciones como secuestros, tráfico de enervantes, desplazamiento de poblaciones enteras, desapariciones físicas.La segunda situación es una clara señal enviada a Hugo Chávez. Bush lleva a Colombia auxilio militar para sus problemas internos, pero también un más que generoso fajo de miles de millones de dólares para “ayuda” inmediata en atención médica y sanitaria; exactamente la misma clase de apoyo que el gobierno chavista ofrece a varios gobiernos latinoamericanos, con la pequeña gran diferencia de las cantidades desembolsadas.

Y la tercera señal, de que Washington se siente más cómodo y se porta más “amigable” con gobiernos de derecha que con los de izquierda. No por nada el periplo de Bush continuó hacia Guatemala (gobernado por la derecha partidaria del “libre comercio continental”) y terminó en Mérida, México.

Según un análisis hecho en “The New York Times” (15 de marzo del 2007):“El señor Calderón es el mejor candidato de los Estados Unidos para convertirse en un fuerte aliado en la región de América Latina. Gordon D. Johndroe, el vocero del Consejo de Seguridad Nacional norteamericano (National Security Council) señaló que el principal propósito de la visita a México del señor Bush fue mostrar apoyo y confianza hacia la agenda que Calderón ha expresado. «Este señor es un importante líder regional quien ha hecho las decisiones políticas apropiadas», dijo Johndroe”.

George W. Bush es un “lame duck President”, término que alude a un USURPADOR en su segundo y último período, y que además tiene a en contra a la mayoría en el Congreso. Según las instituciones del Poder Ejecutivo en Estados Unidos, un presidente lame duck tiene límites muy estrechos para proponer medidas de importancia. Así que el encuentro de Mérida arrojará escasos, muy escasos resultados concretos en materia de inmigración, de seguridad fronteriza y de control del narcotráfico, ya que Bush carece de la fuerza política necesaria para promover algún cambio de fondo en esos tres temas bilaterales.

Por su parte el señor FeCal asistió al encuentro necesitado de apoyo externo, y mejor que nadie el de los Estados Unidos. Sin embargo, se encontró con un terreno minado y que muy difícilmente le aportará dividendos políticos. Este señor FeCal carga con el pecado original de haber sido “electo” en un proceso fraudulento, y requiere de fuertes sostenes exteriores para dar la imagen de un USURPADOR tratado como un igual por otros, y capaz de mostrar iniciativas estratégicas en política exterior.

El señor FeCal volvió a mostrar en el encuentro de Mérida los dos rasgos típicos de su gobierno: en primer lugar un esquematismo rígido, doctrinal, ortodoxo; y en segundo, un exhibicionismo de “mano dura” como su carta fuerte. Esquematismo porque su visión del desarrollo nacional es la misma cantaleta neoliberal del “libre comercio”, del “libre mercado” y de “atraer inversiones extranjeras”.

No por nada Bush soltó el buscapiés de recomendar la privatización del sector petrolero, sabiendo del esquematismo rígido y sin imaginación que caracteriza al gobierno de FeCal. Esquematismo también en lo que toca a la inmigración: no oponerse de frente a la construcción del muro ni hacer demasiado ruido a causa de la entrada a territorio mexicano de personal militar y gubernamental estadunidense, y en cambio clamar a los cuatro vientos que la inversión de capital extranjero conllevará a la creación de empleos y, por ese lado, a detener la inmigración.

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