Saturday, June 30, 2007

BIENVENIDA A TODOS LOS AUTENTICOS MEXICANOS!

Fusilao del Foro de "La Piedra en el Huarache"
http://la_piedra_en_el_huarache.forogratis.es/viewtopic.php?t=58&postdays=0&postorder=asc&start=0

Por Angello.

AMIGOS...HERMANOS SOMBRERUDOS...TODOS LOS ACTIVISTAS Y A NUESTRAS HERMOSAS "ADELITAS":

DEBEMOS DARNOS A TODOS NOSOTROS LA BIENVENIDA!

¡AQUÍ ESTAMOS TODOS!

¡HOY, Ya no “soy yo”, ya no “eres tú”..HOY: “SOMOS”


¡ES TAN EXTRAÑA LA SOLIDARIDAD!

El rebaño humano ha olvidado que debe a la solidaridad el haber salido victorioso sobre las otras criaturas de la “selva”. Para mi la solidaridad es la virtud de las virtudes. La materia existe por la solidaridad de los átomos. Sin esta virtud todo el edificio del Universo se desplomaría y desaparecería en la obscuridad, como polvo esparcido por los vientos. La solidaridad es esencial a la existencia, es condición de la vida. Las especies que sobreviven en la lucha por la existencia no son, de ningún modo, las que están compuestas de los individuos más fuertes, sino aquellos cuyos componentes adoran más reverentemente la mayor de las virtudes: la solidaridad.

La solidaridad es fuerza. Se puede limpiar del dedo una gota de agua; pero se requiere de una montaña, para resistir el empuje de los vientos. La solidaridad es progreso, pues la vida significa evolución, y la solidaridad es condición de la vida. La solidaridad es armonía, cooperación entre los seres humanos, gravitación para los cuerpos celestes. ¿Qué es la luz del sol? La solidaridad de los siete colores del arco-iris.

Amigos, hermanos: la solidaridad es fuente de vida. Amante de lo bello, la solidaridad es quien hace posible la existencia. Gracias a la solidaridad existe la naturaleza y puede complacer mis sentidos con sus formas y colores, con sus perfumes y su poesía, mientras en nuestros cerebros se agitan sueños de arco-iris de libertad, justicia y arte.

Hoy más que nunca, las esperanzas son grandes, no hay esperanzas ociosas, ¡claro que no! El aire está cargado de posibilidades. La historia está escribiendo las últimas líneas del período que tiene como ruinas la independencia y la revolución de nuestra patria!

Y está a punto de abrir un nuevo período, cuyo primer capítulo será conocido por las generaciones venideras, como las tentativas de mexicanos valientes hacia el camino de la auténtica Justicia y Democracia.

Un reajuste de valores sociales se está gestando en todo México, y es evidente que lo que hace seis o doce o más años era despreciable o sin valor, ahora tiene el influjo o se está adquiriendo. Se aproxima la hora en que el dinero, las monedas, no tengan el valor de nuestras manos y mucho menos el valor de nuestras ideas. Los herederos de fortunas o de poder se venden por un plato de lentejas…Dentro del duro cráneo del esclavo voluntario entrará con el tiempo y con dolor el despertar a la realidad irreversible, para ellos.

Nuestra gran ventaja: la Solidaridad; su fatal desventaja: quienes los siguen es por intereses mezquinos, por conveniencia pasajera, por sometimiento, por habilidad, pero NUNCA por solidaridad.

Hoy, respiramos una atmósfera de conflicto e inquietud, algo sopla en la sombra; rumores nunca escuchados flotan en el aire y de los cuatro rincones de México se acumulan vapores y nubes negras que presagian tempestades; está a punto de sonar la hora de las liquidaciones sociales; se siente la solemnidad del momento; más bien que comprenderla, nuestros instintos están advirtiendo a nuestra razón del inminente nacimiento de una nueva Edad Histórica.

Soñemos como dijo Andrés Manuel, soñemos. Los sueños nunca nos abandonarán, pero del sueño a la Acción compañeros!

Confiemos, soñemos y esperemos con los sentidos atentos a la dirección del viento y del ruido para sorprender los rumores más sutiles que lleguen del exterior, los gemidos de los que tratan de perpetuar las condiciones de las cuales obtienen su felicidad y su poder. La lucha debe ser aguda, como si se tratara de un furioso volcán Popocatepetl.

Veamos a nuestra patria como a nuestra Madre, orgullosa de sus hijos de raza altiva en la marcha hacia la auténtica Democracia y Justicia de nuestro México.

Compañeros: mientras ellos cuenten dinero y poder, nosotros contemos las estrellas!

Nosotros queríamos hacer un hombre de cada animal humano; ellos fueron más prácticos, han hecho un animal de cada hombre, y se han hecho ellos mismos pastores del rebaño. Sin embargo, prefiero ser un soñador que un hombre práctico.

Compañeros les propongo: Desde Hoy, seamos más solidarios, hagamos una montaña de amistad y solidaridad: Continuemos este Foro, continuemos con esta unión aquí, en los módulos, en la Convención, en las cartas, en los mensajes, en los volantes que debemos continuar repartiendo, compartiendo nuestras ideas y opiniones con nuestros conocidos, etc. Porque esta lucha apenas comienza! Y no se termina…Hasta que se termina!

Angello

Tuesday, June 19, 2007

Drang Nach Sud - Parte IV - Don Rodrigo Diaz de Rebuznar (Aznar) Cabalga Contra México

por el Lic. Mefistofeles Satanas, pi eich di


  • Triste fue la impresión que el enano hizo en Roma ante el fuhrerdasromankatolischekirche, el papa Ratzinger. “Ein betrunkener Zwerg”, o sea, un enano borracho, fue acaso la mas gentil descripción de la curia hacia el pelele que desgobierna en México. Y fue inevitable que llegaran a los oidos del papa la noticia de las multiples protestas --folkloricas o no-- que acompañaron al enano y sus tristes comparsas en Europa. El repudio publico al enano empaño a su vez el prestigio de la curia que lo habia recibido con honores. Y eso es algo que Roma no perdona.
  • Ante la triste impresión que causó el enano y su comparsa de fachos y disque lideres de “partidos de oposición” el papa tomó inmediatamente cartas en el asunto. México sigue siendo, en los ojos de Ratzinger, el ombligo del mundo, como bien lo pensaban sus antiguos habitantes. Y es que mientras México no esté seguro no es posible iniciar la reconquista de latinoamerica que tanto desea el fuhrer de Roma.
  • Y es que, ¿como seria posible enfrentarse a Chavez mas al sur a partir de una base de operaciones convulsionada por una indomita resistencia civil pacifica? ¿Y como seria posible hacer esta reconquista con la clase de lideres –“eine betrunkener zwerg”, un burro parado que sufre de sobredosis de toloache y de prozac, y diversos fachos “folkloricos” y medievales—con que cuenta el papa para su cruzada? ¿Con qué prestigio contaria la iglesia para ir contra Chavez dado el ridiculo que hizo y el repudio general que sufrió Perberto Rivera en la lucha contra el aborto?
  • Bien, concluyó el fuhrer, es evidente que los “tiranuelos tropicales” no serviran de mucho para asegurarse México. Pero, esencialmente, ¿en que consistiria “asegurarse México”? La pregunta se discutio ampliamente entre los prelados que asesoran al papa, el generalstab de la curia, los principes de la iglesia que estan igualmente versados en los escritos de don Nicolo Maquiavelo como los de von Clausewitz. Y de estas discusiones las respuestas surgieron.
  • México, para propositos del papado, necesita convertirse en una versión tropical de la España franquista. Tendra, por supuesto, sus propias caracteristicas añadidas, notoriamente, el racismo hacia el indigena. Pero en general el modelo a llegar sera, en efecto, el de la España del caudillo.
  • El modelo incluye la impunidad de la iglesia –no conviene que se les ande acusando de pederastas—y un lugar de privilegio para esta (cualquier ataque o critica a esta seria suprimida, junto con los que la hagan).
  • El gobierno reprimira con lujo de violencia todos los movimientos insurgentes contra este nuevo orden. Se inventaran “peligros para México” que justificaran estas acciones.
  • Todo lo que huela a “socialismo”, la ley federal del trabajo, la ley de amparo, los sindicatos independientes, etc., etc., tiene que ser eliminado.
  • Y las autoridades aseguraran que “la gente de razón” --los nazis prietos-- reciban toda protección y preferencias y esten por encima de la ley. "La estupida nobleza del mocho y del traidor", que cantaba Riva Palacio en "Adios Mama Carlota", vuelve por sus fueros.
  • Lo extranjero –inversionistas, cultura, etc.—sera preferido y lo mexicano sera menospreciado. Solo asi, implantando este modelo franquista de “falangismo tropical” sera posible asegurar México para los planes del papa.
  • Solo faltaba una cosa. Un lider. Como se apuntó los “tiranuelos tropicales” mexicanos eran considerados demasiado estupidos por el papa. Si se iba a implantar un nuevo franquismo, entonces ¿que mejor que poner de lider a un franquista de abolengo? Uno de los prelados del generalstab le hizo ver esto al papa: “Mein fuhrer, don Rodrigo Diaz de Rebuznar –Aznar—anda perdiendo el tiempo tratando de rehidratar la momia de Francisco Franco en el Valle de los Caidos. A pesar de plastas de maquillaje sus esfuerzos no fructifican. A veces se vé uno que otro gusanito salir por las fosas nasales. ¿Por qué no mejor mandarlo a México a asegurar este territorio?”
  • En efecto, el fuhrer convocó a don Rodrigo Diaz de Rebuznar –Aznar--, el cachorro que fielmente sirvio al imperio empantanando a su pueblo en Irak. De este, por su conocida estulticia y dipsomania, el fuhrer todavia tenia dudas, pero, ¿que alternativa tenia el fuhrer? Y asi fue que el fuhrer le dio la orden a don Rodrigo: “Idos a la Nueva España y tomad las riendas de la reconquista. Vos sereis mi portaestandarte. No tengais misericordia ni consideración en estos menesteres. Haced esto en mi nombre y en el de la santa madre iglesia. Y no os preocupies por derramar sangre si asi lo juzgais necesario pues contareis con las indulgencias del caso.”
  • Y armado con esa consigna y asegurada su alma eternal, con un “voto a Santiago”, don Rodrigo se dispuso a entrar en la lid. El rebelde de Macuspana, pensó, tenia que ser atacado directamente y con violencia. De ahi la coincidencia de que justo a la llegada de don Rodrigo a tierras de Indias de inmendiato se cortara el financiamiento que recibia AMLO en la cuenta de Honestidad Valiente. ¿Que acciones siguen? Estas seran muchas y de diversos grados de letalidad.
  • Esperese que Tele Azteca tome una acción similar y prohiba la transmisión de la Verdad Sea Dicha “por convenir asi a sus intereses”.
  • Esperese que el ejercito se plante en la plancha del Zocalo el dos de julio –como parte del “combate a la inseguridad”— para evitar que los renegados hagan su convención. Esta es doblemente peligrosa pues es su intención hacer una ExpoFraude mostrando todas las evidencias de como el PAN se robó las elecciones en el 2006.
  • Esperese tambien el intento de censurar a los blogs y foros de resistencia. Despues de todo, estos son nuestros canales de comunicación, los medios por los que nos informamos y a traves de los cuales sabemos que no estamos solos.
  • En suma, México está viviendo el embate planeado y dirigido por un gachupin borracho --a las ordenes de un nazi protector de pederastas-- contra su libertad e independencia.
  • ¿Y que hacer? Ante todo, mantener “corazón caliente y cabeza fria”. No es la primera vez que México se enfrenta a un paladin extranjero. En 1812 la corona española mandó al habilisimo Felix Maria Calleja del Rey a sofocar la insurgencia. Las armas nacionales le tomaron la medida en Cuatla.
  • En 1863 Napoleon III nos mandó la crema y nata de su ejercito al mando de Forey y luego de Bazaine. ¡Y a la larga Juarez triunfo!
  • Hoy tenemos un lider de la calidad del Generalisimo Morelos y de Juarez al frente de nuestro movimiento. Ustedes, los renegados, NO SE HAN ARRUGADO. Han demonstrado que son dignos herederos de los defensores de Cuatla y de los Chinacos de Zaragoza. ¡Que venga pues este infeliz gachupin borracho y se le enseñara lo que es “amar a Dioj en tierra de indios”! Ese baturro dipsomano no le llega ni a los talones a Calleja o a Forey y Bazaine.
  • Si, la lucha sera larga pues Rebuznar tiene todo el poder de la puta de Babilonia, la iglesia, detras de él, ademas de las lastimeras huestes de "la estupida nobleza del mocho y del traidor", y el apoyo implicito de los chacales allende el Bravo. Organicemonos, mantengamonos comunicados, no pierdan el animo, pues la historia nos indica que a la larga saldremos triunfantes una vez mas.

Tuesday, June 12, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo XXX

XXX El Viejo

Chapultepec, marzo de 1911

Doña Carmen Romero Rubio de Diaz era una espigada y altiva dama. A pesar de ser tan solo las ocho de la mañana, ya se encontraba exquisitamente enchongada, ajuareada, y enjoyada. Su marido, don Porfirio, le llevaba como veinte años de edad. A sus sesenta y tantos años don Carmen todavia caminaba muy derechita y con energia. El duro corset parisino de hueso de ballena que portaba ayudaba.

"¿Ya se levantó el presidente?" preguntó doña Carmen al oficial de guardia en la recamara de don Porfirio.

"Señora, el sargento Beltran dice que todavia ronca." Beltran era un viejo sargento que era la ayuda de camara del anciano mandatario. "¿Quiere que lo despertemos?"

Doña Carmen agitó con impaciencia su abanico de nacar. "¿Y por qué lo dejan dormir tan tarde? ¿Está enfermo?"

"Ultimamente hemos batallado mucho para despertarlo señora. Ya vé que antes era muy madrugador pero ultimamente…"

Doña Carmen sacudio la cabeza. Ella bien sabia la razón. El anciano era cada vez mas como un niño. De ahi que dormia mas. Si, el sueño es el ensayo de la muerte. "Si no se despierta para las nueve levantenlo por favor. No conviene que empiecen los rumores."

El anciano se despertó. Vio con confusion a su alrededor. Una obsesión lo carcomia. "¿Como cihngaos se llamaba ese cabrón? Parece que lo estoy viendo. Aindiado y con cara de hijoeputa que no podia con ella. Vestia como chinaco y le decian el diablo…"

"¿De quien habla señor presidente?" preguntó Beltran.

"Ese es mi problema, que no me puedo acordar. ¿Te acuerdas Lupe de aquellos chinacos que venian del rumbo de Orizaba y se nos unieron antes de la Carbonera?"

El viejo sargento se rasco el craneo un momento. "Creo que si, mi general. Era un tal Maldonado el que los lidereaba, ¿verdad?"

"¡Ese mero! Sostenes Maldonado. ¿Como carajos me pude olvidar?"

"¿Le preparo su baño señor presidente?"

El viejo trató de pararse. Subitamente una ola de nausea y mareo lo envolvio. "Carajos." Beltran evitó que se cayera.

Una hora despues el medico de la presidencia salio de la recamara. Afuera se encontraban doña Carmen y José Yves Limantour, el secretario de Hacienda.
"Fue un mini derrame. Lo mejor es que guarde reposo por unos dias," sentenció el medico.

"Doctor," le dijo Limantour, "dada la situación politica esto no debe trascender."
"Entiiendo," dijo el medico. "Vendre a revisarlo en un par de horas. Mientras le di un sedante."

Doña Carmen estaba muy palida. "Doctor, ¿vivira?"

"El presidente es un hombre muy fuerte. Para mi que esto fue reacción a la situación que todos conocemos. Si Dios manda, con unos dias de descanso absoluto se recuperara."

Beltran se aseguró que el viejo roncaba y salio a un pequeño balcon a fumarse un pitillo. A sus pies se veia la ciudad, con el lago y los volcanes irradiantes con el sol. Instintivamente el viejo soldado sentia que las cosas ya no seguirian iguales. "Este arroz ya se cocio," dijo en voz baja Beltran.

"¡Ni madres, el tren pasa por aqui!" En sus sueños Don Porfirio se encontraba enfrente de un grupo de ingenieros que habian desplegado un mapa del istmo. Sus dedos, gruesos, picotearon sobre un punto del mapa. "¡Por aqui, insisto!"
"Como usted ordene, señor presidente…" La orden no se discutia. Uno de los ingenieros se apresuró a dibujar en lapiz la nueva ruta.

El tren presidencial inauguraba la nueva ruta. "Ya mero llegamos, señor presidente," le anunció un elegante coronel de las guardias presidenciales.
El dictador se contempló en el espejo. El bigote era entrecano, no niveo. "Bien, Gonzalez, ya saben, diganle a la maquina que despacito…"

En efecto, el tren redujo su velocidad a vuelta de rueda. Adelante se veia un anden. Aguardaba en este una mujer, morena, muy hermosa y muy alta, vestida con un magnifico traje de tehuana. Se abanicaba impacientemente.

"¡Cata! ¡Cata! ¡Subete!" le dijo don Porfirio ayudandola a subir al tren. El tren no se detenia, seguia caminando muy despacito.

"¿Tonces te dieron permiso Porfirio?" le preguntó la mujer con una sonrisa socarrona. Esta doña Catalina era la jefa politica del istmo y amante de Porfirio Diaz

"No hombre, pinche vieja culera. De que anuncie el viaje me estuvo chingando. No queria era que parara en tu hacienda. Pero, pos lo que hice fue desviar la via de tren para que pasara frente a tu casa. Pa eso soy presidente, ¿no? Y no, no estoy parando, el tren sigue andando." Porfirio la jaló para si y la abrazo.

"Sigues tan hermosa como siempre."

"Pues no perdamos tiempo entonces," le dijo Cata sonriendole lascivamente.
"Aunque sea como los gallos…"

Porfirio oyó un gallo cantar en una rancheria cercana. Ya no habia Cata ni trenes. Era octubre de 1866. A lo lejos se divisaba un camino rudimentario que serpenteaba entre las colinas. A su alrededor crecia la jungla y el caloron era agobiante. Frente a Porfirio habia un grupo de hombres y caballos.

"Es una columna como de cuatro mil hombres," dijó uno de ellos, al que Porfirio reconocio como Sostenes Maldonado. "Tal vez 500 jinetes y el resto infanteria y carretas. Vienen desde Tehuacan y se drigen a Oaxaca."

Porfirio se quedó pensando un momento. En Puebla ni Zaragoza ni Lorencez habian pasado de 1500 hombres por bando. Pero ahi los mexicanos tenian la ventaja de los fuertes. Si se oponia a la columna del enemigo le iba a dar batalla en campo raso. "¿Traen artilleria?"

"Contamos como diez piezas, si, napoleones y piezas de montaña."
Porfirio asintio y prendio un puro. "¿Son puro frances en la columna?"
"Estan mezclados. Hay unos cuantos zuavos y legionarios. Y tambien traen mucho traidor. Ah, y vimos unos cabrones vestidos de gris que no reconocimos."

"Es el Horch und Deutschmeister," explicó Porfirio.

"¿Esos son alemanes?" preguntó Maldonado.

"Casi, casi. Es un regimiento austriaco. Al tal Max le mandó su hermano varias compañias de ese regimiento quesque de voluntarios. Es un cuerpo de elite, como quien dice la guardia del emperador austriaco, y son muy duros. Le dieron mucha guerra a Napoleon I en Austerlitz."

"Tambien vide unos cabrones con casaca azul y pantalón amarillo."

"¿Con quepi negro?"

"Si," contestó Maldonado.

"Esos son belgas," explicó Porfirio. "Los mandó el apa de la Carlota, el rey Leopoldo de Belgica, y son puros hijoeputas. Estan acostumbrados a matar negros en el Congo. Son muy sadicos. Como quien dice, entre franceses, belgas, y autriacos tenemos representada a toda Europa."

"Pos pa matar gueritos estamos prestos," contestó Maldonado.

"Bueno, y a todo esto, ¿como fue que se enteraron de todo esto?"

"Mire, mi general, mis muchachos y yo andamos tras la pista de un cura gachupin, un tal Madrigal. Ese cabrón quemó nuestro pueblo y mató nuestra gente. Se unio a esa columna. Yo me infiltré con el pretexto de venderles unas mulas y lo confirmé que ahi estaba. Tambien pude observar la columna de cerca. Si la atacamos, le pido nada mas que me lo entregue si lo capturan."

"Pues si es asi de cabrón ese curita, pos con todo gusto. ¿Estan dispuestos a ponerse a mis ordenes?"

"Si, mi general," contestó Maldonado. "Sabemos que usted es de pelea. Ya hemos estado matando zuavos desde el 64. Tengo veinte muchachos que me siguen."

"Perenme tantito señores," dijo Porfirio Diaz. Se dirigio detras de una ceiba donde un hombre habia estado observando y oyendo. Este portaba un uniforme de general y era manco del brazo izquierdo.

"¿Qué le parece compadre?" preguntó Diaz.

Manuel Gonzalez era un militar tamaulipeco que originalmente habia peleado bajo Miramón en la guerra de los tres años. Porfirio lo habia incl;uso combatido en varias batallas. Pero a raiz de la intervención francesa Gonzalez ofrecio sus servicios a la republica diciendo que él no era traidor. A la larga Diaz y Gonzalez se habian hecho tan amigos que ya eran compadres. Porfirio lo pondria a calentar la silla antes de su primera reelección. Pero todo eso estaba en el futuro.

"¿Pos que le dire, compadre," contestó Gonzalez. "Tenemos tal vez 2000 gentes y estan muy mal armados. ¿Y como confiarle a esos cabrones? Se presentan ansina de improviso trayendo toda esa información. ¿Usted habia oido de este Sostenes Maldonado antes?"

"Oi algo de él. Andaba espantando Zuavos por el rumbo de Zongolica. Le decia el diablo los mismos franceses."

"Bien, si asi es, pos digales que hagan vivaque con los juchitecos. Si son traidores ahi esa gente los va a detector. Ya vide que son muy cabrones."

Porfirio Diaz se rio. "Dimelo a mi. Son muy broncos los cabrones. Si muestro debilidad son capaces de fusilarme. Pero, ¿que cree sobre la columna esa que viene?"

"Pos a menos que se invente usted una napoleonada no veo como impedir que avanzen sobre Oaxaca. Acaso tenemos parque para unas dos horas." Gonzalez prendio un puro.

"Ire, compadre, tengo una idea," dijo Porfirio Diaz mientras dibujaba en el lodo junto a un arroyo, "el camino pasa por un punto donde podriamos poner una emboscada. Se llama la Carbonera."

"He pasado por ahi. Hay unas lomas muy empinadas."

"En efecto. Todos esos cerros son los restos de una vieja caldera volcanica como de varias leguas de diametro. Imaginese una muela picada a la que le queda el hueso de la circumferencia. Esa es la Carbonera. Entonces el camino sube por un paso y luego baja al valle en el centro. En este hay un lago sulfuroso. El agua no es buena. Y todo el interior está lleno de selva. Yo creo que el calor es mas cabrón ahi por el magma que hay bajo la superficie. Es pura tierra caliente, literalmente. Todo esto me lo explicó un ingeniero de minas que andaba de guerrillero con nosotros cuando usted andaba -ja ja- partiendonos la jeta con Miramón. Luego el camino vuelve a subir para salir del valle. O sea hay dos pasos. Si taponamos ambos con el enemigo dentro los forzaremos a atacarnos cuesta arriba y frontalmente."

"Pero, ¿por qué el enemigo va a entrar en esa ratonera?" preguntó Gonzalez esceptico.

"Varias razones. Primero, es el unico camino. No tienen alternativa. Segundo, Osorno seguramente está al mando o los está asesorando. Ese cabrón está ardido desde que le partimos la jeta en Miahuatlan. Y ya vez que es medio pendejon. Tercero, hay tanta selva que uno no se dá cuenta que esta entrando en una ratonera. Apenas se ven los cerros alrededor. Si el geologo ese no me lo hubiera explicado yo tampoco habria entendido."

"Pero no creo que sean tan pendejos de no usar exploradores. Traen caballeria, segun dice Maldonado."

"Pos Jesus Lallane y los lanceros tendran que quitarles el paso a chingadazos," dijo Porfirio. Jesus Lallane, michoacano de origen frances, venia al frente de los restos de unos lanceros de Toluca. "Una vez que eso ocurra usted entra y tapona con su gente pues estos son los mejor armados y veteranos."

"¿Y la gente que solo portá machetes?"

"La esconderemos en la manigua en el valle. Cuando la columna se detenga ellos pueden atacarla. Aunque no traen rifles, podran aproximarse sin que los tiroteen. "

"Bien. Solo queda un detalle. ¿Quien tapona el paso por donde entró la columna? Si no pueden pasar sobre mi gente se van a querer regresar en tropel."

"Se lo encargare a Maldonado y su gente. Le dare unos juchitecos tambien."

"Estas condenando a Maldonado y a su gente a muerte, Porfirio."

"Ni tanto. Los chinacos y los juchitecos son muy duros. Ademas, cuento con que a esas alturas el enemigo va a estar desmoralizado. Si ven que estan taponados por donde entraron tal vez se rindan.

"¿Y si intentan escapar por la selva?"

"El resto de esos cerros son muy escarpados. Y aun si lo hacen lo harian sin vituallas y sin pertrechos. Imaginate ser un europeo que de pronto anda profugo en una selva mexicana huyendo y perdido. Lo mas probable es que no tendran ya animo de pelear."

El anciano gritaba todo agitado. "¡Adelante Lallane! ¡Asi! ¡Asi!" Beltran entro de inmediato en la habitación.

"Calmese, mi general, está en Chapultepec.," dijo Beltran.

"Es que ya se formaron. Van a atacar a mi compadre," murmuró el anciano.

"Ahorita llamo al medico, mi general. Ya no se agite."

Porfirio caminaba entre los cadaveres de hombres y caballos. Jesus Lallane le saludó y le entrego una bandera. Los lanceros mexicanos habian tomado posesión del paso de salida. Manuel Gonzalez se apresuraba a atrincherar a sus infantes en este. El camino subia la loma desde el valle enjunglado. Al pie de la cuesta se veia a la infanteria del Horch un Deutschmeister que se iba formando en columna de asalto.

"Eran husares hungaros, mi general," dijo Lallane apeandose de su caballo. "Esta es su bandera."

"Lastima de esos caballotes. Estaban rete chulos," dijo Porfirio viendo los trakeners muertos que los hungaros montaban. Los ponies mexicanos, mas pequeños, igual que sus jinetes, habian resultado mas letales, por lo mobiles, en la mele.

Un lancero le trajo una yeguota azabache a Porfirio. "Tenga, mi general, esta está intacta."

Porfirio vio el animal. Era magnifico. Cuando se montó en esta la gente lo vitoreo.

"¡Compadre!" gritó Gonzalez. "Ya se vienen esos cabrones."

Porfirio los escudriño por el catalejo. Con un redoble de tambores y cornetas la columna empezo a caminar cuesta arriba. Llevaban una gran bandera con las franjas rojas y blanca de Austria. A oidos de los mexicanos llegó algo de musica.
"¡Puta madre! ¡Hasta banda de guerra tienen esos cabrones!" juró Porfirio. "¡Muchachos! ¡Vamos a enseñarles a amar a Dios en tierra de indios!"

"¡No disparen hasta que les dé la orden!" rugió Gonzalez mientras recorria su linea. Los mexicanos se habian parapetado detras de rocas y de los cadaveres de los caballos. Eran como quinientos, todos veteranos, lo mejorcito con que contaba Porfirio. El parque mexicano era muy escazo. Tendrian que hacer contar cada tiro. Se oyó entonces unos estampidos. La artilleria austriaca habia abierto fuego. Porfirio no tenia artilleria.

"¡Merde!" juró Armand Bremont cuando observó con un catalejo a los husares regresar en desbandada desde la salida del valle. "Me parece, Rossignol, que nos estan poniendo una bonita emboscada."

A su lado el viejo sargento fumaba su pipa tratando de aparentar tranquilidad. Rossignol escudriño a su alrededor. La manigua era avallasadora, igual que el calor, y no se veia mucho mas alla de la orilla del camino. "Muchachos," ordenó Rossignol a sus zuavos, "preparense y parapetense debajo de las carretas. Los veinte zuavos del destacamento frances, acostumbrados a las emboscadas de los arabes del Rif, no discutieron la orden.

Los hombres en la sala de acuerdos del castillo de Chapultepec no decian palabra. Don José Yves Limantour presidia la sesión de emergencia.
"El medico dice que con unos dias de descanso el presidente se vá a reponer," explico don José. "Nada de esto debe trascender a los periodicos."

El secretario de gobernación sacudio la cabeza. "¿Y ya le escribio a Madero, don José? Usted conoce a esa familia de tiempo atras."

"Asi lo hice, en efecto, y me contestó Gustavo, uno de los hermanos. Madero no oye razón. Se va a requerir que se le derrote con las armas en la mano." Los ojos de los secretarios se posaron sobre el secretario de la defensa, un general.

El militar se dirigio a un mapa de la republica desplegado en una pared. "La gente de Madero sigue causando destrozos desde Sonora hasta Tamaulipas. Tambien hay noticias de disturbios en Guerrero y Morelos. Pero son gavillas dispersas y mal armadas. Su ejercito principal, llamemoslo asi, se está concentrando alrededor de Ciudad Juarez. Estimamos que cuenta con cinco o seis mil elementos, todos irregulares, al mando de un tal Pascual Orozco, un ex-minero."

"¿Por qué Ciudad Juarez?" preguntó un secretario.

"Corrijame si estoy equivocado, señor general," explicó Limantour, "pero es una acción muy ducha de parte de los maderistas. Ciudad Juarez es la puerta de México. Si cae, entonces los maderistas ganan una victoria propagandistica. Ademas, podran comprar e importar armas de los EEUU."

"En efecto, señor Limantour, es por eso que he decidido reforzarla," contestó el militar. "Es tambien de primordial importancia que mantengamos abiertas las comunicaciones con ese punto. Estoy tambien reforzando las guarniciones a lo largo del ferrocarril."

"¿Y si cae Ciudad Juarez?" preguntó el ministro de gobernación.

Por un momento nadie dijo nada. "En tal caso," comenzó Limantour, "sugiero que lleguemos a un acuerdo por la via politica con los alzados. Y digo esto porque ya los bonos mexicanos han estado a la baja en Nueva York. Una derrota en Ciudad Juarez acabaria con el credito de la republica. O sea, no nos seria posible proseguir la guerra por falta del financiamiento requerido."

"¿Que dice usted? ¿Un acuerdo politico?" pregunto el secretario de gobernación.
"¿Quiere usted decir mas bien que renuncie don Porfirio?"

Los ministros empezaron a protestar. La reunión iba a naufragar en un caos.

"¡Señores! ¡Por favor! ¡No perdamos la calma!" pidio Limantour. Poco a poco se fue restableciendo el orden.

"Si," continuó Limantour. "Un acuerdo politico que tal vez, si, incluya la renuncia de don Porfirio. Lo importante entonces seria quien lo reemplazaria. Es de primordial importancia que este sea un miembro del gabinete que goze de toda nuestra confianza."

"¿Por qué no usted?" dijo socarronamente el secretario de gobernación.

"O tal vez usted, señor secretario," contestó Limantour con finura. "Yo no puedo serlo por ser hijo de extranjero. Yo sugiero al señor de la Barra, nuestro embajador en Washington. Tiene los contactos requeridos con los americanos. El reconocimiento de estos sera necesario."

"Madero seguramente vá a exigir elecciones y se vá a postular," apuntó otro secretario.

"En efecto," afirmó Limantour. "Y seguro vá a ganar. Pero bien, el que sea presidente no quiere decir que va a gobernar, ¿verdad? En fin, señores, es bueno pensar a futuro pero por ahora nos estamos adelantando. Ahorita todo lo que importa es si el señor general aqui presente logra sostener Ciudad Juarez para el gobierno. De ello depende todo."

"¡Bremont! ¿Qué diablos pasa?" preguntó Madrigal. A su alrededor partidas de soldados iban corriendo desordenadamente en varias direcciones. Algunos camilleros traian ya varios heridos y moribundos.

"¿Qué que pasa, señor Madrigal? ¡Pues que los mexicanos nos han atrapado de lo lindo!" Bremont le pasó su catalejo al cura y le indicó donde la batalla arreciaba. " Vea usted, el baron von Kuchler anda tratando de que su gente se abra paso. Han cargado ya dos veces y dos veces los han rechazado con perdidas. Y si el comandante mexicano tiene dos dedos de frente en cualquier momento nos atacan desde la manigua. Si eso ocurre, le aseguró que los mexicanos de la tropa de leva que trae Osorno se vá a rendir o se nos voltean."

Madrigal vio tremolo a su alrededor y palidecio. ¿Lo estaban ya encañonando desde la selva? Rossignol le hizo una señal como pasandose un cuchillo por la garganta. "Lo mas probablemente es que ya estan a nuestra retaguardia," dijo el sargento escupiendo al suelo. "Como dirian los arabes, ¡inshallah!"

"O, lo que para el caso es lo mismo, 'ce'st la guerre'," acabó Bremont.

"¿Y que piensa hacer? ¡Yo necesito llegar a Oaxaca! ¡Los archivos de los dominicos ahi tienen las pruebas de lo que necesito!"

"¡Que tercos son esos cabrones!" exclamó Gonzalez aproximandose a Porfirio. El manco traia el sable chorreando sangre. "Me mataron un chingo de gente en el cuerpo a cuerpo, Porfirio. ¡Y ya vienen otra vez!"

Una granada de la artilleria austriaca estalló cerca de Porfirio. Este tuvo que esforzarse para controlar su monta. "¡Tranquila, mi prieta! Bien, ¡suelten el cohete!" ordenó Porfirio. Un cohete se desplazo por el firmamento y estalló en lo alto. Era la señal para que las guerrillas atacaran la columna.

"Compadre, ya no tengo parque," anunció Gonzalez. "Si vuelven a subir van a pasar como cuchillo entre mantequilla."

"Lallane," dijo Porfirio al comandante de los lanceros. "¿Aguantaran otra carga los tuyos?"

Lallane se rascó la barba cerrada. "Está muy cansada la caballada despues del baile con los hungaros. Pero si es de bajadita tendremos vuelo."

"Pos agarralos ahora que vienen de subida," ordenó Porfirio. "Y usted, compadre, si Lallane no tiene exito, entonces vea que la gente se retire. Tendremos otra ocasion de pelear."

"Dicho y hecho," dijo Bremont observando flematicamente como una turba de mexicanos medio desnudos y armados solamente con machetes salian de la manigua. "Me temo que lo unico que podemos hacer, señor Madrigal, es salvar el pellejo. Francamente, ya tenemos tres años escoltandolo a usted mientras busca la dichosa bibilioteca india esa. Y lo unico que hemos cosechado han sido sablazos."

Los suavos se habian parapetado entre las carretas y ahi se hacian fuertes. Las tropas de leva mexicanas ya alzaban los rifles en señal de rendición.
"Sugiero que nos abramos paso por donde venimos," observó Rossignol. "No durariamos mucho si tratamos de cruzar entre la jungla."

"Bien, ¡atencion, zuavos! ¡Formen cuadro! Nos retiraremos en orden. ¡En avant!" ordenó Bremont.

"¿Y yo?" preguntó lastimeramente Madrigal.

"Pongase en el centro de la formación," respondió Bremont. "Nada mas porque Bazaine me ordenó protegerlo no lo dejo solo."

Poco a poco los zuavos se iban retirando. Mientras tanto, la columna imperial era ya un desorden. Solo los europeos resistian. Los oficiales mexicanos imperialistas, sabiando que los tratarian como traidores, se habian despojado de sus insignias y trataban de huir entre la selva. Los guerrilleros mexicanos amagaban a los zuavos sin exito. Viendo que estos no habian roto su cohesión, decidian mejor irse sobre blancos mas faciles.

El impacto de los lanceros mexicanos en la columna austriaca fue brutal. Esta no habia tenido ni el tiempo ni el terreno para formarse en cuadro. Viendo la debacle de los europeos Porfirio Diaz ordenó a Gonzalez y su infanteria que cargara en apoyo de la caballeria mexicana. Los austriacos vendieron cara la vida pero empezaron a huir despavoridos en dirección a la jungle, donde pululaban los guerrilleros. Osorno, sabiendose perdido, se despojó de sus insignias de general y trató de huir entre la manigua. El baron von Kuchler se disparó un plomazo en la sien. Pronto tanto los imperialistas mexicanos como los europeos empezaron a rendirse.

Los secretarios de estado iban saliendo uno a uno de la sala de acuerdos.

"Señor Limantour, deme un momento, " dijo el general.

"A sus ordenes, señor general," dijo don José.

"Lo que usted dijo, que aun siendo presidente Madero no tenia por que gobernar…."

"Seria una medida extrema…"

"Tenga usted la seguridad que el ejercito continuara siendo porfirista. Llegado el momento…"

"Como dije, nos estamos adelantando mucho, señor general."

"Tal vez, pero como usted bien apuntó, es bueno pensar a futuro..."

"¡Ahi vienen!" gritó Maldonado. Bandas desperdigadas de austriacos y belgas se dirigian hacia donde Maldonado y sus chinacos estaban parapetados junto con una compañia de juchitecos. A la primera descarga, los europeos, pensando que Maldonado y sus chinacos eran mas en numero, se desmoralizaron y pidieron rendirse. Entre la chusma se aproximaron los zuavos, todavia manteniendo su formación en orden.

"¿Que pensais, Rossignol?" preguntó Bremont observando las posiciones mexicanas.

"Tal vez estan blofeando. Pero no sabemos si solo hay veinte o veinte mil parapetados ahi."

"¡Ahi está ese hijoeputa!" exclamó Maldonado reconociendo a Madrigal entre los zuavos.

"Os buscan señor cura," dijo Bremont. "¡Rossignol! ¡Dadme un trapo blanco!"
Bremont se acercó a las posiciones mexicanas ondeanso el trapo.

"¿Qué está haciendo?" preguntó Madrigal a Rossignol.

"Tratando de salvar nuestro pellejo," contestó Rossignol. "No estoy muy seguro acerca del de usted."

El cura chilló como un condenado.

"Armand Bremont, capitan del segundo de zuavos," dijo este saludando a Maldonado que habia salido de las trincheras mexicanas. "Me imagino que usted es el que llaman el diablo."

"Asi me nombran ustedes. ¿Que quiere?"

"Traigo 18 zuavos, dos heridos, y un sargento. Le doy a Madrigal a cambio de que nos deje pasar sin molestarnos."

"¿En efecto? Bien, antes digame, ¿desde cuando anda usted con Madrigal?"

"Desde febrero del 63. Mi gente y yo relevamos a unos legionarios."

Maldonado lo pensó por un momento. Ni el oficial frances ni sus hombres habian estado entre los que habian arrasado su pueblo. "Entreguenme a Madrigal y pueden pasar."

Los zuavos levantaron en vilo al cura y se lo entregaron a Maldonado. "Aqui está un libro que siempre andaba consultando," dijo Rossignol. Acto seguido los zuavos pasaron con premura entre las lineas mexicanas.

Madrigal se vio rodeado por los chinacos. Un olor a amoniaco denotaba que se habia ensuciado. "Bien, curita, yo soy un hombre paciente."

"¡Les dare dinero, cualquier cosa!"

"¿Puedes darles vida a nuestros muertos? ¡No! Como dije, yo soy paciente. Me tomare mi tiempo contigo."

Casi medio año despues se presentó ante Puebla un ranchero preguntando por Porfirio Diaz. Este estaba entonces a punto de tomar la ciudad. Con la caida de esta y de Queretaro el imperio feneceria.

"¿Pos que le trae al general?" preguntó el oficial de guardia leyendo el escrito que portaba el ranchero. "Aqui dice que le trae un regalo."

"Si, ya vide jefe que tiene esa yeguota. Pos le mandamus esta silla de montar. Esta hecha para un caballote. Es puro cuero gachupin." El ranchero le mostro la silla.

"¿Cuero gachupin? ¿Pos pa que tuvieron que usar cuero de ese?"

"Es mas suavecito, jefe. Mire, toquele."

"Pos si, el cuero se siente mas suavecito. Y ademas la silla está muy bonita. ¿Quien le digo al general que se la mandó?"

"Digale que es de parte del diablo. El vá a entender."

Sunday, June 10, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo XXIX


XXIX. La Tristeza

Si el sargento Toribio era el mas hijoeputa de los jefes tambien, creo, era el mas justo. Eramos como treinta muchachos, todos de leva, los que estaban a su mando. A todos nos partio la madre varias veces. Pero eso si, a todos tambien nos trató de ayudar a convertirnos en soldados.

“Yo he militado en el ejercito desde que tenia su edad, cabrones,” nos dijó la primera noche que pasamos en el tren. Este no se detenia. Corria entre la sierra en dirección al norte, con todos nosotros montados encima de los vagones. Habia un frio del carajo y nos acurrucabamos juntos para darnos calor. Pero esos tristes uniformes khaki, color de mierda seca, no daban ni madres de protección.

“No me discutan mis ordenes,” explicaba Toribio. “No voy a tener tiempo para darles explicaciones. Yo he andado ya en campaña, contra los yaquis, alla en Sonora. Y creanme, no hay cabrones mas rejegos y taimados que esos. Ansina pues, haganme caso pues tal vez asi viviran. Nomas obedezcan y haganlo de inmediato. Ahora bien, seguro tienen hambre, ¿verdad? Esperense al amanecer. Llegaremos a Estación Ventura. Ahi la maquina vá a carbonar y habra tiempo para buscar que tragar. Lo siento. No tienen mas remedio sino aprender a aguantar. Por algo les dicen a los soldados mexicanos los boca de palo, pues raro es cuando nos dan de comer. Por ahorita, hagan unas fogatas, si, aqui, sobre el vagon del tren. Yo les enseñare como hacerlo sin que quemen todo este. A ver, tu, y tu, vayan al frente…es donde está locomotora…si, la chingadera esa que echa humo…ahi encontraran unos leños. Traiganselos.”

Las fogatas medio nos ayudaron. Pero el caso es que ya estabamos muy debilitados y el viaje nos acabó de dar en la madre. Algunos de los compañeros empezaron a toser en la madrugada. Cuando llegamos a Estación Ventura tres de ellos ya estaban febriles.

“¡Bajenlos!” ordenó Toribio. “Haganlo entre varios, pendejos, ¿no ven que estan rete debiles? ¡Ayudenlos, cabrones, solo ustedes se pueden ayudar entre si! ¡Su madre ya no está aqui, imbeciles! ¡Ahora se rascan con sus propias uñas! ¡O se ayudan o se mueren cabrones!”

Era una manera brutal de introducirnos a la guerra pero la lección se nos iba quedando grabada. Solo si trabajabamos en grupo sobreviviriamos. Asi fue que bajamos a nuestros enfermos y los pusimos en el suelo tratando de no causarles mas sufrimientos. Toribio nos alineo a lo largo de la via.

“Escuchen, cuando se aproxime un oficial, si estan en formación solo yo saludo, pues estoy al mando. Pero si estan solos mas les vale saludar, ¿entienden? A ver, vamos a practicar saludando…¡saludar, ya!...es con la otra mano…¡mirenme como lo hago, bola de pendejos! Que, ¿no me entienden? ¡Puta madre! A ver, ¿cuantos de ustedes hablan español? ¡Levanten la mano si me entendieron!”

Solo unas cuantas manos se alzaron. Toribio iba a empezar a echar pestes cuando un oficial se aproximó. El sargento de inmediato saludó. Lo mismo hicieron algunos de los compañeros, cosa indebida, y no todos, sin embargo, lo hicieron con la mano correcta. El oficial era un teniente, bien plantado, con bigote a la Kaiser. No dijo nada, contestó el saludo de Toribio y se nos quedo observando medio riendose.

“Tenemos tres enfermos, mi teniente,” explicó Toribio.

El oficial asintio. “Bien, que se los lleven al carro hospital. No estuvo tan mal, sargento. Siempre perdemos unos cuantos el primer dia. Su compañia es la que perdio menos. La de Sanchez está diezmada. Aunque yo creo que usted tiene problemas mayores. Me parece que algunos de estos muchachos nunca habian bajado del cerro. Y muichos ya tienen cara de andar enfermandose. Por cierto, ¿ya comieron?”

“Todavia no, mi teniente.”

“Llevelos a comer a la estación, sargento. El coronel dio orden de que se pusiera ahi una cocina. Estaremos aqui hasta mediodia pues aguardamos ordenes. No tiene caso de que se le enfermen mas. Vuelvan en dos horas. Mientras voy a buscar un traductor. ¿De donde viene esta gente?”

“La mayoria los recogieron en la Sierra Negra y Zongolica, mi teniente.”

“Bien,” dijo el teniente, “entonces no son totonacas. Pa mi que hablan nahuatl.”

Toribio nos encaminó en una formación muy desparpajada rumbo a la estación. Ya estabamos en el altiplano, enmedio de los llanos de Apam. Por todos los rumbos se extendian extensos campos de magueyes.

El pueblo consistia en unas tristes casuchas plantadas junto a la estación. La tierra era rocosa y seca. El frio todavia calaba. Para mi, que estaba acostumbrado a la exhuberante vegetación de mi natal Veracruz, aquel lugar parecia el mismo infierno, por lo feo.

Dentro de la estación, por todo desayuno nos dieron unas tortillas con sal y chile y, afortunadamente, tarros con café. Dado el hambre que traiamos, aun este modesto desayuno nos cayó de gloria. Una vez terminado este desayuno, nos regresamos a los vagones otra vez.

“¡Atención!” gritó Toribio. “¡Eso quiere decir que se despabilen pues hay un oficial ante ustedes! ¡Parense derechitos!”

Bien, pues la formación no mejoró mucho. El teniente se plantó frente a nosotros. Junto a él habia un cabo aindiado al que llamaban Gamez o Gaxiola, ya no me acuerdo. Este fulano tenia los ojos saltines y una sonrisa lupina. Era el traductor.

“¡Buenos dias, señores!” dijo el teniente. Conforme iba hablando, Gamez empezó a traducir.
[¡Hola bola de infelices!]

“¡Bienvenidos al ejercito federal!”
[¡Ya se los llevó la chingada!]

“¡Firmes!” gritó Toribio al ver la reacción de la muchachada. Aunque la mayoria no le entendia, tan solo por el tono de voz la gente se aplacó pues Toribio tenia mucho don de mando.

“Gracias, sargento,” dijo el teniente. “Sepan que es un gran honor servir a la patria.”
[¡Van a ser carne de canon!]

“Estos son tiempos dificiles. La disciplina es lo que mas importa.”

[¡Si se juyen los van a fusilar!]

“Nuestra misión es cumplir las ordenes del señor presidente, don Porfirio Diaz.”

[¡Don Porfirio quiere que se mueran por el!]

“Y suprimir una sublevación de unos rebeldes que se llaman maderistas. Estos son puros abigeos y bandidos a cuyo frente está un iluso.”

[¡Los rebeldes tiran y montan mejor que ustedes!]

“Atentan contra nuestras sagradas instituciones y toca a nosotros ir al norte a defenderlas.”

[¡Y les van a partir a ustedes la madre!]

“¡Viva Porfirio Diaz!”
[¡Chingue a su madre Porfirio Diaz!]

“Ustedes, compañeros, pertenecen ahora al glorioso 88 batallón de infanteria. ¡Viva el 88!”

[¡Chingue a su madre el 88 batallon de infanteria!]

La gente respondio a los vivas cada quien a su manera, tanto en castellano como en nahuatl.

“Este batallón tiene una historia gloriosa. Se portó bizarro en la Angostura y peleo con honor en Padierna.”

[¡A este batallon le partieron la madre en Padierna por tener puros pendejos al mando!]

“¡Ahora les toca a ustedes mantener en alto el honor del 88!”

[¡Y la historia se va a repetir!]

“Si se extiende la sublevación nuestro vecino del norte nos vera debiles y quera intervenir.”

[¡Chinguen a su madre tambien los gringos!]

“Por eso es que estos rebeldes le estan haciendo un daño a la patria.”

[¡Mejor seria entonces si el viejo dejara la silla!]

“Es todo, muchachos,” acabó el teniente.

[¡Vayanse todos al carajo, cabrones!]

Pues bien, esa noche desertaron seis de nuestros compañeros, todos ellos hablaban solo nahuatl. Entre enfermos y desertores, al amanecer del segundo dia solo habian 15 de nosotros al mando del sargento Toribio. El tren seguia al norte.

“Chingada madre, Gamez,” le dijo Toribio al cabo traductor. “Cada que el teniente Carrizales dá su discurso la indiada sale juyendo. ¿Les estas traduciendo bien?”

El tal Gamez era de Xochimilco y dominaba a la perfección la antigua lengua de los mexicanos. “Pos si, mi sargento. Mire, es que el teniente no les levanta la moral con ese discurso tan trillado. Les enseñaran muchas cosas en el Heroico Colegio Militar pero de plano no saben como motivar a la gente.”

Yo oia la conversación y pendejamente abri la boca. “Pos yo medio entiendo algo de nahuatl.”

“¿A poco?” dijo Gamez viendome con suspicacia. “¿Y por qué no se ofrecio como voluntario para traducir?”

“Casi nada, mi cabo, puras palabras sueltas,” contesté.

Gamez me dijo algo en mexicano que no entendi.

“¿Que dijo mi cabo?” le pregunté.

“Qué el pez por la boca muere. ¿No es usted el chavalito que el capitan Cervantes queria de esposa? Yo que usted me andaba con cuidado.”

“Orale, Gamez, ¿pos que traes con Pavón?” intercedio el sargento Toribio.

El tal Gamez me veia torvamente. Era evidente que me habia hecho un enemigo. La verdad es que no habia entendido ni madres de lo que habia traducido el cabo. Pero como que instintivamente habia captado que no habia traducido fielmente.

El 88 batallón habia salido con 500 gentes de Orizaba. Toda esta gente era de leva, excepto por un pequeño pie veterano de jefes y oficiales. Para cuando entramos a Queretaro, entre enfermos y desertores ya eramos solo 300.

Al coronel al mando, un viejo formidable de bigotazo cano y cejas pobladas, de piel muy requemada por el sol, le deciamos don Porfirito. Este viejo era de pocas pulgas y ordenaba castigos draconianos sin chistar. Al llegar a Queretaro formaron a todo el batallón.

“¡Atencion!” gritaron los jefes cuando se presento don Porfirito seguido de cerca por el tal Capitan Cervantes. Este iba muy prendidito y planchadito. Yo me trate de hacer ojo de hormiga. Afortunadamente, despues de varios dias de camino ya me confundia con mis otros compañeros por lo sucio y quemado del sol que estaba.

Entre los rifles de una escolta venian tres muchachos. Reconoci a uno de ellos como perteneciente a mi compañia.

“Dios mio…” murmure.

“¡Silencio en las filas!” ordenó Toribio.

Don Porfirito nos encaró y anunció: “¡Atención 88 batallón! Estos tres soldados son desertores. ¡Se les va a pasar por las armas!”

Mas ordenes siguieron y los tres muchachos fueron puestos contra una pared. Tenian los ojos dilatados. Noté que uno sangraba del craneo. Seguro le habian puesto una madriza al capturarlo.

Lo que vimos fue brutal. La escolta del coronel hizo el trabajito. Dos de los fusilados todavia vivian cuando Cervantes se les acerco a dispararles el tiro de gracia con una luger. La sangre le salpicó cada vez que le volaba los sesos a un infeliz. Era la primera vez que yo o casi todos mis compañeros veimos a alguien morir. Era tambien la primera vez que veiamos a alguien alegrarse de matar. La sonrisa de Cervantes al hacerlo no se me olvidara. Fierro mataba pero no le daba placer. Cervantes mataba para divertirse.

Esa noche nos volvieron a encaramar en los vagones y proseguimos nuestro viaje al norte. Toribio, se lo reconozco, nos habló extensamente, tratando de consolarnos. La realidad era que eramos tan solo unos niños. “Estas cosas ocurren en la guerra, muchachos. Entre mas pronto se acabe esto pos mejor sera. Ansina se podran regresar a sus casas mas pronto. Yo me comprometo a tratar de mantenerlos vivos. Pero algunos me saldran de a tiro muy pendejos y ni yo los podre ayudar. Eso pasó con esos muchachos. Si no se hubieran juyido ahorita estarian aqui, cierto, congelandose las pelotas, pero por lo menos con vida.”

De entre los compañeros el mas chavalito tendria tal vez 11 años. Le deciamos el Chilaquil y era nuestra mascota. Yo lo noté muy callado esa noche.

“Mi sargento, como que el Chilaquil anda muy alicaido.”

“¿No se ha puesto a llorar?”

“Pos no, pero no levanta el pico.”

“Vigilalo Pavón. No le vaya a dar ‘la tristeza’ y se nos muera. Asegurate de que tenga una cobija.”

Asi lo hice pero para la segunda noche el Chilaquil entregó el equipo sin decir pio.

“Fue ‘la tristeza’” dijo Toribio. “Asi les pasa a los mas chiquitos. ¡Me lleva la chingada!” Vide como se volteo para que no lo viera llorando.

Lo envolvimos en un petate y lo dejamos a la orilla de la via del tren. No habia tiempo para enterrarlo. Para lo unico que sirvio todo esto fue para endurecernos el corazón.

El teniento Carrizales sabia lo que hacia. Antes de llegar a Casas Grandes el tren se detuvo. Nos bajaron y Carrizales pasó revista a su gente. Tenia varias compañias con sargentos y tenientes al mando.

“Esta gente tiene tanto mausers como remingtons como 30-30’s y que sé yo,” observó Carrizales. Toribio caminaba a su lado.

“Va a ser un desmadre a la hora de entrar en combate mi teniente. Pero es lo que nos surtieron en Orizaba.”

“Y por supuesto ninguno de ellos ha disparado un tiro en su puta vida,” dijo Carrizales sacudiendo la cabeza. “Como vamos a entrar en combate con los Maderistas no entiendo. No vamos a aguantar ni un minuto.”

Lo primero que hicieron los jefes fue tratar de uniformizar las armas. La mitad del batallón portaba mausers y la otra traia 30-30’s. El caso es que como el tren estaba parado (nunca supe por qué chingaos) pos nos pusieron a tirotearle al desierto. Eso continuo todo el santo dia. No tenia idea de la sed que puede uno adquirir con el humo de la polvora. Y con el caloron varios de los compañeros se desfallecieron y los tuvimos que poner en la sombra bajo los vagones.

“Por lo menos ya perdieron el miedo al arma,” dijo Toribio en la noche. “Y han de haber espantado a todos los coyotes a la redonda.”

La practica de tiro continuaba cada vez que el tren se paraba. Poco a poco el 88 iba embarneciendo.

Apenas unas semanas antes habia entrado Madero a México por el rumbo de Ciudad Porfirio Diaz (luego conocida como Piedras Negras). Sus fuerzas estaban dispersas pero eran un enjambre de avispas que tenian alborotado todo el norte del pais.

A finales de febrero de 1911 el 88 llegó de refuerzo a Casas Grandes. Eramos tan solo como 250 hombres. El resto estaba enfermo o muerto o habian desertado.

“Ustedes se parapetan en estas casas,” ordenó Carrizales a Toribio. “Se dice que Madero anda por el rumbo con mil hombres.”

Se nos instaló en una antigua venta a la salida del pueblo. Esta tenia caballerizas y mesones y buenas paredes gruesas que nos protegerian de las balas. Los maderistas, se decia, no tenian ninguna artilleria.


A un lado del camino en que se encontraba la venta estaba la via del tren. A mi me toco estar en el piquete que se asentó dentro de la caballeriza. Vimos entrar y salir varios trenes.

A principios de marzo hubo una alarma. Reaccionamos bastante rapido, a pesar de ser tropas tan bisoñas. Se habia divisado un grupo de jinetes que venian desde el sur.

“¿Quien vive?” los encaró Toribio. Los teniamos a todos encañonados.

“¡El gobierno!” respondió un fulano vestido de charro. “¡Somos rurales!”

De inmediato reconoci la voz. Era Francisco Cardenas que venia al mando de unos veinte rurales. Afortunadamente el hombre pasó junto a mi sin reconocerme. Para esas alturas ya se me habia quitado la jariosidad por la Grilla y realmente no queria yo saber mas de ella.

Segun le explicó Cardenas a Toribio los maderistas se aprestaban a atacarnos. Los rurales estaban actuando como exploradores y los habian visto. Vimos con recelo las montañas que nos rodeaban. ¿Nos observaban desde ahi? ¿Cuantos serian? Esa noche, en el vivaque, los rumores iban y venian. No dormimos casi nada.

El caso es que al dia siguiente se oyeron varios tiroteos y vimos varios grupos de gente a caballo por el rumbo. Pal caso no sabiamos si habiamos ganado o perdido. Pero por lo menos nadie nos disparó. Para el atardecer regresó Cardenas con sus rurales llevando escoltados a varios prisioneros.

“Les capturamos a varios, entre ellos unos gringos,” explicó Cardenas.

Eran en efecto varios aventureros yanquis que se habian unido al maderismo. Los vimos con curiosidad. En nuestra vida jamas habiamos visto a un gringo. El caso es que estaban harapientos, golpeados o heridos, y obviamente derrotados. Tengo entendido que de ahi los llevaron derechito al pabellón.

En efecto, la primera acción de armas de Madero resultó en un desastre. Pero de ninguna manera ahi acabó la cosa. La revolución triunfaria en Ciudad Juarez y yo estaria ahi para presenciar la debacle del ejercito federal.

Friday, June 08, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo XXVIII


XXVIII De Leva

Dos de Octubre de 1968

Era mediodia cuando regresamos a los multifamiliares. El chofer del taxi me ayudó a subir a mi apartamento. Dentro se encontraba mi vecina doña Lupita haciendo el aseo.

“¡Ave Maria, ¿pos que le pasó al general?” exclamó doña Lupita al verme.

“Es que hay una bronca en el campo militar. Por lo de los estudiantes,” explicó el chofer.

Doña Lupita me tomó del brazo. “¿Lo golpearon?”

“Estoy bien, doña Lupita.” He notado que entre mas viejo se hace uno mas lo tratan a uno como niño. “Me maltrataron pero no me dieron de golpes. A las que golpearon fueron a unas de las madres de los chamacos que han arrestado. Ya ni la chingan. Pancho los hubiera fusilado.”

“¿Lo acostamos, señora?” preguntó el chofer, insistiendo en tratarme como parvulo. Tanto él como doña Lupita insistieron en llevarme a mi recamara.

“¡Ah que las arañas! Que les digo que estoy bien.” Saque unos pesos que tenia bajo la almohada. “Tenga, joven, vayase por favor.”

Aunque no habia cobrado mi chivo tenia varios sobres de raya guardados en toda mi habitación. Casi no gasto, excepto en pagarle a doña Lupita para que me haga el aseo y me cocine. Y el apartamento me lo dio la SEDENA.

“Pos yo no lo puedo dejar solo. Se vé todo alterado,” dijo doña Lupita. “No se me vaya a morir.”

“No se preocupe, dejenme solo, por favor. A ver si regresa Brigida. Ella me hara compañia.”

“¿Brigida es su esposa?” le pregunto el chofer a doña Lupita en voz bajita. ¡Como si no fuera yo a oir! No todos los viejos se ponen sordos.

“Si. Pero es un fantasma,” le explicó doña Lupita en voz igual de quedita.

“Que me dejen solo, carajos,” dije ya con insistencia.

“Ta gueno, nos vamos mi general,” accedio doña Lupita. “Ahi le dejé unas entomatadas en la estufa.”

Ya que se fueron los dos, me quite con trabajos mi uniforme. Me quite mis botas federicas y me puse mis pantuflas y me puse a buscar en el closet. A veces un hombre necesita alcohol. En efecto, tenia una botella de cognac media llena. Al estar buscando entre mis tiliches me encontre mi vieja pistola, la misma con que Fierro le habia ganado el concurso de tiro a Patton. Estaba toda herrumbrosa. La sopesé por un momento. Estaba cargada. ¿Tendria acaso el valor? Me llevé la botella y me sente en la cama. Me tome dos tragos. Levanté el arma y pusé el cañon en mi sien. Aprete mis ojos.

“Quitale el seguro primero, Pavón, no seas tan pendejo,” dijo Brigida observandome desde una esquina.

Bajé la pistola. En efecto, tenia el seguro puesto. De pronto ya no me sentia con el animo para hacer lo que estuve a punto de hacer.

“Mejor me emborracho, vieja. A ver si el alcohol me mata.” Me fui rengueando a la sala y me sente en mi sillon. Volvi a tomar unos tragos. Brigida me observaba sonriendo. Vieja cabrona.

“¿Tu siempre vas a estar asi de chula?” le pregunté. El espectro me hizo una señal obscena. A lo lejos podian adivinarse las copas nevadas de los volcanes. El trago me amodorró. El popo poco a poco se fue convirtiendo en el pico de Orizaba. Lo ultimo que vi fueron mis pies. Eran los pies de un viejo, llenos de callos y juanetes.

Coscomatepec, febrero de 1911

Mis huaraches pisaban el empedrado de piedra volcanica de la calle principal del pueblo. Mis pies eran los de un chamaco. Acaso tendria quince años. Me sentia ligerito, lleno de vida. Coscomatepec se asienta como un nacimiento al pie del majestuoso pico de Orizaba. El pueblo era frio y siempre brumoso. La cima del volcan se divisaba surgiendo entre las nubes.

“Abraham dice que ya lo hizo,” dijo una voz a mi lado.

Reconoci a mi primo Jaime. Al morir mis padres en un accidente ferroviario mi tio Francisco, el maestro de la localidad, me habia recogido. Jaime era su hijo y habiamos crecido juntos como hermanos, aunque yo le llevaba un año de edad. Jaime estaba en esa edad entre hombre y niño con voz de gallo que está aprendiendo a cantar. Mi voz habia cambiado unos meses antes y habia empezado a dar mi “estiron”.

Tanto Jaime como yo andabamos desesperados tratando de ver la manera de perder nuestra virginidad, sin mucho exito. Para nosotros habia como una especie de muralla que solo podia ser salvada una vez que ese paso se tomara. En nuestra ingenuidad pensabamos que solo conociendo mujer nos convertiriamos completamente en hombres. Y por supuesto andabamos rete jariosos a esa edad. El tal Abraham era otro chavito de nuestra escuela, donde mi tio, egresado de la normal de Xalapa, nos daba instrucción secundaria.

“¿Y tu le crees a ese cabrón? A menos que sea con una borrega no creo que haya sido con una mujer.”

Jaime se rio. “Bueno, siempre podemos ir con la Grilla.”

La Grilla era una infeliz prostituta que solia frecuentar los mesones de los arrieros y las cantinuchas del pueblo. Asi le decian porque andaba saltando de palo en palo. Si acaso alguna vez habia sido guapita todo eso ya se habia perdido hace años. Habia cambiado su belleza por los tristes cobres que le daban los rancheros.

“Mi tio, tu papá, nunca nos daria dinero para ir con la Grilla. Ademas de que sabe Dios que enfermedades nos pegaria.”

Jaime suspiró. “No se vé enferma. Y no está tan fea.”

Jalé a Jaime a la orilla del camino. Adelante se veia una figura femenina que caminaba entre los cafetos. “Hablando del diablo, mira quien va alla.”

“¡Es la Grilla!” exclamó Jaime.

“Vá a bañarse, vente, yo se donde se puede espiar.”

Eso hicimos en efecto. La Grilla se habia quitado sus trapos y se bañaba sin preocupación en el arroyo. Tanto Jaime como yo la contemplabamos con ojos desorbitados de entre la maleza, las hormonas hervian en nuestras venas.

“Está muy peluda,” observó Jaime.

“Es que es medio gachupina,” le expliqué. Yo la observaba embelezado. Tal vez la cara de la mujer mostraba los estragos de su vida pero sus carnes todavia valian la pena observar desnudas. Para mi la mujer era Isis, Afrodita, y Ashtarte todas en una.

“¡Aguas!” exclamó Jaime. “Se acerca un jinete.”

En efecto, montado en un brioso alazan y siguiendo el curso del arroyo se aparecio un jinete. Este portaba un traje de charro negro, muy bonito, con botones de plata y un amplio sombrero.

“Es Cardenas, el rural. Es de los de la acordada,” dije reconociendolo. La acordada eran las partidas de rurales que Porfirio Diaz habia creado para perseguir a los bandidos y abigeos.

“Es todo un hijoeputa,” añadio Jaime.

La Grilla tambien se dio cuenta del jinete. Se volteo y se cubrio los pechos. La sonrisa que le dio al rural lo decia todo.

“Ya te extrañaba, mi Grilla,” dijo el rural, apeandose. Luego, tomo a la mujer desnuda y la abrazó y la beso.

“¡Como se atreve ese cabrón!” gemi indignado. La Grilla me pertenecia. Estaba enamorado.

“¡Callate, pendejo!” alcanzó a decir mi primo. “A la mejor cogen aqui mismo.”

En mi desesperación trate de encontrar un palo o una roca, algo con lo que pudiera enfrentarme al rural y su pistolon.

“Te necesito,” le dijo Cardenas a la Grilla. Se quitó el sombrero y se puso a desabotonarse el cinturon.

“Esperate tantito, Francisco,” contestó la mujer. Se volteo hacia donde nos escondiamos. “¡Orale pinches chamacos! ¡Larguense a su casa!”

Salimos huyendo perseguidos por las risas de la pareja.

Cuando llegamos a casa de mi tio observamos una escena curiosa. Dos hombres esbozados con sus sarapes se despedian de él por la parte de atras de la casa.

“Se van con cuidado,” les dijo mi tio. “La acordada anda por el camino a Orizaba.”

Mi tio nos vio llegar. “Metanse a comer. Ustedes no vieron nada, ¿entienden?”

Estabamos muy amoscados. La imagen de la Grilla desnuda me torturaba y aparentemente hacia tambien estragos en mi primo.

“¿Y ora que traen estos dos cabrones?” preguntó mi tio a mi tia. “No comieron mucho.”

“Vete a saber en que lio se andan metiendo,” respondio mi tia, con ese instinto tan agudo que tienen las madres.

En eso se oyeron toquidos en la puerta y se oyo la voz de don Julio, el compadre de mi tio. “¡Abra don Pancho!”

“¿Que trae compadre? Está todo alborotado.”

“¡Que viene don Abundio con los rurales a arrestarlo! !Me dieron el norte en la alcaldia y me vine de boliche a decirle!”

“¡Santo cielo! ¡Ya ves!” exclamó mi tia. “¡Te dije que no te metieras en esos trotes!”

Mi tio no lo pensó dos veces. Agarró su escopeta y se dirigio a la puerta trasera. “¡Compadre! ¡Ahi le encargo! Vieja, perdoname, pero esto es cosa de hombres.”

“¿Onde vas?” gimio mi tia.

“Los maderistas estan en las afueras. Me voy a unir a ellos. No te preocupes. Busca en el pozo. Ahi escondi unos centenarios. Vuelvo en unos dias, ya que se calmen las cosas. Si me quedo me matan o me mandan a San Juan de Ulua.”

Mi pobre tia se volvio un mar de lagrimas. “Espabilese comadre, vienen para aca,” dijo don Julio. “Digales que don Pancho se fue a Orizaba. Yo dire lo mismo.”

Don Abundio era un viejon de bigote cano que era el jefe politico del pueblo. Conocia muy bien a mi tio y varias veces habia cenado con nosotros. Era evidente que el viejo no se sentia a gusto con lo que andaba haciendo. “Señora, este es el cabo de rurales Francisco Cardenas. Trae una orden de aprension para el maestro Pavón. ¿Se encuentra aqui?”

Jaime y yo nos habiamos refugiado en nuestro cuarto y observabamos por una rendija. “¡Es mi rival!” exclamé. “¡Es el cabrón que abusó de la Grilla!”

Era Francisco Cardenas un fulano con cara de hijoeputa que no podia con ella. Contemplaba todo con un par de ojos muy juntos, como los de una rata. Traia con él a otros cinco rurales, todos con igual facha de malditos.

“Aplacate, Manuel,” aconsejó Jaime. “Son seis contra ti, asumiendo que don Abundio no se pasara de su lado.”

“¿Donde está el maestro Pavón?” demandó Cardenas.

“Mi marido se-se fue a Orizaba,” contestó mi tia.

“¡No me importa morir!” exclamé. Me puse mi machete al cinto.

“¿Estas loco, Manuel?” me dijo con asombro Jaime.

“Se fue hace unas horas,” confirmó don Julio.

“El maestro Pavón siempre ha sido leal al gobierno,” explicó don Abundio. “Ha de ser un malentendido señor Cardenas.”

“No se hagan pendejos. Y aqui está la orden firmada por el juez de la acordada. Al tal Francisco Pavón se le sospecha de ser parte de los insurrectos y se dicta orden de aprehensión.”

“¡Pos no esta aqui!” insistio mi tia.

“¡Pero yo si!” grite entrando a la habitación con mi machete medio fuera de su faja.

“¿Y este gallito pendejo?” dijo Cardenas sonriendo al verme.

“¡Esta loquito!” explicó Jaime. “No le haga caso, mi cabo.”

“¿Loco? Tal vez, de amor, si y ¡dispuesto a vengar mi honor!”

“Es solo un chamaco pendejo, mi cabo,” dijo don Abundio tratando de torear a Cardenas.

“Se la jala mucho,” insistio Jaime. “Ya está medio tarado.”

“¡La Grilla es mia cabrón!” alcanze a jurar. Me le avalanze a Cardenas con el machete por delante. Este se rio y me tumbó de una patada.

Cardenas les dijo a sus rurales: “Si no está el maestrito, vamos llevandonos a este gallito. Mandenlo a Orizaba a la leva. Ahi le van a quitar lo peleonero.”

Y asi, entre los llantos de mi tia, las mentadas de los rurales, las protestas de Jaime y de don Abundio, me encaramaron amarrado a una mula y me llevaron de leva a Orizaba. La Grilla, mi Dulcinea del monte, seria la primera mujer por la que arruine mi vida.

Y tambien seria la primera cabrona que me romperia el corazón. Dos dias despues amaneci todo adolorido pues habia pasado la noche durmiendo al ras en la plaza de armas de Orizaba. Estaba yo en una cuerda de muchachos que habian recogido de leva. Los soldados nos rodeaban y nos observaban recelosos. Alcance a ver al tal Cardenas hablando con un oficial federal.

“Les traje cincuenta gentes, mi capitan,” explicó Cardenas.

“Esos cabrones casi ni hablan español,” dijo el oficial viendonos con desden. Era un catrin muy prendidito con el pelo todo envaselinado. Sus botas federicas eran todas lustrosas y portaba en sus manos enguantadas un fuete.

“No les confie, mi capitan. Hay varios que son rete broncos.” Cardenas me apuntó. “¿Ve ese cabron? Mató a dos de mis hombres a machetazos. No lo fusile nomas porque tenia que completar la cuerda. Es todo un asesino.”

“¿Ah si? Pos se lo voy a encargar al sargento Toribio. Ese es un verdadero hijoeputa y le vá a quitar lo machito.”

Para esas alturas, asi hambriento y adolorido como estaba, no me importaba si me asignaban a las ordenes del mismo diablo. Pero en eso vi que una mujer se le acercaba a Cardenas y mi corazón sufrio un sobresalto. Me paré todo adolorido de la loza. Era la Grilla. No pude evitarlo. Me dirigi a ella.

“¡Sois mi cielo! ¡Mi sol!” exclamé aproximandome a ella con los brazos abiertos.

La mujer, que le llevaba un taco al tal Cardenas, me observó con asombro. Era evidente que se habian “arrejuntado” y era ya la mujer del cabo de rurales.

No llegue ni cerca. Un culatazo me tumbó. “¡Regresese al redil, cabron!” me dijo uno de los juanes que me habia soltado el marrazo.

“¿Ya vide, mi capitan?” dijo Cardenas. “Yo que usted lo mandaba fusilar. A menos que crea poder domar a ese cabrón.”

Escupi unos dientes y sangre. Pero lo que mas me dolio fue la risa de la Grilla. Como dije, ahi mismo me rompio el corazón.

“No se preocupe Cardenas.” El oficialito se me acerco y me dio un fuetazo. “Este cabrón va a aprender que es amar a Dios en tierra de indios. ¡A ver, sargento Toribio! ¡Agarre a ese cabrón y pasenlo por cajas de inmediato! ¡Está bajo su mando de ahora en adelante! ¡Pongale una chinga de perro bailarin para que se le quite lo gallito!”

El tal Toribio era un indiote con cara de asesino con una cicatriz que le dividia la nariz. Ordenó a sus gentes que me llevaran ante una mesa improvisada. A pesar de los golpes yo buscaba desesperado a la tal Grilla. Pero ya ni sus luces.

“¿Nombre?” preguntó un sargento pagador.

“Manuel Pavon.”

“Ponga su cruz aqui, en la raya.”

“Sé leer y escribir.”

“Pos jirmele entonces.”

“¿Este sabe leer y escribir?” pregunto el capitancito que habia estado hablando con Cardenas. El hijoeputa se me acerco y me levantó la cara con el fuete. “No está mal. No es algo de lo que le presumiria a Ignacio de la Torre y Mier [1], pero no está mal. ¡Bañenlo y asignenlo a mi servicio!”

“Es un asesino, mi capitan,” dijo el sargento Toribio.

“Asi me gustan, broncos,” dijo el capitan acicalandose el bigote y alejandose.

“Te hubiera ido mejor conmigo, muchacho,” me dijo el tal Toribio en voz baja. “Yo solo te partiria la jeta pero te haria soldado. Ese puto del capitan Cervantes te vá a querer hacer mujer. ¿De donde eres?”

“Soy de Coscomatepec, mi sargento.”

“¿De los Pavón de ese rumbo?”

“Si, mi sargento.”

“¿Conoces a Francisco Pavón el maestro?”

“Si, mi sargento. Es mi tio.”

“¡Puta madre! Fuimos amigos hace muchos años. Escucha, muchacho, te voy a ayudar. Quitame el rifle y dame un guamazo. ¡Hazlo!”

Sin pensarlo mas hice asi. Se armó toda una bronca. El caso es que esa noche dormi preso en la carcel de Orizaba pero por lo menos no dormi en la alcoba del capitan Cervantes. La unica bronca era, como me explicó el sargento Toribio, que se supone que me iban a pasar por las armas al amanecer.

“¡Ay Dios!” gemi.

“No chille Pavón,” se rio el sargento. Ya llegó la orden de montarnos en el tren para el norte. Con la corretiza ni quien se acuerde de ajusticiarlo. Ademas ya le dije al coronel que si ocurrio lo que ocurrio fue porque no queria que Cervantes se lo pisara. No se preocupe. El coronel ya conoce a Cervantes y entendio. Le aconsejo que no se le acerque al capitan de ahora en adelante, no sea que se lo pase por las armas.”

No pude evitar temblar. “¿Nos vamos hoy, mi sargento?”

“Si, rumbo al norte. A pelear con los maderistas. Don Porfirio no vá a entregar la silla ansina nomas. Va a haber bronca. Tu haz lo que te digo y estaras a salvo.”

Y en efecto, el montarnos en el tren fue toda una bronca. Mis compañeros de leva y yo ya habiamos sido vestidos en el uniforme tipico del pelon federal: con el pelo cortado a rape, un kepi de tiempos de Juarez, un fusil mohoso, pantalones y camisa de khaki, y huaraches. Entre mentadas y juramentos subimos la caballada a los trenes y luego nos encaramamos encima de estos.

La maquina silbó tres veces. Estabamos en camino. Entre la gente que se arremolinaba en la estación crei ver a Cardenas con la Grilla al brazo. Una tristeza tremenda me embargó. No me importaba ya morir. Me desquitaria con los maderistas. Jure entonces que algun dia mataria al tal Cardenas. Lo volveria a ver, si, una noche horrible, en febrero de 1913, atras de Lecumberri, cuando él estaba a cargo del piquete –y yo entre ellos—que escoltaba al presidente Madero a su golgota. Pero esa historia la relatare despues.

[1] Ignacio de la Torre y Mier era un influyente hacendado porfirista que estuvó involucrado en el “escandalo de los 41”. Aparentemente llevaba una doble vida pues se habia casado con una de las hijas de don Porfirio. En una razzia la policia capitalina habia arrestado a 40 homosexuales durante una orgia pero aparentemente se habia escapado uno de ellos, Ignacio de la Torre y Mier, pues por lo influyente las autoridades le facilitaron la huida. La identidad del “41” era un secreto a voces entonces.

Monday, June 04, 2007

Ladillas - La sicosis en el DF

por el Licenciado Mefistofeles Satanas

Doña Cholita me interrumpio cuando andaba surfeando (con una mano) en http://www.euronudes.com/. “Don Menfis, Mr. Wilie E. Coyote está en la linea 2.”

“Orale, ese mi coyote, ¿como le va con los pajarracos? Pereme tantito…dejeme bajar este jpeg. Listo.”

“No me recuerde los pajarracos don Menfis. ¡Mugres pajarracos flacos que ni servirian para espantar el hambre!”

“¿Pos no que muy supergenio y que sé yo? Digo, oste tiene tarjeta platino para comprarle a ACME, ¿no?”

“En efecto, don Menfis. Y la tonina Carstens no me pone trabas a la importacion de trajes de Batman, pildoras de terremotos, bumerangs con dinamita, etc., etc. Oiga, don Menfis, pos necesito una ayuda.”

“Usted dira para que soy bueno, mi coyote. Nomas no le pida que le ayude con una catapulta.”

“Vera. Mr. Garza, Tony Garza, el embajador…”

“Of course…”

“Bien, Mr. Garza quiere que ayude a Jelipe a tratar de meter el ejercito a la Ciudad de México lo antes posible.”

“Me imagino que antes del aniversario del fraude electoral…”

“Pos si, don Menfis, es muy importante que los renegados no puedan hacer su desmadre en el zocalo, sobretodo ahora que hasta el perdere está diciendo que van a mostrar evidencia del fraude ese dia.”

“¿Pos cual es su problema entonces mi coyotito? Pongan unas bombas Acme y la gente se vá a espantar.”

“Ahi está el detalle, don Menfis. Pusimos unas bombas en dciembre y hace poco y no nos creyeron.”

“Ah caray.”

“Es que la gente comun y corriente ya no le cree al gobierno, don Menfis. ¿Como le hacemos, licenciado? Tenemos que crear una sicosis de miedo a como dé lugar.”

“Bien. Mire usted, tiene razón que a Juan Pueblo ya no lo espantan. Bastante se le ponen los pelos de punta viendo el precio de la tortilla. No, mi coyotito, lo que pasa es que estan tratando de espantar al lumpen. Y ese ya está tan jodido que de a tiro no le espanta ya nada.”

“¿Pos a quien espantariamos entonces si no es a los jodidos, licenciado?”

“Necesitan crear un ambiente de psicosis entre la gente ‘nice’. Esos son los mas escandalosos y asustados.”

“¿Usted sugiere espantar a los pirrurris?”

“Simon. Por lo menos mientras no salgan juyendo a Miami o Madrid. Tambien, a los que tienen que espantar es a los perritos PANazis, los que viven con 3000 pesotes mensuales y se creen de la jai. Esos infelices no pueden ni irse a Cuernavaca menos a Miami o Nueva York. Esos y los pirrurris son los mas coyones y los mas facilmente influenciables. ¿No vio como reaccionaron cuando Brozo les dijo que el peje les iba a quitar la casa coarteada del Infiernavit, el bocho que quema aceite, y la tele que todavia deben en Elektra?”

“¿Y como sugiere que lo hagamos, don Menfis?”

“En realidad Jelipe podria crear una psicosis y tambien librarse de pagar varias facturas si siguen mi plan.”

“A ver, licenciado, deme detalles, estoy tomando notas.”

“Bueno, primero, un atentado o secuestro a cualquiera de los jilgueros de Azcoarraga. Digamos al ticher Lopez Choriga. ¡Imaginate si cada dia le van mandando un pedazo –un dedo, el pito, la lengua—a Azcoarraga!”

“Ah caray, les darian su estate quieto a Televisa.”

“¡Ademas de la amplia publicidad que se recibiria! Para echarle la culpa a la RCP que los pellejos de Lopez Doriga sean mandados en cajas de esas que parecen televisión y que usan los renegados cuando le protestan a Televisa.”

“¿Que mas?”

“Pos que detonen una bomba en los cimientos del apartamento de la Chucky en Polanco. Chance hasta se traen a los gringos que tumbaron las torres gemelas para asegurarse que el derrumbe sea espectacular.”

“¿Cree conveniente asesinar a la maistra?”

“Lo mas probable es que esa vieja fodonga va andar en Beverli Jils haciendose una restirada de pellejo. Pero de que le dan un sustote no tenga duda.”

“¿Y los vecinos?”

“No hay purrun. Evacuen el edificio con toda faramalla previamente. Quesque recibieron un anonimo. Y encarguense de que Televisa insinue que fueron los maistros de Ciudad Juarez los que hicieron el atentado. Esos son muy broncos. Es mas, contactelos, ellos de seguro disfrutarian en oprimir el detonador. Le tienen mucha tirria a la vieja fodonga. Para echarle la culpa a la izquierda, asegurate que queden unas copias de las formas de amparo contra el JODISSSTE entre las ruinas.”

“Don Menfis, ¡su plan es diabolico!”

“Pos ni modo que no, mi coyote. Perate. Tengo mas. Asegurense de que Perberto encabeze una marcha contra el aborto. ¿Tiene todavia la aplanadora a control remoto esa?”

“¿La que ibamos a usar contra la barricada de la APPO? Si, todavia la tenemos en la embajada. Pero yo no le confio, ya vio como me apachurró.”

“Dile a los gringos que chequen los circuitos. En fin, cuando una procesión de fachos encabezada por Perberto vaya rumbo a la Villa, pos le sueltan la aplanadora. Perberto sera apachurrado y los cristeros tendran un nuevo santo para vender estampitas.”

“¿Como le hago para simular que fue un atentado terrorista?”

“Primero, asegurate que la aplanadora tenga el logotipo del gobierno del Distrito Federal. Ansina parecera como venganza de Ebrard por la excomunión. Segundo, dejen unas copias de Proceso en la cabina o mejor, del libro ese del Vitor Hernandez sobre los albures. Los perritos PANazis van a empezar a chillar quesque la izquierda los está aterrorizando.”

“¿Usted cree que todo esto funcionara?”

“Como decia Raul Delasco, aun hay mas, chato. Mira, manda unos changos a tierra caliente, Tabajco de preferencia. Ira, alla en los pantanos hay unas cucarachotas que les llaman ‘frailonas”. ¡Parecen tortugas las desgraciadas y pican que duele un chingo! Les das de batazos y ni lo sienten. ¡Y cuando te la mientan clarito se oye el acento tabasqueño que tienen!”

“¿Cucarachas, don Menfis?”

“Simon, mi coyote. Las introducen en el Sangron’s para causar panico. ¿Ya vide que al Slim le dicen los renegados ‘el cucaracho’? Pos ansina los perritos van a empezar a chillar que fueron los renegados los que hicieron el atentado. Asegurate de que Televisa muestre imagines de los fachos cuando salgan juyendo del Sangron’s. Es mas, son tan cabronas esos bichos que seguro se van a apropiar de todo el centro historico.”

“Oiga, don Menfis, pero si metemos esas cucarachas al centro historico, ¿cree que el ejercito las lograra desalojar despues?”

“Chance no. ¡Ni con tanquetas que avientan H24! Pero pos entonces Jelipe puede decretar un estado de emergencia nacional y pedirle a los gringos tus paisanos que bombardeen el centro historico con napalm para erradicarlas. Apenas ansina las sacas. Son mas rejegas que los barzonistas.”

“¿Destruir el centro historico? ¿Cree que llegaremos a esos extremos?”

“Pos ojala que no. Total, denles Sangron’s. De por si las cocinas son rete mugrosas. Unas cucarachas mas ni se notarian. No, no destruyan el centro historico. Mas bien, tendrian mas exito si destruyen Santa Fé.”

“¿Como sugiere hacerlo?”

“Muy sencillo, chato. Diganle al cartel de Sinaloa que no metan cristal por unas dos semanas.”

“¿Interrumpir el flujo de cristal al DF?”

“Con la anuencia del cartel de Sinaloa, ¡de otra manera no se podria hacer! Imaginate. Ni madres de cristal en los antros adonde van los pirrurris, a ningun precio. ¡Arde Santa Fé! ¡Y que anuncie Jelipe que es porque Ebrard está siendo efectivo contra el narco! Es mas, que el chavo fresa ese reciba alguna presea de Jelipe. ¡Seria el beso del diablo! Los renegados lo van a querer crucificar y los juniors que no consiguen cristal tambien.”

“Don Menfis, ¡usted es un genio! Pero, ¿no seria contraproducente mostrar a Ebrard como que está ganando la batalla contra el narco? Digo, el pretexto es meter al ejercito porque este está fuera de control.”

“Mire, mi coyotito, usted sabe bien que toda la cupula del PRIAN son puros drogos los cabrones. Los juniors hijos de ellos se las truenan a diario con cristal y los viejones la usan porque apenas ansina se les para cuando van a ver al segundo frente. Si secas al DF de cristal todos esos cabrones van a andar chillando para que sea el ejercito el que se encargue de vigilar, pues esos cabrones deajrian pasar los cargamentos. Ansina ningun politico del PRIAN va a oponerse a que metan al ejercito al DF. ¡Van a andar viendo arañas y pidiendo a gritos que entren los sardos!”

“Me parece genial, don Menfis.”

“Perate, que ya me distes cuerda. ¿Acme vende todavia esas pastillas de marcianos deshidratados?”

“Se refiere usted a las pastillas que generan un marciano cuando les pone uno tantita agua?”

“Si, esas, les echas tantita agua y sale un pajarote verde con un copete, ¿verdad?”

“Tengo varios pomos, don Menfis. ¿Sugiere saturar el DF con marcianos, licenciado? ¡Pos si ya vamos a traer cucarachas de los pantanos de tierra caliente!”

“No todo el DF. Mira, es parte del plan de crear sicosis en Santa Fé. Saturan los mols de pirrurris con esos marcianotes. Van a andar por todo el Palacio de Hierro manoseando la mercancia y meandose donde quiera. Y como no hablan español sino marciano, los pirrurris van a creer que son centroamericanos o Tzotziles o Chamulas, que sé yo. Ya vide oste que son rete racistas esos cabrones y pos se van a poner todos paranoicos. ¿Entiendes?”

“¡Jijos! ¡Brilliant! Le voy a explicar su plan a Mr. Garza. Si él lo aprueba, le ordenamos a Jelipe que lo lleve a cabo.”

“Pos te voy a pasar la factura, mi coyotito. Toda consulta causa honorarios, you know.”

Sunday, June 03, 2007

Ladillas - La Visita al Vaticano

por el Lic. Mefistofeles Satanas

Doña Cholita entró toda agitada a mi oficina. “¡Don Menfis! ¡Aqui lo buscan! ¡Vienen del vaticano!”

Sin pedir permiso entraron dos chamucos grandotes vestidos de suizos.

“¡Heil Ratzinger!”

“Pos jail,” contesté, levantandome y dando el taconazo de rigor y alzando la patita para hacer el saludo nazi. Parecia de los nazis prietos esos de la iniciación al Yunque.

“¡Usted se viene con nosotros a Roma!” me ordenaron. En efecto, un tiempo despues me encontraba en los palaciegos aposentos del sumo pontifice, mi jefe, el gran shaitan, el papa Ratzinger, tambien conocido como el fuhrerdasromankatolische kirche. Para mi sorpresa ahi tambien estaban el primer damo Mouriño y el enano quesque es presidente de México.

“¡Que bueno que ya llego, don Menfis!” dijo Mouriño.

“Licenciado Satanas, mugre jotito. ¿Y aquel? ¿Está otra vez borracho?” En efecto el enano estaba hecho un ovillo y durmiendo en una esquinita.

“Ez que el papa le habló rete golpeado ahora en la mañana. Ahora el papa eztá en junta con Teempino y Fox. Jelipe no aguanto y de inmediato pidio el zotol. ¡Hostia! ¡Creo que ya ze orinó!” En efecto, el tufo caracteristico de los meados de un borracho llego a mis narices.

“¡Puta madre! Esa alfombra es persa y ya la arruino este infeliz. Pero, digo, pa que me mandaron llamar. Como diria Fox, ¿y yo por qué?”

“El Gran Shaitan quiere zu opinion, licenciado,” explicó el primer damo. “Como uzted está a cargo de la oficina del averno en Méjico quiere saber que opina uzted zobre la pugna entre Jelipe y Teempino.”

“Y seguro usted y Jelipe quieren que los proteja…” Pero no dije mas pues un guardia suizo me hacia señal que entrara al despacho del papa.

“¡Satanas! ¡Ya era hora!” dijo el Gran Shaitan al recibirme. Portaba sus cuernotes de Hell Boy. Uno de estos dias se le va a olvidar quitarselos y ansina va a salir al balcón a dar la bendición. Se va a armar una bronca. Ojala que la suban a UTube. En el despacho tambien se encontraban Teempino y el burro parado.

“Jefe, dejeme darle una toallita sanitaria,” dije sacando un paquetito de estos y ofreciendosela al Gran Shaitan.

“¿Y para que la quiero?” preguntó Ratzinger.

“Es para que se limpie la mano. Estos cabrestos se han besuqueado con la Chucky. No le vayan a pegar una enfermedad al besarle el anillo papal.”

El papa hizo un gesto de asco y se apresuró a limpiarse la mano. Luego se dirigio a Fox y Teempino y les dijo de manera soez. “Menfis siempre me ha dado buen consejo. Carajos, que no sé que hacer con ustedes. Me han salido rete pendejos. Y el enano ese que está afuera es un…¡kleine kakerlach!”

“Eso quiere decir una cucaracha chiquita,” les aclaré a Fox y Teempino.

“¡Todo es culpa de Mouriño!” se atrevió a decir Teempino.

“¡Callese cabrón!” le dije. “El jefe no le pidio su opinion.”

Fox, que no puede quedarse callado, estaba todo rojo.

“¡Traigan a esos dos schweine!” rugió el papa. Unos suizos se apresuraron a traer a Mouriño. Este entró todo palido y lloroso. Un gigantesco suizo portaba al enano que todavia seguia borracho y roncando.

“No lo ponga en el suelo ansina nomas,” le dije al suizo. “Está meado. Pongan unos periodicos sobre la alfombra y abran las ventanas.”

El fuhrer empezó a caminar frente a un mapa de latinoamerica. La mano le temblaba. El Gran Shaitan ya está viejo aunque no quiere admitirlo.

“Contemplen ustedes esto. ¿Que ven?”

“¿Un mapa?” dijo Fox.

“¡So bruto!” murmuró Mouriño.

“¡Jah! Sois unos animales. Lo que hay aqui son almas, millones de estas, todas sumisas y devotas que proporcionan grandes limosnas. ¡Tenemos que eliminar a los regimenes de izquierda que nos atacan y que educan a su gente para no ser tan supersticiosa! ¡Latinoamerica tiene que seguir siendo ignorante y pobre! ¡De otra manera no seguira siendo nuestra! ¿Y ustedes me traen aqui sus lios de verduleras? ¿No saben que yo tengo visión estrategica? ¿Creen que me importa un pito que se anden peleando por el partiducho ese que tienen en México? ¿Que estan haciendo contra Chavez? ¡Ese cabrón es mi mayor adversario! ¡Contestenme!”

Hubo un silencio sepulcral por un minuto. Solo se oia el roncar del enano.

“Yo…yo…cabalgó contra Chavez,” ofreció Fox. Teempino se apresuró a ponerle una mano en la boca.

“Lo que el presidente Fox queria decir es que lo estamos atacando a traves de las televisoras,” explicó Teempino. “Ya vide, mein fuhrer, que Chavez se metio en una bronca con RCTV. Ya movi mis contactos en la izquierda popis europea para que lo ataquen por la clausura. Tambien estamos azuzando a la pseudo izquierda chilena para que tambien lo ataquen.”

“¡Yo shoy el unico –jic—preshidente!” Nos voltemos a ver con asombro al enano que se habia logrado medio levantar del piso.

“Jelipe prometio poner una refineria en centroamerica,” dijo Mouriño. El primer damo corrio a tratar de sostener vertical al enano.

No pude evitarlo y me rei. “Pero si Chavez ya anda construyendo una en Panama. Lo de Jelipe son puros sueños guajiros. Los centroamericanos ya no creen en sus promesas.”

“Esh que –jic—no hay que dar un pasho atrash…--jic--…”

El fuhrer se cubrio la cara con las manos. Su desesperación era evidente. “¿Ataques mediaticos? ¿Promesas falsas? ¿A poco creen que con eso van a intimidar a Chavez?”

“Yo ofreshco –jic—que pongan –jic—retenes en la carreteras que van al Orinoco…”

“¡Mein fuhrer!” dijo Mouriño con voz lastimera. “Permitame darle algo de coca al presidente para que se le baje la peda.”

“¿Ya vide mein fuhrer? ¡Si no hemos avanzado es por culpa de esos dos!” acusó Teempino.

“Chiquillos y chiquillas, es evidente que si seguimos por el mismo camino…”

“Esh que va a coshtar mucha –jic—sangre…”

“¡Ya basta! ¡Callense cabrones!” ordenó el Gran Shaitan golpeando sobre su escritorio.

“Jefe, ¿que le parece si estos cabrones tienen un desafortunado accidente en el avión?” sugeri.

“¿Y con quien los reemplazaria?” preguntó el Gran Shaitan.

Me quede pensando un momento. ¿Con quien reemplazariamos a Fox? ¿Con la piolin? ¿O a Teempino? ¿Con Serrano Limón? Y el enano, ¿lo reemplazariamos con Ramierdas Acoño?

“Tiene usted razón, jefe, toda la derecha mexicana estan bien brutos. Si no rebuznan es porque no saben la tonada.”

“¿Me llama burro?” preguntó Fox. “Respetenme. ¡Yo soy mister president Fox!”

“¡Callate chachalaca!” le dijo Teempino, volviendole a poner una mano en la boca a Fox. “¿No ves que ya estan discutiendo matarnos? Mejor ni encabrones mas al Gran Shaitan. ¿No me dan un vasito con agua? Le toca a Chente su medicina.”

Un suizo le paso un vaso con agua y Teempino saco unas pildoras de la bolsa y se las dio a Fox. Mouriño, mientras tanto, habia sentado al enano en sus rodillas como quien carga un mono de esos de ventriloco.

El fuhrer empezó a hurgarse las uñas de las manos con una navajota. “De todas maneras tengo todavia el problema de Chavez. ¡Y todos ustedes son unos brutos!”

“Jefe,” le dije, “es evidente que estos no le van a servir para nada. ¿Por qué no mejor dejar que los gringos lidien con Chavez? Ellos tienen el dinero y los agentes.”

“No esta mal la idea. ¿Y que hago con estos idiotas?”

“¿No tienen algo de coca?” preguntó Mouriño mientras sostenia al enano. “Jelipe se me volvio a quedar dormido.”

“Por el momento, ordeneles que no se anden dando patadas bajo la mesa,” sugeri. “Ahora que regresen a México, que sea todo puros besuqueos. Estos estan demasiado pendejos para ir contra Chavez. No, jefito, mejor mandelos contra centroamerica. A ver si ahi pueden hacer algo.”

El fuhrer se quedó pensando un momento. “Bien. ¡Ya lo oyeron cabrones! Se regresan besandose y muy solidarios, ¿entienden? Y vayan activando sus acciones contra Ortega en Nicaragua. Olvidense de Chavez. Hoy en la noche hablare con Bush a ver que acciones tomara. ¿Está claro? ¿Tienen alguna pregunta?”

Fox levantó la mano. “Yo quisiera hacer una petición.”

“Digame,” contesto el papa.

“Me” respondio Fox.

“¿Me?” pregunto con asombro el papa.

“Me dijo que dijera ‘me’,” explicó Fox.

“Estais dandole demasiado toloache,” le murmuró Mouriño a Teempino.

“¡Que cual es tu petición animal!” le grito Teempino.

“Ah, si, pos yo quisiera casarme por la iglesia. Martita me pidio que le hiciera la petición. El polaco no nos dejaba.”

“¡Denegado!” rugio el papa. “Y digale a Martita que la razón es porque no voy a avalar el bestialismo. Que se busque a otro que no sea el burro de Schreck y tal vez le dejare casarse. ¡Y ahora larguense!”

“¿Me llamó burro?” dijo Fox todo agitado.

“¡Callate cabrón!” le dijo Teempino jalandoselo. “Y no, no nos vamos a regresar en avion. Vamos buscando pasaje en barco o algo ansina no nos vayan a matar de todas maneras.”

Mouriño salia con el enano en los brazos. “¿Entoncez no tiene nadie coca? Tengo que dezpertar a Jelipe pues tiene otras juntaz en la agenda.”

“Buscate mejor donde lo puedas manguerear,” sugeri. “Para mi que ya se cagó.”

En efecto el enano olia a cagada. “¡Josu! Tenes razón. ¡Me cago en la virgen! ¡Voy a llevarlo a la embajada para cambiarlo!”