Friday, January 05, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo II

II Celaya


Yo fui uno de aquellos dorados
Que por suerte llego a ser mayor
Por la lucha quedamos lisiados
Defendiendo la patria y honor

Soñaba. El tiempo se desvanecio.

Frente a Celaya, mi general Angeles demonstro era mucha pieza como artillero. Tenia a su disposicion varias baterias de soixante quinzes, canones franceses de 75mm. Angeles movia sus baterias en forma experta, como el gran corso. Las trincheras obregonistas recibian un huracan de metralla y la infanteria de la division del norte entraba en cuanto las baterias cesaban su fuego.

Por dos dias habiamos ido tomandole posiciones a Obregon una por una, pagando el precio en sangre. La linea en Santa Ana del Conde era el ultimo bastion de Alvaro. Era el centro de su linea. Si caia, todo acabaria. El viejo barbas de chivo de Carranza se iria en el Ipiranga.

"Denles con todo," ordeno Angeles. Obregon habia atrincherado a su gente en frente del casco de la hacienda arruinada. En la linea habia un batallon de Culiacan, gente adicta a Alvaro. No se le iban a quebrar. El confiaba en ellos. Tenian ademas varias ametralladoras, Maxim, alemanas. Ellos a su vez confiaban en las ametralladoras.

Mi tio tenia veinte gentes a sus ordenes. Habia empezado con cincuenta. Esperabamos agazapados detras de unas nopaleras mientras los obuses pasaban encima de nosotros para estrellarse en la trinchera de los culiches.

"A ver, muchachos," ordeno mi tio, "cuanto parque tienen?"

Conte. Me quedaban seis balas. Los otros tampoco tenian mucho mas. Habiamos estado peleando todo el dia. Tenia una sed del carajos.

Las baterias de Angeles cesaron de disparar.

"Orale cabrones! En pie division del norte! Siganme!" ordeno el general. Se puso al frente. Era un joven menudito, tal vez de solo 25 años, pero ya portaba el aguilita de general en el sombrero tejano. Hace apenas un par de años habia sido uno de los cadetes que habian escoltado a Pancho Madero al palacio. Lo seguimos no porque fuera general sino porque era muy hombre el cabron. La cupula de la iglesia de la hacienda se alzaba entre el humo. Toques de clarin. Mentadas de madre. Viva Francisco Villa!

Los culiches habian aguantado todo lo que Angeles les habia echado encima. Seguian tercos defendiendo su trinchera, rodeados de sus muertos y entre charcos de sangre y montones de tripas y sesos. Ambos lados estaban derramando hombria y sangre a lo pendejo. Pobre patria mia! Hoy a cincuenta años de distancia recorder estos hechos me causa una tristeza inmensa.

Las Maxim empezaron su taca taca taca. Avanzamos dando alaridos salvajes y disparando. Al general la rafaga de la ametralladora lo decapito. ‘Un belle mort’ como diria Ney. A mi alrededor empezaron a caer los compañeros. Entre el humo se veian los resplandores de las ametralladoras, repartiendo muerte, parecian veladoras prendidas al diablo.

Mi tio me tumbo y me cubrio con su cuerpo. "Esto ya valio madre! No te levantes!"

Las balas silbaban arriba de nuestras cabezas. Entre el humo se veian los resplandores de las bocas de las ametralladoras. El asalto se disolvio. Los que seguiamos vivos estabamos pecho a tierra, tratando de agazaparnos detras de las nopaleras o de los montones de nuestros muertos.

La tierra temblo. "La artilleria de Obregon," dijo mi tio. Se persigno. Empezaron a estallar los obuses entre lo que quedaba de nuestra infanteria. Se oyo el clarin tocar. Retirada. Tal era la disciplina salvaje que se practicaba en la division del norte que solo entonces nos levantamos y corrimos entre los estallidos de los obuses obregonistas.

Una hora despues estabamos otra vez detras de la misma nopalera que nos habia cobijado antes del asalto. Ahora mi tio solo tenia cinco gentes. Brigida y otras mujeres se presentaron con unas cantimploras. Nos repartieron parque. No mucho. Lo habian recogido de los muertos.

"Todavia vivo, vieja," le dije.

"Ta gueno. No quiero tener que buscarme otro hombre," dijo Brigida sonriendome mientras me pasaba un cigarro de palma. Le di un manazo en las grupas. Vieja cabrona.

Mi tio nos puso de pie. Se sentia la tierra temblar. La caballeria se acercaba. "Pancho ha de estar enchilado. Va a meter la caballeria con los dorados. Los seguiremos."

"Contra las ametralladoras? Estan locos!" protesto Brigida.

"Las viejas, regresense a los trenes!" ordeno mi tio. Brigida le contesto con una mentada y se dirigio a la retaguardia junto con las otras soldaderas. Mi tio no le hizo caso y encaro a sus hombres. ”Muchachos, escuchen, no tenemos de otra. Si Pancho manda a los dorados y nos quedamos aqui nos van a considerar desertores y nos van a fusilar. De todas maneras nos va a llevar la chingada. Mas vale que nos llevemos unos pelones por delante.” Los soldados asintieron con resignacion.

Las baterias de Angeles disparaban lo ultimo que les quedaba de parque. Dos mil dorados trotaban por el camino a Celaya. Todos estaban excelentemente equipados, con sombreros tejanos, cananas, botas federicas, sable de caballeria, bigotazos. E iban montados sobre unos animales hermosos y grandotes, unos trakeners polacos que Pancho habia confiscado en la hacienda de los Terrazas. Adelante el casco de la hacienda de Santa Ana del Conde se levantaba entre el humo. Parecia un craneo descarnado. "En pie! Adelante!" ordeno mi tio. Seguimos tras los jinetes. La artilleria obregonista abrio fuego.

Aquello fue una carniceria. Lo peor eran los relinchos de los caballos. No hay nada peor que oir a estos animales agonizar. Aun asi avanzamos. Eramos la division del norte. No nos ibamos a rajar. De pronto se entre el humo aparecio una figura bañada en sangre encima de un caballote. Traia jalando con la reata una de las ametralladoras de los culiches . Era uno de los dorados. "Que esperan cabrones! Capturen la trinchera!" alcanzo a gritar. Luego, ambos, el caballo y el jinete, se derrumbaron, muertos.

Gritamos euforicos. Nos avalanzamos contra el centro de la linea obregonista. Entramos a la trinchera y empezamos a pelear cuerpo a cuerpo. Les arrebatamos las putas ametralladoras. Los culiches finalmente se quebraron. Salieron huyendo. La victoria estaba a nuestro alcance. Estabamos exhaustos. La hacienda estaba frente a nosotros, tal vez a cien metros de distancia tan solo.

Alvaro contemplaba todo esto por un catalejo. Era el momento decisivo. Hizo una señal a un indio viejo. El cacique del batallon de los raramuris levanto su baston de mando, como un mariscal de Napoleon arengando a la vieux garde. Empezaron con sus tamborcetes. "Siganme! Adelante Sonora!" ordeno Obregon.

De pronto nos cubrio una nube de flechas! Si! Flechazos! Y venian con harta fuerza. Vi a un coronel de los dorados caer con una flecha que le entro por un ojo y le salio por atras del craneo. La indiada avanzo contra nosotros con sus machetes y gritando como demonios.

Angeles observo el contraataque y ordeno extender el alcance para castigar a los yaquis. Pero las baterias villistas se fueron callando una a una al acabarseles el parque. Los raramuris avanzaban entre la metralla, la poca que Angeles todavia hacia caer entre sus filas. Pero ya estaban enchilados y enmariguanados y no los iba a parar ni el mismo diablo.


Obregon cayo, herido por la metralla de uno de los ultimos obuses villistas. El brazo derecho le colgaba solo por unos cuantos pellejos. "Ya me llevo la chingada!" grito y saco la mitigueson con la mano izquierda y se puso el cañon en la sien.

"NO!" grito Pancho Serrano que estaba a su lado y le quito el arma. "Mire, mi general! Los villistas reculan! La victoria es nuestra!"

"Toma el mando, Pancho!" ordeno Obregon mientras le aplicaban un torniquete. Acto seguido se desmayo por la perdida de sangre.

En efecto, los raramuri nos arrollaron. Obregon supo sopesar el momento justo para contraatacar, cuando habiamos perdido nuestro impulso tomando la puta trinchera culiche esa. Casi todos los dorados se hicieron matar bajo los machetes de los raramuris. Lo que quedaba de la division del norte se retiro en desbandada, mi tio entre ellos. Yo no vide esto. Me lo contaron. En la lucha cuerpo a cuerpo me habian dado un palazo en la sien y estaba inconsciente entre una montaña de muertos.

Al anochecer del tercer dia el centauro ordeno la retirada. Celaya no seria nuestra. Las bajas habian diezmado a la division del norte. Mi general Angeles reporto que ya no le quedaba parque para sus baterias.

El centauro suspiro y le ordeno en voz bajita a Fierro que organizara la retirada. Luego se subio a su vagon. El perfumado, Obregon, habia vencido. Los trenes saldrian en la madrugada. Rumbo al norte. Iban cargaditos de heridos y los vagones chorreaban sangre.


Aprovechando la obscuridad Brigida y mi tio fueron a buscarme a la trinchera de la hacienda de Santa Ana del Conde. Los raramuri estaban en todas partes. Pero habia una tregua informal en pie. Tregua de soldados, de los que sangran, no de generales. Ambos lados levantaban a sus heridos y no se molestaban. Compartian las cantimploras y los cigarros de palma. Por puro milagro me encontraron y me regresaron a las lineas de la division del norte.

El Ultimo Tren - Capitulo I

Orale, pos a ver que les parece esto...oste leye y luego virigua...

I Los Pinos

Fui soldado de Francisco Villa
Aquel hombre de fama mundial
Y aunque estuvo sentado en la silla
No envidiaba la presidencial

La edecan era una niña joven. Pero a mis anos el todo mundo parece apenas destetado. "Sr. general, el presidente lo recibira ahora."

La segui. Trate de caminar lo mas derechito posible. No queria dar verguenzas. Mi uniforme olia a naftalina. Ya no lo llenaba. Ahora soy puros huesos. Aunque el guardia a la entrada del despacho me saludo, tenia una sonrisa burlona. Me le quede viendo fijamente. Pinche tenientito. Catrin. No hubiera durado ni un minuto ante los Yaquis. Sobretodo cuando esos cabrones empezaban a tocar sus putas flautas y tamboretes. El caso es que dilate tan solo una fraccion en contestar su saludo. Se paro mas derechito y se le quito la puta sonrisita. Solo entonces le regrese el saludo.

El presidente estaba en su despacho. Habian dos secretarios de estado con el. Politicos. Falsos. Todos. Lo salude, no al trompudo, no al hombre. A la presidencia. Me quede en posicion de firmes. Saludando. Seguian discutiendo un asunto. Me ignoraban. Junto al presidente, un general le susuro algo en el oido. La cara me era familiar. Tal vez mate a su padre.

"Mi general Pavon," finalmente dijo el presidente. El hombre se paro de su silla y me saludo de mano. Los otros dos politicos se apresuraron a hacer lo mismo.

El presidente me ofrecio una silla. "He oido mucho de usted. Aparece ud. mucho en el Casasola."

"Yo pensaba que se habia muerto!" dijo uno de los politicos riendose. Guayabera. Pelon. Era el secretario de gobernacion.

No dije nada. En la pared habia una foto. Villa y Zapata en palacio. El centauro sentado en la silla presidencial. Se esta riendo. Como diciendo pos a poco por esta chingadera se andan matando? A su lado, Zapata esta serio, adusto. Es que ese dia se habia puesto bien borracho. Parecia zorrillo fumigado. Eufemio se lo llevo de ahi a dormir la mona.

Pero el centauro nunca tomaba. Siempre estaba en sus cinco. A la izquierda, detras del gringo Reed, hay un jovencito. Yo. Era apenas un chamaco. Tal vez tendria 17 años, ya hombrecito. Ya habia matado. Todavia me falta morir. A mi lado esta mi tio, Francisco, un criollo gordo y colorado, pintando canas, bigotazo, cananas, sombrero tejano.

"ES muy serio el general," dijo el otro politico. Traje de Saville Row, corbata de seda, diamante en el pisacorbatas, sonrisa falsa.

"Estoy a sus ordenes, caballeros." Lo formalito lo aprendi de mi tio. El saludaba a los oficiales pelones antes de fusilarlos. Y es que hay que hacer bien las cosas. No, no queria dar verguenzas. Brigida me hubiera regañado.

"Ah que mi general!" dijo el de Chalchicomula. "Ud. tal vez sea de los ultimos que sobreviven de aquella bola. Mire, le agradezco que se haya tomado el tiempo de venir."

"Como dije, señor presidente, estoy a sus ordenes."

"Pues si, muchas gracias, decia...abreviemos, es cierto lo de la leyenda de Bachimba?"

"Es algo muy importante para el presidente," se apresuro a aclarar el politico del diamante.

"Bachimba?" Un breñal perdido en el desierto. Soledad. Una noche estrellada. Coyotes aullandole a la luna. Muertos picoteados por los zopilotes. Polvo. Un frio de la chingada.

"Si mi general, Bachimba!" dijo el trompudo. Habia cierto tono de impaciencia en su voz. El general estaba ahora parado detras del presidente. Me miraba. Fijamente. Era asombro, respeto, o tal vez odio? No sabia cual. Si, yo creo que mate a su padre. Quien quita y me iba a vaciar la pistola. Yo hubiera hecho eso si hubiera matado a mi padre. Cabron! Mi mano se fue a mi cadera. Estaba desarmado.

"Bachimba, carajo!" dijo el trompudo. Me le quede mirando. Sacudi mi cabeza. Que dirian los de la hermandad si revelara su secreto? Si no se lo dije a Plutarco, menos a este presidente.

"Este infeliz ya esta chocheando!" dijo el de la guayabera.

"Bachimba? Quiere saber sobre Bachimba?" balbucee. No pude evitarlo. Algo de baba se cayo de mi boca.

"Sr. general," dijo el militar que estaba detras del presidente. "Por favor..."

"Fue en buena lid, mi general," le respondi. No tenia miedo de morir. Y despues de todo lo habia hecho huerfano. Pero creo que habia que aclarar ciertas cosas. "Yo vide como murio su apa. Venia montado al frente de unos Yaquis. Yo lo vide caer. Murio luego luego. No sufrio. Muy hombre. Lo cocimos a balazos. Una yegua azabache. El murio dandonos la frente. Pero si quiere desquitarse, pos estoy a sus ordenes."

"Y ora que chingaos?" dijo el presidente.

"No tiene caso señor presidente," dijo el de la guayabera. “Este infeliz ya esta senil.”

El trompudo le hizo una señal al general. Este me tomo del brazo y me ayudo a levantarme de la silla. Me oli a mi mismo. Me habia miado. Brigida me va a regañar. Miandome en el despacho presidencial!

"Me van a fusilar?" le pregunte al militar. Si, seguro ese coronel obregonista habia sido su padre. Tenia el mismo tipo, toscote y grandote.

"Vengase conmigo mi general," dijo el militar en voz callada.

"Pos orale." Desgraciadamente no tenia ni un triste peso en la bolsa. Que les iba a poder dar a los muchachos del peloton? Me van a apuntar a los huevos!

Ya fuera del despacho el militar me encaro. "Acerca de Bachimba...no le quiso decir, verdad?"

"No."

"Es cierto que Plutarco lo torturo?"

Asenti con la cabeza. No tenia que anadir que no, no hable, no le habia dicho tampoco a Plutarco. El militar lo sabia. Me saludo. Correctamente. Le conteste el saludo. Correctamente. Busque adonde me iban a ajusticiar. Sera bajo ese hermoso ahuehuete? Seria una honra! Brigida! Ahi te caigo!

Para mi sorpresa no me llevaron al paredon. La edecan me tomo del brazo y me llevo adonde esperaba la limusina que me habia traido a Los Pinos. Senti cierta desilusion. Morir fusilado seria lo correcto. Tal vez asi expiaria mis pecados.

Brigida me esperaba junto a la limusina. Estaba fumando un cigarro de palma. Me vio y me sonrio. Brigida tiene veinte años. Siempre los tendra. Nunca ha envejecido. Iba vestida con su rebozo, sus enaguas, un sombrerote, y portaba una carabina 30-30 en la espalda. Esto en terrenos de la casa presidencial. Debo aclarar que yo soy el unico que ve a Brigida. Y porque no? Es mi mujer.

"Te meastes Pavon?" Solto la carcajada. Nunca me dice Manuel. Siempre me llama Pavon. La dentadura era perfecta. Brigida tambien esta en el Casasola. Habia llegado el tren a Torreon. Le tomaron la foto cuando se bajaba del vagon. Mira a su izquierda. La mirada es feroz. Eramos el ultimo tren. Iba a estar cabron encontrar algo de comer. Pero esa noche regreso con una gallina y unas tortillas viejas. Una cena de reyes, en otras palabras. Fue un milagro. Bueno, realmente no. Brigida era bien cabrona.

Me subieron a la limusina. El chofer puso una toalla en el asiento. No senti verguenza. Ya me vale todo. La vejez, he descubierto, es una seria de humillaciones que solo se acaban cuando llega la parca. Luego te pudres pero ya te vale madre. Brigida se sento a mi lado.

"Ya estoy harto, vieja. Para que quiero seguir viviendo. Ya llevame no?"

Brigida le dio una chupada a su cigarro. "Veremos, Pavon. Duermete por ahorita."

"Para que chingaos le sigo?" insisti. "Ya solo doy verguenzas."

"Son ordenes de la superiorida'." Senti como su mano tibia y amorosa me cerraba los ojos. El sueño me gano.

Tradiciones de Reyes



Pomponio, Adelitas y Sombrerudos a ver a quién le toca el muñequito

SABÍAS QUE… La tradición de la rosca de reyes está ligada a la de los Santos Reyes. De hecho, esta tradición reúne a la familia y a los amigos para cortar la rosca en la merienda del 06 de enero. Al parecer, esta costumbre la tomó la iglesia de los romanos incluyéndola en la celebración de la Epifanía, que recuerda la revelación de Jesús a los Reyes Magos. Esta celebración cobró fuerza durante la Edad Media y llegó a México en los primeros años del virreinato. En México, a la rosca de reyes se le acompañó con el chocolate, fundiéndose una vez más, lo indígena con lo español. Una rosca se caracteriza por su forma redonda, sin embargo, en México, posiblemente porque cada vez eran más los invitados a la merienda, la rosca de reyes fue adquiriendo poco a poco una forma ovoide con el fin de que fuera más grande y alcanzara para todos los asistentes. No se sabe a partir de cuándo se comenzó a esconder dentro de la rosca un niño dios de porcelana pero lo que sí se sabe es que quien encontrara al niño, automáticamente se convertía en el padrino del mismo. Una de las obligaciones del padrino era llevar al niño dios del nacimiento de la casa en donde se cortó la rosca, para ser bendecido en la iglesia más cercana, el 02 de febrero, día de la Candelaria, originando así, otra tradición de la que hablaremos el próximo mes. Según alguna fuentes, en algunos lugares de México se tenía por costumbre guardar en la rosca un anillo y un dedal, lo que significaba para quien encontrara el anillo, boda próxima y soltería, por lo menos de un año a quien encontrara el deda Actualmente la partida de la rosca de reyes ha contribuido a establecer lazos de convivencia en los centros de trabajo, puesto que esta tradición se ha hecho extensiva y dejado de ser exclusiva del ámbito familiar. Los niños escondidos en la rosca se han multiplicado y los padrinos de los mismos han de regalar a los comensales con atole y tamales el 02 de febrero. Algunas personas que participan en la partida de la rosca, en ocasiones son capaces de tragarse al niño para eludir el compromiso que dicta la tradición. La tradición de los "Reyes", termina con la tradición de la "partida de la rosca" pero ésta a su vez se enlaza con la del día de la Candelaria. Hay que difundir riqueza tradicional de México.

Juguetes Tradicionales para todos, llegaron temprano los reyes.


ROBO DE AÑO VIEJO

Amigos sombrerudos:

Este año que acaba de pasar, se ha llevado nuestras esperanzas con el fraude electoral, y p'a acabarla de amolar se ha sentado un precedente en la bella Tlacotalpan.
Por tradición, el último día del año se confecciona un viejo rellenando ropas de hombre con periódico y cuetes, dicho viejo puede tener la apariencia de algún político o personaje que haya destacado en ese año (para bien o para mal).
El viejo permanece en exhibición en la puerta de la casa todo el día, hasta las 12 de la noche en que la familia procede a quemarlo entre cantos y bailes.
Este año mi familia (incluyendo los niños, quienes eran los mas entusisatas)elaboraron un viejo sin facciones en la cara, por lo cual era un Viejo Descarado.
lo llenaron de toda clase de cuetes, bombas, buscapies, palomas, etc.y como es costumbre, lo sacaron a la puerta de la casa.
Cual sería nuetra sorpresa, al salir a la quema del viejo, ¡ya no había tal!

El gobierno nos robó
en este año, la esperanza
desde arriba hizo la transa
con un palmo nos dejó.
Y la pena no pasó
con el pelele pendejo
pues en el pleno festejo
de fin de año nos robaron.
Esa fiesta nos aguaron,
pues se llevaron al viejo.