Thursday, February 01, 2007

Sobre las candidatas del Perdere...

Pos de onde sacan los del Perdere de Yucatan el andar nominando a la vieja persignada y Yunquera esa de Payan? Chales! Ya ni la chingan. De una buena vez que nominen a la Chucky!

Razones por las cuales al Perdere le conviene nominar a la Chucky en el 2012

1. Ya tiene experiencia en robarse elecciones. Miren las del 2006.

2. Que yo sepa no es borracha. Por lo menos no va a andar fecaleando en Davos como el enano infeliz.

3. Esta tan fea que Chavez y Bush le van a tener miedo. Y si sabe o no ingles no importa. Ningun foro le va a pedir que hable.

4. Sera la continuidad en el regimen. La misma corrupcion, los mismos asesinatos, las mismas viejas ojaldras.

5. Por lo menos evitaria que pusieran a la Meartita de presidenta.

6. Ella tiene fotos del gangbang que le hicieron los del Yunque. Si no la apoyan entonces capaz que salen en el internet. Busquen en alt. sex. bestiality.

7. Su muñeca inflable serviria para desahogar a todo el que se encabrone con su regimen.

8. Finalmente el Perdere ganaria una.

9. Tiene mas cerebro que Fox y FECAL juntos. La cara nomas no le ayuda.

10. Su ahijado en el IFE aseguraria que ganaria. Asi pues, ni caso hacer elecciones. Se ahorraria una feria la nacion.

Si Chucho (Jesus) volviera, lo arrestaria el gobierno PANazi?

De regresar Chucho le iria como al gordo de la APPO y acabaria en el bote. Esto es por diversas razones.

1. El repartir pan y pescados a la muchedumbre es un claro intento de populismo. Deberia de haber dejado que la gente se muriera de hambre y las "fuerzas del mercado actuaran".

2. El aconsejar el dar al cesar lo que es del cesar es un claro intento de mantener la preponderancia del estado en la economia. Este hay que rebajarlo y permitir que "las fuerzas del mercado actuen".

3. Jesus era evidentemente simpatizante del narcotrafico. Eso de andar haciendo alcohol sin permiso lo indica. Seguro lo extraditarian a gringolandia. Y como es del medio oriente acabaria en Guantanamo.

4. Tampoco Jesus deberia de haber curado leprosos sin cobrar. Deberia de haberse dado de alta como un curandero en alguno de los planes o seguros medicos que estan introduciendo las aseguradoras gringas. Asi el que paga podra ser curado. El que no, no tiene derecho. Hay que dejar que "las fuerzas del mercado actuen".

5. En efecto Jesus queria que los niños se le acercaran. Y lo dijo en buena onda, sin intencion de violarlos. Obviamente al hacer esto esta criticando a nuestra santa madre iglesia y a Perberto Rivera, el cual protege a los curas pederastas. Es obvio que Jesus es anticlerical, ateo, y comunista.

6. Al decir que el iba a cambiar la ley de Moises, Jesus mando "al diablo sus instituciones".

7. Hay tantos traidores en la politica mexicana y como no existe en Mexico el estado de derecho es seguro que lo denunciarian y lo arrestarian violando sus garantias individuales. Para eso seguro se apunta San Judas Cuauhtemoc.


8. Hay mucho fariseo entre los del gobierno que se dan baños de pureza y Jesus los va a incomodar. El Abad Abascal seguro lo citaria para dialogar y lo haria arrestar.

9. Chavez denuncio al chamuco en la ONU. Se supone que el chamuco es enemigo de Jesus. Asi pues, Chavez es amigo de Jesus! Al bote con el Chuchin!

10. Jesus predicaba que los ricos no entrararian al cielo, que mas probabilidad tendria un camello de entrar por el ojo de una aguja. Es este tipo de declaraciones inflamantes las que alejan a los inversionistas extranjeros. Lo dicho, Jesus es un peligro para Mexico! Por estas razones, el greñudo ese seria refundido en un CERESO por los pefepos.


Nota: en un afan de no solo mostrar un solo lado de esta cuestion le pedimos al Lic. Mefistofeles Satanas que nos diera las correspondientes aclaraciones teologica:

"Yo anduve tratando de tentar al Chuchin en el desierto ofreciendole una oficialia mayor. Y me lo jale y nos pusimos a libar ya en plan de cuates por que el junior pos no estaba muy seguro de que queria hacerla de estrella de pelicula de Mel Gibson. Ta cabron. Y me le puse a hablarle a Chucho como si fuera gente de razon y no un renegado.

'Y pa se va a dejar madrear ansina nomas por que si? Digo, si su apa realmente lo quisiera pos por que lo va a poner como a santo cristo, je je? Lo de las mugres profecias todavia no se lo inventa el tal Pablo eso viene despues para justificar la agresion a sus derechos humanos. A quien le beneficia que le rompan la jeta? Vengase oste del lado de la gente nice, la que es pacifica y trabaja y no anda nomas chingando y creando plantones.'

Pero me temo que el siñor no oia razon como Gabino Barreda. Lo arrestaron en el planton que tenian en el Getsemani. El caso es que pos el tal Poncio lo compraron y luego se anduvo lavando las patas para presumir de tener las manitas limpias. Ya se imaginaran. En fin, por mi no quedo. Yo lo hubiera hecho oficial mayor en Gobernacion en este gobierno por lo menos. Ya ven que tengo unas palancotas con el Yunque."

El Ultimo Tren - Capitulo XV

XIV - Sostenes y Mercedes

“¿Que llevas a tus lares?
Recuerdos de esta tierra
Donde ensaño la guerra
Su aliento destructor”

--Mama Carlota, version de Juan A. Mateos

A finales del fatidico año de 1863, mientras el presidente de Mexico peregrinaba entre los breñales del norte, con el batallon Supremos Poderes por unica escolta, y acompañado de sus ministros (y un gallo), dos hombres ancianos caminaban por una deliciosa vereda al norte de Orizaba. El rocio mañanero relucia en las flores. La republica de los pajaros armaban su escandalo y debate. A lo largo de la vereda y a la sombra de los arboles, cargados estos de orquideas, se veian cafetos cargados de fruta. Los dos hombres se encaminaban hacia una finca bien construida, de piedra y cantera, alrededor de la cual habian varios corrales con toda clase de animals, la mayoria gordos. Esta finca estaba al pie de un cerro cuyas formas, extremadamente simetricas, hacian sospechar que no era obra de la naturaleza. En efecto, entre la maleza que cubria este cerro se distinguia una escalinata arruinada.

“Sostenes ya está en edad de conocer los misterios,” dijo uno de los ancianos. Los dos eran obviamente indigenas. Tenian, sin embargo, algo de parecido lo cual era natural pues eran hermanos.

“Lo sé, Ramiro, pero me temo que mi hijo no se interesa mucho por nuestros menesteres.”

“Ay José, no te ofendas. Yo queria tratar eso contigo. Dios sabe que yo le he tratado de enseñar lo poco que sé. Creeme que por mi no ha quedado.”

“Ja! No me ofenden tus palabras, hermano. La verdad es que mi hijo es medio huevon. Me duele admitirlo, pero es la verdad.”

“Tampoco, José, yo he visto al muchacho estudiar. No es huevon. Nadie es mejor jinete por este rumbo. Nomas no le interesa. Esto son cosas de viejos. Ademas que ahorita esta en la edad que, pos, no piensa con la cabeza, mas bien piensa con el chocho!” el viejo se rio. “En eso se parece a ti cuando tenias su edad!”

“No, no es cosa de viejos,” objetó José. “Mira a tu hijo, Ramirito, el le lleva solo un par de años a Sostenes y ya ves que estudioso es.”

“Y hablando del diablo…” indico José. Un joven se acercaba. Era Sostenes. Este era alto y fornido. Como descendiente de los principes mexicas, que se alimentaban mejor que el resto del populacho, habia heredado un fisico vigoroso. Iba bien vestido con el traje de los chinacos.

“Y ora, onde va usted?” preguntó José.

Sostenes se quito el sombrero, se apeo del caballo, y le besó la mano al anciano. “Con su permiso, apa, nos falta sal y un machete nuevo. Voy al pueblo por ellos. Llevo unos jorongos.”

El viejo José se rio. “Y pa eso necesitas ir tan ajareado? Bañadito, con la yegua peinadita, y la silla recamada de plata?”

Ramiro sonrio y pregunto: “No sera que va a ver a alguien, José?”

“No tio, la verdad, voy por sal!” protestó Sostenes.

“Ta bueno,” contestó José. “Pero en cuanto se retache quiero que se avoque a estudiar Latin aqui con su tio, oyo? La otra vez lo oi declamar a Ciceron y mas bien parecia Ciceron, el cantinero aquel que conocimos en Otumba. ¿Te acuerdas de él Ramiro?”

“El tartamudo?” preguntó Ramiro. “De-de-de a-a-pi-pi-o o de tu-tu-na?”

“Ese mero!” se rio José. “Pobrecito cabron. Mira que yo le busque a Galeno y no encontre nada para curar esa chingadera.”

“Ni en el Avicena?”

“¡Nada! Yo creo que es un mal del sistema nervioso.”

“Creo que hay una cita de Osman el egipcio sobre el tartamudismo.”

“Ese no era egipcio! Era turco!”

“Era egipcio! Estoy seguro de ello!”

“Con ese nombre? No la chingues!”

Los dos viejos se alejaron discutiendo sobre la causa del tartamudismo. Sostenes estaba seguro que iban a discutir sobre la nacionalidad del tal Osman por meses, hasta que uno de ellos sacara algun pergamino que probaba que el otro estaba mal. Y en respuesta el segundo encontraria una cita igual de sesuda que que probaria lo contrario.

Sostenes se rio y siguio por la vereda. Esta eventualmente desemboco en otra un poco mas ancha. Sostenes la siguio por un par de kilometros. La vereda corria a lo largo de un riachuelo a lo largo del cual crecian arboles grandes y viejisimos. Eventualmente el camino se desvio y subio una loma. El majestuoso pico de Orizaba se divisaba en lontananza. De lo alto de la loma, Sostenes diviso un campanario de iglesia y un caserio. Su boca susuró un nombre: “Mercedes”.

El pueblo no era muy grande y se acobijaba alrededor de la parroquia. Junto a esta habia una tienda, “La Valenciana”, algo dilapidada y en necesidad de reparacion. Esta era la propiedad de don Camilo Cervera, un español. Este don Camilo habia llegado a Mexico como treinta años antes y francamente no habia prosperaba. Su negocio languidecia entre asonada y asonada. Era frecuente que una banda de forajidos lo desplumara confiscando sus mercancias, ya sea en nombre del gobierno o de algun rebelde. Para su tristeza, don Camilo, ya cincuenton, se dio cuenta de que ya no tenia fuerzas para volver a empezar en algun lugar menos volatil que el Mexico del siglo XIX. Resignado, vivia junto con su esposa, una india de la localidad que apenas hablaba español a pesar de los esfuerzos del peninsular de “civilizarla”. De la union habia nacido una hija, Mercedes, ya señorita, y un hijo, Camilito, todavia niño. Otras dos crias no se habian “logrado”, como decian en ese tiempo la gente, y habian muerto por diversas enfermedades infantiles.

Sostenes entró al pueblo y se dirigio por un callejon hacia la parte de atras de la tienda. En algun tiempo la tienda habia sido alguna casa señorial y contaba con una buena barda de cantera en su patio de atras. Sostenes, montado en su yegua, podia ver dentro del patio. Estaba vacio. Silbó. No hubo respuesta. Espero varios minutos. Volvio a silbar. Finalmente Mercedes se aparecio y miró a su alrededor y acto seguido voló hacia la barda. Era ella una muchacha de finas facciones, morenisima como su madre. Habia un tronco sobre el cual ella se subio. Por unos momentos los dos enamorados se vieron y solo se sonrieron. Luego empezaron a murmurar y reirse hablando de las cosas que solo dos tortolos se pueden decir sin sentirse ridiculos.

“Mi mamá no está. Fue al rosario,” le anuncio eventualmente Mercedes.

“Y tu hermanillo?” preguntó Sostenes.

“No sé. Ha de andar con su palomilla.” La ausencia de moros en la costa les permitio intercambiar un beso furtivo.

“¡Oigo a mi papá!” En efecto don Camilo la llamaba a la tienda.

“Bien, de todas maneras tengo que comprar en la tienda,” anuncio Sostenes. “Ahi te vere.”

Sostenes espero su turno para ser despachado. Debido a la escasez de moneda el comercio era en su mayoria trueque. Mercedes estaba detras del mostrador y ayudaba a su padre a despachar.

“Hola don Camilo,” saludo Sostenes.

“Que milagro Sostenes. ¿Decidme, como estan vuestros mayores?”

“Mi padre y mi tio están bien, gracias,” respondio el joven.

“Dadles mis respetos. ¿Bien, que os trae aqui?” preguntó el peninsular.

“Necesito sal y un machete. Truje estos jorongos. Son de lana. Vealos usted.” Sostenes los puso sobre el mostrador. El español los inspecciono con cuidado.

“¿Y vos quereis sal y un machete por ellos?”

“Si, don Camilo. Calelos. Estan gruesos. Nosotros los hicimos.”

“Bien, creo que es buen trueque,” dijo finalmente el español. Los jorongos los podria vender o canjear con los arrieros que pasaban rumbo al valle de Mexico. El español puso una bolsa de piedra de sal en el mostrador. “Tengo unos machetes de Guatemala. Son de acero natural. A ver, Mercedes, muestrales los machetes al caballero. Escoja usted el que mejor le parezca Sostenes.”

La inspeccion que hizo Sostenes de los machetes fue somera. Mas bien aprovecharon ella y Mercedes para intercambiar sonrisas furtivas. Don Camilo mientras despachaba a unos rancheros.

Algo sintio el peninsular al observar a los dos jovenes. Era inevitable, pensó, que empezaran a revolotear los galanes alrededor de su hija. Era de las mas guapitas del pueblo y tenia la misma edad que su madre habia tenido cuando se casó con el español. Sostenes, pensó, no era mal partido. Su familia era muy respetada en el rumbo por ser los unicos medicos que se podian encontrar en aquellas montañas. Y segun habia oido de Sostenes, este no era borracho ni pendenciero. Pero como buen comerciante don Camilo no iba a dejar ir la mercancia a la primera.

“Bien, Mercedes, creo que ya regresó tu mamá,” anuncio el peninsular.

“No la he oido, papá,” protestó Mercedes tal vez demasiado enfaticamente. Esto confirmó las sospechas de don Camilo.

“¡Ya regresó!” dijo con firmeza don Camilo. “Ve a ver si necesita que la ayudes. ¿Y bien, Sostenes, le gusto algun machete?”

Mercedes le dio una ultima mirada, no muy bien disfrazada, a Sostenes.

Sostenes sostenia uno de faja azul. Se habia ruborizado. “Este…este está bonito. Y se ve fuerte. Acero natural, verdad?”

“Si, lleveselo,” dijo don Camilo. “Ah, y ademas, aqui está la sal. Escuche, yo hablo con mucha gente.”

“¿Si?” preguntó intrigado Sostenes.

“Los rancheros que estaban aqui acaban de decirme que anda una columna de gabachos cerca. Traen un cura con ellos, paisano mio aparentemente. Andan preguntando si alguien conoce unos indios curanderos ancianos. Mire, yo no sé que negocio traigan vuestros mayores. ¡Ni me importa! Juaristas y conservadores me han jodido por igual. Pero yo les paso la noticia al costo. Andaos con cuidado. Uno nunca sabe.”

El Ultimo Tren - Capitulo XIV

XIV - Villa Llorando Mata

Donde se describe como Villa hizo teniente a Manuel Pavon

(foto del Cerro de la Bufa, Zacatecas)


En Zacatecas se reconcentró la División del Norte despues de los combates de Celaya. Para mi –como contare mas tarde—fue un regreso a esa ciudad. Afortunadamente mi tio conocia al General Zertuche, jefe de los servicios medicos de la División del Norte y me dieron una cama en un hospital. Brigida fue asignada como enfermera. El primer dia la encargada del pabellon, una monja de pocas pulgas, Sor Benita, trató de hacerla que cuidara a otros heridos.

“Mire, pingüina jodida,” le rezongo Brigida, “yo no voy a andar bañando mas que a mi Manuel. ¿Entiende? Y no me separo de el hasta que este curao’.”

“Hija…” protestó la monja, “tenemos muchos heridos. ¡Si no vas a ayudar mejor largate de aqui!”

“¡Yo no soy su hija, vieja cabrona! ¿Pos que se ha creido esta pingüina catrina?”

“Brigida,” le suplique, “por lo menos ayuda a cambiarles las vendas a los compañeros y darles de comer. Yo estare bien.”

Despues de muchos sombrerazos y pleito y a base de yo estarla chiqueando y convenciendo Brigida finalmente accedio a ayudar con los otros heridos. Pero solo a mi me bañaria. Claro que tambien hubo una discusion esa noche pues Brigida se queria acostar a dormir conmigo.

“No se permiten visitas conyugales,” sentencio sor Benita.

“¿Y ora? ¿Pos que usted no coje? ¿No tiene hombre? ¡Si Manuel y yo somos marido y mujer!”

Francamente, yo queria a Brigida junto a mi. “Sor Benita, yo creo que es para mi mejor si Brigida duerme conmigo. Si tengo una recaida de inmediato la puedo despertar y me puede ayudar. Ademas, lo mismo puede suceder con alguno otro de los compañeros aqui.”

“Bien,” dijo resignadamente Sor Benita. “Pero no pueden tener sexo hasta que el doctor lo dé de alta.”

Claro que tambien esa prohibicion la ignoramos. Sin embargo, nos esperabamos hasta que oiamos a los compañeros roncar.

A la semana yo ya me sentia perfecto. Tendria tal vez 19 años y a esa edad se recupera uno rapidamente de las heridas. Sin embargo, el doctor todavia me hacia mantener reposo. Me mostraba unos dedos y me preguntaba cuantos tenia. Luego me hacia seguir su dedo con mis ojos. O sea me trataba como si fuera yo un imbecil. Brigida decia que desde entonces quede medio pendejon.

Una mañana se presento el centauro. Debo aclarar que Pancho siempre fue muy lloron. Suena incongruente. Despues de todo este era el legendario centauro del norte, el mero jefe de los dorados. Sin embargo, muchas veces se le vio chillar a moco tendido: cuando exhumaron el cadaver del señor Madero, cuando hizo fusilar a su compadre, el general Urbina, y esa mañana fue otra ocasion. Muchos de los heridos estaban lisiados de por vida: ciegos, mancos, cojos, etc. Conforme iba recorriendo los pabellones Villa se puso mas y mas moquiento.

Finalmente, le dijo a Rodolfo Fierro que lo iba escoltando, “Compadre, estos valientes no merecen esta suerte. Pregunteles si quieren una muerte rapida.”

(fotografia de Rodolfo Fierro)

Y asi Fierro iba tras del centauro preguntandoles a los heridos si querian que los “ayudara”. Algunos, como el teniente de artilleria al que le habia estallado su pieza y estaba ciego casi suplicó que Fierro le diera un plomazo. Y asi iba el centauro recorriendo el hospital. De vez en cuando se oia un plomazo cuando Fierro “ayudaba” a un herido.
Esto continuo hasta que Sor Benita, que habia oido los plomazos, vino corriendo y se le planto frente al centauro. “¡Valgame Dios! ¿Pero que diablos estan haciendo ustedes? ¡Asesinos!”

Fierro se sonrio. “Oste dice si me la quebro jefe.”

“Mire madre, estos hombres no merecen sufrir,” explicó el centauro. Estaba chillando a moco tendido. Bien decian que Villa llorando mataba. En cualquier momento el o Fierro le soltaban un plomazo.

“¿Entonces por que los mandan ustedes los generales a matarse? ¡Si no merecen sufrir no los haga soldados!”

“¡Es que ya no van a ser lo que eran antes!” contratacó el centauro entre lloriqueos. “¡Pobres cabrones! ¡Me parte el alma verlos asi!”

Pero la monja estaba bien atrincherada y era valiente. “Estos hombres son heroes, si, y ahora la nacion les debe cuidados. ¡No se merecen un plomazo en la sien! Tantos esfuerzos que hacemos aqui para curarlos y luego usted y el energumeno este vienen y los matan asi como asi.

“¡Señora! ¡Mas respeto!” protesto Fierro. La monja le habia puesto un indice de fuego en el pecho y hasta Fierro se habia hecho para atras.

“¡Esta bien compadre!” dijo finalmente el centauro viendo como hasta Fierro habia sido batido por la monja indomita. “La monja tiene razon. Ya no ayude a mas heridos.”

Debo aclarar que la mayoria de los heridos que contemplamos todo esto habiamos subitamente adquirido vigor y ansias de sanarnos y volver a la bola. Algunos generales, como Haig el mariscal britanico, nunca visitaban a sus heridos pues pensaban que despues de ver los sufrimientos que sus brillanteces causaban no podrian volver a dar ordenes para meter a su gente en batalla. Bien se dice que desde que se inventaron las excusas se acabaron los pendejos. Yo en eso si admiro al centauro que si nos daba nuestras vueltas y no hacia excusas hipocritas. Ahora, como dije, las visitas eran motivantes, especialmente si el centauro traia consigo a Fierro.

“¿Y oste como está? Pregunto el centauro al compañero que estaba en la cama junto a mi. Era un telegrafista al cual un obus de Obregon le habia tumbado ambas manos.

“¡Yo rete bien mi general!” dijo el infeliz saludando con un muñon. “Sabe, yo creo que puedo dedicarme a maestro o que se yo. Total, el gis lo agarro con la boca si se requiere.”

“¡Maestro! ¡Esos son huevos! ¡Ya ve compadre, este muchachito es en verdad un heroe!” El centauro era un mar de lagrimas. Se sono la nariz en la sabana del herido. “Yo no me enfrentaba con una turba de chamacos cabrones y este valiente, sin embargo, esta dispuesto a entrarle, aun sin manos.”

“Pos si se arrepiente, digame, que aun estamos en tiempo,” ofrecio Fierro.

“¿Y oste?” me pregunto el centauro. Intercambie palabra con él muy pocas veces. Esta ocasion, sin embargo, nunca la olvidare.

“Pos yo ya estoy bien mi general,” me apresure a decir mientras saludaba. Tenia la cabeza vendada.

“Y está intacto,” completó Brigida para evitar que Fierro hiciera sugerencias.

“Ah, yo me acuerdo de este muchachito,” dijo Fierro. “Se porto rete valiente el dia que tuve el duelo con el gringo ese Puton.”

“Pluton, compadre, el gringo ese era el coronel Pluton,” aclaró el centauro refiriendose a Patton.

“Como seya, mi general, el caso es que este jovencito sostuvo su puro sin moverlo. ¡Es muy macho!”

O muy pendejo, pense yo para mis adentros aunque no me atrevi a decirlo.

“¡Pos haganlo teniente, carajos!” ordeno el centauro mientras se retiraba.

“¡Gracias mi general!” conteste. Brigida me abrazo y me cubrio de besos.

“¿Teniente?” se rio mi tio al visitarme despues. El tambien habia recibido un ascenso. Portaba ahora la insignia de capitan en su sombrero tejano. “¡Felicidades, ja ja! Puta madre, a lo que hemos llegado, Manuel. Yo soy capitan ahora y sin embargo tengo menos gente a mi mando que cuando era un teniente en Celaya. Bien, ya hice que te asignaran a mi gente. ¿Puedes cabalgar?”

“Pos yo creo que si,” respondi. “Sor Benita me va a dar de alta hoy.” Yo mismo no me la creia lo de teniente. Cuando el general Angeles se habia unido a la División del Norte se habia traido varias camadas de aguiluchos, alumnos del Heroico Colegio Militar del cual el era director. ¡Esos si eran oficiales! Ellos fueron los que impusieron orden y una disciplina prusiana dentro de la División del Norte. Eran durisimos los cabrones. Se hicieron matar por docenas, tomando Torreon, en la Bufa en Zacatecas, frente a Celaya, y pocos quedaban ya. Los jefes que le quedaban al centauro eran en su mayoria civiles improvisados como oficiales, como mi tio y yo. No teniamos muchos conocimientos de la ciencia militar, solo huevos.

“Pos esto merece celebrarse,” dijo Brigida. “Yo creo que tengo una botella de mezcal por aqui.” Y se puso a buscar en sus tiliches.

“¿Y ese libro, Brigida?” preguntó mi tio.

“Ah caray, don Pancho, yo creo que se lo quite al vejete ese Maldonado.”

Mi tio lo empezó a hojear. “Parece escrito en español antiguo.”

Dejenme aclarar que tanto para Brigida como para cualquier soldado de la bola toda clase de papel era bienvenido. Si sabia uno leer, cosa no muy comun en ese tiempo, se podia uno distraer leyendolo mientras hacia uno sus necesidades. Y luego servia para limpiarse. La altenativa era usar hojas de maiz. ¡Cuantos periodicos magonistas, Quijotes, Ahuizotes, grabados de Posada y otras obras literarias no tuvieron ese triste fin! Si Brigida le habia quitado el libro a Maldonado era con propositos exclusivamente higienicos, pues ella no sabia leer.
“Ah caray!” exclamó mi tio. “Esto está muy interesante.”

“¡Chingaos! Ya me robaron la botella,” maldijo Brigida.

“Bueno,” dijo mi tio regresandole el libro. “Guardate el libro Brigida. Es muy valioso pienso yo. No lo uses para limpiarte la cola. Despues lo veo. Miren, vengan conmigo. En efecto, debemos celebrar. Los invito al Delmonicos.”

“¿Me dejaran entrar?” pregunto Brigida. El Delmonicos era el restaurant mas caro de Zacatecas.

“¡Como chingaos no, si eres la mujer de un teniente!” juro mi tio.

Y asi fue como sali del hospital.