Tuesday, March 13, 2007

El Ultimo Tren - Capitulo XXIII


XXIII Los Chamulas
donde se describen los problemas de traducir una orden del ingles al frances al nahuatl y luego al chamula y como es mejor dar la orden a sombrerazos

Brigida se levantó con tremendo dolor de cabeza. Rara vez tomaba y de plano en nuestra celebración en Delmonicos se habia puesto hasta atras. La cama estaba muy suavecita, muy comoda, y estuvo tentada a quedarse un rato mas. En eso vio que el sol ya entraba por la ventana. Era ya muy tarde. Tenia que dirigirse a la estación para embarcarse en el tren hospital. Este saldria de un momento a otro. Junto su morral y tiliches y salio del hotel.

Era evidente que los villistas estaban abandonado la plaza de Zacatecas. Grupos de jinetes llenaban las calles escoltando toda clase de carretas y artilleria. Se oia uno que otro tiro. Varios negocios estaban siendo desplumados. Brigida se dirigio por una calle aledaña rumbo a la estación.

De pronto sintio como un hombre se le abalanzo encima. Sostenes le habia puesto un cuchillo en la garganta.

“No grite porque le va a ir peor,” le advirtio Sostenes. No hubiera querido lidiar solo con la soldadera. Pero Aguila Negra estaba por el rumbo de la estación y Sostenes la habia visto por casualidad y habia decidido intempestivamente actuar.

Un gringo chaparro y gordo y aparentemente borracho era la unica otra persona cerca.

“¡Usted!” exclamó Brigida. “¡Y pensar que le dije a don Pancho que le perdonara la vida!”

“Just what the hell do you think you are doing with that woman?” dijo el gringo sosteniendose apenas de un pilar.

“Vayase, mister, este no es negocio de oste,” le advirtio Sostenes.

“Mi creerr que si lo es,” dijo Butch Cassidy plantandole a Sostenes el cañon de una pistola en la base del craneo. El Sundance Kid –que subitamente resultó no estar borracho-- hizo lo mismo y encañonó a Sostenes.

“¿Y ora que diablos?” preguntó Brigida.

“Tire el cuchillo al suelo amigo y sueltela,” le aconsejo Butch Cassidy. Sostenes asi lo hizo. De inmediato Brigida se volteo y le dio una cachetadota a Sostenes.

“¡Tenga pa’ que no me ande manoseando cabrón!”

“¿Quien diablos son ustedes?” preguntó Sostenes.

“A mi me vale, yo me voy, ¡se me va el tren!”

“Go ahead, señorrita,” dijó Butch Cassidy caballerosamente.

“¡No! ¡No la dejen ir! ¡Tiene mi libro!” protestó Sostenes.

“No saberr de eso. Usted venirr con nosotros,” le ordenó Sundance Kid. Le pusó la pistola en la sien.

“¡Levanten todos las manos!” ordenó von Hutier. Tenia una luger en la mano y sus cuatro yaquis los encañonaban con sus 30-30. Junto a él habia un europeo ya viejon. Este se acerco a Sostenes.

“¿El señor don Sostenes Maldonado Ilhuicamina?” preguntó Lindemann. Le hizo una pequeña caravana y se quito el sombrero respetuosamente.

“Pos si, si lo soy,” respondio Sostenes viendo al hombre con azoro.

“¡Y ora! ¿De donde salio tanto yaqui y gringo?” preguntó Brigida. “¡A mi no me metan en sus broncas, cabrones!”

“No somos gringos, somos alemanes,” aclaró von Hutier.

“To the Mexicans it’s the same damn thing, buddy,” dijo Butch Cassidy, diciendo que para los mexicanos era lo mismo.

“Me insulta caballero,” contestó von Hutier.

Butch Cassidy lo vio con cuidado. Butch habia sobrevivido todavia una vida de azares porque sabia juzgar a sus adversarios. La mano que lo apuntaba con la Luger no temblaba. El aleman era obviamente uno adversario de cuidado. “No offense meant, buddy.”

Von Hutier los seguia encañonando. “Usted se viene con nosotros.”

“What about us? Are you going to shoot us too?” preguntó Butch Cassidy. Queria saber si tambien iban a matar a él y al Kid.

“No. Pueden irse,” contestó von Hutier.

“¡Pos yo tambien me voy!” dijo Brigida. La soldadera estaba palida y veia con estupor el cuerpo inerte de Aguila Negra.

“¡No la dejen ir!” exclamó Sostenes.

“¿Es su mujer o su hija?” preguntó Lindemann pensando que tal vez Brigida era la future emperatriz de México.

“¡Pura madre!” protestó Brigida. “¡Yo no tengo que ver nada con ese viejo!” Y agarró su morral y se alejó a paso raudo. Von Hutier la vio ir impasible.

“Let’s go Kid before the gentleman changes his mind!” exclamó Butch Cassidy conminando al Kid a que se hicieran escazos tambien antes de que von Hutier cambiara de parecer.

“Que quede una cosa perfectamente clara, señor Maldonado,” dijo con voz queda von Hutier. “Nuestra mision es capturarlo vivo y llevarlo a nuestra embajada en la ciudad de México. Estos yaquis los escogio el cacique. No le son a adictos a usted como los otros. Pero si usted me causa mas problemas o pone mi vida o la de mis hombres en peligro, le aseguro que se morira de inmediato. ¿Queda esto claro?”

“Cedo ante la fuerza,” contestó Sostenes.

“Bien, subase en la remonta.”

En ese momento se aproximó una columna villista. El coronel al mando era un hombron de bigotazo y sombrero tejano. Von Hutier le dio un saludo que podia haber satisfecho al Kaiser en Potsdam.

“¿Y ustedes a que cuerpo pertenecen…teniente?” preguntó el coronel.

“Confie en mi o todos aqui nos morimos,” le murmuró en frances Sostenes a von Hutier.

“Mi teniente y estos hombres somos de la brigada Zaragoza mi coronel,” contestó Maldonado saludando.

El coronel los vio con escepticismo. Igual hicieron los cien villistas a su alrededor. El “teniente” que lo habia saludado era un guero con finta de gringo y junto a el estaba otro viejon que tambien parecia gringo. Pero lo peor era que el grupo incluia cuatro indios con pinta de yaquis.

“No le pregunté a usted…”

“Sargento Maldonado, mi coronel…”

“…le pregunté a su teniente.”

“Es que mi teniente es gringo y apenas masculla el español. Pero Pancho le tiene confianza y por eso me encargó que le sirviera de interprete.”

“¿Y esos cabrones? ¡Tiene facha de yaquis!”

“¡Libreme Dios mi coronel! Si estos cabrones son chamulas. Pero tampoco hablan español.”

“¿Y como chingaos da ordenes su teniente?”

“Es que se apalabra con el gabacho ese.” Sostenes apuntó a Lindemann.

“¿El viejon? ¿Que con él?”

“Vera, mi teniente le habla en ingles. El viejon ese es frances pero entiende el ingles. Luego él me lo dice a mi en frances que mas o menos yo mascullo. Pero no, no habla ni madres de español.”

El coronel lo veia con azoro. Los villistas los habian rodeado. “Ah, ¿y usted les traduce a los chamulas?”

“No, no sé chamula. Le hablo en mexicano al cacarizo ese. Es el cabo de los chamulas. Ese sabe nahuatl y chamula y les traduce las ordenes del teniente.”

“¡No la chingue! ¡Con razón andamos perdiendo! ¿Pero de donde salieron estos cabrones indios sureños?”

“Nos los mandó Emiliano Zapata. Y como Villa no sabia que hacer con ellos se los endilgó a mi teniente.”

“Los hubiera fusilado a todos y santo remedio. ¿Como chingaos iban a la guerra ansina? ¡Que soberano desmadre seria!”

“Pos si, hemos tenido algo de dificultades,” admitio Sostenes. “Ansina ha estado cabrón llevar el mando de la unidad. Mi teniente tuvo que idear un codigo para darles la orden con el sombrero a la gente. Si lo agita al frente significa fuego a discrecion. Si le daba vueltas significa paso redoblado.”

“¡Pos me dan ganas de una vez fusilarlos a todos y dejar que el diablo los virigue!” Los villistas cortaron cartucho.

“¡Mi serr amigou de Panchou Villa!” exclamó von Hutier.

“¿A poco?” el coronel villista lo encañonaba.

“¡Mi comprarrle ganadou que robarr a Creel cuando él traerrlo a Ciudad Juarez, before the revolution!”

“¡Es la verdad mi coronel!” dijo Sostenes. “¿A poco va a querer encabronar a Pancho si le mata al teniente? Se conocen ya desde nantes.”

El coronel titubeo. No era aconsejable encabronar al centauro. “¿Pos no que no sabia español?”

“Es que el miedo no anda en burros, mi coronel,” explicó Sostenes. “Le aseguro que ansina encañonado por oste hasta aleman hablaria mi teniente.”

“¡Jawohl!” dijo von Hutier con voz algo tremula.

El coronel se rio. “¡Ta gueno! ¡Me agarraron de buenas cabrones! ¡Larguense de aqui! ¡No quiero volver a verlos! ¡Pa la otra tal vez no esté de humor para dejarlos ir!”

Von Hutier no lo pensó dos veces. Volvio a saludar y de inmediato él y sus hombres tomaron rumbo al norte para mantener las apariencias. Llevaban con ellos a Sostenes.

Desde unos portales dos hombres los veian.

“God damn it Butch! We almost had Maldonado!” El Kid tiró su sombrero al suelo disgustado.

“Pues tenemos un problema serio, Kid.”

“¿Te refieres a Cheney C. Collins?”

Como si hubieran invocado al diablo se les acerco un mensajero. “Caballeros, ¿son ustedes los señores Parker y Longebaugh?”

“Si serr nosotrous,” contestó Butch Cassidy.

El mensajero les entrego un telegrama al Kid. El hombre se quedó esperando.

“¿Que diablous querrerr?” le preguntó de mala manera el Kid. “¿Que le dé propina? Get the hell out of here! Damn greaser! Scram!”

“Disculparr a mi compañerou. Here, tener unos cobres,” dijo Butch Cassidy y le entregó unas monedas al mensajero el cual se desaparecio. Cassidy tomó el telegrama. Bien sabia que el Kid no sabia leer.

“¿Que cosa dice Butch?”

“CONCLUYO NO HAN ENCONTRADO MALDONADO STOP NO PUEDEN HUIR STOP A DONDE VAYAN STOP HAVE A NICE DAY STOP COLLINS STOP”

“¿Quiere que paremos de buscar a Maldonado?” preguntó el Kid.

“No Kid, el STOP es parte del mensaje. No quiere decir que quiere que paremos. Me temo que va a mandar al tal mayor Anderson tras de nosotros.”

“¿El que nos encontró en Argentina?”

“El mismo. Y México está mas cerca que Argentina.”

“No sabia. A decirte la verdad todos estos paises se parecen. No sé si estoy en Bolivia, Argentina, o México. Ademas, todos hablan un ingles muy dificil de entender. ¡Pero seria una locura ir tras del tal Maldonado! ¿No vistes la pinta que tenia el aleman ese?”

“Cierto, y ademas tiene varios hombres con él.”

“¿Entonces que hacemos Butch? ¡Collins nos va a mandar a la horca!”

“No si somos parte de un ejercito.”

“¿Que quieres decir?”

“Sigueme.”

Los dos gringos se dirigieron a la estación. Cassidy busco al fulano mas mal encarado que pudo, un mayor de los dorados que estaba supervisando el embarque de unos cañones repartiendo patadas y mentadas de madre a sus subalternos.

“He aqui Kid el perfecto ejemplo de como se puede usar el terror para asegurar la eficiencia.”

“El fulano no se ve muy amigable.”

“En efecto, la jeta y el lexico de arriero son parte de su herramientas de trabajo. Como tecnica todo el conjunta funciona hasta que haga el primer error.”

“Yo no me atreveria a decirle cuando esta mal.”

“En efecto, ese es el problema con este tipo de gerencia. Si hay un problema ningun subordinado se atrevera a decirselo.”

“Yo pensaria que seria una tecnologia de uso exclusivo de los ejercitos.”

“En México prevalece no nada mas entre los militares. Sabes, Kid, a veces no eres tan bruto como pareces.”

“Gracias Butch.”

Cassidy se le acerco al mayor. “¿Usted serr el merro hijo de puta a carrgo?” preguntó Cassidy.

El hombron casi solto el puro y sonrio. “¿Quieres morir gringo?”

“Si usted serr el jefe, yo querrerr trabajarr parra usted. Mi buddy y yo sabemos de dinamita. Hemos voladou bancous y ferrocarriles.”

“Ah, ¡dinamiteros! ¡No pos vinieron al lugar indicado cabrones! ¡Bienvenidos a la Division del Norte! ¡Estan a mi mando y si no me obedecen se los va a llevar la chingada! Soy el mayor Carbajal y si, soy el mas hijoeputa que pueden encontrar. Y siempre puedo usar un par de cabrones que sepan usar dinamita.”

“Awright!” dijo Cassidy. “Butch, repeat after me: ‘¡Viva Villa!’”

“Yes, ¡Viva Villa!” respondio el Kid.

“¡Ansina se dice cabrones! ¡Viva Villa! ¡Sargento Toribio! ¡Paseme por cajas a estos dos gringos hijos de la chingada!”

“Butch,” le dijo el Kid. “Mira, ahi está la mujer esa que Maldonado andaba queriendo manosear.”

“¿Seguro? Todas esas indias se parecen.”

“Estoy segurisimo. Me acuerdo del morral que traia lleno de sus tiliches y por lo nalgona. Es ella.”

“Interesante. Sabes, yo creo que está bien que investiguemos porque diablos Maldonado tenia tanto interes en ella. Uno nunca sabe. A la mejor podemos retomar la pista.”

“Se ve muy bronca.”

“I will sweet talk her,” dijo Cassidy sonriendo y acicalandose el pelo.

“Pero bien, ¿crees que uniendonos a Villa ya no nos seguira Collins?”

“Ojala Kid. Pero bien, ya es demasiado tarde para cambiar de parecer.”

En efecto se les plantó un sombrerudo con cara de fascineroso frente a ellos. “A ver, soy el sargento Toribio. Pinches gringos, ¡levanten la mano derecha! ¡La otra mano cabrón! Bien. ¡Firmes! Escuchen. Son ahora soldados de la Division del Norte. Si roban, los vamos a fusilar. Si violan, los vamos a fusilar. Si desertan, los vamos a fusilar. Si huyen ante el enemigo…”

“No me diga, nos van a fusilarr.”

“No cabrones, los vamos a agarrar primero y luego los fusilamos. ¿Juran no huir, no robar (mucho), no deserter, pelear fieramente, y hacerse matar (si es necesario) por el honor de México y de la División del Norte?”

“¡Si jurrarr!” respondieron los dos yanquis al unisono.

“Bien, cabrones, tengan.” El sargento les dio un centenario a cada uno.

“Damn! This is gold!” exclamó el Kid despues de darle un mordizco a la moneda.

“A huevo que es oro, cabrón. Pancho tiene un plan de incentivos para atraer dinamiteros. Nuestra politica de manejo de personal es muy moderna. Se les dá un centenario cuando se unen a la bola.”

“¿Cuantas veces poderr serr reclutadou?” preguntó el Kid.

“¡Nomas una cabron! Y como les dije si se juyen…”

“Si ya saberr, nos harran fusilarr.”

Mientras Butch Cassidy y el Kid eran pasados por las cajas la columna de los alemanes tomaba rumbo al sur. Desde lo alto de un cerro los contemplaba Aguila Negra.