Tuesday, April 10, 2007

El Juicio del Chamuco

I. La Bronca

donde Satanas manda al diablo a Perberto

Doña Cholita me llamó muy de mañana. “Licenciado Satanas, el cardenal Perberto está en la linea 2.”

Uh que la, pense. Desde que accedi a trabajar en el bufete de Diego Fernandez de Cebollas (él está muy ocupado defendiendo narcos) para defender a la curia Perberto me habia estado llamando casi a diario. En fin, tenia que tomar la llamada y eso merece una explicación a mis dos lectores.

Veran ustedes, la realidad es que yo soy tan solo un pobre diablo. Digo, las plazas chingonas son el infierno europeo y ultimamente hasta el infierno del medio oriente tiene cierto caché. El infierno oriental tiene la tecnologia mas avanzada, principalmente por tanto cabrón japones que ha caido ahi. Creo que hasta van a poner robots para torturar a los presos. ¿Pero, el mexicano? Como ya les he dicho, aqui es como Almoloya. Algunos presos hasta tienen aigre incondicionado en sus celdas, viejas, chupe, droga, lo que se quiera.

Y debo aclarar que el diablo chingon, el mero mero, mi jefito, es el gran Shaitan. Normalmente tiene su oficina en Wall Street y trabaja a traves del FMI. Pero de que se murio el John Paul Ringo George II, o sea el papa polaco, pos mi jefe decidio asumir la chamba que antes ha tenido (cuando se hizo llamar Alejandro VI). En efecto, el papa Ratzinger es el Gran Shaitan y pos tengo que obedecer sus ordenes. De ahi que no tuve mas remedio sino aceptar la oferta que me hizo Fernandez de Cebollas y el Yunque de que sea yo el abogado defensor de la iglesia.

“Hola Su Eminencia,” dije tomando la llamada.

“¡Licenciado! ¡Usted me debe una explicación!”

“No se preocupe usted. Yo sabre darle largas al asunto de Los Angeles. Ademas de que Jelipe no lo va a dejar extraditar como hicieron con los narcos.” En tiempos de Andrew Jackson habia obtenido mi licencia para practicar leyes en gringolandia. Estuve encargado de la venta de unos terrenos mexicanos en 1847 y ultimamente fui parte de la defensa de O.J. Simpson.

Era evidente que Perberto estabá todo agitado. “¡No, no hablo de eso! Ya sé que no me van a tocar. Usted y Jelipe son garantia de que me haran lo que el viento a….ajem…al indio maldito ese.”

“Entonces, ¿pos que tantos broncas estando el suelo tan parejo? ¿Se tomaron sus monaguillos el ‘Jesus Juice’ como le dice Michael Jackson?”

“No, pinches chamacos, ya puse el vino de consagrar bajo llave. Nomas les doy cuando ando romantico para dormirlos. No, he oido que usted anda diciendo que la virgen de Guadalupe representa una india preñada como producto de la violación tumultuaria que le hicieron los soldados de Cortez. ¿Es eso correcto?”

“A grandes rasgos, si,” afirmé. Y si ansina lo hice es porque tengo los pelos en la mano, so to speak.

Veran, yo vine a tierras mejicanas (hablando como Mouriño) con el mismo Cortez. Me las daba de Pedro de Alvarado entonces. (¿Pos a poco creen que lo de mi salto de garrocha cualquier mortal lo hace?) Y no solo eso, sino que tambien era joven y bello, con unos tirabuzones rubios como la chamaca esa de la que escribe Perez Reverte. No tuve necesidad de violar indias. Como era ansina de guapo y era el unico gachupin que se bañaba a diario (los otros españoles mataban con el puro tufo) pos las chamacas me aventaban el huipil.

Y es que en Anahuac el diablo a cargo, el tal Licenciado Huichilobos, se habia metido en una bronca con el Gran Shaitan y este decidio que yo lo reemplazaria. Fue un pleito sindical entre la dirigencia del Averno, como quien dice. Con la recomendación que me dio el Gran Shaitan pos de inmediato Cortez me reconocio como hidalgo y me dio una capitania. Aunque en verdad estrictamente no soy gachupin. Naci en Babilonia, hoy Irak, razón por la cual le doy asesoria a los de Al Queida y me gusta conversar en arabe con el tal Nacif.

Asi pues, yo presencie la Conquista y vide como la soldadesca del extremeño abusaba de las infelices indias que se les atravesaban. Si la iglesia representa a la guadalupana panzona, lo mas probable es que la infeliz india haya sufrido una violación tumultuaria de la soldadesca de Cortez. Ahora bien, no afirmo que tambien tenga gastritis. Lo que si aseguro es que no le hubieran dejado abortar porque en ese tiempo eso no se permitia, aun en casos de violación.

“¡Ya ni la chinga, licenciado!” me espetó Perberto.

“Pos es cierto Su Eminencia, yo lo vide. Pueblo al que entraba Cortez y sus aliados, pueblo a donde violaban a todas las mujeres. Vamos, ni a las viejitas perdonaban esos cabrones.”

“¡Pero es que en Pro-Tangas estamos usando la guadalupana como nuestro estandarte para el lio del aborto! ¡Y usted anda propaganda entre los renegados que andamos ondeando a una india empanzonada por violación tumultuaria! ¡Repito, ya ni la chinga!”

“¿Y que con eso, don Perberto? Los renegados no van a ir a misa. Es mas, desde que la Pakita y los otros renegados le aguaron su homilia dominical usted NO quiere que vayan a misa!”

“Mire, licenciado, lo siento mucho pero voy a presentar mi queja con mi jefe. Y sepa que é les tambien su jefe.”

“¡Uy que mello!” alcanze a decir antes de que Perberto me colgara.

No crean que descarté las amenazas de Perberto. El Gran Shaitan es muy cabrón. Por cualquier cosita mandó quitar al Licenciado Huichilobos y lo mando al infierno centroamericano. Ahi está tan jodida la cosa que varios de los diablos que ahi trabajan se han venido a trabajar de mojados en el infierno mexicano. Y si Perberto le va a ir a llorar al Gran Shaitan/Ratzinger a la mejor lo encuentran de buenas y me arma un desmadre.

La plaza de encargado del infierno haitiano ha estado vacante por 80 años desde que Monsieur Macumba renuncio y se fue a lavar platos en Miami. El Gran Shaitan puso a Papa Doc Duvalier de interino pues ese cabrón ya tenia experiencia en hacerles la vida un infierno a sus negros. Pero sé bien que Duvalier no quiere la chamba esa de planta, que ya está cansado de hacer lo mismo que hacia en vida. No, no vaya a ser que me vayan a mandar al infierno haitiano.

Mande traer a mi asesor financiero, don Chalmar –Hjalmar Schacht—el que habia sido el ministro de finanzas de Hitler. Sé que siempre le dio buen consejo al fuhrer y yo confiaba en él.

“Don Chalmar,” le dije despues de explicarle el caso, “¿que me recomienda?”

“Ach, Perberto y sus curas tienen mucho pegue con el Gran Shaitan, de eso no le quede a usted la menor duda.”

“¿Y como es eso?”

“Vera, mein fuhrer,” dijo mientras sacaba unos libros de contabilidad, “la iglesia catolica mexicana es la que mas dinero contribuye a las arcas del vaticano. Y tan solo das basilika von Guadalupen contribuye…algo asi como mil millones de dolares anuales. ¡Gott im Himmel! Ademas de que están las regalias que les van a pagar los de Pizza Hut por poner una de sus pizzerias en la explanada.”

“Pero pos la gente de todas maneras se van a dejar desplumar.”

“¡Jahwohl! Ya vé usted que Mexico tiene su version del lema de la SS, ‘Meine Ehre Heisst Treue’, o sea lo de ‘Mexico siempre fiel’.”

“Pos yo le digo ‘Mexico siempre guey’.”

“Hay mas trasfondo, mein fuhrer. Mire usted, ¿se acuerda del escandalo las narcolimosnas? Tan solo fue una indicación de lo que está ocurriendo.”

“¿Que insinua?”

“Ach, mein fuhrer, imaginese una organización a la que el gobierno nunca va a auditar, que no paga impuestos, que tiene sus propios bancos. ¿No le parece que es un vehiculo excelente para lavar dinero?”

“Ah caray, pos si.”

“¡Jawohl! Imaginese que Perberto recibe 100 millones de dolares de disque limosnas, se queda con 5, “paga” los otros 95 en obras de reconstrucción de una iglesia, una constructora ‘patito’ recibe el dinero, paga el minimo impuesto pues el gobierno les dá creditos fiscales, etc. El caso es que al final hay 90 millones de dolares limpiecitos y ni quien sepa mas.”

“Entiendo. Es un chingo de lana la que extraen esos cabrones. ¡Y toda es libre de impuestos! Vamos, ni Slim o los del CCE la tienen ansina de facil. Esos disque pagan uno o dos por ciento pa’ taparle el ojo al macho.”

“En efecto, la iglesia mexicana es basicamente la que mantiene al vaticano. Si Perberto no tuviera que mocharse con Roma pronto estaria adelante de Slim en la lista de Forbes.”

“¿Y que me aconseja que haga?”

Don Chalmar se rasco la cabeza unos momentos. “¿Mein fuhrer, sabe usted hablar frances con acento caribeño?”
Saqué al cabrón a patadas. Ya me andaba preocupando en serio. Si los curas mexicanos lavan dinero a esa escala y tienen al vaticano por los tompiates pos son muy fuertes los cabrones.

Mi unica arma contra Perberto era que tenia todos los expedientes que me habian dado para defenderlo en Los Angeles. Tenia la coleccion de fotos de chamacos encuerados que Maciel le habia mandado. Estaban todas pegosteosas entonces conclui que tenian el ADN de Perberto cuando se masturbaba viendolas. Pero si Perbeto me hacia grilla con el Gran Shaitan y este me exiliaba a Haiti seguro se presentarian unos pefepos vestidos de guardia suizo y me incautaban todos mis libros. Tenia que pensar en algo. Conclui que necesitaba, literalmente, un abogado del diablo si el Tribunal del Santo Oficio me convocaba a Roma.

“Doña Cholita, tenemos al Johnny Cochran aqui?”

El tal Johnny Cochran era el negro con el que trabaje para sacar a O.J. Simpson del bote. Sé que se murio hace poquito y chance me lo hayan mandado aqui pues siempre se iba a emborrachar a Tijuana.

Doña Cholita checó los archivos. “No, licenciado, está en el infierno gringo.”

Puta madre, hacer la extradición me iba a llevar tiempo. Ademas de que el Gran Shaitan era el que vigilaba muy de cerca ese lugar. Ahi están sus favoritos.

Fue evidente que Perberto se fue a chillarle al Gran Shaitan nomas acabó de hablar conmigo.

“Licenciado, el Cardenal Julius Streicher en la linea 3.”

Julius Streicher era de esos furibundos nazis antisemitas que Ratzinger habia resuscitado y le habia dado hueso en la curia. Aparte de ser todo un hijoeputa era un pederasta tan asqueroso que hasta los nazis no querian saber nada de él. De ahi que seguro Perberto lo llamó pues cojean de la misma pata.

“¡Herr Satanas!” me escupio el tal Streicher, “el fuhrer quiere que se apersone en Roma de inmediato. Considerese usted bajo arresto. Yo sere el fiscal.”

“¿Tendre defensor?”

“¡Jawohl! ¡Traigase a quien usted quiera! ¡No va a importar! [click]”

II. La Tremenda Corte

donde se confunde al lic. Satanas con Tres Patines

¡Puta madre! De inmediato me fui a ver a Doña Cholita y le entregué un papel con un nombre.

“¿Tenemos a este fulano aqui?”

“Si licenciado. Está entre los presos politicos porque fue excomulgado.”

Los presos politicos no los sometemos a suplicio, a menos que tengan otras faltas que pagar. El fulano en cuestion habia sido mujeriego, cosa que en un cura no era la gran cosa, y compartia una celda con el otro cura revoltoso.

“OK, saquenlo, vistanlo, y que se prepare a ir conmigo a Roma.”

Luego me fui a ver a don Plutarco.

“¡Licenciado! ¡Que gusto verlo! Me pusieron el aire acondicionado. ¡Muchas gracias!” me dijo Plutarco Elias Calles al recibirme en su “suite”.

“Pos que bueno. Esos cabrones de mantenimiento tiene uno que andar correteando para que hagan las cosas. Oiga, general, ¿me presta a don Tomas?”

“¿Pa que soy bueno?” preguntó Tomas Garrido Canabal un incondicional de Calles que es parte del sequito que el turco mantiene en sus habitaciones.

Les expliqué rapidamente la bronca en que andaba. “Entendere si usted se me raja don Tomas. Está cabrón ponerse con estos cabrestos.”

“¡Puta madre! ¡Si me he ejtado aburriendo los ultimoj sesenta años!” contestó Canabal sonriendo. En vida habia sido gobernador de Tabasco y era notorio su anticlericalismo. Entre las medidas que tomó estuvieron el casar a los curas de Tabasco y expulsar a los ministros de culto extranjeros. Mando un chingo de curas gachupines de regreso a Butrafago de las Alpargatas y otro tanto de gringos charlatanes de regreso a Tejas.

“Pos vayase entonces con el licenciado don Tomas,” le dijo Calles.

“Nomas, licenciado, que pos yo no sabria hacerla al abogado defensor,” confesó Canabal. “Digo, no sé de leyej. En mij tiempos fusilabamos y luego viriguabamos.”

“No se preocupe de eso, don Tomas. Yo le dire que chingaos papeles y amparos presentar. Lo que necesito es un cabron bragado que no se arrugue con los curas.”

Para acabar le deje un CD a don Plutarco. “Ya sabe, don Plutarco, si no regreso en tres dias, se lo manda a los blogueros.”

“Pierda usted cuidado licenciado,” dijo Calles. “Con la conección de alta velocidad que nos puso he estado surfeando de lo lindo.”

Decidi presentarme en Roma vestido a la usanza del siglo XVI, moda a la que soy parcial. Parecia yo anuncio del chocolate Carlos V. Don Tomas se vino con su guayabera y sombrero tejano al estilo de los politicos mexicanos de sus tiempos. Le presenté al otro miembro de mi defensa. Este estaba vestido a la usanza de principios del siglo XIX.

“¡Ah caray! ¡Señor cura!” dijo don Tomas quitandose el sombrero y besandole la mano al fulano.

“Gracias hijo, pero no es para tanto. Licenciado, estoy a sus ordenes,” me dijo el cura Miguel Hidalgo.

Llegamos de inmediato al vaticano. La guardia suiza todavia me hizo honores al entrar. Aunque esté en condición de arrestado todavia soy tribuno de la legio XIII del averno y me tienen que respetar los cabrones.

El juicio iba a tomar lugar en la capilla sixtina. El camerlengo o sea el cabrón a cargo del ceremonial es Otto Skorzeny, un ex-oficial de la SS que Ratzinger resuscito. Traia el uniforme de cuero negro que les diseño Hugo Boss y portaba botas federicas. Definitivamente estabamos entre puros nazis.

“Herr Satanas, usted y sus abogados se sientan aqui a la izquierda,” nos indicó Skorzeny.

Yo sabia como manipular a este cabrón, con la adulación. Uno nunca sabe donde hay que buscar aliados. “Gracias Herr Obersturmfuhrer. Para usted andar aqui en Italia le ha de recordar viejos tiempos, ¿verdad? Es usted una leyenda en esta tierra.”

Skorzeny se rio. “¡Jah! Se refiere usted a cuando rescaté a Mussolini y se lo lleve al fuhrer. ¡Ah como me divertia entonces! Si necesitan algo, mein prinz, nada mas digame.”

Minutos despues enmedio de unos monaguillos a mi manera de ver demasiado “bonitos” y entre una nube de incienzo entro Streicher seguido de Perberto, Serrano Limon, y Manuel Te-empino. Perberto se estaba dando sus baños de pureza y venia con la mirada hacia abajo muy humildemente y sus manos juntas como orando. Serrano Limon y Te-empino me vieron con un odio que no podian disimular.

“¿Esos son los fachos?” pregunto don Tomas.

“En efecto. Caballeros, vean ustedes a la flor y nata de la iglesia catolica mexicana del siglo XXI.”

“¡Hostia!” exclamó don Miguel, que despues de todo era un criollo. “De plano han degenerado bastante. Parecen los bandidos de Rio Frio.”

“Si,” contestó Canabal. “Si no dejan baba como los caracoles es porque se la aguantan. Y esos chavitos como que caminan medio raro.”

“Mein Herren,” explicó Skorzeny a los contendientes, “el ceremonial es muy sencillo. Al entrar el Gran Shaitan todos nos ponemos de pie. El cardenal Streicher presentara sus acusaciones y sus testigos. Usted, licenciado, podra despues presentar su defensa y testigos.”

“¿Es sin jurado entonces?” preguntó Te-empino.

“¡Jah! Aqui no hay gringadas. El Gran Shaitan decidira.”

De pronto se hizo una penumbra. El organo de la capilla empezó a tocar las estrofas del Deutschland Uber Alles. Entre una escolta de suizos entró el Gran Shaitan, apersonado como el papa Ratzinger.

“¡Achtung!” rugió Skorzeny haciendo tronar sus botas federicas. “¡En pie! ¡Raus! El Fuhrerdasromankatolischekirche! Heil Ratzinger! ¡El tremendo juez de la tremenda corte va a resolver un treeeemeeeendo caso!”

El Gran Shaitan estaba vestido con toda las regalias de un supremo pontifice. Nos vio con una sonrisa socarrona y procedio a sentarse en una silla magnifica que seguramente habia sido diseñada por algun genio renacentista.

“Y bien, ¿a quien tenemos hoy aqui, Skorzeny? No me diga que es el Tres Patines otra vez.”

“Nein, Su Santidad. Es el proceso contra el licenciado Satanas. Aqui está la lista de testigos que presentaran ambas partes.”

“¿Quien es el fiscal?”

“¡Yo mein fuhrer!” dijo Streicher parandose y dando el saludo nazi.

“¿Y por la defensa?”

“Tomas Garrido Canabal, Su Santidad.”

“Ah, don Tomas, usted me recibio una vez en Villahermosa y nos comimos unas piguas.”

“Temo que no recuerdo, Su Santidad,” contestó Garrido Canabal. El hombre estabá bastante palido y sudaba y no es para mas. Ratzinger se habia quitado su sombrero de papa y portaba unos cuernotes como el Hell Boy. Si un cabrón con cuernotes ansina andaba por Villahermosa y no era carnaval entonces seguro que Canabal se acordaria.

El Gran Shaitan se rio. “No lo culpo pos estaba yo apersonado como uno de sus camisas rojas. ¡Pero ah que sabrosas estaban las piguas! Ustedes si de plano tienen un eden alla. Eso si, el caloron, ¡ja ja! ¡estaba del demonio!”

“Buen comienzo,” me murmuró don Miguel.

“No se confie,” le contesté. “Usted no conoce a este cabrón como yo lo conozco. Por lo menos parece que anda de buenas. Ha de haber habido matanza en Irak.”

“Bien, Streicher, presente usted su acusación,” ordenó el Gran Shaitan.

“¡Jawohl mein fuhrer!” contestó Streicher. Te-empino le murmuró algo al oido.

“La fiscalia quiere presentar la moción que se inahibilite al cura Miguel Hidalgo como testigo,” continuó Streicher.

“¿Y en razón de que hacen esa moción?” pregunto el Gran Shaitan.

“El cura Miguel Hidalgo fue excomulgado por la iglesia catolica mexicana.”

“¿Y esa excomunión sigue en pie?”

Perberto le murmuró al oido a Streicher. “En efecto, asi es, mein fuhrer. La iglesia mexicana nunca ha derogado la excomunión.”

“¡Orale don Tomas!” le dije a Canabal.

“¡Su Santidad! Con la venia de la corte…”

“Adelante,” dijo el Gran Shaitan.

“El Cardenal Streicher no puso condiciones para los testigos.”

“¿Es asi Streicher?” preguntó el Gran Shaitan.

Streicher tuvo que admitirlo. “En efecto, mein fuhrer, pero la calidad moral del cura Hidalgo como un excomulgado indica que no es un testigo confiable. Especialmente si este juicio involucra el honor de la santa madre iglesia catolica mexicana.”

“¡Puta madre!” exclamé en voz alta.

“Le aconsejo que guarde silencio, Tres Patines,” me advirtio el Gran Shaitan.

“Disculpe usted, Su Santidad, no me pude aguantar.”

“Pongale cien pesos de multa a Tres Patines, Skorzeny,” ordenó el Gran Shaitan. Skorzeny no se atrevio a corregirle que no era Tres Patines sino su servidor el que estaba siendo enjuiciado.

“El caso es que no se acepta su moción, Streicher. Si fue usted tan pendejo de no poner condiciones previas a los testigos no ande chillando despues. ¿Y concretamente, de que se acusa a Tres Patines? ¿Se robó una guagua? ¿La que está con usted es Nananina? ¿Es la perjudicada?”

“Mein fuhrer, permitame aclarar que esta no es Nananina. Mas bien este es el Cardenal Perberto Rivera. Y la acusación es contra el Licenciado Satanas, no contra Tres Patines. Mein fuhrer, el licenciado Satanas anda diciendo que la guadalupana es una india que fue violada por las tropas de Cortez. Se le acusa entonces de perjudicar los intereses de la santa madre iglesia catolica mexicana. Pedimos que todo el peso de la ley caiga sobre él.”

Yo me puse a reir. “¿Porque se rie licenciado?” me murmuró don Tomas.

“Veras, Streicher la está en verdad cagando,” les explique. “El Gran Shaitan no le gusta admitir que se está poniendo viejo. Si me llama Tres Patines es porque ya está tan ciego que cree que lo soy. Ademas de que tambien tiene oido de artillero y para mi que ya tiene lagunas mentales.”

En efecto el Gran Shaitan se veia enojado.

“¡Skorzeny!”

“¡Zu befehl, mein fuhrer!”

“¿Porque chingaos tienen esta sala tan a obscuras? ¡Puta madre!”

De inmediato los suizos empezaron a alumbrar mas veladoras. Luego el Gran Shaitan saco unos lentes de los que llamamos en México “de culo de botella” y sacó tambien un aparatito que traia conectado a un oido.

“Van a tener que hablarme mas alto cabrones,” dijo el Gran Shaitan. “Se me metio agua al oido cuando me bañe hoy. Ah caray, si el acusado en efecto no es Tres Patines. Es el licenciado Satanas. ¿Pos que chingaos hizo ahora?”

“Pues ya vé jefe…”

El Gran Shaitan miro a la sala como retandonos a que dijeramos algo acerca de sus lentes o sordera. Nadie fue tan pendejo de decir nada.

“Bien, Streicher, ¿decia usted?”

“Mein fuhrer, el licenciado Satanas ataca uno de los simbolos patrios mexicanos, aparte de que está dañando los intereses de la iglesia catolica mexicana. El Cardenal Perberto Rivera, uno de sus mas fieles siervos, presenta esta querella y reclama justicia.”

El maldito aparatito como que no le funcionaba bien al Gran Shaitan pues le dio varias veces de golpes. “¡Carajos! A ver, Skorzeny, mandeme traer unas baterias nuevas. ¡Se declara un receso de 15 minutos!”

Mientras iban por las baterias, le hize una seña a Skorzeny. “Oiga, mi Obersturmfuhrer, ¿ya le avisaron a mi testigo?”

Skorzeny habló por su walkie talkie. “Viene en camino, licenciado. Ya la soltaron del purgatorio.”

“¿Tiene otro testigo?” preguntaron Hidalgo y Canabal.

“Si, pero la bronca fue sacarla del purgatorio. Tecnicamente su causa está detenida por cuestiones tecnicas. Ya tiene 500 años ahi. En fin, ya viene en camino y la conoceran.”

El Gran Shaitan reanudo la sesión. “¿Y a todo esto que tiene que decir la defensa?”

“Su Santidad,” dijo Garrido Canabal al pararse. “Nosotros consideramos que la querella contra el licenciado Satanas es notoriamente improcedente.”

“¿En verdad?” dijo sonriendo el Gran Shaitan. Era evidente que el grandisimo cabrón estaba disfrutando el borlote.

Garrido Canabal se paró muy derechito. “Si pudiera hablar sin pelos en la lengua, Su Santidad…”

“¡Por favor!”

“Pues vera, Su Santidad, bajo el principio de que no se vale echar la suerte entre gitanos, ¿pos que bronca se traen estos curas defendiendo a la guadalupana? Despues de todo el mismo abad de la basilica, monseñor Schulemburg, declaró en 1996 que toda la historia de la guadalupana habia sido un invento de los españoles. Asi pues, hago la moción que se declare la nulidad abstracta en este caso y no se proceda con el juicio.”

De inmediato Perberto le dijo algo a Streicher.

“¡Mein fuhrer! La guadalupana no está a juicio aqui. Ademas, el licenciado Satanas al mofarse de ella llamandola una india violadada afecta los intereses de la santisima iglesia catolica mexicana. Esta, debo recordarle a la corte, es ‘siempre fiel’ y lo ha demonstrado en contante. Aqui tengo los libros de los recibos de las transferencias monetarias que la iglesia mexicana ha mandado al vaticano a partir de que su antecesor, John Paul Ringo George II, hizo varias visitas para desplumarla. Supera aun a lo que le entra al Vaticano de los gringos.”

Streicher le entregó los recibos al Gran Shaitan. Este los examino rapidamente. Eran un chingo y tenian bastante ceros. “Ante tal evidencia documentaria me temo que debo aprobar que el juicio continue. La moción de la defensa no procede.”

“Lo siento, licenciado,” me dijo en voz bajita Garrido Canabal.

“No se preocupen. Ya me lo figuraba. Una pluma a nuestro gallo, ¡animo!”

III El Testimonio de Serrano Limon

donde al señor de las tangas se le pregunta por los condones con bolitas

Streicher llamo a su primer testigo, Serrano Limón.

“¡Dé su nombre!” le ordenó Skorzeny.

“Jorge Serrano Limón.”

“¿Jura lo necesario?” preguntó Skorzeny ofreciendole una copia de “Derrota Mundial”.

Serrano Limón puso la mano sobre el libro. “Lo juro.”

“El licenciado Serrano Limón,” explicó Streicher, “está aqui en calidad de jefe de la organización Pro-Tangas.”

“¿Pro-Tangas?” preguntó el Gran Shaitan. “¿Que es eso?”

“Mein fuhrer,” contestó Serrano Limón dandole el saludo nazi con bastante gusto, “la organización Pro-Tangas representa a lo mas combativo del catolicismo mexicano. Buscamos evitar la despenalización del aborto y el degenere.”

“¿Y como planean hacer eso?” le preguntó Streicher.

“Hemos llegado a la conclusión de que el degenere empieza cuando se bajan las tangas. Y luego siguen los abortos. De ahi que queremos popularizar el uso de tangas con cinturones de castidad entre la gente bien. No sea que por andar leyendo Aura una chamaca vaya a bajarse la tanga y le vaya a dar vuelo a la hilacha.”

El Gran Shaitan todavia no entendia cual era la bronca. “¿Y que se traen con la guadalupana entonces?”

“La virgen de Guadalupe es nuestro estandarte. Representa, si, una mujer encinta. ¡Ella no aborto! Ella es el ejemplo que enarbolamos. Asi pues, cuando el licenciado Satanas ataca a la virgen desvirtua nuestra causa. Si la gente le falta el respeto a la guadalupana lo mas seguro que las tangas se caigan despues. ¡Y luego los jotos se van a querer casar! No, no podemos permitir mas degenere ni que ese chamuco se burle de la guadalupana.”

“¿Que quiere usted implicar por mas degenere?” preguntó el Gran Shaitan. “Digo, la gente va a cojer de todas maneras.”

“No nos oponemos a que cojan,” explico Serrano Limón. “Lo que buscamos es que lo hagan dentro de la iglesia catolica.”

El Gran Shaitan se sonrio socarronamente. “¿Que cojan en los templos?”

“¡Ciertamente no! Quiero decir que cojan, si, pero cumpliendo con todos los sacramentos de la religión catolica. Que se casen primero y practiquen el metodo del ritmo y no anden usando condones o pastillas para controlar la natalidad. Nosotros consideramos que el condon es malefico e inefectivo. Ansina lo declaró el señor secretario de salubridad de Jelipe, el doctor José Angel Córdova.”

“¡Pos se van a llenar de chamacos!” se rio el Gran Shaitan.

“¡Y continuara entonces vigorosa la iglesia catolica mexicana con miles de nuevos fieles!” replicó Streicher.

“Bien,” preguntó el juez, “pero si estan en defensa del matrimonio ¿entonces que bronca tienen si se casan los jotitos?”

“¡Mein fuhrer! Nosotros consideramos que el matrimonio solo es para procrear chamacos. Nadie se casa por placer. De ahi que no queremos que se casen los jotos o las manfloras.”

“Bueno, en eso tienen razon,” admitio el Gran Shaitan. “No he conocido todavia a alguien que se haya matrimoneado y siga gozando del sexo. ¿Quiere la defensa interrogar a este testigo?”

“Si, Su Santidad,” dijo Garrido Canabal. “Solo tengo una pregunta.”

“Hagala.”

“Licenciado Serrano Limón, los condones, ¿son todos maleficos? Digo, hay con bolitas, de sabores, otros brillan en la obscuridad, y ahora sacaron uno que toca el himno a la alegria de Beethoven. ¿Todos son maleficos o nada mas son maleficos los comunes y corrientes?”

Serrano Limón se puso rojo de coraje. “La posición de Pro-Tanga…”

“¿Tambien hay posicionej maleficaj?” preguntó Garrido Canabal. “¿De ladito ej mejor que engusanadoj? ¿Ustedej permiten el 69? ¿El camello? ¿La quebradora?”

“Esa ultima es de lucha libre,” le aclaró a Garrido Canabal el Gran Shaitan.

“Ay, Su Santidad, en mij tiempoj habia una japonesa en un lupanar de Macujpana que era ejperta en la quebradora.”

Al oir el acento de Garrido Canabal se le pararon las orejitas a Serrano Limón. “¡Mein fuhrer! ¡Este hombre es…es…un tabasqueño!” gritó Serrano Limón todo indignado.

“Tengo entendido que si lo es,” contestó el Gran Shaitan. “¿Que con ello?”

“¡Esa gentuza no le tienen respeto a la iglesia o a las instituciones! Es mas, ¡las mandan al diablo!”

“¿Y eso se le hace malo?” preguntó el Gran Shaitan. Los cuernos le habian crecido y los ojos le brillaban. Yo me andaba cagando de la risa.

“Don Jorge está muy alterado, mein fuhrer,” dijo Streicher entrandole al quite. En efecto, Serrano Limón echaba espuma por la boca. “Yo creo que no se le deben de malinterpretar sus palabras dado el estado animico en que se encuentra.”

“¡Di que la cagó y que quieres que se caye!” grite.

“¡Skorzeny! ¡Pongale otros cien pesos de multa a Tres Patines para que no ande de bocon!”

“¡Jawohl mein fuhrer!”

IV Otro Testimonio Facho

Te-empino no vá a la villa porque hay mucho indio

“¿Y bien, que otro testigo tiene Cardenal Streicher?”

“El señor Manuel Te-empino.”

Te-empino hizo el juramento de rigor, esta vez poniendo la mano sobre una copia del Mein Kampf.

“¿Cual es su opinión de la guadalupana?” le preguntó Streicher.

“Le tengo un profundo respeto. Representa nuestras tradiciones. Los cristeros la invocaban al entrar en batalla. Todos los mexicanos somos descendientes de los cristeros.”

Garrido Canabal empezó a toser convulsivamente tratando de no reirse. “¡Perdon Su Santidad!”

Te-empino nos vio con un odio no disimulado. “Venerar a la guadalupana implica venerar a las instituciones que han hecho de México lo que es hoy.”

Esta vez yo era el que empeze a toser.

“¡Señores!” nos amonestó el Gran Shaitan, “¡tengan mas respeto!”

Te-empino agarró mas cuerda. “La guadalupana, que si, si mostramos como una mujer encinta, merece nuestro respeto porque representa la maternidad mexicana. Cuando recordamos a la guadalupana recordamos a la madre de todos los mexicanos.” Esta vez hasta el cura Hidalgo trataba de no reirse.

“¡La guadalupana significa el respeto a la vida! Ella, sumisa, acepta ser el receptaculo donde Dios deposita su semilla. No aborta al fruto de su vientre. Con todo gusto lo lleva a termino y luego, entre pujidos y mentadas, ¡lo pare! De ahi que la falta de respeto que ha hecho el licenciado Satanas injuria a los mexicanos guadalupanos. Y estos son la mayoria. Y si, son estos los mexicanos que, gustosos, contribuyen a la manutención de la santa iglesia catolica.”

“Ya salio la lana a relucir,” le murmure a Canabal.

“¿La defensa tiene preguntas para el señor Te-empino?”

Canabal se paró. “Si, varias. Sr. Te-empino, usted visita con frecuencia España, ¿no es asi?”

“A mucha honra, soy descendiente de españoles. Me gusta ir a orar al santuario de Santiago Compostela.”

“¿A la villa no?”

“Hay mucha…aglomeración…no.”

“¿Señor Te-empino, si acepta usted que la virgen en cuestion es una india?”

“Si. Eso es evidente.”

“Y afirma que representa a la madre de todos los mexicanos. Usted nos la recordó como tal.”

“Si, pero no queria recordarsela ¡ja ja! en ese sentido.”

“¿De todos los mexicanos?”

“Si.”

“¿Y sobretodo de los indios?”

“Especialmente de la indiada, si,” contestó Te-empino con cierto dejo de desprecio.

Canabal hizo proyectar una fotografia. Era de las del Casasola. Mostraba a un soldado federal sentado junto a su soldadera. Ambos eran definitivamente indios.

“Este es un soldado de leva tipico del ejercito mexicano. Este es uno de los pelones que andaban persiguiendo cristeros por Jalisco y Guanajuato. Como vé usted está bastante aindiado. ¿La guadalupana representa la madre de este infeliz pelón tambien?”

“Tal vez. ¡No sé! Probablemente cuando los cristeros le estaban disparando se puso tambien a rezar. El miedo no anda en burros.”

“Bien, usted admitio que la señora era una indigena.” Garrido Canabal proyectó la imagen de la guadalupana. “¿En que se basa para afirmar tal cosa?”

“El color de la piel. Es evidente. Ademas tiene la cara ancha. Si, es una indigena.”

Garrido Canabal cambio la diapositiva. “¿Dice usted entonces que la guadalupana es cara ancha y prieta como este?” Aparecio la imagen de Juarez. Perberto chilló como marrano y se tapó la cara.

“¡Naco! ¡Fuchila!” dijo sotto voce Serrano Limón.

Garrido Canabal proyectó la imagen “oficial” de San Juan Diego a continuación. “¿Aindiado como este fulano? Digo, mirenlo. Tiene la barba cerrada y el pelo rizadito. Para mi mas bien parece gachupin.”

“No veo adonde intenta llegar con esta linea de interrogación,” comentó el Gran Shaitan. “Creo que nadie duda que la señora era una indigena y que el tal Juan Diego es un vikingo.”

“Tan solo queria resaltar que la veneración de la virgen nunca ha sido monolitica. El soldado de leva que mostre seguro que soltaria un plomazo al primer cristero que gritara viva la virgen de Guadalupe. La afirmación de que todo México es lupitano –o como dice el señor Te-empino, guadalupano—es tan falsa como su afirmación que todos somos descendientes de cristeros o la indianidad del Juan Diego que ofrecen. Entonces, cuestionar a la virgen o a su ‘leyenda’ no es una ofensa para todos los mexicanos. Ciertamente no lo fue para monseñor Schulemburg que la llamo ‘espuria’.”

“¡Pero insistimos que si es ofensa para la mayoria!” contratacó Streicher. “¡La virgencita es tan respetada como la selección nacional y el IFE! ¡Los mexicanos bien nacidos respetan todas estas instituciones! ¿Tiene alguna otra pregunta o ya va a parar de hacerse pendejo?”

Garrido Canabal no se amoscó. “Solo una ultima, ¿como agrede a la iglesia catolica el licenciado al llamar a la virgen ‘una india violada que no tuvo el derecho a abortar’?”

“Eso debe serle evidente aun a usted,” dijo Streicher. “Sus palabras ofenden a los creyentes.”

“Pero, aclareme, ¿ha causado esto que bajen las recaudaciones de las limosnas?”

“Si, eso es lo importante,” dijo el Gran Shaitan. “¿Que ha pasado con la feria?”

“Por el momento no, mein fuhrer,” admitió Streicher. “No sabemos a la larga.”

“O sea no han probado un daño, Su Santidad,” sostuvó Garrido Canabal. “No hay delito que perseguir si no hay daño.”

“Hay daño en potencia,” protestó Streicher. “Ya una encuesta demostró que al 80% de los mexicanos les valdria madre ser excomulgados.”

“¡Adonde vamos a llegar si ya no le tienen miedo a la iglesia!” gimio Perberto dandose golpes de pecho.

“Skorzeny, pongale cien pesos de multa a Nananina por andar hablando sin mi permiso.”

“¡Jawohl mein fuhrer!”

“¿Daño en potencia? ¡Eso no tiene validez juridica!” protestó Garrido Canabal.

Perberto se habia puesto a chillar como una magdalena. El Gran Shaitan lo veia con desprecio.

“La defensa tiene razón,” dijo el Gran Shaitan. “No hay tal cosa como daño en potencia. O bajó la recaudación o sigue igual o se va incrementando. ¿Tiene mas testigos?”

Streicher vio la condición en que estaba Perberto y sacudio su cabeza. “No, mein fuhrer.”

“¡Bien!” dijo el Gran Shaitan. “¡Skorzeny! ¡Otros cien pesos de multa a Nananina por andar haciendo desfiguros en mi corte! Tendremos un receso para el lonche. Aqui los espero en una hora.”

Nos pasaron a dos cuartos separados, cada un con un excelente bufet y mozos de librea para servirnos las viandas. Yo aproveché para hablar con Skorzeny.

“¿Tiene noticias de mi testigo?”

“Ya viene por el lago Avernus aqui cerquita de Roma. No tarda en llegar. Depende del trafico.”

“¿Le pasó el nombre al Gran Shaitan?”

“Si, Herr Satanas, pero ya vé como es de distraido.”

V Los Sucesos de Atotonilco

donde se describe a la Kali mexicana


El juicio se reanudo. El cura Hidalgo juró sobre los evangelios.

“Diganos, señor cura, ¿cual era la situación de su gente al llegar a Atotonilco?” preguntó Garrido Canabal.

“Mucha gente nos habia abandonado desde la noche esa de Dolores. Ya hasta los periodicos del virrey andaban proclamando que ya me iba quedando solo, que estaba loco, que con mi rebelión solo perjudicaba la causa de la independencia, etc.”

“¿Y que pasó al llegar a Atotonilco?”

“De inmediato tomamos la iglesia y tocamos las campanas para que el pueblo se presentara. Como siempre, llene el zocalo de la plaza. Pero eso no significaba nada. Para la gente, si un cura los llamaba pos tenian que ir, a huevo. La gente no estaba entusiasmada. Pero luego tuve una inspiración. Habia visto la imagen de la guadalupana dentro de la iglesia. La saqué y la enarbolé en alto gritando lo de ‘viva la virgen de Guadalupe y muera el mal gobierno’.”

“¿Y que pasó?”

“¡Fue una reacción en cadena! La gente se enardecio. Empezaron a hacer barricadas a la entrada del pueblo ‘para que no entraran los españoles’. Le mentaban la madre al virrey, a España, al rey.

La noticia se esparcio. Todo ese dia estuvo bajando gente, indios, de las sierras aledañas. Traian solo machetes o palos pero era evidente que estaban muy belicosos. Habian oido que habia proclamado el levantamiento en nombre de la guadalupana y se presentaban a seguirla. Nunca habia visto tal reacción.”

“¿Que sintio entonces?”

“¿Yo? Pues francamente miedo. No estuve a la altura. La historia asi lo atestigua. Mire usted, mi miedo era explicable. Yo era un criollo, un clasista, mi pasatiempo favorito era leer libros franceses prohibidos. De guerra sabia lo que habia leido en Tucidides o Cesar. ¡Imaginese como reaccione! Vera, no era a la virgen de Guadalupe a la que los serranos le echaban porras y vivas. No, esta gente, que en su mayoria no hablaban español, le hacian alabanzas a la Tonantzin. Si, para ellos la virgen morena no era la madre de Cristo ni que ocho cuartos. Era la Tonantzin, la diosa india que con anterioridad se veneraba en el Tepeyac. Y su culto requeria el sacrificio de sangre. Sangre, si, ya sea de una gallina o habia quienes se abrian las carnes para ofrecersela a la imagen.”

“¿La Tonantzin? ¿Y donde quedo lo de la dulce madre de los mexicanos de la que nos habla el señor Te-empino?”

“Pues esa deidad a la que seguian esa gente ciertamente no lo era. No, en esa india no habia nada de ternura o dulzura. Era la indomita reina Budica o la implacable Diana cazadora y sus galgos o tal vez la fanatica doncella de Orleans. Era una diosa de batalla, de guerra, de sangre. En ella no habia sumision o que se yo.

Y si habia sido violada, pues peor para los que lo hicieron, pues ahora buscaba venganza y les iba a hacer maldecir la hora en que los parieron. Y asi lo sentia toda esa gente. Era la hora de la venganza por los agravios de trescientos años, por la religion impuesta a base de sangre y fuego, por los latigazos de los encomenderos, por la avaricia de los ladinos.

Yo no conozco a la señora de la que habla el señor Te-empino. Solo les puedo decir que ojala que no se les manifieste la India que yo conoci, la de las tetas con armadura y un peto en el vientre y un mazo chorreando sangre y sesos españoles. Vamos, caballeros, mi guadalupana era la Kali mexicana.”

“¿Y como reacciono el gobierno del virrey?”

“Ahi está el detalle. Vera usted, los criollos y españoles siempre habiamos sido una minoria. Cuando entrabamos en batalla, ¿que veiamos en las tropas virreinales? Ciertamente ningun rubio ojo pardo. No, caballeros, las tropas virreinales eran puros indios de leva, mexicanos, vamos. ¿Y el gobierno les pedia que se hicieran matar al grito de ‘viva España’? ¿Y que veian de nuestro lado? ¡El estandarte con la misma imagen de la guadalupana que habia en su jacal! No, el gobierno virreinal tenia un problemota con la imagen de la guadalupana. Y la india era nuestra, era insurgente, lo que ahora llaman renegada. ¿Que hicieron? ¡Pues sacaron a pasear a la virgen de los Remedios y fusilaron a la guadalupana!”

“¿Que dice usted? ¿Quien diablos –perdon Su Santidad—es la virgen de los Remedios?”

“La virgen de los Remedios es la virgen a la que se acogio Cortez durante la batalla de Otumba. Es guerita y ojiazul. Y Cortez lo hizo con tan buena suerte que una bala de arcabuz mató al general de los mexicas. Estos, al ver caer a su lider entraron en panico y se dispersaron. La culpa, ¡ja ja!, fue del licenciado Satanas.”

“Ah, caray, ¿la derrota de Otumba fue culpa del licenciado Satanas?”

“Si se acuerdan él, apersonado como Pedro de Alvarado, mató a la mayoria de la nobleza guerrera mexica que se habia juntado durante una ceremonia religiosa. No hablo de una nobleza de perfumes y encajes. No, hablo de los lideres marciales, los guerreros. Acaso se salvaron Cuitlahuac y su sobrino, Cuauhtemoc, de la matanza.

Y aun los sobrevivientes de esa nobleza marcial ya estaban muy debilitados y diezmados por las enfermedades que trajeron los europeos. Despues de todo, ellos eran los que mas contacto habian tenido con ellos. El mismo Cuitlahuac sucumbio a la viruela.

Pero como resultado de la matanza Pedro de Alvarado tuvo que refugiarse en el palacio de Axayacatl hasta el regreso de Cortez de Veracruz. De ahi vino la retirada a traves de la calzada, el salto del licenciado, y finalmente el llanto del extremeño en la Noche Triste.

Pero en Otumba los ejercitos mexicas se dispersaron al caer su general y no contar con esos lideres. Fue Pedro de Alvarado el que ganó en Otumba.”

Me arrugué de hombros. Polvos eran de antiguos lodos. De plano si era yo todo un cabrón de joven.

“¿Y que con el fusilamiento?”

“Tan desesperado estaba el virrey que mando fusilar la imagen de la guadalupana. El acto tomó lugar en la plaza del zocalo en la Ciudad de México, enfrente de la catedral, a plena luz del dia, enfrente de la plebe.”

“¿Los españoles fusilaron la imagen de la guadalupana?”

“Si. Para demonstrar que no tenia nada de magica.”

“¿Y la iglesia catolica mexicana no dijo nada? ¿No excomulgó a los que lo hicieron?”

“Nada. Es mas, el arzobispo de entonces bendijo al peloton de fusilamiento y sus armas. Claro, no fue el ayate de Juan Diego al que le tiraron. No se atrevieron a tanto. Usaron un facsimile.

Pero, saben, no pudieron encontrar ningun soldado del virrey que, siendo nacido mexicano, se atreviera a hacerlo. Todos se negaron aun a pesar de que los amenazaron con corte marcial. Tuvieron que usar unos muchachos recien llegados de un regimiento de Asturias, uno de los pocos cuerpos peninsulares que se presentó en México durante la rebellion.

Y aun a ellos, buenos catolicos, les tembló el pulso. ¡Ninguna bala dio en el blanco a la primera descarga! Los murmullos de la plebe iban en crescendo. Ahi mismo podia caer el gobierno virreinal si la plebe se sublevaba. Rapidamente, con mentadas de madre y juramentos les ordenaron a los asturianos volver a cargar sus fusiles y disparar. Solo entonces se vio a la imagen caer en pedazos.

Y al caer la imagen, se oyeron gritos aislados de ‘Viva España’ desde el palacio virreinal. La plaza, sin embargo, guardo un silencio sepulcral. Nadie respondio. El arzobispo ordenó que las campanas de la catedral tocaran en son de triunfo.

Trescientos años antes habia rodado cuesta abajo desde lo alto del templo mayor el idolo de Huichilobos para demonstrar que Cristo era mas poderoso. Ahora los españoles habian vuelto a hacer la misma ceremonia, esta vez con la Tonantzin, para demonstrar la supremacia de la señora de los Remedios.

¿Que decian los romanos? ¡Que entre mas cambian las cosas mas igual se quedan!”

“Entonces, ¿como explica la manera en que la iglesia catolica mexicana ahora defiende a la guadalupana.”

“Son unos hipocritas, asi de sencillo.”

Streicher se aproximó. “Hablemos de hipocresias. ¿Cuanta gente murio durante su alzamiento?”

“Esa no es hipocresia, es historia,” contestó Hidalgo.

“Bien, ¿cuanta?”

“¿En los diez años de guerra? Yo diria como un millón.”

“De una población tal vez de diez o doce.”

“¡Protesto, Su Santidad!” dijo Garrido Canabal. “La independencia no está siendo enjuiciada aqui. Se acusa a mi cliente de insultar a la guadalupana. Yo creo que es mas serio fusilarla.”

“¡Mein fuhrer!” respondió Streicher.

“Quietos, cabrones. Si tiene alguna pregunta respecto al tema hagala Streicher,” sentenció el Gran Shaitan.

“Bien, señor cura, ¿no le parecio irresponsible utilizar a gente desarmada y poco disciplinada explotando su devoción a la imagen de la guadalupana? ¿No considera eso un insulto tambien a la virgen?”

“Admitó que encontre en la virgen un simbolo muy poderoso.”

“En verdad, lo suficiente para darle nueva vida a su rebelión que ya se andaba desinflando. Despues de todo, ¿cuantos intentos previos habian habido de alzarse?”

“He oido que hubieron muchos.”

“Pero ninguno de estos tuvieron un lider lo suficientemente inescrupuloso para usar la virgen en esa manera.”

“¿Y que tiene que ver esto con las acusaciones contra mi cliente?” preguntó Garrido Canabal.

“Mein fuhrer, yo solo queria ilustrar lo peligroso que es denostar o explotar un simbolo sagrado en la manera como lo hizo el cura Hidalgo.”

“¿O como lo hace Pro-Tangas?” preguntó Garrido Canabal.

“Tal vez, pero Pro-Tangas no está siendo juzgada,” contesto Streicher. “Todo esto ilustra lo peligrosas, repito, que son las palabras del licenciado Satanas. Al llamarla una india violada la convierte en un estandarte para arengar a los enajenados que buscan destruir el orden institucional.”

“Una violación reclama justicia,” dijo Garrido Canabal. “El hacer la violación es de criminales. El no denunciarla es de cobardes.”

“Bien, toda esta discusión es esteril por lo que a mi toca, caballeros,” dijo el Gran Shaitan. “¿Tiene mas preguntas para el cura?”

“No mein fuhrer.”

“Bien, señor Garrido, ¿tiene mas testigos?”

“Estamos a la espera de una.”

“¿Quien?” protestó Streicher.

“Viene en camino. Está en la lista que entregue.”

El Gran Shaitan trato de leer ajustandose los bifocales y sosteniendo el papel a diferentes distancias. “Bien, si hay un nombre. Les doy quince minutos mas nada mas. Se declara un receso.”

En el curso del receso se me acercó Skorzeny. “Herr Satanas, le treigo un recado del Gran Shaitan.”

“Hable usted.”

“Der fuhrer entiende que todas las acusaciones son unas pendejadas. Sin embargo, vá a tener que fallar contra usted. Raison de etat, ¿entiende?”

“Ah, si, hay mucho dinero de por medio. Lo unico que no quiero es que se perjudique a mi abogado o al testigo.”

“El Gran Shaitan no hara tal cosa, naturlicht.”

“Entonces, ¿me va a mandar a Haiti?”

“Es mas serio el asunto. Los curas quieren que se le retire el fuero inmortal.”

No pude evitar temblar un poco.

Skorzeny continuo. “Me dio instrucciones de que le facilite su huida. Estoy a su disposición.”

“Dejeme pensarlo.”

“No lo piense mucho.”

Garrido Canabal notó lo palido que estaba. “¿Que onda licenciado?”

“Me van a retirar el fuero immortal.”
“Ah caray, ¿y eso que significa?” preguntó Hidalgo.

“Veran, ustedes, las almas, tienen fuero inmortal irrevocable. Los angeles como yo podemos tener este cancelado.”

Garrido Canabal me pasó una botellita de cognac. “¿Y que pasa entonces?”

“Yo ya tengo como siete mil años de edad. Si me quitan el fuero me pasa como al Christopher Lee en las peliculas de Dracula. Me vuelvo polvo.”

“¡No la chingue!”

“Skorzeny está dispuesto a facilitarme la huida. Pero, saben, no voy a tomar su oferta. Pinches curas, no les voy a dar el gusto de verme correr. Total, ya vivi lo suficiente.”

“Mejor aqui corrio que aqui murio.”

“Podia haberme desaparecido en Otumba. Pero tampoco ahi me arrugue. Y si Cortez y su gente no lo hcieron fue porque no tenian opción. ¡Si! Siempre hay la posibilidad de un arcabuzazo.”

VI Una mujer desnuda

donde se presenta una fugitiva del purgatorio

En eso se abrieron las puertas de la capilla sixtina y los suizos dejaron pasar a la testigo que esperabamos. Era una mujer, bastante guapita. Y era mas impactante el hecho que estaba completamente desnuda. Sonreia sin preocuparse de su desnudez y se sentó a mi lado. Perberto, al verla, chillo otra vez como marrano y se tapó los ojos. Te-empino, Streicher, y Serrano Limón la veian con la baba cayendoseles.

“¿Esta es su testigo, Herr Satanas?” me preguntó Skorzeny.

“En efecto.”

“Fraulein, permitame,” dijo Skorzeny caballerosamente quitandose el chaleco de cuero y poniendoselo en sus hombros.

“Ay, gracias,” dijo la mujer. Luego se rio. “¡Quinientos años encuerada en el purgatorio ya ni me acordaba de usar ropa!” El chaleco que la medio cubria la hacia ver aun mas desnuda, por alguna razon.

“Pues gracias por venir,” le dije.

“Esto no me lo pierdo por nada.”

Sor Juana Inez juró sobre los evangelios.

“¡Mein fuhrer!” dijo Streicher. “¡Yo protesto por traer a esta mujer aqui!”

“¿En que se basa su protesta Streicher?” preguntó el Gran Shaitan. “Está en la lista de testigos.”

“¿En calidad de que viene ella? Tengo entendido que fue en vida una monja rebelde del siglo XVII.”

“Viene tan solo por su calidad de mujer,” explicó Garrido Canabal. “Digo, Su Santidad, aqui estamos discutiendo sobre el honor de una mujer. ¡Y somos todos hombres! ¿No les parece que una mujer, una religiosa, seria un punto de vista mas adecuado que el de unos hombres?”

“¡Pero esta encuerada!” chilló Perberto. “¡Fuchila!”

“¡Skorzeny! Pongale otros cien pesos de multa a Nananina para que no se ande espantando de unas tetas al aire. La señora acaba de salir del purgatorio. No se puede esperar que tenga ropa. Proceda con su testigo, señor Garrido.”

Sor Juana puso a un lado el chaleco y se sentó comodamente y sin verguenzas en el sillón de los testigos.

“Bien, hermana, digame, aqui está la imagen de la guadalupana. Podria comentarnos sobre la simbologia que se observa a sus pies.”

“Ah si, se refiere usted a los cuernos esos. La gente no sabe exactamente que concluir con ellos. Algunos piensan que es alusion, ¡ja ja!, a los cuernos del diablo.”

“Ah caray,” dijo el Gran Shaitan.

“En realidad hay dos posibilidades mas creibles. Vera, pueden ser los cuernos del toro de Mitra. Significa virilidad y fecundidad. En tal caso la guadalupana es imagen con alusiones paganas.”

“¿Pero por qué, si es una imagen divina, muestra esta imagen pagana entonces?”

“¡Ja! En mis tiempos sabiamos que no era una imagen divina. Sabiamos que habia sido hecha por un artista indigena desconocido. Es obra de la mano del hombre. Inspirada, tal vez, por Dios, lo admito.

Pero esa no es la unica interpretación que introduce simbologia pagana. Los cuernos tambien pueden representar a la luna, la diosa Luna de los romanos. Yo me inclino por esta teoria.”

“¿Por qué?”

“La virgen de Guadalupe es una mujer, aparentemente joven. No se vé enferma. De ahi que no es menopausica.”

“¿Los cuernos de la luna aluden a su menstruación entonces?”

“¡Mein fuhrer! ¡En nombre de la iglesia protestó tal sacrilegio!”

“¿Por qué es un sacrilegio?” preguntó Sor Juana. Se sentó erguida y sus pechos mostraban sus pezones con aureolas bastante amplias. “En varias partes de Europa hay calices con gotas de la leche de la virgen Maria. O por lo menos asi lo aseguran los curas a cargo de ellos. Tantos hay que la señpra aparentemente fue una verdadera vaca lechera. Si dá leche la virgen Maria es de pensar que tambien podria sangrar mensualmente.”

“Interesante teoria,” dijo el Gran Shatian. “Y no, no creo que se refiera a mis cuernos. Estos los tengo bien puestos en mi testa. No procede su protesta Streicher. Continue Sor Juana.”

“Bien, como decia, en mis tiempos sabiamos que era una imagen pintada por un artista indigena cuyo nombre no se recuerda. Sin embargo, estudiosos han aplicado metodos modernos y han descubierto que el ayate no tiene solo una sino tres imagenes. Una tiene hasta una firma pero es illegible. Y respecto a la simbologia pagana, no dudaria que seria una broma del artista.”

“¿Y por qué ese hombre haria eso?”

Sor Juana se rio. “¿Y como sabe usted que la pinto un hombre?”

Garrido Canabal se rio nervioso. “En realidad…ah caray…bueno, es logico.”

“¡Eso es ridiculo!” dijo Streicher. “No fue hecha por un hombre o mujer. Fue hecha por Dios.”

“¿Y por supuesto Dios es hombre?” preguntó Sor Juana. “Caballeros, lo que yo veo en esa imagen es una divinidad pagana, una alusion a las diosas femeninas, Ishtar, Isis, que gobernaban a la humanidad antes de que se estableciera la hegemonia del señor Yawveh.”

“Muy interesante, ¿pero que tiene que ver esto con las acusaciones contra Satanas?” preguntó el Gran Shaitan.

“Su Santidad, mi intención es mostrar que la imagen no tiene divinidad. Es tan solo eso, una imagen. ¿Acaso vamos a revivir aqui la controversia iconoclasta? Lo que si cuestiono son todas las conclusiones que hacen sobre esta imagen. Por ejemplo, ¿como saben los señores de Pro-Tanga que está encinta? ¡Si tiene un resto de ropa encima! Digo, creanme, yo estoy mas comoda asi encuerada. De ninguna manera espero volver a tener que ponerme un coton como el que porta esta señora. Con tanta ropa no creo que se pueda saber a ciencia cierta si tiene panzita o es tan solo una llantita.

Pero vamos asumiendo que si, si está encinta. ¿Eso que quiere decir? Pues bien, tiene una matriz y vagina. Es, si, una mujer hecha y derecha. ¿Y que edad le calculan? Para mi que es una jovencita. Aunque ya ven que las indias no muestran la edad. Yo diria que tiene tan solo veinte años. Si la chamaca tiene veinte años y está completa, es logico suponer que se masturba.”

“¡En el nombre de Dios protesto!” chilló Streicher. Perberto habia sacado un crucifijo y se lo mostraba a Sor Juana. El Gran Shaitan tan solo se reia.

“¿Y porque se escandalizan tanto señores?” pregunto Sor Juana. Tenia una mano en la charanga. “Todas las muchachas se masturban. ¿Ustedes de jovenes no lo hacian? Yo pensaria que el cardenal estaria sobandose todo el tiempo.”

“¿Como se atreve a decir eso?” chillo Te-empino.

“Muy sencillo: soy mujer y sé de lo que hablo. Es mas, soy multi-orgasmica, asi nos hizo Dios, cosa que ustedes los hombres nunca podran disfrutar, ¡ja ja! Pero bien, dejemos a un lado las discusiones lubricas.

Especificamente hay otra alusión muy significativa que debo apuntar. Vean, esta chamaca trae encima trae una capa con un manto con estrellas. ¡Se imaginan lo que ha de sufrir con el caloron! ¡Ufff! ¡Mejor encuerada! ¿Entienden la alusión escondida en este campo de estrellas? Si, campo de estrellas, compostela, como en Santiago Compostela donde vá tan seguido usted señor Te-empino. El artista nos esta diciendo muy claramente: esta imagen es una invención gachupina.

Y si es morena, ¿por que necesariamente es india? No han visto a las gitanas en Sevilla? Mas prietas no las pueden encontrar. El mismo vocablo Guadalupe es de origen arabe. ¡A la mejor la señora es una mora! ¡Alah Inshalah! De ahi que si el licenciado Satanas se mofa de esta imagen, pos no veo yo razón para alebrestarse.”

El Gran Shaitan veia a Sor Juana con admiración. “Bien, ¿tiene la fiscalia alguna pregunta?”

Los fachos se miraron unos a otros bastante confundidos. Perberto y Te-empino sacudieron sus cabezas. La mujer desnuda en el banquillo era demasiado formidable. “Ninguna, mein fuhrer.”

“Bien, declaró un receso de quince minutos. Al regresar pueden hacer sus argumentos finales. Señora, le agradeceria si se pusera el chaleco de Skorzeny por lo menos. Francamente, me distrae. No sé si es su hermosura fisica o su intelecto o ambas lo que la hace tan atractiva.”

Sor Juana se rio.

VII El desenlace

donde el lic. Satanas atina con un arcabuzazo

Los fachos se retiraron a una sala adyacente a discutir su presentación.

Skorzeny se me aproximo. “Herr Satanas, me temo que tiene que decidir. Es su ultima oportunidad. Ahorita la parte acusatoria está distraida.”

“No Skorzeny, no voy a ninguna parte. Dele, sin embargo, este CD a Streicher. Diganles que tengo copias.”

“Bien, Te-empino tiene laptop. Lo va a poder ver.”

“Eso es lo que quiero.”

Pasarón los quince minutos. Dentro de la sala se oian gritos rabiosos. Al regresar el Gran Shaitan todavia no habian salido los fachos.

“Y donde está Streicher y el cardenal?”

“Dejeme ver, mein fuhrer.” Skorzeny entró al cuarto y salio de inmediato. “Piden diez minutos mas, mein fuhrer.”

“Ni madres. Tengo que irme a jugar golf con Bill Gates en una hora. ¡Diganles que salgan ya!”

Los fachos salieron a regañadientes. Perberto esta bañado en lagrimas y tenia un ojo morado. Streicher estaba tan rojo que hacia juego con sus ropas de cardenal. Serrano Limón espumeaba por la boca. Y Te-empino nos veia con tanto odio que los ojos le brillaban.

“Mein fuhrer,” dijo Streicher. “La fiscalia retira los cargos contra el licenciado Satanas.”

Hubo un silencio que duro casi un minuto.

“¿Oi mal?” dijo el Gran Shaitan.

“No, mein fuhrer, retiramos los cargos.”

“Eso es muy grave. El presentar una acusación frivola, tomar el tiempo de esta corte, mandar sacar presos del infierno y almas desde el purgatorio para que al final se retracten, eso no se hace cardenal.”

“Presentamos nuestras mas contritas disculpas a esta corte.”

“Las disculpas no van a bastar en este caso, Streicher.” El Gran Shaitan sonrio. “Se les impone una multa de cinco mil millones de euros a pagarse en el curso de un año en abonos mensuales a razón del 10% de interes. Los pagos los puede hacer la curia mexicana al Banco Ambrosiano.”

“¡Puta madre!” exclamó Perberto.

“Ademas de otros cien pesos de multa a Nananina por usar vulgaridades en esta corte. Señor Garrido, tiene usted la palabra.”

“Si, Su Santidad, mi cliente ha sido profundamente agraviado. Pero su unica solicitud es que no quiere servir de abogado defensor del Cardenal en Los Angeles. Las fotos pegosteosas que le mandó Maciel al cardenal estan a disposición de esta honorable corte, sin embargo.”

“Las guardaremos bien. No se preocupen de que vayan a salir a la luz.”

“Bien, con la venia de la corte, el señor cura Hidalgo quisiera tener su propia celda privada. Dice que el señor cura Morelos ronca demasiado y siempre anda quejandose de dolores de cabeza y anda con su paliacate.”

“Licenciado Satanas, asegurese de que esto se cumpla. SI necesita presupuesto para una celda nueva, el cardenal lo proveera.”

“La hermana Sor Juana ya tiene quinientos años en el purgatorio y quisiera que se decidiera de una vez por todas si va al cielo o al infierno.”

“¿A donde quiere usted ir, Sor Juana?”

La monja se paro. “Pues vera, Su Santidad, de plano no quisiera pasarme el resto de la eternidad viendole la jeta a la Madre Teresa. Prefiero el infierno mexicano. Con el caloron no voy a tener porque usar ropa y ya me acostumbre a andar encuerada. Y de plano hay gente mas interesante en el infierno.”

“¡Excelente! “ respondió el Gran Shaitan. “Me dara un gran gusto visitarla y conversar con usted ahi, cosa que no puedo hacer en el cielo. ¿Tiene otra solicitud, señor Garrido?”

“Si, quisiera volver a Macuspana, aunque sea brevemente, como ser vivo. Quien quita si la japonesa esa dejo descendencia ahi y me encuentro con una chamaca que sepa hacer la quebradora.”

“Pos ya somos dos, señor Garrido. Yo quiero echarme unas piguas. ¿Que tal si nos vamos de parranda?”

“¡Orale! ¡Yo estoy puesto!”

“Bien, para terminar,” sentenció el Gran Shaitan, “debo anunciar que he decidido que el monsieur Papa Doc ya no tiene que estar a cargo del infierno Haitiano. ¿Que le parece si usted le entra al quite, cardenal Streicher? Necesito un hombre de confianza que administre el lugar.”

Streicher palidecio. Apenas logro murmurar un “jawohl mein fuhrer”.

Ya de vuelta en el infierno mexicano Garrido Canabal me preguntó como le habia hecho.

“Bien, veran, yo le entre al Yunque porque Diego me estuvo chingando que lo hiciera. Tienen una mansionsota al sur de la ciudad y ahi hacen sus cochinadas y orgias. La visite varias veces. En una de esas se me ocurrio poner camaras escondidas.”

“¡No la chingue! ¿Pos que tiene el video?”

“Muestra a Perberto bailando con Michael Jackson y Serrano Limón. Los dos primeros estan encuerados y el ultimo solo traen una tanga. Luego se besuquean y hacen un menach atroz en el piso. Aparentemente, como es marmol, pos estaba muy frio o muy duro. Clarito se ve como Perberto baja un lienzo para usarlo de alfombra. ¿Pero saben que pusieron de alfombra? ¡Una imagen de la virgen de Guadalupe!”

“¡Ah cabron! Con razón se arrugaron!”

“Juar! Juar! Juar!”

FIN



IN MEMORIA 10 DE ABRIL BIOGRAFÍA DE EMILIANO ZAPATA

Jusilao del Foro de Renegados.

Por Valentín López González.

ZAPATA SALAZAR , Emiliano (1879-1919). Nació en Anenecuilco, el 8 de agosto de 1879. Hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar. La familia Zapata Salazar se mantenía precariamente de la venta y compra de animales, y de la producción raquítica de sus estériles tierras. Anenecuilco, dividido en dos por el río del mismo nombre, cobijaba dos historias diferentes, la de las tierras fértiles que beneficiaban a los propietarios de la hacienda del Hospital, y la de las estériles sobre las cuales se asentaba el caserío de Anenecuilco. Así, ante la pobreza de tierras de qué disponer, la familia Zapata diversificó sus actividades, encaminándolas a la pequeña ganadería. Los animales les permitieron autonomía de la hacienda azucarera vecina. Don Gabriel.

Zapata instruyó a sus hijos en las labores del campo y en las del ranchero criador de ganado; les enseñó que "para comer en la casa hay que sudar en el surco y el cerro, pero no en la hacienda". Por su parte, Emiliano Zapata recibía la educación primaría en la escuela de corte lancasteriana de la población. A los 16 años perdió a su madre y 11 meses más tarde, a su padre. El patrimonio que heredó fue reducido, pero suficiente para no tener que prestar sus servicios como peón en alguna de las ricas haciendas que rodeaban Anenecuilco.

Su máximo interés lo ocupaban los caballos. Fue un gran conocedor de estos animales y se le consideraba una autoridad en la materia. De 1902 a 1905 participó auxiliando a la comisión del pueblo de Yautepec que tenía problemas con la hacienda Atlihuayán, propiedad de Pablo Escandón; los acompañó en sus viajes a la ciudad de México, donde acudían ante las diferentes instancias para pedir se les hiciera justicia.

El 15 de abril de 1906, los habitantes de Anenecuilco enviaron un escrito al gobernador del estado, Manuel Alarcón, planteándole sus problemas de tierra; éste convocó una reunión ante el jefe político de Cuautla, a la que asistieron el administrador de la hacienda del Hospital, representantes del pueblo de Villa de Ayala y de Anenecuilco, entre los que se encontraba Emiliano Zapata. En la reunión no se llegó a ninguna solución.

En 1909, al llevarse a cabo las elecciones para gobernador del estado, Emiliano participó apoyando al candidato independiente, Patricio Leyva, quien se enfrentó al candidato oficialista Pablo Escandón, quien finalmente ganó las elecciones. El 12 de septiembre de ese año, en una asamblea realizada en Anenecuilco, fue elegido representante de su pueblo para seguir la lucha por la restitución de tierras. Al terminar la junta, los hombres más viejos de la comunidad lo llamaron y le hicieron entrega de los documentos de la comunidad.

El 11 de febrero de 1910 fue enrolado por sorteo en el 9º (Noveno) Regimiento del ejército con sede en Cuernavaca. El 18 de marzo fue dado de baja por influencias del dueño de la hacienda de Tenextepango, Ignacio de la Torre y Mier, quién además se lo llevó como caballerango a la ciudad de México. Emiliano no duró mucho en este puesto y decidió regresar a su pueblo. A mediados de ese año, ante la indiferencia del gobierno por resolver los problemas de tierras de la comunidad, repartió las tierras del llano de Huajar, que los de Villa de Ayala ya iban a sembrar con el permiso de la hacienda del Hospital. A fines de año volvió a repartir tierras en Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec.

Emiliano no participó de manera activa en la campaña presidencial de Francisco I. Madero, pero cuando éste promulgó el Plan de San Luis, en cuyo contenido se manifestaba la restitución de tierras a las comunidades despojadas, inmediatamente se aprestó a apoyarlo.

Participó en una reunión secreta a la que acudieron Pablo Torres Burgos, Margarito Martínez, Catarino Perdomo y Gabriel Tepepa, entre otros. Ahí decidieron enviar a Pablo Torres Burgos a San Antonio, Texas, para que se entrevistara con Madero y le pidiera instrucciones sobre los pasos a seguir. A su regreso trajo las instrucciones de nombrar a Patricio Leyva líder del movimiento y, en caso de no aceptar, el propio Torres asumiría el nombramiento.

Se proclamaron en rebelión el 10 de marzo de 1911 en Villa de Ayala, y formaron la primera guerrilla con 70 hombres, entre los cuales estaban Rafael Merino, Próculo Capistrán, Catarino Perdomo, Manuel Rojas, Juan Sánchez, Cristóbal Gutiérrez, Julio Díaz, Zacarías y Refugio Torres, Jesús Becerra, Viviano Cortés, Maurilio Mejía, Serafín Plascencia y Celestino Benítez. Días más tarde tomaron Jojutla; después fueron asesinados Pablo Torres Burgos y sus hijos por las fuerzas federales que los combatían en los linderos de Villa de Ayala.

El 29 de marzo, Emiliano Zapata asumió el mando de las fuerzas maderistas y sus primeros hechos de armas fueron la toma de Axochiapan, el asalto a la hacienda de Chinameca, la toma de Jonacatepec en los primeros días de mayo y el sitio de la ciudad de Cuautla, entonces defendida por lo más selecto del ejército porfirista: el 5º (Quinto) Regimiento de Oro que comandaba el Coronel Eutiquio Munguía, así como el Cuerpo de Rurales al mando del Comandante Gil Villegas y la policía municipal. Estableció su cuartel general en Cuautlixco, desde donde dirigió el ataque a Cuautla; el 13 de mayo se inició el fuego y después de seis días de furiosos combates cayó la ciudad, último reducto porfirista, pues Cuernavaca había sido evacuada por sus defensores el 20 de mayo.

Nombró a Teófano Jiménez presidente del Concejo Municipal y a Frumencio Palacios como inspector de policía. Siete días más tarde, Porfirio Díaz se embarcaba en Veracruz en el Ipiranga para dirigirse a Europa. El 27 de mayo, Emiliano Zapata entró con cinco mil hombres a Cuernavaca, donde ya estaba con tropas del General Manuel D. Asúnsolo, y ordenó la reorganización de los servicios públicos.

El 2 de junio, de acuerdo con los Tratados de Ciudad Juárez y el gobierno federal, Juan Nepomuceno Carreón, gerente del Banco de Morelos, fue designado gobernador provisional del estado sin que Zapata estuviera de acuerdo. Esto hizo que el día 6 se trasladara a la ciudad de México con sus principales jefes para entrevistarse con Madero, quien lo recibió en la estación Colonia y posteriormente en su casa de las calles de Berlín. Madero lo invitó a almorzar el día 8; a este desayuno asistieron Emilio Vázquez Gómez y Venustiano Carranza.

Madero y Zapata cambiaron impresiones, el primero pidió el desarme de las fuerzas zapatistas y el segundo la devolución de las tierras; el jefe de la Revolución le aseguró que iría a Morelos tan pronto le fuera posible. El 12 de junio inició su viaje al sur, en ferrocarril, acompañado de su esposa y una nutrida comitiva en la que venía el Ingeniero Tomás Ruiz de Velasco, defensor de los hacendados.

A su llegada a Cuernavaca, Zapata le preparó una gran recepción y lo acompañó desde la estación hasta el Palacio de Cortés, donde lo recibió el gobernador Juan N. Carreón. Los hacendados de la entidad, al conocer la idea de Madero referente a nombrar otro gobernador del estado, según acordó con Zapata, tuvieron un gran disgusto y comenzaron una campaña de desprestigio a través de la prensa de la ciudad de México en contra del Caudillo del Sur, a quien hacían aparecer como un bandido y rebelde que debía desaparecer.

El Imparcial fue el más duro en sus ataques. Mientras Zapata iniciaba el licenciamiento de sus tropas y entregaba 3 500 armas, en la ciudad de México le lanzaban acusaciones de haberse levantado nuevamente en armas. Ante estos ataques, el 24 de junio se trasladó a la capital del país en compañía de su hermano Eufemio, de Abraham Martínez, jefe de su Estado Mayor, y de los hermanos Magaña, para entrevistarse con Madero y así informarle del licenciamiento de tropas, y pedirle que ambos fueran a hablar con el presidente Francisco León de la Barra.

El día 24, Zapata le expuso su plan a Madero, y al día siguiente éste le informó que su entrevista con León de la Barra había sido satisfactoria y le pedía que regresara a Morelos a seguir licenciando sus tropas. Zapata le respondió que era urgente que procediera a restituir las tierras a los pueblos despojados, así como designar al nuevo gobernador estatal. Por su parte, el gobernador Juan Carreón y el presidente de la República, Francisco León de la Barra, pusieron en marcha las elecciones para el Congreso local, y el 9 de agosto el presidente dirigió instrucciones al General Victoriano Huerta para que marchara al estado y terminara por la fuerza con el licenciamiento de las tropas zapatistas "porque no debían tratar con bandidos".

Al día siguiente Zapata envió a Madero su demanda por escrito pidiendo respeto a la soberanía del estado; la separación del gobernador Carreón, por ser del Partido de los Científicos; que el gobernador suplente se designara de acuerdo con las aspiraciones del pueblo y con la aprobación de los principales jefes de su ejército; que las tropas federales no fueran las encargadas de la seguridad pública, y que estaba dispuesto a licenciar sus tropas, pero antes pedía se seleccionaran de entre ellos a los elementos para la seguridad pública.

Solicitó también que las autoridades y los empleados con quienes no estaban conformes los pueblos fueran designados conforme a la voluntad de los mismos. Dijo estar dispuesto a retirarse a la vida privada pero que antes deseaba la paz del pueblo.

Los latifundistas hicieron cada día más difícil la situación y el 17 de ese mes Zapata le dirigió a Madero otro mensaje en el que decía: "Causa mucha indignación en el pueblo y el ejército, el amago de las fuerzas federales que están en intención de ataque contra nosotros." También le escribió otra carta al presidente interino León de la Barra donde le decía: "La presencia de las fuerzas federales ha venido a trastornar el orden público. El pueblo se indigna más con la presencia y el amago"; en este texto le ruega que retire las fuerzas en bien de la patria y le ofrece que él conseguirá la paz en 24 horas. "El pueblo -dice- tiene entendido que un grupo de hacendados 'Científicos' ha provocado este conflicto."

Madero, con el propósito de solucionar el conflicto, se trasladó a la ciudad de Cuautla el 18 de agosto por la mañana, acompañado de su Estado Mayor. Zapata lo esperó en la estación y al descender le dio efusivo abrazo. Se encaminaron a la plaza principal, donde Madero pronunció un discurso en el que reprobaba la campaña emprendida contra Zapata, y, ofreció que cumpliría las promesas hechas por la Revolución; mencionó que llevaba la calma y la tranquilidad y que no saldría de Morelos hasta que no estuvieran tranquilas las conciencias.

Al terminar el mitin ambos dirigentes sostuvieron prolongadas conferencias en el hotel Mora, después de lo cual Madero envió un mensaje al presidente interino León de la Barra, comunicándole que Zapata y sus principales jefes estaban conformes en aceptar al Ingeniero Eduardo Hay para que gobernara el estado; que igualmente aceptaban como jefe de armas al Teniente Coronel Raúl Madero, y que al día siguiente principiaría el licenciamiento de las fuerzas zapatistas.

Cuando todo parecía estar en calma, los terratenientes redoblaron esfuerzos para conseguir que León de la Barra enviara tropas a batir a Zapata, movilización que se inició el 19 de agosto. Después de cambiar impresiones en Yautepec, Madero y Zapata reanudaron el licenciamiento en esa ciudad, pero el día 21, ante la amenaza de las fuerzas federales de Huerta, fue suspendido definitivamente.

Aunque el convenio era que las tropas no avanzarían, sino que se reconcentrarían en Cuernavaca y Jonacatepec, el día 23 marcharon sobre Yautepec. Zapata preguntó a Madero dónde estaba la autoridad del jefe de la Revolución, y añadió: "acuérdese usted, señor Madero, que al pueblo no se le engaña y si usted no cumple sus compromisos, con las mismas armas que lo elevamos, lo derrocaremos".

Madero le contestó: "No, General Zapata, voy a México y, arreglaré todo. Esta actitud de Huerta ni yo mismo me la explico". "Se me hace que no va a haber más leyes que las muelles -respondió Zapata, mostrándole su 30-30-; mientras se siga desarmando a los elementos revolucionarios y se les dé apoyo a las fuerzas federales, la revolución y usted mismo están en peligro. Claro vemos que cada día se entrega usted más en manos de los enemigos de la revolución."

Eufemio Zapata sugirió la conveniencia de aprehender a Madero, añadiendo que estaba "muy tierno para jefe de la revolución, sería bueno quebrarlo". Emiliano respondió: "No, Eufemio, sería una grave responsabilidad para nosotros y no debemos cargar con ella". Entonces se dirigió a Madero diciéndole que se fuera a México. "y déjenos aquí, nosotros nos entenderemos con los federales, ya veremos cómo cumple usted cuando suba al poder".

Zapata se reconcentró en Villa de Ayala, y el 27 de ese mes lanzó un Manifiesto al Pueblo de Morelos, donde exponía la gravedad del problema. Como respuesta a esta proclama, el 29 de agosto el presidente León de la Barra celebró un Consejo de Ministros donde se acordó que Victoriano Huerta activara la persecución de Zapata hasta lograr su exterminio.

Huerta ocupó con sus fuerzas la plaza de Cuautla el 31 de agosto; el 12 de septiembre atacó la hacienda de Chinameca, donde se encontraba Zapata invitado a comer por el administrador de la hacienda. Tropas al mando de Federico Morales rodearon el lugar y en seguida se entabló nutrido tiroteo entre ambas fuerzas. Zapata pudo escapar dé esta trampa gracias al conocimiento que tenía de la zona y logró salir a pie entre los cañaverales que minutos después incendiaban los federales. Después de esto, Zapata tomó una actitud ofensiva y el 22 de octubre de ese año sus fuerzas ocuparon Topilejo, Tulyehualco, Nativitas y San Mateo en el valle de México, y la noche del 23 avanzaron sobre Milpa Alta. Estos ataques causaron alarma en la ciudad de México, y la Cámara de Diputados los consideró de importancia nacional.

En la sesión del 25 de octubre de 1911, los diputados José María Lozano y Francisco M. Olaguíbel reconocieron que la actitud del Caudillo del Sur era reflejo de los anhelos del pueblo. En el pueblo de Ayoxustla, municipio de Huehuetlán el Chico, Zapata y Montaño redactaron el Plan de Ayala; posteriormente los coroneles Severiano Gutiérrez y Santiago Aguilar recorrieron los campamentos comunicando la orden de Zapata para una reconcentración en el pueblo de Ayoxustla, y el 28 de noviembre, ya reunidos, firmaron todos los jefes el histórico plan.

Se nombraron comisiones y tomaron el camino de Morelos, acampando en Ajuchitán y en el mineral de Huautla; allí Emiliano ordenó a Bonifacio García, Emigdio Marmolejo y Próculo Capistrán que invitaran al cura de Huautla para que fuese al campamento con una máquina de escribir. El sacerdote sacó las copias necesarias y le dijo a Zapata: "era lo que ustedes necesitaban". De las copias a máquina, unas se enviaron a la ciudad de México y otras a los jefes revolucionarios que operaban en diversas regiones del país, como Pascual Orozco.

El Diario del Hogar de la ciudad de México lo reprodujo, previa consulta hecha al presidente Madero, quien opinó: "publíquenlo para que todos conozcan a ese loco de Zapata". En cumplimiento con los postulados del Plan de Ayala, el 30 de abril de 1912 Emiliano Zapata hizo el primer acto de reivindicación agraria en el pueblo de Ixcamilpa, Puebla.

En enero de 1912, Madero nombró al General Juvencio Robles jefe de la campaña en la entidad, quien, hasta agosto incendió y devastó el estado. Madero, queriendo enmendar sus errores, nombró al General Felipe Ángeles en sustitución de Juvencio Robles. Después de la Decena Trágica que trajo como consecuencia el asesinato de Madero, Zapata giró instrucciones de batir a las fuerzas usurpadoras en cuantas ocasiones se presentara la oportunidad.

Huerta emprendió una campaña en el sur, tendente a que los jefes zapatistas reconocieran al gobierno implantado por el cuartelazo. Vázquez Gómez le escribió a Zapata en marzo de 1913, diciéndole que era conveniente la "cesación de la guerra".

El Caudillo del Sur le respondió que la revolución que nació en el estado y proclamó el Plan de Ayala, se había propagado en varias entidades federativas con los ideales de Tierra y Libertad, y seguía luchando a costa de mayores sacrificios para hacer realidad los principios que sostenía.

Emiliano Zapata lanzó otro manifiesto a la nación el 20 de octubre, donde justificaba su actitud rebelde y hacía un llamado a todos los mexicanos para que se unieran a la Revolución.

Este llamado fue secundado por grupos como el de Maximiliano Castillo en Chihuahua, Calixto Contreras en Durango, los hermanos Saturnino y Cleofas Cedillo en San Luis Potosí, Eutimio Figueroa en Michoacán, Roberto Martínez y Martínez en Hidalgo, Honorato Teutle y Domingo Arenas en Tlaxcala, Marcial E. Hernández y Pancracio Martínez en Veracruz, Teodimiro Rey, Miguel Romero, Jerónimo Olarte, Miguel Salas y otros en Oaxaca. Con anterioridad ya operaban bajo la bandera del Plan de Ayala Jesús H. Salgado, Encarnación Díaz, Baltazar Ocampo, Adrián Castrejón y J. Trinidad Deloya en el estado de Guerrero; Pedro Saavedra, Francisco V. Pacheco, Everardo González, Antonio Beltrán, Vicente Navarro, Valentín Reyes, Antonio Barona, Julián Primitivo y José Gallegos en el Estado de México; Eufemio Zapata, Francisco Mendoza, Dolores Damián Flores, Gabino Lozano, Marcelino Alamirra y Agustín Cortés en Puebla; Maurilio Mejía, Francisco Alarcón, Genovevo de la O, Zacarías y Refugio Torres, Felipe Neri, Amador Salazar y otros en la entidad morelense.

Las fuerzas zapatistas tomaron Chiautla, en el estado de Puebla; casi todo Guerrero, incluyendo Chilpancingo; todo Morelos con su capital, Cuernavaca; parte de Hidalgo incluyendo Pachuca; parte del Estado de México y el sur del Distrito Federal. El 14 de julio de 1914 se reunieron en San Pablo Oxtotepec, tomaron el acuerdo de ratificar el Plan de Ayala, nombraron a Emiliano Zapata jefe de la revolución, en sustitución del "ex general Pascual Orozco", y pidieron que las peticiones en materia agraria de dicho plan fueran elevadas a preceptos constitucionales. Victoriano Huerta renunció el 15 de julio y se nombró en su lugar a Francisco S. Carvajal.

Cuando se creía que la lucha iba a terminar, pues se esperaba que Carranza hiciera suyos los postulados del Plan de Ayala; después de ocupar la ciudad de México el 14 de agosto declaró que tenía 60 mil rifles para combatir a Zapata y que no permitiría su entrada en la capital por ser bandido sin bandera.

Manifestó además sus ideas antiagraristas y dijo "que la paz sólo se hacía con la sumisión incondicional de las fuerzas zapatistas a las constitucionalistas", y que no podía reconocer lo que los surianos habían "ofrecido" porque los hacendados tenían sus derechos sancionados por las leyes y no era posible quitarles sus propiedades para darlas a quien no tenía derecho.

A pesar de esto, el 17 de agosto Zapata escribió a Carranza y le dijo que no debía temer por ninguna "cláusula del mencionado Plan de Ayala, sino que con todo desinterés y patriotismo dejara que la grandiosa obra del pueblo que sufre se realizara".

Más tarde trató de tener arreglos con el general carrancista Lucio Blanco, pero conforme al Plan de Ayala. Desde Milpa Alta lanzó un manifiesto Al Pueblo Mexicano, donde reiteró la posición del grupo suriano: que la Revolución no se había hecho para satisfacer intereses de una persona, de un grupo o de un partido, sino para cumplir fines más hondos y nobles; que se había lanzado a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurarse un pedazo de tierra que habría de proporcionarle alimento y libertad, un hogar y un porvenir independiente; que no se conformaría con la abolición de la tienda de raya, si la explotación y el fraude continuaban bajo otras formas; ni con las libertades municipales, si no había base para la independencia económica y no se resolvía el problema agrario.

Venustiano Carranza envió a la entidad una comisión formada por el General Antonio I. Villareal, el Licenciado Luis Cabrera y Juan Sarabia, la cual conferenció el día 29 de agosto con el Gral. Emiliano Zapata, Manuel Palafox y Alfredo Serratos, por parte del Ejército Libertador del Sur. La comisión carrancista regresó a la ciudad de México con la propuesta de Emiliano Zapata de que Carranza hiciera suyos los postulados del Plan de Ayala, a lo que éste se negó.

Más tarde, con el objeto de acordar las reformas sociales, fijar la fecha de las elecciones, formular el programa de gobierno y discutir otros asuntos de interés nacional, Carranza convocó a sus gobernadores y generales a una Convención que se llevó a cabo en el recinto de la Cámara de Diputados de la ciudad de México el 1º (Primero) de octubre de 1914.

Cinco días después la Convención suspendió sus trabajos al reconocer el grave error cometido por haber menospreciado la participación de zapatistas y villistas. El 13 del mismo mes, a iniciativa del General Felipe Ángeles, la Convención acordó invitar a Emiliano Zapata para que asistiera o enviara representantes a participar en los trabajos.

El día 15 se designó una comisión integrada por los generales Felipe Ángeles, Rafael Buelna y Calixto Contreras, los coroneles Guillermo Castillo Tapia y Antonio Galván, quienes se trasladaron a Cuernavaca, a fin de poner en manos del Caudillo del Sur la invitación dirigida a él -fechada el mismo día 15 y firmada por el presidente de la Convención-.

El General Zapata, deseoso de que se hiciera la paz en la República, así como de que se implantaran los postulados contenidos en el Plan de Ayala, aceptó la invitación de los convencionistas y designó una comisión para que asistiera a la Convención, que ahora sería en Aguascalientes, con instrucciones precisas de luchar hasta conseguir que la asamblea hiciera suyos los principios sostenidos por el Ejército Libertador del Sur.

Los representantes zapatistas Paulino Martínez y Antonio Díaz Soto y Gama lograron que la Convención hiciera suyos los postulados del Plan de Ayala en su sesión del 28 de octubre.

En la del 30 de octubre la Convención acordó el "cese" de Carranza como Primer jefe, designando a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de la República. El 24 de noviembre por la noche se apoderaron de la capital de la República las fuerzas del Ejército Libertador del Sur, al mando del General Antonio Barona, obligando al General Obregón a abandonarla.

El 27 llegó a la metrópoli el General Zapata acompañado de su hermano Eufemio, alojándose en un hotel muy cercano a la estación de San Lázaro. El viernes 4 de diciembre se reunieron por primera vez los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa en Xochimilco, Distrito Federal, donde suscribieron un pacto por el cual se comprometieron a luchar juntos en contra de Carranza, y el día 6 de diciembre desfilaron por las principales calles capitalinas, al frente del Ejército Libertador del Sur y de la División del Norte, respectivamente.

Para dar cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 6º (Sexto) y 7º (Séptimo) del Plan de Ayala, el General Zapata creó las primeras Comisiones Agrarias, las cuales supervisaba a través del secretario de Agricultura y Colonización, el general zapatista Manuel Palafox; estableció el Crédito Agrícola; fundó la Caja Rural de Préstamos que funcionó con éxito en el estado de Morelos durante 1915 y 1916; reorganizó la industria azucarera, pues comprendía que era la única fuente de trabajo de que se podía disponer, por lo que puso en marcha los ingenios del Hospital y de Zacatepec a fines de 1914.

En julio de 1915 el gobierno de la Convención fue trasladado primero a la ciudad de Toluca; el 19 de octubre a Cuernavaca, donde fue reorganizado; días después partió a Jojutla, lugar donde se disolvió a principios de mayo de 1916. Antes se expidió una Ley Agraria con fecha de 22 de octubre de 1915, y el reglamento de esa ley el 18 de abril de 1916.

El General Zapata lanzó un Manifiesto al Pueblo Mexicano, en Quilamula el 10 de julio de 1916, donde hace responsable a Carranza de la Expedición Punitiva y llama a la unidad nacional para acabar con los traidores. En 1917, el ejército agrarista finalmente logró expulsar a las tropas carrancistas de los estados de Morelos y Guerrero, reinstalando :su cuartel general en Tlaltizapán, donde continuó trabajando por la implantación de los postulados del Plan de Ayala.

Para continuar manteniendo el orden de sus tropas, el General Emiliano Zapata redactó el 24 de febrero un documento en el cual nombró al Gral. Brig. Prudencio Casals R. inspector general de la zona dominada por las tropas revolucionarias, y en donde especificaba que todo individuo sorprendido en delito de robo, violación, allanamiento de morada o rapto con violencia sería juzgado en consejo sumario y pasado por las armas.

El 20 de abril publicó una Ley Orgánica Municipal, donde estableció que los municipios serían administrados por los ayuntamientos y los ayudantes electos popularmente; éstos no se mezclarían en la política y no serían reelectos. En circular número 2 de fecha 13 de abril de 1917, instruía a los ayuntamientos para dar un "impulso generoso tendiente a la educación de la niñez, que constituye la generación del mañana".

En la circular número 12 del 17 del mismo mes en Tlaltizapán, giró instrucciones para reactivar la apertura de las escuelas oficiales, llamado que volvió a hacer mediante un oficio con fecha 22 de agosto, en el que insiste que nombren a una persona responsable de sus zonas correspondientes, e instalen el mayor número de escuelas.

El 20 de abril, también en Tlaltizapán, lanzó un Manifiesto al Pueblo, donde señaló los errores del gobierno carrancista y exhortó a los revolucionarios y a los mexicanos en general a unirse a su movimiento. El 20 de mayo lanzó otro manifiesto donde decía que la caída del gobierno carrancista era una exigencia; reafirmaba la liberación de la tierra y, la emancipación del campesino, sin capataces ni amos. Calificó a los soldados carrancistas de aventureros sin escrúpulos ni conciencia, de no hombres sino furiosos adversarios sin bandera ni principios, que tenían como programa el pillaje y como ideales el saqueo y el botín.

El 18 de agosto de 1918, los carrancistas se apoderaron nuevamente de las plazas principales del estado, con Pablo González en Cuautla, quien dirigió encarnizada persecución contra el Caudillo del Sur y sus hombres. Las actividades militares en forma de guerrillas se redoblaron y gracias a eso los carrancistas no pudieron expulsar al jefe de la revolución agraria, quien trasladó su cuartel general a las estribaciones del Popocatépetl.

En ese año, el movimiento zapatista atravesó por graves circunstancias; no solo tuvo que enfrentar a las tropas de González, sino que en su círculo director se suscitaron algunas divisiones y disputas. Un año antes, el Profesor Otilio Montaño, primer ideólogo del zapatismo, fue acusado de traicionar la causa zapatista, por lo que fue fusilado.

En mayo de 1918 defeccionó Manuel Palafox, hombre clave de la facción revolucionaria del sur. Algunos jefes menores como Victoriano Bárcenas y sus hombres aceptaron la amnistía que les ofrecía el gobierno, e incluso llegaron a enfrentarse a sus ex compañeros de lucha.

Pero si bien es cierto que ocurrieron algunas separaciones de cierta importancia y que otros aceptaron la amnistía, el caso de Bárcenas fue excepcional, pues la mayoría de quienes aceptaron la rendición se fueron a sus casas y no se convirtieron en apóstatas, ya que siguieron prestando sus servicios al zapatismo de una manera silenciosa, como informantes o proveedores de alimentos.

En los cuadros superiores se logró una permanencia organizativa, y jefes vitales como Genovevo de la O, Ayaquica, Mendoza, Capistrán, Francisco Alarcón, Timoteo Sánchez, Pedro y Francisco Saavedra, Ceferino Ortega y Mejía, mostraron su fidelidad a la causa. No obstante su unidad y el apoyo que recibieron de las comunidades y poblados morelenses, el zapatismo perdió terreno, posiciones y hombres.

A pesar de su notoria debilidad, seguía siendo uno de los principales problemas del gobierno de Venustiano Carranza. A principios de 1919 la efervescencia política en el país era evidente a causa de las elecciones presidenciales.

Hombres como el Gral. Pablo González; el Gral. Álvaro Obregón Salido, carismático y victorioso que para estas fechas había logrado doblegar al villismo y se perfilaba como la primera figura del Ejército Nacional, y los partidos políticos nacidos del carrancismo, buscaban consolidar sus posiciones.

Para algunas de estas facciones el zapatismo era un obstáculo. Se inició una serie de medidas para vincular el zapatismo con hombres disidentes del carrancismo, muchos de ellos en el exilio. Se realizaron contactos con grupos que apoyaban al General Obregón.

La insolencia política mayor de Emiliano Zapata al régimen carrancista la constituyó su carta abierta del 17 de marzo de 1919, en la que acusaba públicamente al Presidente de ser la causa de todos los males que sufría el país. El tono agrio y la crítica profunda de este documento exasperaron a Venustiano Carranza, quien reafirmó su decisión de aniquilar al movimiento del sur y a su caudillo.

El Primer Jefe Constitucionalista estaba dispuesto a darle una última lección al zapatismo, que se iniciaría con la muerte de su caudillo.
Era opinión común en los círculos militares y políticos dominantes de México, que muerto Emiliano Zapata el zapatismo por añadidura sería sometido. Esta idea la compartían tanto el jefe del Ejecutivo como el General Pablo González, y a este propósito encaminaron sus esfuerzos, los cuales se vieron concretados la tarde del 10 de abril de 1919.

Las secuelas de la muerte del caudillo resultaron sorpresivas para quienes pensaban que muerto él la pacificación del estado sería inmediata. El zapatismo acéfalo se reorganizó y, si bien muchos hombres dejaron las armas, jefes como Genovevo de la O, Gabriel Mariaca, Francisco Mendoza y Fortino Ayaquica hicieron público su afán de consumar los ideales por los que tantos años habían luchado y vengar la muerte de Zapata. En Tochimilco, sede del cuartel zapatista, Gildardo Magaña, tras un corto proceso de lucha para alcanzar la jefatura del movimiento, se convirtió en el sucesor de Emiliano.

Así, ante la equivocada opinión del General Pablo González, el movimiento agrario morelense no fue finiquitado por la desaparición de su caudillo y se mantuvo en rebeldía hasta 1920, en que estableció una alianza con la facción revolucionaria obregonista, la cual triunfó a través de la rebelión de Agua Prieta.


ZAPATA, EMILIANO, muerte de. Se presentan a continuación una serie de documentos que muestran en conjunto cómo se sucedieron los acontecimientos que desembocarían con la muerte de Zapata.

La correspondencia que cruzaron Zapata y Guajardo, así como la documentación oficial sobre la muerte del primero y la ubicación histórica de los documentos son los tópicos a tratar.

Comisionado para inspeccionar varios destacamentos, el Coronel Jesús M. Guajardo se había dedicado a cometer tropelías en cada pueblo por donde pasaba. Los padres de las hijas atropelladas por el militar elevaron sus quejas y la Secretaría de Guerra comunicó al gobernador José G. Aguilar que ordenara a Guajardo que se presentara en la ciudad de México a responder de las acusaciones.

La situación de Guajardo se agravó cuando el Licenciado José G. Aguilar y el General Pablo González lo sorprendieron escandalizando en el interior del hotel Providencia, frente al cual caminaban rumbo al teatro Carlos Pacheco, después de observar las obras de reconstrucción del Hospital Militar de Cuautla.

Visiblemente ebrio, a caballo y empuñando una pistola, el Coronel Jesús M. Guajardo recorría las instalaciones del hotel. Irrumpía en las habitaciones y amenazaba a los huéspedes.

El Licenciado Aguilar le llamó la atención a grito abierto y le advirtió que el General Pablo González estaba afuera y que estaba enterado de su escándalo. Guajardo frenó a su animal a las puertas del comedor, pidió al Licenciado Aguilar que le permitiera salir y hundiendo sus espuelas en los ijares del caballo al tiempo que lanzaba un grito, abandonó el establecimiento.

Para atenuar la falta del carrancista, el gobernador de Morelos le dijo al General Pablo González que Guajardo había cumplido sus órdenes antes de embriagarse. Esto calmó al general en jefe, quien sin decir palabra continuó su caminata hacia el teatro Carlos Pacheco.

Dos días después, mientras el Coronel Guajardo esperaba conocer el castigo que le impondría el General Pablo González por su escándalo, el gobernador José G. Aguilar recibió en su casa a un fotógrafo ambulante convertido en uno de los más activos espías de los federales en el campo zapatista, quien le entregó una carta que le dirigía Emiliano Zapata al Coronel Jesús M. Guajardo.

En esa carta, que líneas adelante transcribimos, Zapata invitaba a Guajardo a unirse al zapatismo, argumentándole que sabía que el General González lo había injuriado y lo iba a procesar por el incidente en el hotel Providencia.

El gobernador llevó inmediatamente la carta de Zapata al general en jefe, Pablo González, quien, después de leerla, le ordenó que al día siguiente a la hora de comer, le llevara a Guajardo, para ver qué provecho se le podía sacar a la misiva. González, que era hombre de costumbres disciplinadas, se sentaba a la mesa a las 13 horas, y lo acompañaban el Señor Sánchez Neira, su secretario particular, Juan Sarabia y el gobernador José G. Aguilar.

El día que fue Guajardo, sólo estuvieron en la mesa el General González y el gobernador Aguilar. Durante la comida, el general, a través de sus lentes oscuros, examinaba cuidadosamente a Guajardo y platicaban de asuntos ajenos a los incidentes pasados.

A la hora de los postres, González pidió al Coronel Guajardo le explicara por qué causas lo citaban en la Secretaría de Guerra. Guajardo contestó que se trataba de puras calumnias y de malas voluntades que se había acarreado en el desempeño de comisiones en los pueblos donde había muchos espías zapatistas.

-¿Así que son calumnias de los zapatistas?- dijo el general González...

- Sí, mi general; si usted me deja que le explique todo el caso...

- Bueno coronel, ¿cómo me explica usted, dijo socarronamente el General Pablo González, sus relaciones con Emiliano Zapata?

-¿Con Emiliano Zapata? -preguntó sorprendido Guajardo.

-Sí, mi coronel, con Emiliano Zapata -insistió el Gral. González.

-No es posible, mi general,--contestó Guajardo.

-Tan es posible, coronel, que aquí tengo una carta que Zapata le dirige, añadió don Pablo, y entregándosela al gobernador Aguilar agregó: Léala licenciado, léala en voz alta para que la reconozca el Cor. Guajardo...

"Cuenca, marzo 21 de 1919. Señor Coronel Jesús M. Guajardo. Donde se encuentre. Muy señor mío: Ha llegado a mi conocimiento que por causas que ignoro ha tenido usted con Pablo González algunas dificultades, y en las que ha sido usted amonestado sin tener causa justa. Esto y la convicción serena y firme que tengo del próximo triunfo de las armas revolucionarias, me alientan para dirigirle la presente, haciéndole formal y franca invitación para que si en usted hay voluntad suficiente, se una a nuestras tropas entre las cuales será recibido con las consideraciones merecidas. No creo oportuno por ahora, ya que usted estará bien informado, hablarle del gran incremento que la Revolución ha alcanzado en todas las regiones del país, y bástele saber a usted que contra lo que tanto se ha dicho, nuestro movimiento está perfectamente unificado y persigue un gran fin, el efectivo mejoramiento de la gran familia mexicana. En espera de sus apreciables letras, quedo de Ud. atento y s.s. -El General Emiliano Zapata".

Durante la lectura, don Pablo sonreía, mientras que Guajardo, hosco y sorprendido, escuchaba con atención.

-Buen servicio de espionaje nos tiene Zapata, cuando ya ven, a unas horas del incidente en el hotel, lo supo --comentó el General González y, dirigiéndose a Guajardo, comentó: -Coronel, desde este momento tendrá usted correspondencia con Emiliano Zapata. El Lic. Aguilar escribirá las cartas y usted las firmará. Vamos a ver para qué nos sirven estas se relaciones.

Horas después, el mismo espía que había traído la carta, llevó la contestación de Guajardo a Emiliano Zapata. que decía:

"C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata, Donde se encuentre. Por su carta fechada en Cuenca el 21 de los corrientes, quedo enterado de la invitación que se ha servido hacerme para que me una con sus tropas á fin de que ya á sus órdenes trabaje por la Causa que tiene por objeto el mejoramiento de la gran familia mexicana. Le manifiesto a Ud. que en vista de las grandes dificultades que tenemos Pablo González y yo, estoy dispuesto a colaborar a su lado siempre que se me den garantías suficientes para mí y mis compañeros, y a la vez mejorando mis circunstancias de revolucionario que en esta ocasión como en otras se trata de perjudicarme sin razón justificada. Cuento con elementos suficientes de guerra, así como municiones, armas u caballada, tengo en la actualidad otro Regimiento á mis órdenes, así como otros elementos que sólo esperan mi resolución para contribuir á mi movimiento. En espera de sus letras y suplicándole una reserva absoluta sobre este asunto tan delicado, quedo su afmo. y s.s. J. M. Guajardo".

"Campamento revolucionario en el Estado de Morelos, al primero de abril de 1919. Señor Coronel Jesús M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy señor mío: Con mucha satisfacción me he enterado de su muy atento escrito fechado en San Juan Chinameca, en el que me dice que está dispuesto a unirse á la causa revolucionaria que tiene por objeto el mejoramiento de la gran familia mexicana. Como le dije a usted en mi anterior, tanto a usted, como a los jefes, oficiales y soldados que lo acompañen, se les recibirá con los brazos abiertos y gozarán de toda clase de garantías, pues se les verá como compañeros.
Jefes que han llegado del Norte, y a los que tengo con mando de fuerzas en Xochimilco, me han dado excelentes referencias de su gestión revolucionaria en aquella región, y por ellos mismos he sido informado de que es usted hombre de convicciones, y que aun cuando distanciado de nosotros, sus ideas son firmes. Aquí con nosotros contribuirá usted al triunfo de la gran causa revolucionaria que lucha por el bien general de la clase humilde, y cuando hayamos llegado al triunfo, tendrá usted la satisfacción de haber cumplido con un deber y su conciencia quedará tranquila por haber obrado con justicia. La carta de usted deja ver que es franco y sincero, y lo juzgo como hombre de palabra y caballero, y tengo confianza en que cumplirá al pie de la letra el asunto de que se trata; por mi parte, sólo sé decirle que sé cumplir mi palabra, mientras no se dé al pueblo lo que necesita. Una vez estando usted aquí con nosotros, tendrá todo lo que desea, sus circunstancias como revolucionario mejorarán y tengo la seguridad de que estará satisfecho de estar a nuestro lado. El regimiento de que habla, ya entiendo poco más menos cuál es y exacto que ya está de acuerdo, así como de que está cerca de esa. Creo conveniente decir a usted que deseo haga su movimiento el jueves, y como Victoriano Bárcenas es un mal elemento, es necesario que comience usted con él, al fin está muy cerca. Prepárese bien para dar ese golpe, que es por donde se debe comenzar; al desarmar a Bárcenas y los suyos, dejará usted la tropa desarmada en Chinameca hasta nueva orden y a Bárcenas y todos los jefes que están con él, me los remitirá al rancho de Tepehuaje, previo aviso; ya después acordaremos los trabajos que debemos seguir haciendo. Advierto a usted que se necesita obrar con mucha actividad. En Cuautla tengo yo arreglados varios jefes, así como otros que están destacamentados fuera de allí. Dichos Jefes sólo esperan que se les diga el día en que deben salirse para que se incorporen a nosotros, así es que el movimiento va a ser de importancia y con satisfacción digo a usted que una vez realizado el movimiento, habremos dado un gran paso hacia el triunfo de la revolución. En la actualidad me encuentro en esta región, debido, entre otros urgentes asuntos, a que se me comunicó la presencia de unos correos enviados por varios jefes, entre ellos del C. General Cipriano Jaimes, que últimamente se unieron a la revolución en el estado de Guerrero. Para terminar, juzgo conveniente entrar en algunos detalles acerca de la situación, por más que deben ser ya de su conocimiento: el Señor Don Francisco Vázquez Gómez, a quien con placer recordamos todos los revolucionarios, está haciendo los últimos trabajos cerca de la Casa Blanca para cruzar territorio nacional y ponerse frente de las columnas revolucionarias que mandan los Generales Villa, Felipe Ángeles y Martín López, que perfectamente organizados y con abundancia de elementos, están atacando plazas importantes y atrayéndose la atención de los compatriotas y extranjeros. En términos generales, la revolución prepotente y arrolladora está rápidamente dominando toda la extensión del territorio nacional. En espera de sus apreciables letras y de que me diga si hará el movimiento que le indico, quedo de usted afmo. Atto. y S.S. El General Emiliano Zapata".

"Campamento revolucionario de San Juan Chinameca, Morelos. C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Muy estimado Jefe: Con satisfacción me he enterado de su extensa carta fechada hoy, y en debida contestación manifiesto a usted que, con relación a sus instrucciones respecto a Bárcenas, no es posible dar cumplimiento para el jueves, por encontrarse éste en Cuautla, llamado por Pablo González, encontrándose en ésta únicamente Ramón N. Gutiérrez, uno de sus jefes, como con 40 hombres. Otro motivo principal es el de tener en dicha ciudad provisión por valor de diez mil pesos, la que nos haría mucha falta, si ésta se perdiese, así como el Cuartel General tiene un pedido de mi parte de 20 000 cartuchos, los que me entregará del 6 al 10 del presente mes; la provisión de referencia estará también para la misma fecha en ésta. Motivo de satisfacción es para mí fijarme a la gran causa revolucionaria por la que usted ha luchado, así como los informes que ha tenido de distintos jefes, de que soy hombre de convicciones y de ideas firmes, lo cual demostraré a usted con hechos. Ya me encontraba en antecedentes que el señor Doctor Francisco Vázquez Gómez trabaja activamente por la unificación de todos los elementos revolucionarios que se encuentran en este país y en el extranjero, y que desea el mejoramiento de nuestro suelo patrio. He tenido conocimiento que los cc. Generales Francisco Villa y Felipe Ángeles, como otros, han tenido brillantes triunfos en el Norte de nuestra Republica. Una vez reunidos en nuestro poder los elementos a que hago referencia y que hice en mi anterior, daremos el primer golpe a Bárcenas y seguiremos trabajando con éxito. Me permito ofrecer a usted, desde luego, víveres como artículos de primera necesidad, u otros que pudieran hacerle falta dejando a su respetable opinión la forma más conveniente para que lleguen a su poder. Hago de su conocimiento que diariamente mando mulada con arrieros a Cuautla, por lo que suplico se sirva, si lo cree conveniente, ordene a los jefes que operan por esa región, no obstruccionen el paso a los individuos de referencia. Sin más asunto que tratar por ahora, aprovecho la oportunidad para protestarle mi adhesión y respeto. El Coronel J. M. Guajardo".

"Campamento Revolucionario en Morelos, a 2 de abril de 1919. Señor Coronel J .M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado señor Coronel: Con mucha satisfacción doy respuesta a su atenta fecha el 1º (Primero) del actual, habiendo quedado enterado de lo que en ella se sirve expresarse, recomendándole especialmente el asunto de Bárcenas. Con relación a los víveres y municiones que en la ciudad de Cuautla tiene usted, juzgo pertinente los deje allá, aún cuando bien comprendo que por de pronto pudieran hacernos falta, pues creo firmemente que muy poco tiempo después esos elementos se pueden recobrar y hay el inconveniente de que el mismo individuo que le recomiendo, pudiera enterarse del asunto, en cuyo desgraciado caso, esté usted seguro que lo haría víctima. Además creo conveniente que en la primera oportunidad que se le presente arregle de una vez a Bárcenas, sin esperar la fecha del 6 al 10. Su carta ha sido para mí la confirmación de las referencias que sobre usted me habían sido proporcionadas y no dudo que como usted me indica, sea sostenido con hechos y sinceramente nos felicitamos por su patriótica actitud, ofreciéndole en lo particular mi amistad franca y abierta. Respecto a los víveres de que me habla, efectivamente estamos escasos, yo le agradezco mucho su buena disposición para proporcionármelos y esté seguro de que recibiré con gusto todo aquello que sea su voluntad mandarme. Ya ordeno a la gente que se encuentra entre esa y Cuautla, no entorpezca el paso a sus arrieros. Sin más por ahora y en espera de sus apreciables letras, quedo de usted afmo. General Emiliano Zapata".

"Hacienda de San Juan Chinameca, abril 3 de 1919. C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Donde se encuentre. Muy estimado Jefe: Con fecha de ayer noche me fue anunciada la presencia en ésta de su enviado, el señor Feliciano Palacios, a quien recibí gustoso y después de tener una larga y franca entrevista, le expuse los motivos para alargar el plazo de capturar a Bárcenas y los suyos, cosa que estima prudente por ser de esencial importancia para el tiempo futuro, tener en nuestro poder la cantidad de parque a que ya le he hecho mención. No creo oportuno entrar en otros detalles, pues entiendo que su enviado al escribirle a usted le dará cuenta de ellos. Por su enviado quedo enterado que usted ha acordado que este punto sea mi campamento, cosa que es de mi agrado, me permito consultarle si las familias puedo dejarlas en ésta o mandarlas a otro lugar. Le mando un caballo que espero será de su agrado, así como mercancías que le serán necesarias. Si usted no puede darme sus instrucciones amplias y verbales, las espero entonces por escrito, indicándome qué plaza debo atacar después del golpe de Bárcenas. Tengo en proyecto Jojutla, Tlaltizapán o Jonacatepec. El trabajo que tengo que efectuar con su recomendado, será el lunes y lo tendrá en su poder en el punto indicado. Yo tengo que ir a Cuautla a recibir el parque y venir enseguida con la gente que tengo en Santa Inés y algunos oficiales. Me es honroso protestarle mi subordinación. El Coronel J. M. Guajardo".

"Campamento revolucionario en Morelos, 6 de abril de 1919. Señor Coronel J. M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado señor coronel: Por su estimable, me he enterado de la entrevista que tuvo usted con mi enviado, y en cuanto al movimiento, le manifiesto que la base principal es ésta; que con las fuerzas de su mando marche a Tlayecac, en donde están al mando del capitán Salomé G. Salgado, cien hombres; que el mismo capitán Salgado reunirá más tropas en Tenextepango; una vez organizado allí marchará sobre Jonacatepec, el que una vez tomado, regresará a San Juan Chinameca a recibir instrucciones, y marchará sobre Jojutla y Tlaltizapán; apoderándose de esta plaza, ya se puede reorganizar la columna y, después de reforzada, llevar a cabo trabajos de mayor importancia. Este movimiento debe hacerse inmediatamente que usted reciba la presente, al fin que Bárcenas pasó rumbo a Cuautla y ya le pongo gente a retaguardia para ver si es posible ayudarlo a combatir, pues por más que últimamente he pretendido hacerle presentar combate, anda escabulléndose para no tener encuentro. Como el movimiento de usted va a ser por el rumbo opuesto al que lleva el mencionado Bárcenas, puede prestar oportunidad para que al regresar a esa hacienda lo capture usted, y para mayor éxito puede usted dejar en ese punto un jefe con cien hombres y las respectivas instrucciones. En cuanto a la impedimenta de las familias, pueden quedar, por lo pronto, en ese lugar, y ya en vista de los movimientos que haga el enemigo, se verá si es conveniente trasladarlas a otro sitio; pero de antemano creo que habrá esa necesidad. Con el fin de despistar al enemigo, voy a distribuir fuerzas en guerrillas, por lugares más convenientes, cercanos a Cuautla, aparte de una columna competente, formada con las tropas que puedan reunirse, para el mejor éxito de las operaciones. Adjunto a usted una orden para el C. Capitán Salomé que, como le digo antes, se encuentra a mis órdenes en Tlayecac, para que se incorpore a la columna de usted llevando consigo a sus fuerzas y las de Tenextepango. En el mismo caso del capitán Salgado, se encuentran otros muchos jefes, que esperan la primera oportunidad para hacer su movimiento; y por lo mismo, es necesario que desde luego lo efectúe, sin esperar más tiempo los pertrechos que ha de recibir, los que se compensan con los elementos que se han de incorporar después. Sin más asunto por ahora, y deseándole feliz éxito, quedo de usted afectísimo amigo y atento y seguro servidor. General Emiliano Zapata".

Al mismo tiempo Zapata recibió una carta de Eusebio Jáuregui, en la que éste daba amplias referencias de Guajardo, lo que sumado a las anteriores, Emiliano Zapata creyó en la sinceridad de Guajardo. Hablamos arriba de alguna intervención de Jáuregui, ex zapatista que gozando de libertad, y sin respetar su palabra de honor, reincidió en sus simpatías hacia Zapata y hacia el zapatismo.

Eusebio Jáuregui perdonado de la vida pues se le capturó con las armas en la mano, no desperdicia ocasión para expresar a los espías del enemigo algún dato o cierta información que favoreciera a los suyos. Se sospechaba de su conducta, pero no había testimonio que confirmara tal sospecha.

Guajardo, por otra parte, debía también aprovechar la circunstancia y pide a Eusebio una carta de presentación con Zapata; no se niega el favor, y por el contrario, la carta sobre todo el final, expresa claramente sus inclinaciones a la rebeldía. Expide, pues, la carta que copiamos enseguida.

"Cuautla, abril 8 de 1919. C. General Emiliano Zapata. Donde se encuentre. Muy estimado general: He hablado con el coronel Jesús M. Guajardo, y me ha manifestado todos los arreglos que usted y él tienen para la fecha, relativos a que ha reconocido de una manera incondicional los ideales que usted tiene la alta honra de representar y como no dudo sea un hecho, me permito manifestar a usted sepa apreciar los buenos elementos de este ameritado jefe que ayudará e impulsará nuestra revolución. Espero que mi recomendado le comunicará a usted lo que yo tengo pensado, a fin de que la revolución obtenga mayores elementos y con esto grandes triunfos. Debo manifestar a usted, mi general, que el Coronel Guajardo no cumplió con su orden el día citado, en vista de que tuvo que atravesar por grandes dificultades. Protesto a Ud. mi general, mi subordinación y respeto. Jáuregui".

Guajardo, conforme a las instrucciones verbales que recibía del General González, seguía ratificando su adhesión al General Zapata, encontrando siempre algún pretexto para indicarle que debía esperar varias semanas más aliado del gobierno. Pero Zapata, ante la situación incolora de Guajardo, le pidió de una vez por todas que definiera su actitud. Ante la exigencia del caudillo suriano, el Coronel Guajardo se presentó ante el General Pablo González, pidiéndole órdenes y resolviendo don Pablo dar el golpe final.

La oportunidad para realizar los planes del Ejército Federal se presentaron cuando Zapata exigió a Guajardo que se le incorporara; señalándole la obligación de llevar al campo zapatista al General Capistrán, que se había rendido al gobierno y enseguida atacar y tomar la plaza de Jonacatepec. El cuartel general federal interceptó una comunicación del General Zapata dirigida a Eusebio Jáuregui, donde le daba instrucciones para que aprehendiera al General González.

Eusebio Jáuregui se había rendido hacía varias semanas, pero, según la comunicación interceptada, la rendición había sido preparada con el objeto de gestar un movimiento dentro de Cuautla. Al descubrirse los planes de Zapata, el General González ordenó al gobernador José G. Aguilar que procediera a la aprehensión de Jáuregui, que tenía la ciudad por cárcel. El General Pablo González dio la orden de traer a Emiliano Zapata vivo o muerto. González dijo a Guajardo:

-Por lo que respecta a las pruebas que le pide Zapata, provea a su gente de parque de salva y ataque la guarnición de Jonacatepec. Yo daré instrucciones al General Daniel Ríos Zertuche para que también provea a sus soldados de la misma clase de parque para que, después de sostener un tiroteo con las tropas de usted, se retire a un punto convenido en aparente desorden, y como no es posible que se lleve a Capistrán, pues Zapata le fusilaría inmediatamente, llévese a doce zapatistas que están condenados a muerte y que si los fusila su ex jefe pagarán bien pagados los crímenes que han cometido.

Según el parte de Guajardo, el día 8 de abril de 1919, después de recibir las órdenes de Pablo González, salió con su escolta a las 8:15 horas con rumbo a Chinameca. Llegó a Moyotepec a las 11 horas de ese mismo día, donde la esperaba una escolta de 50 hombres, y prosiguió a Chinameca llegando a las 15 horas.

Con motivo de que varios grupos de campesinos se presentaron ante Guajardo para quejarse de los desmanes de la gente de Bárcenas, exigiendo pronta justicia, Guajardo impuso como castigo el fusilamiento de 59 soldados que militaban a las órdenes de Margarito Ocampo y del Coronel Guillermo López. Esta orden se cumplió en un lugar llamado Mancornader. De esta forma demostró Guajardo su rectitud y lealtad a Emiliano Zapata.

Esto decidió a Emiliano Zapata a concederle la entrevista, por lo que Palacios le comunicó a Guajardo, que se encontraría en Tepalcingo. Guajardo, al día siguiente a la 1 (Primera) hora, con su gente montada y bien municionada dejó la hacienda de Chinameca y salió rumbo a Huitzila, donde llegó a las 9 horas, dándole forraje a sus caballos, y recibió las últimas instrucciones para atacar a Jonacatepec; a las 12:45 horas estuvo frente a esa plaza, donde le esperaba la gente que llevaba el Capitán Salgado, del 66 Regimiento.

Guajardo procedió al ataque de la plaza donde se combatió media hora y, según el parte oficial de Guajardo, se perdieron dos individuos de tropa que murieron en el combate. No se explica cómo pudo ser esto, pues iban a hacer sólo disparos de salva. En el ataque a Jonacatepec, el General Ríos Zertuche distribuyó a sus soldados, pues ya había recibido la orden del cuartel general; simuló la defensa de la plaza y después sus oficiales hicieron huir a la gente en completo desorden.

Abandonada la plaza, el Coronel Guajardo, con la mayor parte de sus tropas -ya que algunos se negaron a voltearse- entró victorioso a Jonacatepec gritando "Viva el General Zapata".

El asalto simulado a Jonacatepec hizo creer al caudillo suriano en la lealtad de Guajardo. Poco después del asalto a Jonacatepec, recibió órdenes de presentarse a Zapata. A las 16 horas salió del pueblo y, por primera vez, frente a la estación del ferrocarril denominada Pastor llevando un número aproximado de 600 hombres, se entrevistaron y Zapata le dijo:

-Mi General Guajardo, la felicito a usted sinceramente y acordó el ascenso de él y de la oficialidad. Zapata le manifestó el deseo de que pasara a Tepalcingo. Guajardo fingió un dolor de estómago y Zapata la llevó a medicinarse. Como a las 24 horas, Guajardo recibió órdenes de Zapata para que dejara a su gente en un lugar llamado Los Limones, mientras que él, Guajardo, debería esperar nuevas órdenes en la hacienda de Chinameca.

Éste, al día siguiente acampó con su fuerza a tres kilómetros de la hacienda y procedió a entrar a ella a las 6:30 horas quedando toda la tropa acuartelada. A las 8 horas Emiliano Zapata llegó frente a la hacienda con unos 400 hombres, comandados por Pioquinto Galis, Gil Muñoz Zapata, Adrián Castrejón, Timoteo Sánchez, Joaquín Camaño, Jorge Méndez, Juan Lima, Jesús Chávez, José Rodríguez, Feliciano Palacios, y los coroneles Jesús Salgado, Clemente Acevedo, Salvador Reyes Avilés y otros.

Algunos se habían disgregado en algunas de las chocitas en busca de alimentos, otros en la plaza platicaban. Zapata fue saludado por Guajardo en ese lugar, y estaban en eso cuando corrió la noticia de que se acercaban fuerzas federales. Emiliano Zapata dio orden a Guajardo de que se mantuviera en la hacienda, y Zapata se posesionó del lugar llamado Piedra Encimada para repeler el ataque.

Desde ese lugar Emiliano Zapata observaba con unos prismáticos. Después de cerciorarse, ordenó a Feliciano Palacios que fuera a ver a Guajardo, para que éste entregara el armamento y municiones que había ofrecido a Zapata. Palacios salió acompañado de Jorge Méndez y Juan Lima; los dos últimos se quedaron en el puente de entrada de la hacienda, y sólo Feliciano Palacios entró a la finca. Como Palacios no regresaba, Zapata envió al Coronel Agustín Carreón para que le sirvieran unas cervezas. Carreón regresó sin haber visto a Feliciano Palacios.

Como a las dos de la tarde, Zapata se retiró a la Piedra Encimada y se dirigió a la tienda de raya de la hacienda, donde saludó al español que la regenteaba, y en la bodega preguntó al General Juan Lima por Feliciano Palacios, a lo que éste contestó que se encontraba preso por órdenes de Guajardo, y le participó que Guajardo lo invitaba a comer.

Contrariado el General Zapata por la información que le dio Juan Lima, aceptó la invitación pero dijo que iría a caballo, por lo que su asistente, Agustín Cortés, le arregló su montura y ordenó a Juan Lima y a Jorge Méndez que escogieran diez hombres para que lo acompañaran a la cita que le había hecho el Coronel Guajardo.

La comitiva fue compuesta por los generales Juan Lima, Jorge Méndez, Miguel Zúñiga, y el Coronel Clemente Acevedo, más los asistentes de cada uno de ellos. Guajardo había dispuesto que en el momento en que entrara Emiliano Zapata se le hicieran los honores de general y después de la segunda llamada de honor hicieran fuego, estando el resto de la tropa dispuesta para combatir.

A las 14:10 horas, Emiliano Zapata se presentó en la puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas tenían a Feliciano Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra formada tocó llamada de honor y, sin terminar ésta, una trompeta tocó a fuego. Como los soldados presentaban armas al pasar el General Zapata, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas que hacían en su contra.

Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo arrojó su cadáver al suelo. A su lado quedó su fiel asistente Agustín Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó el infortunado Feliciano Palacios que fue asesinado también en el momento en que caía Zapata.

Las descargas de fusilería se convirtieron en mortífero fuego general contra los zapatistas desde los puestos en que los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y tratando de ponerse a salvo del furioso ataque de que fueron víctimas.

Una vez fuera del alcance de los proyectiles, comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su jefe.

El parte oficial de Guajardo dice que quedaron muertos Emiliano Zapata, Zeferino Ortega y otros generales habiendo causado bajas, entre muertos y heridos, como 30 hombres, que no fue posible identificar. Guajardo aseguró que él personalmente hizo fuego en contra de Palacios, Bastida y Castrejón, a los que mató en el acto. Posteriormente, se ha podido comprobar que ni Zeferino Ortega ni Gil Muñoz Zapata fueron sacrificados en aquella ocasión.

Después de este artero ataque se procedió a levantar los cadáveres y se dispuso que se persiguiera al enemigo por todos los rumbos hasta dispersarlo completamente, haciendo gran número de bajas entre muertos y heridos.

Con el objeto de conducir el cadáver de Zapata, se tocó botasilla y, media hora más tarde, a las 16 horas del jueves 10 de abril de 1919, Guajardo salió de la hacienda de Chinameca con la fuerza a su mando, rumbo a Cuautla, a donde llegó a las 21:10 horas, haciendo entrega del cadáver al General Pablo González.

El cadáver de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de una mula, y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose Guajardo adonde estaba Pablo González, le informó: -Mi general, sus órdenes han sido cumplidas.

Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la presidencia municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval.

El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público, colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: Allí empezaron a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar. Para evitar la descomposición del cadáver se ordenó que el Doctor Loera y varios practicantes lo inyectaran, realizado lo cual, se ordenó que fuera puesto en exhibición.

Previamente se le practicó la autopsia y se comprobó que solamente había ingerido alimentos líquidos, y el cuerpo presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le debieron haber causado la muerte casi instantánea. El cadáver no presentaba ni una herida en el rostro.