Saturday, February 16, 2008

La Privatización del Infierno o El Regreso del Fistol del Diablo

La Privatización del Infierno
o
El Regreso del Fistol del Diablo

Por Pomponio

Novela de Usos y Costumbres
Escrita con las Patas

Dedicada a:

Los Huarachudos de la Piedra
Los Senderistas
Radio AMLO
El Presidente Legítimo
Los Renegados



I El Averno Mexicano

Igual que el Hairy Potty usa búhos para comunicarse, la secretaria de gorilación suele mandarme un chango como mensajero. Luego luego supe que había llegado la Chita porque oí a mi secretaria, doña Chonita, mentando madres y se oían chillidos de chango.

“¡Don Menfis! ¡Ayúdeme!” me dijo doña Chonita cuando salí a la antesala de mi oficina. La Chita estaba haciendo su desmadre en el escritorio, tirando papeles y armando escándalo.

“¡Ah, que la chingada!” exclamé. A mis narices llego el tufo distintivo de caca de chango que huelo cada que voy a la oficina de Ramierdas Acuña. “A ver, pinche Chita, ¿que carajos quiere tu jefe ahora?”

“¡Ick! ¡Kriga! ¡Bundolo! ¡Ick! ¡Ick!” dijo la changa entregándome el sobre con el membrete de la secretaria de gorilación: un águila mocha comiéndose un plátano.

“¿Quiere respuesta tu jefe?”

La changa sacudió la cabeza. Doña Chonita ya había sacado la escoba y se acercaba amenazadoramente al animalito.

“¡Entonces largate hija de la chingada!” le ordené.

Doña Chonita veía con asco el mojonzote que había depositado la changa en su escritorio. “¿Quiere que llame a los de limpieza licenciado? Digo, para que fumiguen.”

“Pos si, y también llame a don Viboriano Huerta por si no se quiere ir el animalito por la buenas.” Viboriano Huerta es el encargado de seguridad aquí en Infiernotitlan y es notoriamente de pocas pulgas.

Al oír el nombre, la changa me hizo una señal obscena y puso pies en polvorosa. El miedo no anda en foxes.

Eso me recordó que quería hablar con el pelón e hice llamar a don Viboriano.

“Sordenes jefe,” dijo cuadrándose el viejo dictador, pelón, borrachín, de lentes, que se vestía de militar en vida. Hoy por toda vestimenta portaba su sombrero de general con una aguilita. Como todo el resto del personal de Infiernotitlan andaba encuerado por el caloron. Deje a un lado el mensaje.

“Sígame, don Viboriano,” le dije.

Lo lleve a las salas donde la burrocracia del infierno tiene sus lares. Hay muchas notarias, protonotarias, juzgados, oficinas adjuntas de investigación, un departamento de informática para almacenar evidencia de pecados (lo incrementamos bastante estos últimos dos sexenios), un ombudsman, oficinas de representación de Amnistía Internacional y de la CNDH (el representante de está ultima nunca asiste y, cuando lo hace, lo hace borracho), un consulado yanqui para tramitar sacar las almas de gringos que se mueren en México, numerosos bufetes jurídicos, nubes de coyotes, etc., etc. ¡El infierno mexicano parece una oficina de gobierno como cualquier otra, nomás que más tétrica! Es mas, la tonina Carstens hasta tiene un representante y un bufete pues alega querer gravar a las almas aun después de muertas, cosa a la que me he rehusado con amparos y defendiéndome como gato boca arriba: ¡si traen feria los difuntos la quiero yo! Habían por supuesto un resto de colas, vendedores ambulantes, niños chillando y corriendo, etc. En suma, todo un desmadre.

“Digame, don Viboriano, ¿qué ve usted mal aquí?”

Viboriano pasó su torva mirada sobre la multitud. “Pos no he hecho leva con todos estos cabrones. No se preocupe, jefe, orita paso por cajas a toda esta indiada.”

Don Viboriano, debo aclarar, todavía tiene resentimientos con el centauro, Pancho Villa. Este y sus muchachitos ocupan una esquina del infierno donde han reproducido la hacienda de Canutillo. Junto a la hacienda de Villa está la del manco Álvaro Obregón. Este tiene un ranchote guardado por contingentes de yaquis. Villistas y obregonistas se la pasan tiroteándose todo el día pero pos ya no se hacen daño porque ya están muertos. Por lo menos no se aburren ansina. Pero don Viboriano siempre ha querido armar un ejército para ir a quesque a meter en cintura al centauro y al manco.

“No, don Viboriano, no me va oste a repetir aquí la toma de Zacatecas. Ya supérelo. Perdió, chingaos.” Viboriano hizo una mueca. “No, general, mire usted. El problema que yo veo es que la mitad de esta gente NO está muerta. Mire aquel vendedor de periódicos. O el que vende cachitos de loteria. O aquella señora de las garnachas. O el coyotito ese que trata de sacarle unos amparos a esos AFIs recién llegados. Hay un resto de cabrones aquí que todavía no están difuntos.”

Debo aclarar que es bien fácil identificar a los muertitos: andan encuerados, igual que el resto de mis chamucos. Yo, sin embargo, prefiero, por dignidad, vestir a la veracruzana: guayabera, pantalón y zapatos blancos, paliacate rojo, y sombrero de empanada o cuatro trancazos.

Huerta sacó la mitigueson. “Oste dice y me los quebro, jefe.”

“No, ese no es mi punto, general,” le contesté. El pelón se quedó pensando unos momentos.

“Oiga, patrón, con todo respeto,” dijo don Viboriano, “pero pos es que toda esa gente tiene que hacer su luchita. Están muy jodidos allá arriba.”

En efecto, el averno mexicano, Infiernotitlan de Juárez, se encuentra abajito del rancho de Fox. Y digo abajo literalmente: como a unos 100 metros por debajo. Tan ansina que las filtraciones del lago de Fox están jodiendo la bóveda del averno. El pueblo junto al rancho del burro parado, San Francisco del Rincón, Guanajuato, está rete jodido, igual que el resto del estado. Los que no se pueden ir de mojados se dedican a coyotear entre las almas o la hacen de vendedores ambulantes.

Y es que todo esta en venta en Infiernotitlan, amparos, celdas con aigre incondicionado, drogas, viejas, líneas DSL de Internet, etc. Pero pos se necesita feria. Para hacerse de dinero, los pecadores o bien llegan con dinero o traen sus muelas de oro, asumiendo que no los roben en la funeraria. También hacen artesanías, camisetas con la leyenda “Recuerdo de Infiernotitlan” o “Infiernotitlan…the Happy Place” que les venden a los turistas. En suma, Infiernotitlan es como Almoloyita, nomás que mas caluroso.

“Pos lo entiendo, don Viboriano, pero es que de a tiro da muy mala imagen. Digo, ¡mire! ¡Es un verdadero desmadre aquí!”

“Ay, jefe, ¿pos que tanto es tantito? Si siempre ha sido ansina. Todavía está mejor ahora que cuando el arzobispo mandaba. Si se acuerda, antes, por muy cochinos que hubieran sido los curas en vida no los podíamos tocar.”

En efecto, en 1938, argumentando que el subsuelo era de la nación, y que el infierno está en este, el general Lázaro Cárdenas había nacionalizado al infierno junto con PEMEX. Los detalles están en la cláusula 1313 del decreto expropiatorio, aunque esta es poco conocida. Desde entonces ya no me reportó directamente con el arzobispo de México sino con la secretaria de gorilación. Aunque, propiamente, sigue siendo mi jefe el Fuhrerdasromankatolischekirche, el papa Ratzinger, el cual aprueba el presupuesto. Los fondos para operar el infiero mexicano, sin embargo, vienen del erario nacional, específicamente de una partida que paga PEMEX.

Y se preguntaran por qué el dinero viene de PEMEX. Fue un cambalache que hice. Su servidor le entregó al general Cárdenas las escrituras de petróleo ahí en su despacho en palacio nacional el mero día 18 de marzo de 1938. De esa manera logre salirme de estar bajo la férula de los curas, los cuales siempre me han caído del carajo.

“Librenos Macumba de volver a estar bajo la férula de la iglesia,” dije mientras continuábamos nuestro recorrido. Como para puntualizar mis palabras se oían mentadas de madre salir de una sala de juzgado. De inmediato me dirigí ahí, seguido de don Viboriano. Había una nube de coyotes agitando amparos en las narices de los chamucos a cargo.

“¿Qué chingaos pasa aquí? ¿Quién está a cargo?”

“Jefe, yo estoy encargado, soy el licenciado Seboruco,” dijo un chamuco viejon que presidía la sala.

“Pos meta orden cabrón. ¿Cual es la bronca?”

De inmediato los coyotes se abalanzaron ante mí.

“¡Esto es un atraco!” protestó un coyotito.

“¡El presbítero es inocente!” me aseguró otro.

“¡En base al articulo 883b del código general de pecados, entuertos, y similares, y en atención al decreto…” empezó a recitar otro leguleyo.

“¡Cállense cabrones!” rugí. “A ver, ¿quien chingaos es el preso?”

Un chamuco se cuadró ante mi y me presentó al reo que traía esposado. Este era un fulano ya viejon, papadón, barrigón, poco pelo, y de nariz roja. Era un criollo colorado y por supuesto estaba en cueros como el resto de las almas.

“¡Usted no sabe con quien se mete!” dijo el fulano con aire arrogante.

“El difunto es el cura Austreberto del Sagrado Corazón de Jesús Maldonado, y en vida fue jesuita,” explicó el licenciado Seboruco leyendo el expediente. “Acaba de petatearse de una sobredosis de viagra, complicada por una gastritis crónica mal atendida, y un ataque al corazón por dos líneas de polvo colombiano sin cortar que se aventó.”

“A ver, Seboruco,” le dije, “páseme ese expediente.”

“¡Calumnias!” dijo el reo.

Me puse a leer el expediente. Estaba bastante abultado. “A ver. Miembro fundador de Pro-Vida…miembro del Yunque, bajo el sobrenombre de ‘Francisco Franco’…archimandril auxiliar de la catedral de México…catedrático de la Anahuac…director adjunto de los colegios de los Perversionarios de Cristo…gran maestre de los caballeros del colon…Juan Camaney del regnum cristi…se pasaba el chicle con Marcial Maciel…miembro de la mesa directiva de Bimbo…consejero de Taravisa…¡juar! ¡juar!...¡lo sorprendió la parca cuando iba a probar una botellita de ocho años que le había mandado Marín! ¡Viejo cochino!”

“¡Oz digo que zon puraz calumniaz! ¿Dónde eztá Zan Perico? ¡El debe de abrirme laz puertaz del zielo! ¡Que me cago en la virgen, Josu!”

“Ah, ¡y encima gachupín! No hay que más decir. Hay que enseñarle lo que es amar a Dioj en tierra de indios. A ver, Seboruco, póngale treinta eternidades en el lago de mierda Jesús Reyes Herodes.”

Los coyotes se alborotaron todos. Un cliente así vale oro. No lo iban a dejar ir nomás ansina.

“¡Interpondré un amparo!” prometió uno.

“¡Yo ya tengo uno aquí!” gritó otro agitando un fajo de papeles. “¿De que sabor lo quiere? ¡Tengo de naranja, de piña, y de limón!”

“¡Yo apelare a Roma!” juró otro.

“Seboruco,” dije, “pónganle dos eternidades de tehuacanazos a este cabrón cura para calentarlo y para que deje de alborotar al coyotaje.”

“¡Con todo gusto jefe!” contestó Seboruco.

“¡Ezo ez una arbitrariedad!” protestó el reo.

“¡Su protesta es notoriamente improcedente!” dijo Seboruco mientras estampaba la sentencia.

Los chillidos del cura me eran molestos y ya me estaba enchilando. “¡Cinco eternidades a tehuacanazos entonces! ¡Y dígale a sus coyotes que no la hagan mas de tos porque entonces si me encabrono! Lleveselo don Viboriano.”

“¡Vente conmigo hijoeputa!” dijo don Viboriano agarrando al cura por el lomo.

Y ya contento por haber jodido a un cura, me dirigí a mi oficina.

II. El Rapto de las Gringas

El texto era escueto. Se me requería en Bucareli para “la reunión de seguimiento del plan para la modernización del infierno”. La firma era la del primer damo Mouriño. Murmurando una mentada a los gachupines en general, marqué el número de Los Pinos. Mouriño no estaba ahí. Me transfirieron a Bucareli.

“¿Alo?”

“A ver, dime, pinche baturro, ¿qué chingaos quieren decir con ese plan para la modernización del infierno?”

“¿Don Menfis?”

“¡Nada de ‘don Menfis’ ni una chingada! ¡Licenciado Satanás, cabrón! A ver, ¡explíquese!”

“Ez que…lizenziado…hicimoz un eztudio de reingeniería con la KMPG, vos sabeis…”

“¡No! ¡No sé ni puta madre! ¡A mi naiden me dijo nada!”

“Mire, lizenziado, esto ya ze decidió. Ya Jelipe se arregló con los Chuchos y los Priistas para que ze hagan los cambioz nezesarios. Mierdorico Goering, perdon, Doring, presentará la iniziativa al reiniziarse las zezionez del congrezo.”

“¿Cambios? ¿Cuáles cambios?”

“Al articulo 666…bueno, a su ley reglamentaria. Le llamamos el plan Jel 2008.”

“¿Jel? ¡Jel tu abuela alpargatada!”

“¡Hostia! Es que así fue como bautizaron el plan los patrones en Banff.”

“Dirás ‘Hell’ baturro ignorante. ¿Entonces el plan no es invento de ustedes? ¿De quien chingaos es?”

“Bueno, licenciado, si inzizte usted en zaberlo…”

“¡Si! ¡Insisto! ¿Quién fue el grandísimo pendejo al que se le ocurrio todo esto?”

“Licenciado, ezto ez parte del plan eze de la seguridad para Norteamérica. Como bueycencia bien sabe, los moroz quieren atacar el mundo libre…”

“Ah, es cosa de los gringos. Eso explica lo pendejo del plan. ¿Y que chingaos tiene que ver el infierno con esto?”

“Ez que el patroncito Mr. Bush soñó la otra vez que unos moros se les metian por debajo de la frontera por medio de un túnel. Y como uzted vive en las entrañaz de la tierra…”

“Puta madre, Infiernotitlan está a 700 kilómetros de la frontera. Si quieren un túnel que se hablen con los carteles de Sinaloa. Esos cabrones tienen hasta autopistas bajo la frontera.”

“Lizenziado, nuestra bronca no ez con loz de la iniciativa privada zinaloenze. El patroncito Bush específicamente menciono Infiernotitlan como un posible peligro para el perímetro de seguridad de Norteamérica.”

“Los únicos árabes que me caen aquí son unos aboneros. Y ya estoy esperando a Nacif.”

“¡Josu! Ordenes son ordenes, licenciado. La Rand Corporation recomendó que se hiciera la reingeniería total del averno mexicano. Y como le dije, KPMG acaba de hacer tal eztudio.”

“¿Entonces por los sueños de un borracho como Bush ya vienen ustedes a joderme a mi?”

“¡Josu! ¡No hable usted asi del patroncito! ¡Por lo menos no lo haga por esta línea!”

“El puto de Tony Garza les tiene intervenidos los teléfonos de Los Pinos, ¿verdad cabrón?”

“Ay licenciado, no zea uzted intransigente. ¿Cuento con usted mañana para la reunión en Bucareli? Es a las dos de la tarde.”

“¿Va a estar Jelipe?”

“¡Hoztia! Jelipe lleva tres diaz borracho. Y solo me habla golpeado. ¡Todo porque nunca jamaz le podré dar un hijo! En fin, estará uzted, el zeñor arzobispo, don Mierdorico Goering, Gamboa, Nalgarrete, Pantaleta, y su servidor.”

“Bien. Me voy a dar un baño de alcohol luego. Será como visitar el drenaje profundo por la cantidad de ratas juntas que voy a ver. ¡Ahí voy a estar!”

Con la muina saque la botella de Chupardi que tengo en mi escritorio y le di varios tragos. De inmediato busque el artículo 666 en mi copia de la constitución:

“Corresponde enteramente a INFERMEX la operación de los reclusorios para las almas de todo aquel que entregue el equipo estando en territorio nacional, de acuerdo con la ley reglamentaria correspondiente.”

No necesito aclarar que INFERMEX es la empresa paraestatal de la cual su servidor es el director. INFERMEX es, entonces, la empresa que opera Infiernotitlan. Aquí había gato encerrado. Algo tramaba Mouriño. ¿Por qué iba a estar ahí el Nalgarrete y Gamboa? No creo que el joto de Mouriño se atreviera a cambiar el 666. Seguro iban a hacerme madruguete a través de la ley reglamentaria.

Pero si la ley reglamentaria contradecía al 666 entonces esta era nula. Cualquier coyotito o hasta un pendejo egresado de la libre de derecha sabe que los artículos constitucionales son los que tienen la última palabra. Bueno, tal seria cierto en un país donde hay estado de derecho y no un estado de derecha. Me puse a buscar mi copia de la ley reglamentaria sin éxito. O bien la extravié o nunca se me ocurrió conseguir una copia. Llamé a doña Chonita.

“Doña Chonita, ¿donde encontraré una copia de la ley reglamentaria de INFERMEX?”

“Pos licenciado, me imagino que en el archivo general de la nación, en Lecumberri, han de tener una copia, chance hasta el original.”

“¿El original? ¿Con las firmas de los constituyentes de Querétaro?”

“Si, licenciado. Pero, ¿sabe usted quien fue el representante del primer jefe Carranza en durante la discusión de la nueva constitución?”

“¿Álvaro Obregón?”

“¡Exacto licenciado! Si alguien tiene una copia seria Obregón. Odiaba mucho a los curas y por eso insertó el artículo 666. Pero a raíz de su muerte en la Bombilla este articulo fue de esos de ‘obedescaze pero no se cumpla’ hasta que vino la nacionalización.”

“Jijos, con el manco no quiero nada. Luego te acercas a donde vive y sus yaquis te tiran de plomazos. No me pueden matar pero bien que duele el putazo. No, mande a don Lupito a Lecumberri y que solicite una copia. Déle una lana para que pueda dar mordidas y ‘agilizar’ los tramites.”

“Oiga licenciado, aquí está esperando Mr. Carrothers.”

“Dígale que pase entonces.”

Cletus Carrothers es el cónsul gringo en Infiernotitlan. Tiene la distinción de ser el gringo más pendejo que jamás tuvo puesto diplomático. Me parece que a los gringos abusados la CIA los manda a Europa. A México solo manda los más pendejos, miren a Tony Garza, no rebuzna porque no sabe la tonada. Y como Infiernotitlan no es un puesto sexy asignan al más pendejo entre los pendejos para ser el cónsul.

Cletus Carrothers, sin embargo, me cae bien, pues tiene un hoyo en una pata y con un trago de Chupardi todo lo arreglamos. Así pues, de inmediato puse la botella en mi escritorio junto con dos vasos con hielos.

“¡Hola don Clítoris! ¡Que milagro!”

“Cletus, don Menfis, Cletus. Y si, ya tenerr tiempo, creo desde el martes.”

“Qué caloron, ¿verdad?” dije mientras sacaba la botella. Era una reserva especial. Tenía un murciélago dentro, en lugar de un gusano de mezcal. Como chingaos le hacen para meter el animalito no tengo idea.

“Yes. Ohmigod!” Los ojillos porcinos del Carrothers brillaron al ver la botella con murciélago.

“¿Qué tal un refrigerio?” dije mientras llenaba los vasos.

“Bueno por serr con usted…”

“¡Salud!”

“Cheers!”

“Y bien, don Cletus, ¿a que debo el honor?”

“Verra, licenciadou, la semana pasada morrirse estas tres viejitas…” Carrothers me pasó unas fotos mostrando las fotos de la morgue de tres viejitas pachichis. “Son Sara Shapiro, Shawana Johnson, y Velma Rasmussen. Shapiro murió en Garibaldi de una congestión alcohólica con margaritas, Johnson murió en Cancún al resbalar y caerse de la pasarela del barco de turistas, y Rasmussen murió de vieja en San Miguel de Allende.”

“Y bien, ¿tiene las fotos de cuando llegaron aquí?”

“Aquí estan licenciado.” Las almas se apersonan en el infierno como cuando tenian 25 años. Las fotos las mostraban de cuerpo entero y encueradas. Shapiro era una judía guapita aunque medio narizona. Johnson era una negrota escultural con muy buen nalgatorio. Rasmussen era la gringa tipica con tetas pero algo flacona y sin mucha nalga.

“Pos muy bien, don Cletus, me imagino que están en Scott.” El CERESO Winfield Scott es donde juntamos a las almas de los gringos que se mueren en México previa a su transferencia al infierno gringo. Era evidente que las tres gringas debían pecados de cuando jóvenes. Tal vez le dieron buen vuelo a la hilacha. Shapiro sobre todo se veía rete cabrona.

“Correctou. Sin embargou, hace dos días las tres desaparecieron. Se les buscó y solo se encontraron huellas de caballous yendo en dirección hacia donde…ejem…Villa tenerr su ranchou.”

Me había llegado un reporte de un incidente pero no le había prestado atención. Por lo general los trámites de extradición de almas toman un par de meses. Algunos gringos se desesperan y luego tratan de pelarse. No llegan mas allá de San Francisco del Rincón pues al salir al mundo se manifiestan como un fantasma encuerado. Y como son insubstanciales, pos no pueden usar ropa y andan por el pueblo con sus vergüenzas al aigre. De inmediato se dirigen al Oxxo a pedir una coca cola y luego luego los policías municipales nos dan parte y mandó una julia con chamucos a recogerlos. Pocos se nos pelan, aunque creo que hay varios escondidos en el closet de Fox.

“Perese, don Cletus, ¿está usted acusando al centauro de robo de gringas?”

“Licenciadou, aquí estarr las fotografias de las huellas de los caballous.”

Examine la evidencia. La Siete Leguas tiene una marca en su herradura que luego luego la hace identificable. La marca era evidente.

“Ah, caray.”

“Uno de los inmates del Scott decirr que reconocer a Rodolfou Fierrou y a Villa que andarr cabalgando cerca unas horas antes.”

“Ah que la chingada, despreocupese, don Cletus. Tomare cartas en el asunto.”

“Please. Mi no quererr hacerr incidente internacional. Luego tenerr que reportarr a la CIA y no valerr la pena. Usted serr amigou y ¿parra que tanto brincou estando el suelo tan parejou?”

“Pos si, ¿le relleno la copa?”

“Muchas grracias, please do. Hacerr muchou calorr.”

“¡Salud!”

“Cheers!”

III Menach Atroz

La Frida Kahlo, la Maria Félix, y su servidor estábamos en la cama fumándonos un carrujo después de nuestra sesión de degenere. La ventaja del infierno mexicano es que tienes acceso a todas las “viejas malas” de la historia nacional y estas dos eran especialmente cabronas, razón por la cual son mis favoritas.

“¿Aguantas otro Menfis?” me preguntó lascivamente la Kahlo.

“Deja ver que aquí tengo mas viagra…” dije mientras buscaba en mi buró.

“¿Pos de cuando necesita chingaderas ‘Panchito’ para paraguas, Menfis?” preguntó con sonrisa burlona la doña.

“No chinguen, tengo siete mil años de edad, no soy un pollito. Orita despierto a ‘Panchito’.”

La doña alzó la ceja. “Pos Agustín estaba viejo y flaco y aun ansina no necesitaba menjurjes para levantar vapor…” Pinche doña siempre se burla de mi. Si no saca a pasear al flaco de oro menciona a Jorge Negrete, quesque no cantaba mal las rancheras.

“No sean ansina. Ando medio preocupadon. Tengo junta en Bucareli en unas horas.”

Kahlo frunció la única ceja. “¿Con los fascistas?”

Les expliqué lo que sabia. La doña prendió su puro con algo de dificultad. Estaba medio mojado pues habíamos jugado a quesque era yo Clinton y ella la Lewinsky. “Te van a madrugar, Menfis. Se quieren meter a Infiernotitlan.”

“Pos si,” dijo Kahlo. “Ya se mueren por privatizar aquí también.”

“Pero ¿pos que chingaos van a sacar de ventaja?”

“¡Si serás pendejo, Menfis!” espetó la doña. “¿No ves como tienes aquí lleno de curas? El miedo no anda en burros. Saben esos cabrones que al morirse vienen para acá derechito. El lago de mierda que tienes está casi por reventar de tanto cura.”

“La ICA me lo va a ampliar. Ya hice la licitación y ya me soltaron la lana que queria.”

“Ese no es el punto, Menfis,” me aclaró Kahlo. “Ellos ya controlan gorilación. Y la iglesia los controla a ellos. Como quien dice vuelves a estar bajo el arzobispo, como antes del 38. Si entran, yo mejor me voy a andar errante allá arriba como la Llorona. Si se posesionan de este lugar me van a querer vestir de monja.”

La Llorona era un alma en pena que mi antecesor, el licenciado Huichilobos, le había dado un amparo para que anduviera espantando de noche. Durante el día llegaba y firmaba en la iglesia de San Francisco del Rincón. Era algo ansina como libertad condicional. La Llorona tiene cuerpo de tentación, nomás que la cara de calavera no le ayuda.

“No se preocupen. Ah que la chingada. Con toda esta platica ya se frunció ‘Panchito’. No creo que lo levante ni a viagrazos. Bien, me voy a bañar.”

“Pos vete con cuidado Menfis,” dijo la doña. “Yo y Frida aquí nos vamos a entretener.”

“¡Por supuesto, doña Maria!” dijo la Kahlo abrazando a la doña y besándola.

Las deje haciendo sus cochinadas mientras me bañaba. Más o menos ya sabía por donde iba a venir el toro: por la ley reglamentaria. Todo dependía de que don Lupito me trajera la copia que necesitaba.

IV Lecumberri

Pasé por la oficina y me encontré con otro desmadre.

“¡Jefe!” dijo don Viboriano cuadrándose y saludando. “¡Que bueno que lo encuentro!”

“¿Pos que pasó?”

“¡Ay!” gimió doña Chonita. “Es don Lupito. Mírelo.”

Don Lupito estaba en un catre chorreando sangre. Se le veían varias perforaciones de heridas de bala. Eso no me preocupaba. Don Lupito ya había muerto en 1847 estando entre los guardias nacionales que habían defendido Churubusco. Me le acerque, el hombre gemía quedamente. Como don Lupito es de mis chamucos puede ir a la superficie encarnado y sólido. Los plomazos no lo podían matar pues ya había muerto pero dolían harto. En unas cuantas horas iba a cicatrizar y le quedarían los moretones.

“¿Pos con quien se puso al brinco don Lupito?”

“Ay, licenciado, fueron unos pinches gringos. ¡Me volvieron a matar los jijos de la chingada!”

“Pero pos yo lo mandé a Lecumberri. ¿Qué tenían que hacer los gringos ahí?”

Don Lupit nomas sacudió la cabeza. “Pos no se licenciado. El caso es que me marcaron el alto. Estaban uniformados y traían unas hummers. Les expliqué a lo que venia y de todas maneras no me dejaban entrar. Yo me enchile y les mente la madre y por toda respuesta me balacearon y luego empezaron a tirotear todo el barrio. Mataron a un infeliz que venia en bicicleta con una carga de bolillos. También petatearon a un transito y unas señoras que iban al mercado. Y le soltaron una RPG a un microbús. Yo creo que mataron como a veinte infelices con tal de matarme.”

“¿Estas seguro que eran gringos?”

“Definitivamente, licenciado. Y para mi que estaban drogos pues traían unos ojotes como buitre faroleado.”

Esto cambiaba las cosas. Lo que mas me encabronaba era que luego luego los fachos habían deducido que yo iba a buscar copia de la ley reglamentaria de INFERMEX. Y luego ¿qué carajos hacían unos gringos drogadictos con armas en Lecumberri? Desde mi despacho marqué un numero.

“¿Alo?” contestó una voz femenina cachonda.

“¿Mila? Habla Menfis. ¿Esta Wilie ahí?”

“Ah, don Menfis, esperrar.”

Wilie E. Coyote trabajaba para Tony Garza, el embajador gringo. El coyote estuvo a cargo de los palomotes ACME quesque había puesto la EPR –Espuria Presidencia de la Republica-- en Guanajuato. El caso es que el coyote resulto todo tatemado en esa ocasión y había decidido retirarse de trabajar para la CIA. Yo lo contrate para ciertos trabajitos que no voy a detallar. El coyote seguía teniendo contactos con la embajada, sin embargo, y me filtraba información.

Respecto a la Mila Jovovich, esta había conocido a Wilie E. Coyote durante la filmación de una película. El coyote la hacia de doble del actor que interpretaba a “el malo”. Esto era conveniente porque por más putazos que le pusieran o explosiones el coyote era prácticamente indestructible. El caso es que la Jovovich le había agarrado gusto al bestialismo y ahora ella y el coyote eran pareja y gustaban de andar oliéndose las colas. Entiendo el querer olerle la cola a la Jovovich, pero no se que atractivo le encontraba ella a la cola peluda y pulguienta del coyote.

“¿Qué pasó jefe?” preguntó el coyote.

“Wilie, ¿que sabes de unos gringos mercenarios en Lecumberri?”

“Son gente de Prince, jefe.”

“¿De Erick Prince, el nazi que encabeza la Blackwater?”

“Ese mero jefe. Mire, se acordara que se les cebó lo de meter a la SYColeman. Pero eso no iba a impedir que metieran a la Blackwater a manera de ‘asesores’. Sobretodo porque quieren empezar a maquilar la tortura de presos políticos.”

“¿Y los van a traer a México? ¿Pos no tienen ya a Guantánamo?”

“Es que Gitmo está muy visible, jefe. A cada rato va gente de organizaciones de derechos humanos a inspeccionar. Claro, Ahmed no es una blanca paloma, pero según las leyes gringas quesque tienen derechos. Necesitan traerse a sus presos a México para torturarlos en lo obscurito, sin que los estén fiscalizando. Además, el tehuacanazo es tecnología orgullosamente mexicana.”

“¿Y esto lo sabes con certeza?”

“Viene de boca de Tony Garza, jefe.”

“¿Pero por que carajos están en Lecumberri?”

“Ya no es el archivo general de la nación, jefe. La Blackwater lo está habilitando como prisión, cosa que una vez fue. El caso es que ya hay un piquete de gringos guardando lo que ellos consideran puntos neurálgicos: la oficina de Reyes Herodes en la torre de Pemex, Los Pinoles, el CCE, los domicilios de la Chucky, Pantaleta, Arce, Nalga Izquierda, y Nalgarrete, etc.”

“¡Orales! Pero, ¿y los documentos que habían en Lecumberri? Son invaluables para la historia de México.”

“Si, pero muchos de esos documentos son muy vergonzosos para la iglesia y los fachos. Esta por ejemplo el juicio a Hidalgo, los arreglos del arzobispo con los gringos en 1847, como fundaron el PAN con el dinero de Prescott Bush, el abuelo de George, etc. Tengo entendido que han estado transfiriendo cajas con documentos al rancho de Fox donde los van a quemar.”

Alcé mi vista a la bóveda del infierno. Infiernotitlan está abajito del rancho del burro parado, unos 100 metros por debajo. Las filtraciones del lago de ese cabrón nos causan goteras. Entre los documentos en Lecumberri estarían las notas de la entrevista que me hizo don Manuel Payno y que lo llevaron a inspirarse para escribir “El Fistol del Diablo”. También estarían las cartas que me mandó la guera Rodríguez y que son bastante lubricas. También bastante comprometedores serian las cartas entre su servidor y la emperatriz Carlota. Como al Max ya no se le paraba y tenía sífilis la señora estaba muy solita y yo le entré al quite. Yo como caballero nunca revelé los detalles de nuestros amoríos. Ya me empezaba yo a enchilar. Más les valía a esos fachos de mierda que no tocaran esos papeles viejos. Habían en ellos lo que para mi eran dulces recuerdos.

V La Junta

Entrar ahora a gorilación ya se hizo complicadon. Antes nomás me apersonaba en la oficina de Ramierdas Acoño, la que tiene una llanta a manera de columpio donde este se la pasa comiendo plátanos. Me le presentaba con una penca de estos que me mandan de Tabajco y el gorila mayor quedaba muy contento rascándose sus pulgas y comiendo sus plátanos. Así pues, nuestra relación de trabajo era en paz. El se avocaba a reprimir a los mexicanos y yo me dedicaba a torturar a los pecadores una vez que morían.

Pero por orden del Gran Shaitan, el papa Ratzinger, ahora tengo que obedecer sus procedimientos de “seguridad” del gobierno. De ahí que me encueraron y esculcaron –creo que con demasiado celo—a la entrada. Mientras eso ocurría, varios pefepos me encañonaban con unas bazukas lanzadoras de globos con agua bendita.

“¡Perense a que se mueran bola de hijoeputas!” les dije a los pefepos. Normalmente esos cabrones se cagan al verme pero ahora nomás sonrieron nerviosamente, cosa que no me gusto.

Evidentemente habían cambios pues al llegar al lobby encontré una pandilla de “locas” discutiendo sobre la remodelación del viejo edificio. Todas tenían facha como de Walter Mercado. También, por edecán me habían asignado a un chavito demasiado “bonito”.

“Orales, ¿pos ya Ramierdas Acoño agarro gusto por el vicio griego?” Esto solo suscito una risa nerviosa de las “locas”.

En eso se presentó el primer damo seguido de un sequito de “bonitos”: “¡Don Menfis! ¡Hostia! ¡Que guzto verlo por aquí! ¡Zigame, por favor, vamoz a empezar!”

“Nomas no te me acerques mucho, no se me vaya a pegar lo que tienes,” le dije rehusando darle la mano.

“Ah que don Menfis, ¡siempre tan guasón!” contestó el Mouriño dándome una sonrisita coquetona.

Al entrar a una sala de juntas vi a todo el sequito PANista: Perberto, Mierdorico Doring, Mierdina Mora, Gamboa del RIP, y las putas de Nueva Izquierda. Tambien estaba Tony Garza y un gringote vestido de militar gabacho. Note una ausencia. “¿Onde está el chango mayor, el jefe de los mangani, Ramierdas Acoño?”

Perberto dijo con una sonrisota: “Pos evidentemente el chamuco no sabe las ultimas.”

“¡Ja!” se rio Mierderico Doring, “¿pos no que era muy Juan Camaney este cabrón?”

Mouriño se aclaró la garganta. “Ajem, licenciado, ha de zaber uzted que yo soy el nuevo zecretario de gorilación.”

A duras penas mantuve la ecuanimidad. De acuerdo a lo pactado en 1938 yo me reportaba con el secretario de gorilación. A Ramierdas Acoño ya sabia yo como torearlo. El mas cabrón en gorilación había sido LEA en tiempos del trompudo pero hasta con ese llegue a acuerdos. Pero el hecho es que siempre había tratado con la punta del pie al gachupincito de Mouriño. ¡Y ahora el hijoeputa era mi jefe!

El primer damo sonreía. Era obvio que había estado soñando joderme por mucho tiempo. “¿No dice uzted nada don Menfis?”

Decidí que pos no importaba ya nada mas. A mi me puso el Gran Shaitan a cargo del infierno mexicano. Llegue con Cortés a tierras mexicanas apersonado como Pedro de Alvarado y substituí al Lic. Huichilobos. Y aclaro que no soy gachupin: nací en Babilonia hace 7000 años, de ahí que el finado Saddam Hussein era mi compadre y a veces converso en árabe con Nacif. Si el Gran Shaitan me quería quitar o ratificarme en el hueso era cosa de él. Y ciertamente yo no iba a poder cambiar las cosas. En tal caso, lo que hicieran o dejaran de hacer estos fachos jodidos no importaba. “¿Pos que quiere que le diga? A ver, ¿que carajos quieren decir con eso de la modernización del infierno?”

“¡Hostia! Que hace uzted muchas preguntas. Concrétese a obedecer sus órdenes. ¿Entendéis?”

Me empezaron a asaltar dudas. ¿Le habían hecho llegar noticias tendenciosas sobre mi persona al Gran Shaitan? ¿Contaba todavía con el apoyo de ese hijoeputa o ya tenia el puesto programado para otro chamuco?

“Miren, cabrones, técnicamente todavía estoy bajo el mando directo del Fuhrerdasromankatolischekirche, el Gran Shaitan, Ratzinger. Si, tengo que obedecerte, gachupin de mierda, ya ni modo. Pero no tengo que andarte lamiendo las patas como todos estos cabrones. A ver, ¿de qué chingaos trata este Plan Jel 2008?”

“Pos yo creo que no tiene caso dialogar con el chamuco,” dijo Nalgarrete. La Pantaleta le había estado murmurando cosas en el oído y me miraba con rabia y con su cara de libro de texto gratuito. “Mejor pidanle su renuncia, ¿no?”

Fije mi mirada sobre Nalgarrete. “Ah, ¿y que dijiste? ¿Ya chingamos? Si, les ofrezco mi renuncia, ¡para que se la metan por el culo cabrones!”

“¡Me cagó en la virgen!” exclamó Mouriño dando un manotazo en la mesa. “Si vos pensáis que no habemos consultado todo esto con el Gran Shaitan os equivocáis.”

“¡Si!” dijo Perberto. “Hemos estado en platicas con el Fuhrerdadromankatolischekirche sobre esto desde que se anuncio que él vendría a México en el 2009. Le prometimos unas botellitas para amenizarle la estancia.”

Gamboa, viejo zorro, se estaba cagando de la risa. “Licenciado, no sea pendejo, pidales una embajada a estos cabrones y ahí murió. Total.”

“Si como no,” contesté. “Me la van a dar en Bangla Desh o Haití los hijos de la chingada. Y, ultimadamente, ¿porque debo dejar mi hueso? Aguante un chingo de virreyes, generalotes, asonadas, 70 años del PRI, y por el ultimo el sexenio del burro parado. El único que me puede quitar es el Gran Shaitan. Ustedes me la pelan. Aclaren entonces si esto es una orden de él. Y además, si me quitan, voy a ponerles pleito en conciliación y arbitraje. Tengo 500 años de servicio. A 20 días de salarios caídos por año, mas mis tres meses, mas mi Infiernavit y reparto de utilidades que todavía me deben por esos años, ustedes échenle números. Además, la mayor parte de mi salario la tendrían que pagar en doblones de plata de tiempos de virrey y otra parte en los pesotes de don Porfirio.”

“¡Ya ves cabrón!” le gritó Nalgarrete a Mouriño. “Si no te mochas con nosotros no pasa tu puta reforma laboral y este cabrón se va a llevar el presupuesto del gobierno enterito nomás en su liquidación.”

“¡Ja ja!” se rio Gamboa. “Lo mismo digo yo. También tengo mi corazoncito. Nos tiene que hacer justicia la revolución.”

“Aunque pasen su puta reforma laboral, cabrones,” les contesté, “no me la podrían aplicar retroactivamente. Ustedes dicen si quieren pagarme con las tarimas de billetes del chino y mucho mas.”

Mouriño habia palidecido. Tal vez si el Gran Shaitan me estaba dejando colgado de la brocha pero no había pensado el gachupincito pendejo que liquidarme les iba a costar un ojo de la cara.

“¡Hostia! Carstens tendría un patatus.”

“Además, tengo las fotografías donde Azuela está enpiernado con una botellita. Si creen que van a poder maicear a los jueces se equivocan. Tengo chingaderas comprometedoras de todos los cabrones de la suprema corte de injusticia. ¡Son puros pederastas asquerosos y degenerados!”

“¡No aviente piedras!” protestó Perberto.

“El caso es que si los jueces no me dan mi amparo y salarios caídos al rato aparecen las fotos en la Jordana y se las paso también al chavo ese de Univisión que se peleo con Fox.”

El chicano, Tony Garza, se aclaró la garganta. “Ajem, yo quisiera sugerir otra alternativa. A compromise, you know.”

“¿Y usted por que no se calla, pinche pocho?” le dije enchilado, parafraseando al sifilítico rey de España.

Gamboa de inmediato entró al quite. “Déle siquiera chance, licenciado. Total. A ver, don Tony, rebuzne usted.”

“Well, mi decirr que tal vez podría haber otra alternativa a quitarr a don Menfis del mando. El generral Collins aquí piensa que Mr. Satanás podría ser…un asset…como decirr…de utilidad.”

“Ah, ¿van a poner a ese gringo con cara de mandril de encargado del infierno?”

“¡El generral haberr tenido experiencia en Abu Graib!” contestó Garza.

Me acorde del escándalo que se había armado en esa prisión iraqui. “¿Y ansina de pendejo es que dejo que se filtraran las fotos de las pirámides que hacían ahí con los presos políticos encuerados? ¿El cabrón no tiene chamba ya y lo quieren colocar en Infiernotitlan?”

“Usted malentiende, Mr. Satanás,” explico Garza tratando de ser diplomático. “El generral ya estarr retirado del ejercito. El trabajarr para una private security corporation.”

“Ah, este mandril trabaja para la Blackwater entonces.”

“¡Basta rediez! Usted Satanás quería saber en que consistía Jel 2008. Básicamente estamos privatizando el infierno y el general Collins estará a cargo. No hay dinero para invertir en un segundo piso para el averno a menos que permitamos la entrada de capital privado. Por el momento le ordeno que coopere con Collins para que la transición no sea problemática. A usted Satanás lo seguiremos empleando en calidad de asesor. Es todo. De aquí a tres dias se presentara Collins en Infiernotitlan y mas vale que vos cooperéis con él.”

“Bien, se quieren que le enseñe el teje y maneje a este mandril pues sea. Si luego me quieren mandar a la chingada me van a tener que liquidar, conste. Y ultimadamente, ¿entonces esto de la privatización es tan solo para darle mi hueso a este gringo?”

Gamboa se rio. Nalgarrete no me quiso ver de frente. “No exactamente, licenciado,” explicó Gamboa. “Queremos cambiar la ley reglamentaria. Esta dice que ahí se van a procesar a las almas que entregan el equipo en México. La idea es ampliar la gama de servicios que ofrece INFERMEX.”

“Exacto,” dijo Mouriño. “Y para ezo ze necesita la iniciativa privada.”

“Oigan, ¿y que clase de servicios ampliados quieren ofrecer entonces?”

Hubo un silencio incomodo. “Ajem,” dijo finalmente Tony Garza, “vera, licenciado, lo que pasa es que Guantánamo ya está muy saturado…”

Ya me iba cuando el gachupin me pregunto: “¿Todavía tiene uzted el fiztol?”

“Ha de estar entre mis tiliches. ¿Por qué pregunta?”

“Mera curiosidad, ez todo.”

VI La Historia del Fistol

Estaba en cama con la Kahlo y la doña. “¿Y eso que es Menfis?” me pregunto la doña arqueando la ceja.

En mis manos tenia una alfiler con un rubí grandote. “¿Esto? Es mi fistol.”

Los ojos de la Kahlo brillaron. “¿El que mencionaba Payno?”

“El mismo de la novela. Tomen. Veanlo. ¿Qué ven dentro de la piedra?”

La Kahlo dio un respingo. “¡Ah caray! Creo que veo una…¡una india encuerada!”

“¿A poco?” dijo la doña. “Ah, chihuahua, si…hay una india ahí dentro. Se parece a Ruth Pantaleta.”

Les serví unas copas. “Déjenme les cuento la historia del fistol. La india que ven es doña Marina, la Malinche. O mas bien, es su alma. Verán…

Llegue a las costas mexicanas a bordo de un buque español. El extremeño habia salido casi huyendo de Cuba donde el gobernador lo iba a arrestar ya no me acuerdo por que chingaos. El caso es que cuando los baturros tocaron tierra el tufo era tal que los naturales de la costa pensaron que había desembarcado el circo Atayde y sus leones. Los gachupines no se bañaban. Decían que la cáscara guardaba el palo. Los indios, por otra parte, eran pulcrisimos. Se bañaban a diario si no es que tomaban baños de temascal.

Bien, no voy a volver a relatar lo que todos saben bien. Sepan que yo me apersone como Pedro de Alvarado y en esos tiempos era carita, joven, y bello. Imagínense una cruza entre el Leonardo di Caprio y el Jeremy Irons. También, yo era el único que me bañaba diario. Mientras que los baturros tenían que recurrir a la violación para tener mujer a mi me aventaban el huipil las indias.

Claro, como bien lo apunta Bernal Díaz del Castillo yo era un grandísimo hijoeputa. Pero, pos en ese entonces, como dije, era mas joven y me valia madres todo. Imagínense un junior PANazi nomás que con poderes infernales. Sin embargo, había una india que no me hacia caso ni para atrás ni para adelante.”

“No me digas mas, Menfis,” dijo la doña, “era la Malinche y por despecho la condenaste a estar atrapada en la joya por toda la eternidad.”

“Si y no. Si, le eche los dobermans a esa vieja pero pos en realidad no me interesaba. La cabrona era más ambiciosa que la Marta Sahagun. Y en realidad no se como chingaos aguantaba el tufo de Cortes. A ese cabrón le apestaban las patas y siempre se andaba hurgando los dientes con un palillo. El caso es que la Malinche luego agarro el tufo a gachupin también y no la hubiera yo tocado por nada. No, la que me robo el corazón y no accedía a acostarse conmigo fue Xochitl, la hija de Cuauhtemoc. Aun prisionera no la podía yo quebrar. Puedes ver la mirada de una mujer y sabes cuando te desafía, aun encadenada y desnuda. Y mira que intente domarla a lo gacho. Como dije, era yo todo un hijoeputa. El caso es que la muchacha se murió luego luego de viruela y ya no supe más de ella. Su alma no está aquí en Infiernotitlan.”

Kahlo bostezo. “Bien, se te escapó Menfis, lastima Margarito. ¿y que de la Malinche?”

“Pues bien, Cortes le construyo su castillote allá en Cuernavaca. Y ahí retozaban los dos tortolos muy contentos. Pero luego se presentó…¡doña Catalina!”

La doña encendió una pipa de hashish. “¿Y esa quien era, Menfis?”

“¡La esposa de Cortes! Y déjenme decirles, era una baturra de pelo en pecho. Llegó a Cuernavaca y de inmediato empezó a echar pestes por las indias encueradas que el conquistador tenia ahí como harem de gallo. Ordenó que las indias fueran sacadas de ahí y que se pusieran ropa. Y el marques del valle, el conquistador de México, el capitán general de los ejércitos del rey…a todo le decía ‘si vidita’.”

“Ah caray, ¿Cortes era mandilon?”

“Si Frida, un mandilon de mandilones. Luego también cayeron un carajal de auditores y notarios que el rey mandó. Tal parecía que Cortes iba a regresar en grilletes a España. Pero bien, la india Malinche se me aproximó y me preguntó como podría asegurarse de que doña Cata tuviera un ‘accidente’ y de que Hernán siguiera mangoneando y de que ella estuviera siempre con él.

Lo del accidente no fue mayor problema. El caballo de doña Cata se desbocó y la arrastró. Como dicen los gringos, ‘shit happens’. Respecto a lo que me pidió la Malinche, pos la cite a mi laboratorio una noche de luna llena. Ella llevó un guajolote negro tal como se lo pedí. Sacrifique al animalito y acto seguido metí el alma de doña Marina dentro de la joya y se la regale a Hernán, con la advertencia de que mientras la tuviera en su poder gobernaría México. Así pues, la india estaría siempre junto a Hernán pues este la llevaba colgada y junto a su pecho.”

La doña se rió. “Que gacho eres, Menfis. No creo que eso era lo que tenia en mente doña Marina.”

“Perate, Menfis,” dijo la Kahlo. “Si bien me acuerdo Cortes si regresó en desgracia a España y ahí murió en la pobreza. Si le distes el fistol, ¿entonces por qué pasó así?”

“Verán, en la campaña de las Hibueras, Hernán ordenó un alto en el camino. Estábamos cerca de lo que hoy es Tabajco. El cacique local no era de fiar y tenia un carajal de indios. Sospechaba Hernán que iba a liberar a Cuauhtemoc al cual traíamos de prisionero. Hernán ordenó que lo ajusticiáramos y tal se hizo. El caso es que el emperador maldijo a Hernán antes de morir. El gachupin le había dado toda clase de garantías y el extremeño lo traiciono.

Al dia siguiente, nos despertó una lluvia de flechas y nubes de indios chontalpas. Cundió el pánico. Los indios tlaxcaltecas que traíamos murieron al por mayor y algunos salieron huyendo. Hernán logro arengar a la caballería y eso medio detuvo el ímpetu de los chontalpas. Si Cuauhtemoc no hubiera sido tan solo un cadáver colgado de una ceiba lo hubieran liberado. A duras penas los españoles lograron escapar con el pellejo intacto. Pero en el curso de la batalla, Hernán perdió la joya.”

“¡La maldición de Cuahtemoc!” exclamó Frida.

“Pos tal vez, el caso es que toda la expedición fue un fiasco. Hernán se regreso enfermo al altiplano y ahí le volvieron a caer los auditores del rey.”

“¿Y la joya?”

“Por el año 1614 yo andaba apersonado como secretario de un tal don Rutilo Bocanegra, el inquisidor mayor. Este hijoeputa andaba haciendo viajes de ‘inspección’ por el sureste para detectar herejías. El caso es que cerca de lo que hoy es Minatitlan se le presentaron unos gachupines que llevaban prisionera a una vieja. Esta, decían, era una bruja y andaba alborotando a la indiada. El caso es que, si, la infeliz era bruja. Pero la pobre gallina vieja no tenia idea de lo que hacia. La joya la había enloquecido. Luego luego me di cuenta yo de ello. Por supuesto Bocanegra la hizo chicharron sin mas. Si vieran que gusto me dio recibir a ese hijoeputa aquí en Infiernotitlan.”

“¿Y desde entonces la has tenido?”

“No. La volví a perder. Fue en un palenque. Estaba yo apersonado como el Rugiero del que habla Payno. El cabrón de Santa Anna me la vio y me ofreció apostar su hacienda de Manga de Clavo contra la joya. ¡Y el gallo del grandísimo hijoeputa acabo usando al mío de gallina!”

”Uta madre, Menfis, ¿pos no tienes poderes?”

“No sobre los animales, razón por la cual no puedo controlar a los PANazis. El caso es que Santa Anna, mientras tuvo la joya, gobernó a México. El quince uñas, sin embargo, la volvió a perder en un palenque.

Unos años después, me encontré a don Guillermo Prieto cuando Juárez agonizaba. Don Guillermo me contó una historia extraordinaria. Por 1860 se le presentó en palacio un cura pidiendo que mandara el gobierno un piquete de soldados a arrestar a un indio por el rumbo de Cuautitlan. Tal parece que este fulano había sido el sacristán del pueblo y era una blanca paloma. Pero últimamente se había vuelto medio loco pues decía que una mujer dentro de una joya le juraba que él iba a gobernar a México y que debía alzarse. Como ya había un indio gobernando, el zapoteco mandó tropas y lo arrestaron y lo metieron de leva al ejército. La joya fue confiscada y don Guillermo, como secretario de hacienda, la tomo en su poder. Luego, cuando andaba el gobierno errante por el desierto de Chihuahua, el zapoteco vio la joya en la levita de don Guillermo.

‘¿Y esa joya?’ le preguntó el zapoteco.

‘Es una bagatela, señor presidente, quiere verla? A veces creo que hay una india adentro.’

‘¿A poco? ¿No habrá tomado usted demasiado don Guillermo?’

‘Es lo que dicen señor presidente. Mire, es mas, se la regalo.’

El caso es que a partir de entonces la republica comenzó a triunfar y unos meses después el zapoteco hizo su entrada triunfal en la Ciudad de México. Fue por la joya, no me cabe la menor duda. Miren ustedes, si un fulano es muy pero muy cabrón –y Juárez no podía no serlo—la joya asegurara que siga mangoneando. Pero la india controla más o menos con quien se va. A Santa Anna no lo quería por ser un chiledulce. La india es rete celosa. Pero al zapoteco le tenía preferencia por indio. Es mas, una vez que me contó la historia don Guillermo yo me apersoné en el lecho de muerte del zapoteco y se la arranque muy a duras penas de entre las manos crispadas. Aun moribundo no la quería soltar.”

“Pero, ¿pos por que no te haces presidente de México si tienes la joya?”

“No funciona ansina. El poseedor tiene que ser un mortal y muy cabrón.”

La doña echó una bocanada de hashish. “¡Ave Maria, Menfis! ¡Si el gachupin Mouriño sabe de la joya no puedes dejar que caiga en su poder!”

“¡A México se lo llevaría la chingada, Menfis!” dijo Frida.

Se me enchino el cuero. El gachupin llenaba los dos requisitos: era mortal y un hijoeputa. “Jijos, pos no se que hacer. No tengo idea como ese grandísimo hijoeputa se enteró de la joya. No creo que ese baturro lea a Payno. Es mas, no creo que ni siquiera sepa leer.”

“¡Tienes que hacer algo, Menfis!” insistió la doña. “Además, esa cabrona dentro es la Malinche. Vieja culera y traidora, seguro se iría con el Mouriño.”

Acaricie la joya. “Pero, pos no quiero soltar a…‘my precious’.”

La doña se enchiló. “¡Ah que la chingada! Te tiene hipnotizado ya esa chingadera. Vas a tener que destruirla, Menfis. No te queda de otra, cabrón. ¡Si no te la va a quitar Mouriño!”

La Frida me agarro de la piocha. “O peor: ¡se hara de ella el tal Collins! ¡Tienes que destruir la joya!”

VII Nuevo Canutillo

A la mañana siguiente fui a la oficina. “Doña Chonita, pidale por favor a Sor Juana que se presente conmigo.” La monjita la tenia a cargo del IINEGI (Instituto INfernal de Estadística y Geografía pues en vida había sido la matemática mas chingona desde Hypatia. Si alguien iba a poder hacer la investigación que requería seria Sor Juana. La monja se presentó y le expliqué entonces la bronca con mi fistol y le pedí que buscara en la biblioteca del averno como se le podría destruir.

“Lizenciado,” dijo la monjita que creció en la colonia y ceceaba la eses, “¿vos me permitís consultar los archivos zecretos del Vaticano? Hay ahí toda clase de libros sobre necromanzia y las artes ocultas.”

Eso me recordó que en el Vaticaño también existe la mayor colección de pornografía que jamás se ha juntado. Pero no lo mencione para no ofender a la monja. “Jijos, madre, no estoy seguro de que lado está el Gran Shaitan en todo esto. Preferiría no involucrar al Vaticaño. Si los fachos detectan que está buscando como destruir la joyita podrían atentar contra usted.”

“Bien, veré que puedo encontrar en nuestros archivos y os haré saber que encuentro, si encuentro algo.”

Luego llamé a don Viboriano. “General, ¿ha notado si ha habido infiltrados últimamente?”

“¿A qué se refiere usted, licenciado?”

No estaba muy seguro de confiar en Huerta. Digo, dicen las malas lenguas de que es medio traidor. “Que si han visto gringos wachando Infiernotitlan, a eso me refiero.”

“Jijos, jefe, el diablo encargado de la puerta ayer me reportó que vio varios de esos coleopteros en el aigre volar sobre San Francisco del Rincón y sobre la entrada a Infiernotitlan. Y no, no eran de Fox ni del ejército mexicano. Los detalles están en el reporte diario.”

“Bien, dígale a la guardia de la puerta que redoblen la vigilancia. Si detectan a un gringo que no sea un difunto ¡arrestenlo de inmediato! Y ahora sígame, vamos a ver al centauro.”

Huerta hizo una mueca al oír el apodo de Francisco Villa.

En el camino a Nuevo Canutillo un centinela nos marcó el alto. “¿Quién vive?”

“¡Di tu plimelo! ¡Soy Satanás! ¡No disparen cabrones! ¡Luego duele harto el plomazo! ¡Díganle a Villa que quiero hablar con él!”

Fuertemente escoltados nos llevaron a un vagon de ferrocarril donde Villa tenia su puesto de combate. Tratar con sombrerudos siempre es problemático pero mas lo es siempre que traigo a Huerta conmigo.

Villa estaba junto con Rodolfo Fierro y Felipe Ángeles viendo un mapa. “Buenas señores,” les dije. “¿Quién tiene el cerro hoy?” Entre obregonistas y villistas se han estado disputando el mismo cerro por casi cien años. Por lo menos los distrae.

El centauro frunció el ceño cuando vio a Huerta junto a mi.

“Licenciado, los yaquis lo tienen por ahorita. Pero esperese a que empiece a bombardearlos,” explicó Ángeles.

“Esta vez voy a llegar montado hasta la cima, carajos,” dijo Fierro.

“Licenciado,” dijo el centauro, “yo lo respeto a usted y las múltiples luces de su inteligencia pero no entiendo como se apersona usted aquí con este pelón traidor.” La mano del centauro se posó en la mitigueson. Huerta lo veía con odio.

Trate de explicar mi encargo antes de que empezaran los plomazos. “Mi general, si abuso de su paciencia, es porque tengo una misión muy importante que yo pienso que solo la división del norte podría lograr. Digo, si no pueden, porque es cosa de hombres, pos voy a tener que ir a ver si los yaquis se atreven.”

“¿Me los quebro jefe?” preguntó Fierro.

“Perate, Fierro,” dijo el centauro, “al licenciado ya lo conozco. Es muy guasón. Le gusta picarme la cresta al cabrón, ¿o no, licenciado? A ver, ¿cuál es el trabajito?”

“Ya sabia yo que con usted no iba a tener que ir a verle la cara al manco. Miren, arriba de Infiernotitlan hay una hacienda. Esta pertenece a un extranjero, descendiente de gachupin y gringo. Pues bien, la familia de ese grandísimo cabrón se posesiono de unas tierras de unos ejidatarios que Lázaro Cárdenas les había otorgado. Y llevan ya estos latifundistas explotadores como 80 años disfrutando de esas tierras. Este fulano, un tal Fox, es un mocho retrogrado que además tiene en su posesión los archivos de la nación. No me pregunten como chingaos llegaron a su posesión. Es un acervo cultural extraordinario y el hijoeputa está a punto de quemarlos.”

“¿Latifundista el cabrón?” preguntó Fierro.

“Haga de cuenta los Terrazas aunque mas chileron.”

“¿Y tiene los archivos de la nación?” inquirió Ángeles.

“Y los va a quemar, mi general.”

“¡Ja ja! ¡Latifundista extranjero y pirómano! ¡Me recuerda al tal Benton!” dijo Fierro. Benton había sido un hacendado ingles que Fierro ajusticio, causando un incidente internacional.

“Si, y como dije, mocho persignado y medio gringo.”

“¡Gringo!” rugió el centauro. “¡No he tenido el gusto de ajusticiarme un gringo desde la punitiva! ¡Fierro! ¡Ensilla la caballada!”

“Oiga, jefe, pero, ¿y la batalla?” preguntó Fierro.

“A ver, mi general Ángeles,” ordenó el centauro, “usted, con todo el don de gentes y diplomacia que lo caracteriza, apersonese por favor ante el enemigo, portando bandera blanca, que es lo que entre la gente de guerra se llama de parlamento, e infórmele al perfumado que hoy no hay batalla, que amanecí malito, pero que mañana seguro les romperemos la jeta. Y por lo que toca a usted, licenciado, ¡orita le traigo a ese cabrón de Fox para fusilarlo y que sirva de ejemplo a esos extranjeros perniciosos que quieren venir a explotar al pueblo! ¡Francisco Villa no va a tolerar la injusticia, sobre todo si esta ocurre en su azotea!”

“Perese, mi general,” les dije mientras les entregaba unos papeles. “Presenten este amparo a la salida. Les concede un día de venia para poder salir a la superficie encarnados. Diviértanse muchachos.”

De inmediato el campamento villista se convirtió en un hormiguero hirviente. Se oían toques de clarín, mentadas de madre, vivas a Villa, ordenes, contraordenes, etc. Huerta y yo caminamos entre los vivaques.

“Si ve usted a las gringas esas que andan perdidas déjeme saber general,” le dije.

“Ta gueno jefe.”

En eso vide a una soldadera que conocía. “¿Qué milagro Brígida? ¡Usted no cambia!”

La mujer me sonrió. “¿Pos como chingaos voy a cambiar licenciado si ya me morí? Y usted, ¿qué milagro que viene a visitar a los pobres?”

“Pos traía un asunto con Pancho. Oiga, ¿de casualidad no ha visto usted unas gringas por aquí?”

“Ay, licenciado, mejor ni me pregunte y ansina no le miento.”

“Órale, Brígida, no seas gacha. Dime que sabes. Te prometo que te comprare un vestido de seda para llevarte a bailar al cuartel.”

“¡Ay no! Ustedes los hombres son muy malos. Me ofrecen puros regalos y a la mera hora me dan de palos.”

“Jijos, Brígida, yo te quisiera decir, una pasión me domina…”

“¡Ya apláquese! Parece oste cancionero. Mire, si se refiere a tres gringas que Pancho se trujo hace unos días, pos sepa que a las tres las matrimoneo con todas las de la ley. Y si las busca, están en la casa grande de la hacienda. Pero ya naiden las quiere. Están rete alzadas y tratan a los mexicanos como sus sirvientes. Pancho no las va a tolerar por mucho tiempo mas.”

Huerta me murmuró al oído: “Despreocupese jefe, aquí hay mucha gente que anteriormente fueron federales. Me asegurare de poner una oreja dentro de la hacienda.”

Unas horas después estaba en cama con Frida y la doña. Puse a Taravisa en la tele.

La doña arqueo la ceja. “Orales, Menfis, ¿Por qué pones ese canal tan pendejo?”

“Es que quiero ver que sesgo le da el gobierno al tiroteo en Lecumberri.”

“No hombre, no creo que ni siquiera vayan a decir algo,” dijo Frida.

Pero un tiroteo en pleno centro de la capital, con veinte muertos y cincuenta heridos no lo podía tapar el gobierno. La niña del suéter rosadito y sin tabique nasal, López Choriga, empezó a hacer malabarismos.

“Hoy, si hoy, en pleno centro de la capital, por Lecumberri, precisamente, ¡sniff! se efectuó un tiroteo ¡sniff! entre sicarios del Cartel de Tantoyuca y los del Cartel de Sinaloa. Se cree ¡sniff! que todo esto fue instigado por una venganza del jefe del Cartel de Tantoyuca, Pomponio ‘el Chupe’ Arellano, el cual se piensa se encuentra en ¡sniff! algún lugar de la capital. El gobierno federal ha acordonado el área y ha puesto retenes. Se habla de dos muertos y tres heridos. Como ven, ¡sniff! la violencia y el crimen organizado resurgen y solo tomando el gobierno medidas extremas es como se puede controlar esta, ¡sniff!”

“¡Dos muertos mis tanates! Don Lupito me dijo que los de la Blackwater hicieron un baño de sangre.”

De pronto López Choriga palideció y se atoró.

“Orales, ¡ya le dio sobredosis a ese cabrón!” dijo Frida.

López Choriga mas o menos recuperó la ecuanimidad y leyó una nota. “En noticia de ultimo minuto….¡aparentemente unos guerrilleros acaban de secuestrar al ex presidente Vicente Fox! Si, oyó usted bien, Fox, Vicente Fox, el hombre que forjó el México de hoy, ¡acaba de ser secuestrado! Los detalles no se han aclarado. Se espera que su excelencia, el señor secretario de gobernación, ofrezca una conferencia de prensa en cualquier momento. ¡Jijos! Ustedes disculpen. Esta noticia es tan traumatica ¡sniff! que voy a necesitar…una medicina. ¡Con su permiso!”

De inmediato sonó el cuernofono. Era Villa. “Licenciado, estoy en Nuevo Canutillo y aquí tengo a ese gringo Fox que me dijo usted que andaba robando a los ejidatarios. Ya lo tengo en capilla y al amanecer lo fusilamos. Si quiere venir para ver la fiesta nos seria muy grato contar con su presencia.”

“¡Excelente! Pero, dígame general, ¿recuperó los archivos?”

“Si, licenciado, mis muchachitos trajeron varias carretas con…” se oyó un alboroto en el fondo.

“¿Qué pasa general?”

“Es que se nos pegó una vieja fodonga que creo es la esposa del gringo. Mis muchachitos a duras penas la han podido controlar. ¡Es toda una arpía!” Se oyeron mas gritos y mentadas en el fondo.

“Bien, cuide al prisionero. ¡La división del norte se ha cubierto de gloria! Ahí estaré en unas horas mi general.”

Jale hacia mí a Frida y a la doña y las bese. “¡Juar juar! ¡Mi plan camina!”

“Jijos,” dijo Frida, “y mira, Menfis, ¡Panchito también se despertó!”

VIII El Rapto de Fox

El rapto de Fox paralizó al país. El enano se cagó en sus chones temiendo que también lo irían a sacar de los Pinos secuestrado. Se atrincheró en el bunker o cuarto de guerra bajo los Pinos y de ahí no salía y se dedicó a beber. Aparecieron mas retenes en todo el país. Guanajuato quedó bajo estado de sitio. Había cateos ilegales a lo bestia y toda clase de arbitrariedades fueron cometidas.

Según me contó Villa, los del EMP asignados a la hacienda del burro parado ni opusieron resistencia. Luego luego se pelaron huyendo. Ninguno fue tan pendejo para hacerse matar por el burro parado. La única baja fue uno del EMP que Fierro arrolló con su caballo accidentalmente y resultó descalabrado. Los villistas cargaron varias carretas con los archivos de la nación además de un resto de tiliches y porquerías que encontraron en el museo del burro parado. Me fue muy grato ver a Brigida y las soldaderas vistiendo los vestidos de la Marta Sahagun.

“Mi general,” le dije saludando a Villa, “¿dónde está el prisionero?”

“Lo tengo en el calabozo, licenciado. Orita lo hacemos difunto. Pensamos usar balas expansivas para que muera por sobredosis de plomo.”

“Mi general, le pido por favor que me deje hablar con él. Creo que puedo hacer que entre en razón el cabrón.”

“Pos lo dudo, pero adelante licenciado. El fulano está todo cagado y además creo que está loco. Tiene los ojos todos pelones como a los que les dan toloache. Se las da de presidente de México. ¿Usted cree? ¿De cuando acá un extranjero es presidente de México chingaos? Ah, y tenga cuidado en acercarse a la vieja esa que es su esposa. Arañó bien gacho a Fierro.”

Entré a la celda. Fox y su esposa estaban de rodillas rezando y chillando.

“¡Como es posible que usted esté aquí!” exclame con voz toda airada.

“¡Don Menfis!” dijo la Marta. “¡Ayúdenos! ¡Esos nacos energúmenos van a fusilar a mi Chente!”

“No se preocupen. Orita los saco de aquí. Esto es todo un malentendido aunque yo mas bien creo que…déjenme ser franco….el causante de esta arbitrariedad fue Jelipe.”

“¿Jelipe?” dijo Fox con asombro.

“Si, el fulano a cargo de los que los raptaron es un general. Es decir, obedece a la SEDENA. Lo que pasa es que Jelipe esta haciendo un ejemplo de usted. Usted es mucha pieza, un mandatario extraordinario, y lo opaca. ¿Entienden?”

Fox se quedó pensativo. “Si, ya vide lo que hizo con Espino en el PAN.”

“Exacto, señor presidente, Jelipe se muere de envidia. Usted es el tipo de líder que solo ocurre cada cien años. En el XIX tuvimos a Santa Anna. En el siglo XX tuvimos al pelón Salinas. Y en el siglo XXI lo tenemos a usted.”

“Pero don Menfis, ¿qué va a ser de mi Chente?”

“No se preocupen. Hablé con George Bush y ya regañó a Jelipe. Está el presidente Fox bajo mi custodia. Esperenme aquí tantito. Ah, pero para agilizar los tramites, fírmeme estos papeles por favor.”

“¿Qué son?”

“Usted no se fije. O firma o lo fusilan en una hora. Usted decide. Yo estoy viendo por sus intereses, creame. Tenga, use mi pluma. Si, en la rayita. ¡Que bueno que firmó! Mire, lo voy a escoltar de vuelta a su rancho. Sugiero que salga del país. Váyanse a Nueva York a pasear unos cuantos días, ¿les parece? La señora puede irse de shopping.”

“¡Ay si Chente! ¡Llevame!”

Le enseñe los papeles a Villa. “Entró en razón el hijoeputa, mi general. Mire, firmó ceder sus derechos sobre las tierras en disputa. ¿Qué le parece si le da el indulto?”

“¿A poco?” dijo incrédulo el centauro.

“Déjeme yo me encargo de él, licenciado,” dijo Fierro que estaba todo vendado de la cara. “Y de la vieja fodonga esa que lo acompaña.”

Después de mucho chiquear a Villa, a duras penas logre sacar con vida al burro parado de Nuevo Canutillo. También, los convencí que llevaran el archivo de la nación al nuevo claustro de sor Juana. Acto seguido marqué el teléfono del primer damo Mouriño.

“¿Alo?”

“¡Jefecito!” dije con voz zalamera y sumisa, “Habla Menfis. Prometo no hacer mas travesuras.”

“¡Hostia! ¡Me cago en la virgen! ¡Que no tengo tiempo para usted! ¡En diez minutos salgo al aire por televisión!”

“Ah, ¿por lo de Fox?”

“¡De quien mas, so bruto! ¡Ezto fue coza de los moroz! Tony Garza nos acaba de filtrar reportes de que hay varias zeldas de Al Queida operando en Méjico. Raptaron a Fox y seguro ahora se van a ir sobre Jelipe, o peor, ¡zobre mi!”

“Jefe, usted ha de ser muy chingón porque luego luego adivino que en efecto eran guerrilleros. Sin embargo, le debo aclarar que no, no eran moros.”

“¡Rediez! ¿Y como carajos vos sabéis eso?”

“Es que los chamucos que tengo en el reten a la entrada del infierno los interceptaron cuando se llevaban a Fox.”

“¡Puta madre! ¿No exageráis?”

“Es la neta jefe. Es mas, mis chamucos se les enfrentaron y rescataron a Fox.”

“¿De verdad?”

“¡Por esta cruz, jefe!”

“¡Uf! ¡De la que se salvó Fox! Y bien, ¿donde está Fox entonces?”

“Me temo que en camino a Nueva York. Dice que Jelipe no lo supo cuidar y que va a hacer una conferencia de prensa allá. Quesque ‘va a soltar la sopa’. Mire, jefecito, yo soy solamente un chamuco pendejo, ¿tiene usted idea de que hablaba Fox?”

“¡Ave Maria purísima! ¿Qué tanto nos lleva de ventaja Fox? ¿Cuándo salio rumbo a gringolandia? ¡Tenemos que interceptarlo!”

“Pos va a estar cabrón, jefe, el coleoptero que lo recogió venia de la Casa Blanca. Es mas, yo vide el escudo. Quesque de presiden of de yunaited estaits. Ya vide usted que el Chorch también es un rancherote pendejo.”

“¡Josu!” Por un momento oí lo que parecían pujidos y sollozos.

“Jijos, jefecito, digo, oste perdonara mi falta de inorancia, pero, ¿pos cual es la bronca? Dígale a Jelipe que le llame a Chorch y todo se arregla.”

“¡Ay! Ojala fuera tan fazil, Satanás. Jelipe está borracho y atrincherado en el bunker bajo Los Pinos. Ya agarro una peda que no se le baja ni con cocaína. Oiga, ¿pero entonces Tony Garza estaba equivocado?”

“Mire, jefe, la verdad, yo no confiaría en Garza. Es mas, le aconsejo que usted se comunique con Chorch y le diga que Garza lo esta mal representando. No se que juego se trae. Para mi que quiere seguir en el hueso una vez que el negro Osama o bien la Jilary gane las elecciones y le está haciendo polilla de la mala a Chorch.”

“Eztá seguro que no fueron moroz?”

“Segurísimo, jefito. Yo los vide cuando salían huyendo. Fueron unos sombrerudos.”

“¿Sombrerudos? No entiendo.”

“Como los de las películas de Pedro Armendáriz de los inmorales del cine nacional. Es mas, uno de ellos, el jefe, se parecía a Pedro Armendáriz padre. Ah, ya entiendo. Es por la presión arterial. ¿Usted también padece de eso?”

“¿De que habla?”

“Vera, es que su antecesor, pos tenia una dolencia cardiaca, ansina como el Cheney. De ahí que ordenó que el CISEN ya no le dijera sobre todos los grupos guerrilleros que existen en el país para no ponerse nervioso.”

“¿El CISEN los tiene identificados?”

“Si, a todos. Es mas, a algunos los tienen en la nomina para justificar su trabajo. Y me imagino que en el CISEN están siguiendo la política de su antecesor y no le dicen a usted todo lo que saben. Jijos, jefito, ¡si usted supiera cuantos movimientos guerrilleros hay en todo país también pediría no saber! No le envidio a usted su hueso, jefito, cada día lo podrían venadear. Si viera que yo forme un círculo de oración aquí con los chamucos para rezar novenas a San Judas Tadeo para que lo proteja. Que bueno que el CISEN no quiere crearle un mal cardiaco y evita decirle todo. ¡Eso es fidelidad!”

“¡Hostia! ¡Pero se supone que yo tengo que zaber!”

“Pos dígale al CISEN que le explique lo de los sombrerudos. Mire, yo tengo dos teorías, pero, como le dije, yo soy solamente un chamuco pendejo. El CISEN conoce bien a esos cabrones. Chance hasta los haya infiltrado o les estén pagando. Si, mejor pregúnteles al CISEN.”

“¡Hable Satanás! ¡Desembuche! ¡Me cago en la virgen que no me han mantenido al tanto estos cabrestos!”

“Mire, jefe, esos guerrilleros, por lo sombrerudos o bien fueron mariachis o fueron charros.”

“¿Mariachis o charros?”

“Si, mariachis, como los de Garibaldi. Pero ya pensándolo bien, esos están muy panzones y no sabrían montar. Estos cabrones venían todos a caballo y montaban rete bien. ¡Hasta parecían centauros! Agarraron con una reata a Fox como si fuera un becerro. De ahí que pienso que fueron los charros. Yo que usted ordenaba cerrar y vigilar todos los lienzos charros de la republica. Algunos de esos cabrones han de ser AMLOistas.”

“¡Imposible! ¡Hay mucho panista distinguido en las asociaciones de charros! ¡Ahí está Creel!”

“¿Pos a poco usted confía en Creel jefe? A la mejor fue un auto atentado que hizo el mismo Fox en colusión con Creel. Ya vide que esos dos le traen tirria a Jelipe y a usted. Ora bien, hay otra alternativa. Píenselo, jefe, ¿quien en México puede alimentar un caballote como el que vide que montaba el fulano que se parecía a Pedro Armendáriz?”

“¡Hostia! No tengo idea.”

“Jefito, entre la high ahí puede estar el hilo negro. Seguro que algunos pirrurris del jockey club o del club hípico se encabronaron con Fox. O algún negocio se cebó con los Bribiesca y se vengaron. Para mi que fue una bronca de drogas. Pregúntele a los del CISEN. Ellos tienen toda la información.”

“Bien, Satanás, os agradezco lo que habéis hecho. Escuchad, no podremos daros crédito. Voy a anunciar que fue uno de los cuerpos de elite del gobierno el que rescató a Fox. No os ofendáis pero no parecería bien que unos tristes chamucos del reten de Infiernotitlan resultaran los héroes de la película.”

“Pos estoy a sus ordenes, jefe.”

“Ah, ¿y habéis encontrado el fistol?”

Palpé a ‘my precious’ en una bolsa de mi guayabera. “Jijos, jefito, creo que una vez lo puse de milagrito en la villa. Seguiré buscándolo, pierda usted cuidado. Si lo encuentro usted será el primero en saber.”

IX El Nuevo Claustro de Sor Juana

Ya me iba a retirar cuando doña Chonita me avisó: “Licenciado, al mediodía vino sor Juana. Quesque necesita enseñarle algo.”

Pasé por el claustro de la musa mexicana. Sor Juana tenía todo un laboratorio con un reactor que le robé a Laguna Verde, esqueletos, astrolabios, y un carajal de libros.

“Licenciado, que bueno que vino,” dijo la monja dejándome entrar. “Me acaban de traer el archivo de la nación. Encontré la copia de la ley reglamentaria que usted quería. Aquí la tiene. Creo que también encontré bastante información sobre su fistol.”

“Jijos, me va a ser difícil deshacerme de ella. Ya le agarré cariño.”

“No discuta eso en voz alta, por favor. Luego le explico. Pero bien, mire, este es el Codex Motoliniensis. Es una serie de pergaminos escritos por la Hermandad Blanca. Esta copia toco la casualidad que estaba en los archivos de la nación.”

“¿Y quienes eran esos de la Hermandad Blanca?”

“Eran los sabios que aconsejaban al emperador mexica. Así les decían por ser ancianos y tener el pelo blanco. Además eran los depositarios del toltecayototl, es decir, el compendio de la sabiduría de los antiguos mexicanos.”

“¿Y que tiene que ver esto con mi joya?”

“Predijeron que su joya se crearía y la estuvieron buscando. Fueron los que aconsejaron al cacique de los chontalpas que atacara a Cortes en Hibueras. Su intención era liberar al emperador y darle la joya pero no tuvieron éxito y además el emperador ya había muerto.”

“¡Ah caray! Estuvieron muy cerca de cambiar la historia de México entonces.”

“Si, ellos fueron los autores de una serie de profecías que se prepararon para Moctezuma a raíz de los cometas y otros portentos que se vieron a principios del siglo XVI. De ahí salio aquello de que ‘hombres barbados vendrían de oriente’. Pero entre esas profecías encontré una descripción de su fistol. Esta traducción fue escrita unos cuantos años después de la conquista.

Por mano inmortal forjada
En una noche de luna llena
Albergara el alma en pena
De una mujer desdichada

De todo Anahuac señor será
Quien en sus manos la tenga
La joya hará que se sostenga
Y solo la muerte se la quitara

Si acaso no le es fiel
Quien en gobierno la detenta
Vera que todo lo que intenta
Se le tornara en hiel

Pero ay de aquel inocente
Que puro del alma la posea
La maldad a la joya rodea
Y loca tornara su mente

“Ah caray, pos si esta muy claro que se trata de mi fistol. Yo fui la mano inmortal. Y la mujer desdichada es la Malinche. Y apenas cuando Juárez se murió se la pude quitar. Y en efecto Santa Anna era un chiledulce y mire que sus gobiernos siempre fracasaron. También alude a la suerte de la infeliz bruja de la Chontalpa y el pobre sacristán de Cuatitlan. ¿Y como sabe usted tanto de la Hermandad Blanca?”

La monja sonrió. “Los de la hermandad iniciaban en sus secretos a todos los científicos de sus tiempos. Sobrevivieron a la conquista organizándose como cofradía secreta para no atraer la atención de la inquisición. Don Carlos de Siguenza y Góngora fue admitido a ella. Por supuesto, lo admitieron con mi recomendación. Yo era la gran maestre.”

“¡Sopas! Oiga, pero como le hago para…”

La monja tapó mi boca. “Guardaros de seguir, licenciado. Os suplico que pongáis la joya en medio de ese circulo que dibujé en el piso, entre las veladoras.”

Con muchos trabajos hice lo me indicó sor Juana. Ya sin la joya me sentía muy incomodo, nervioso, como el que deja de fumar.

“Muy bien licenciado. Si el libro de Hermes Trismegisto sobre los fetiches esta en lo correcto, la joya está por el momento neutralizada.”

“¿Qué quiere decir usted con ‘neutralizada’?”

“Exactamente eso. Ahorita la india no nos puede ni oír ni influenciar. Por lo menos eso espero. Creedme, tales precauciones son necesarias. Mire usted, según Hermes Trismegisto, los fetiches se hacen mas fuertes chupandole poder al poseedor. En el caso de un ángel caído como usted, pues mas fuerza agarrara. No dudo que eso tendrá efectos. En un mortal los mata a la larga. Juárez murió relativamente joven, ¿verdad? Y en su caso, algún efecto ha de tener aunque no estoy segura de cual será. ¿Ha notado algún debilitamiento últimamente?”

Me acorde de “Panchito” y como solo con viagrazos funcionaba ahora. “Pues algo, sor Juana, si.”

“Bien, antes de continuar, déjeme hacerle mas preguntas, licenciado. A mi siempre me ha intrigado la naturaleza de entes como vos. Necesito saber que tanto os ha influenciado la joya. ¿Sueña vuecencia como los mortales?”

“Me imagino que si, pero nunca me acuerdo de lo que sueño. Sin embargo, el Gran Shaitan es el que si tengo la certeza de que sueña. Y peor, como tiene reino sobre el mundo, sus pesadillas se hacen realidad. De estas resultaron Verdun, Auschwitz, los Gulags, el PRI, Taravisa, Vietnam, etc. Todas esas cosas horribles surgieron de pesadillas causadas por la indigestión del Gran Shaitan, según el mismo me contó. Yo soy tan solo un chamuco tercermundista. Aunque soñara que la selección ganara el mundial no se me haría. Pero cada que el Gran Shaitan se echa unos tacos de buche tiene una pesadilla y se desata una hecatombe.

La monja se persigno. “Dios nos guarde ahora que el Gran Shaitan vendrá a México apersonado como Benedicto. ¡Una cochinita pibil puede desatar la tercera guerra mundial!”

Me confié en que la india no me podía oír. “¿Y como destruyo la joya?”

“Licenciado, la pregunta es si vos estáis lo suficiente fuerte para destruirla. Por favor, acostaos en ese diván.” Hice lo que indicó la monja. En Viena, a principios del siglo XX el tal Freud me había hecho una sesión de psicoanálisis y el pobre hombre tuvo que emborracharse esa noche tratando de olvidar lo que salio a la luz.

“Bien,” dijo la monja. “Mirad, he deducido que la india tiene el poder de actuar como un súcubo. De acuerdo al Malleus Maleficarum, un libro prohibido por la iglesia en el siglo XIV, un súcubo tiene relaciones sexuales con su victima mientras este duerme. Lentamente va debilitando a este hasta que eventualmente lo mata. ¿Tengo vuestra venia para hipnotizaros?”

“Déle pa delante, madre.”

“Fijaos en mi dedo. Lo moveré lentamente. Empezad a contar de cien para abajo…estáis muy relajado…de vacaciones…¿Qué veis?”

De inmediato caí hipnotizado. “Un indio con un costal de ostiones…los abre y me los pasa…les pongo limón y me los como…estoy en una playa en Veracru’…tengo una cerveza en la mano.”

“¿Hay una mujer junto a vos?”

“Si.” En efecto, había una mujer. Me volví a verla. No la podía distinguir claramente. Luego su cara fue cambiando. Todas las mujeres que he conocido y amado bien secreta o abiertamente se iban apersonando…la emperatriz Zenobia de Palmyra…la emperatriz Teodora…Simonetta Vespucci, hermana de Amerigo y la que fue la modelo para la Venus de Boticelli…la guera Rodríguez…Carlota…Maria Conesa...Frida Kahlo…Maria Felix…la misma sor Juana…luego apareció Xochitl la hija de Cuauhtemoc. No me aguante, me le abalance encima tratando de hacer, como decía García Lorca, “bajo su mata de pelo un hoyo bajo el limo”. Pero Xochitl se convirtió en doña Marina y esta me sonrió lascivamente y me jaló hacia ella. Entonces me sacó de mi trance unas sendas cachetadas. Para mi sorpresa estaba yo sobre la monja, sor Juana, y la había medio desnudado.

“¡Perdón madre!”

“Gajes del oficio, licenciado,” dijo la monja sin inmutarse y arreglándose otra vez el habito. Es de las pocas almas que portan ropa en Infiernotitlan, lo cual es una lastima pues es un taco de ojo. “Es evidente que doña Marina os ha estado visitando como súcubo y os ha debilitado considerablemente. Gritasteis su nombre y el de otras mujeres, incluyendo, ¡ja ja!, el mío. Me temo que doña Marina ya es muy fuerte.”

“Discúlpeme se lo suplico.”

“Olvídelo, licenciado, mas bien encontré halagador que me nombrara.”

“¿Podría doña Marina influenciar a otros a distancia?”

“Tal vez, si.”

“Eso explica por que Mouriño sabe de la joya. La Malinche se ha de haber apersonado como Jelipe y lo ha de haber visitado.”

“Tal es posible, no descartemos que tal vez es capaz de actuar como un incubo, la versión masculina del súcubo.”

“Madre, eso es terrible. Si me debilito mas, haré todo lo que doña Maria me indique. Tal vez hasta sumisamente iré y le entregare la joya a Mouriño. ¡Es evidente que esa traidora quiere irse con el gachupin!”

“Todavía estáis a tiempo, licenciado. Tened esta estampita con la efigie del arzobispo Perberto.”

“¿A poco ya es santo ese hijoeputa?”

“¡Ciertamente que no!” dijo sor Juana toda indignada. “El tratamiento que os propongo es el siguiente. No vayáis a ningún sitio porno del internet ni veáis ninguna película sugestiva que podríais recordar en vuestros sueños. Haced el amor hasta saciaros cada noche y luego contemplad la estampita de Perberto antes de dormir. La cara del arzobispo os quitara todo pensamiento lubrico que os quede. Ahora, vos queréis saber como destruir la joya. En el Codex Motoliniensis se lee:

Id desde donde el sol fenece
Hacia la ciudad por ángel fundada
Caminad hasta la sierra estrellada
Que guarda donde el sol nace

Junto a la laguna encantada
Veréis alzar la humeante sierra
Retiembla en su centro la tierra
Desde la entraña derrumbada

En la entrada al averno
Depositad ahí el alma en pena
Que finalmente dormirá serena
Al cobijo del infierno.”

“Orales, no entiendo. Si ya está doña Marina aquí en el infierno, ¿por qué no duerme serena?”

La monja sacudió su cabeza. “Yo tampoco le encuentro ni pies ni cabeza, licenciado. Además, en mi humilde opinión son rimas mediocres. Algo se perdió en la traducción del mexicano al castellano. Lo que si es evidente es que es la manera de deshacerse de la joya. Y el lugar es una ‘humeante sierra’, un volcán. Es todo lo que le puedo decir. Tome usted su fistol por favor.”

Muy a duras penas me atreví a preguntar. “¿No seria mejor si usted lo poseyera? Yo no me siento tan confiado como antes.”

La monja palideció. “¡No! ¡Quien sabe que efecto tendría en mi! ¡Vade retro Satanás! Llevesela por favor licenciado, os lo suplico.”

Del claustro me dirigí al mol de Infiernotitlan. Ahí se venden las artesanías que los presos hacen en los talleres del infierno. También venden mota, polvo colombiano, amapola, etc. Por supuesto el lugar pulula de turistas gringos que ahí visitan. Tengo chamucos en todas las esquinas para evitar que se armen broncas.

El lugar de mejor ambiente en el mol de Infiernotitlan es la pulqueria y ladies bar “Las Glorias de Azrael”. Llegue ahí como a la medianoche, sabiendo que todavía estarían libando unos cabrones que conocía.

Diego Rivera, Sequeiros, y el doctor Atl estaban como siempre componiendo el mundo en su mesa habitual. “A ver, Pacorro,” le dije al cantinero gachupin, “sírveme mi cóctel Chernobyl y esta vez cárgale el vodka cabrón.”

“¡Licenciado!” dijo Rivera. “¡Vengase a libar con los pobres!”

De pobres no tienen nada esos cabrones. En el mol venden sus pinturas a muy buen precio. Tienen hasta aigre incondicionado en sus celdas y se la pasan todo el santo día chupando y discutiendo de política. “Las paredes de mi oficina se están descarapelando por las filtraciones del lago de Fox. ¿Ustedes sirven siquiera para pintores de brocha gorda?”

“Yo no,” dijo Siqueiros, “pero tal vez los compañeros…”

“¡No sea ojete!” dijo el doctor Atl. “¿Qué onda don Menfis?”

“A usted andaba buscando doctor. A usted le fascinan los volcanes, ¿verdad?”

“Algo, algo.”

Rivera se rio. “Puta madre, ¿quinientas pinturas del popo quien chingaos las va a comprar?”

“¡A los gringos les gustan!” contestó Atl.

En eso entró otro personaje que conocía. Salvador Barragán (“Barrigón”) Camacho fue en vida un líder petrolero de tiempos de la Quina. Barrigón Camacho había puesto muy en alto el nombre de México estableciendo el record de perdidas en una sola noche en un casino en Las Vegas (con dinero del STPRM of course). Además, esa misma noche había preñado a tres gringas de las que salen encueradas y moviendo las nalgas en los shows. Me disculpé de los pintores, diciéndole a Atl que me fuera a buscar en horas de oficina, que necesitaba consultar con él. Luego me jalé a Barrigón Camacho a una mesa en una esquina.

“Tengo que hablar con oste.”

“Estoy a sus ordenes licenciado.”

“Mire, don Chava, usted es el segundo del sindicato de chamucos.”

“En efecto, don Fidel Velásquez, es nuestro líder mortilicio.”

“¿Ha oído lo de la privatización de INFERMEX que se viene?”

“¡Uta madre que si! Y déjeme decirle una cosa, Fidel ya está puesto a cooperar con los gringos. El viejo resultó neoliberal.”

“¿Y usted?”

“Estoy abierto a cualquier propuesta. Ya vide oste que en el sindicato todo se rige por la maxima ‘per aurea canis oscila’.”

“Si, con dinero baila el perro.”

“Al buen entendedor… Pero, por supuesto, solo soy el numero dos del sindicato.”

Darle matarile a Fidel Velásquez seria imposible, ya estaba muerto. Era evidente que Barrigón Camacho estaría dispuesto a ayudarme a cambio de un favor. Yo vería como sacaba a Fidel de la jugada. “Bien, ¿que le parecen tres días en Las Vegas, pagados con viáticos y feria del presupuesto?”

Los ojillos porcinos de “Barrigón” Camacho le brillaron. “¿Dejaría que vaya encarnado? Así podría ver si puedo romper mi record de gringas preñadas. Si no, pos no tiene chiste.”

“¡Por supuesto! Pase mañana a mi oficina y le extenderé el amparo correspondiente y le daré los boletos de avión y un six de viagara para que las armas mexicanas se cubran de gloria.”

“Barrigón” Camacho sonrió. “¡Ya estufas! ¡Pondré muy en alto el nombre de México! Y respecto a la privatización, pos si usted se encarga de don Fidel yo me asegurare que el sindicato no coopere.”

Ya que llegue a mi recamara seguí la recomendación de sor Juana y me avoque ha hacer el amor hasta saciarme.

“¿Y ora porque estas tan jarioso, Menfis?” me preguntó la doña.

“¿Pos no le gusto?”

“Pos si,” dijo la Kahlo sonriéndome lascivamente. “¿Aguantas otro round?”

Ya me desmayaba de sueño. “Paso. Mañana llega el gringo Collins a tomar posesión. Tengo que estar fresco. Ustedes síganle y yo me dormiré.”

Y me quede dormido, esperando que la india no me visitara. Sin embargo unas horas después, la doña me despertó toda alterada. “¡Despiertate Menfis!”

“¿Qué onda?”

“¡Es Frida! ¡Le dio un patatus!”

“Pero, ¿pos como le puede dar un patatus si ya está muerta?”

El caso es que la Frida estaba temblando y espumaba por la boca.

“¡Haz algo cabrón!”

Llame a don Viboriano y entro los dos llevamos a la Frida al claustro de Sor Juana.

“Madre, vea que puede usted hacer.”

“¡Ave Maria!” dijo la monja persignándose. Pasó una sonda sobre el cuerpo de la Kahlo. “El aparato registra 10,000 unidades de ectoplasma. ¿Sabe usted lo que eso quiere decir?”

Me lo imagine. “Si, la india ya puede afectar físicamente a los que la rodean.”

“¡Idos de aquí, licenciado, por favor y llevaos esa cochinada!” me suplicó la monja.

XI Los Blackwaters

Collins llegó con una escolta de veinte hummers tripuladas por mercenarios de la Blackwater. Le ordené a Viboriano que ordenara asamblea de mis chamucos. Estos estaban formados en posición de firmes con sus trinches en posición de descanso.

“¿Este serr todo su personal?”

“En efecto. Quinientos chamucos aquí presentes mas 500 mas que están de servicio en los hornos, en el lago de mierda, en las puertas, dando clases en el CECYT de Infiernotitlan, haciendo rondines, etc.”

“Estarr muy gordous,” dijo despectivamente Collins. En efecto, la mayoría de mis chamucos estaban rete panzones y se parecían al sargento García. Pero, chingaos, pos es el infierno mexicano. ¿Qué esperaban, prusianos? Noté que las palabras del gringo fueron oídas por la tropa y hubo murmullos.

“¡Silencio en las filas!” ordenó Huerta. “¡Cállense bola de pelones! ¡Firmes!”

“Mi querer verr el mapa de las instalaciones.”

Lo llevé a mi oficina y le mostré el plano de Infiernotitlan.

“¿Qué tan segurras serr estas puertas?”

“Tengo retenes en las dos entradas. Por supuesto, los habitantes de San Francisco del Rincón entran y salen.”

“Why?”

“Son vendedores ambulantes, coyotes, qué se yo.”

“Mi no entenderr, ¿coyotes?”

“Para los juzgados. Pocas son las almas que pueden pagar un licenciado y usan coyotes.”

“That’s no good. ¿Y esto que serr?”

“El mol de Infiernotitlan. Es muy popular con sus compatriotas. Ahí siempre caen después de ver el museo pedorro de Fox.”

“Damn it! ¿Usted decirrme que los vivos entrarr y salirr como Pedrou por su casa?”

“Pos usted entró. ¿Cuál es la bronca?”

“¡Don Menfis! I came as soon as I heard,” dijo don Cletus Carrothers llegando.

“Mire, Collins, este es el cónsul gringo.”

“Cletus Carrothers, general.”

“¿Se ha comunicado usted con Condolezza últimamente?” le preguntó Collins.

Carrothers sacudió la cabeza. “A mi me tienen olvidado.”

Me reí. “Mejor ansina ¿verdad?”

“This is not a matter for the state department! ¡Yo recibirr ordenes directas desde Langley!”

“Miren, sus pinches broncas no me interesan. ¿Qué mas quiere saber?”

Collins volvió a ver el mapa. “¿Qué serr estou?”

“El lago de mierda Jesús Reyes Herodes. Lo tengo lleno de curas.”

“Serves them right,” dijo Collins que aparentemente era protestante. “¿Y aquí que haberr?”

“¿Eso? Son unos ranchos. Uno pertenece a un tal Doroteo Arango y el otro a un manco.”

“¿Doroteo Arrangou? Never heard of him! ¿Por qué tenerr ellos sus ranchous aquí?”

“Pos es que tienen sus seguidores y son influyentes. Yo que usted no me metía con ellos. Son gente muy violenta. Es mas, se robaron unas gringas.”

“You gotta be kidding me!”

Yo sabía bien que su racismo endémico la idea de que unos mexicanos estuvieran manoseando unas gringas le picaría la cresta a Collins. “¡Imaginese Collins! Tienen a tres mujeres norteamericanas en sus manos. ¡Las han de estar manoseando y violando ahí! Chance hasta las preñan. Van a parir un mexicanito.”

“It’s really bad,” dijo Carrothers. “Aunque no se puede hacer nada en realidad.”

“We’ll see about that! Damn it! ¿Por que estarr tan caliente aquí? ¿No haberr aire acondicionado?”

“Igual que Irak, general,” dije mientras sacaba vasos, hielo y la botella con el murciélago dentro. “Por lo menos aquí el Koran no se aplica y podemos chupar. ¿Quiere un trago?”

“I do!” dijo Carrothers.

“Later,” contestó Collins. “¿Dónde poderr albergar a mis muchachous?”

“Pos estamos muy apretados.”

“Mi necesitarr formar un perímetro, alrededorr de mi gente.”

“Ah, ¿van a tener su zona verde aquí también? Pues bien, le sugiero que se posesione del mol. Ahí ponemos aire acondicionado para que los turistas no se incomoden tanto. Como ve está en la calzada principal.”

“Makes sense. Por esta carretera poderr llegarr a la entrada mis convoyes. ¿Qué tan segurra es esa carretera? ¿Haberr árabes aquí?”

“¿Árabes? Uno que otro abonero nomas, y unos judíos de la merced. Es todo.”

“¿Judíos? ¿Serr Mossad?”

“No. Estos nomas vendían tiliches en vida.”

“¿Cuántas presos tenerr aquí?”

“Pos yo diría como 200 millones. Vera, es que tengo la indiada desde tiempos de Conejo XIII el cacique olmeca.”

Los ojos de Collins se dilataron. “Ohmigod! Two hundred million!!!”

“Y mire que ustedes no pueden controlar ni un pueblo rabón en Irak, imaginese 200 millones de cabrones.”

“Carrothers, ¿eso serr cierto? There’s two hundred million souls here?”

“Yes, more or less, si.”

Le rellene la copa a Carrothers.

“Mire, Collins, si vamos a trabajar juntos usted tendra que confiar en lo que digo. Carrothers no va a estar siempre a la mano para verificar lo que digo. ¿Cuántos Blackwaters trae usted?”

“OK, Satanás, so be it. Mi traerr 400 gentes.”

“Pos dígale a su jefe Erick Prince que la cagó. Infiernotitlan no lo controlan con 400 changos drogados, no me importa que tan bien armados y entrenados estén. Y no creo que se puedan sostener por mucho tiempo si los fulanos de los ranchos que le dije se enteran que están ustedes aquí.”

“¿Estarr ellos armados?”

“Pos si. Tienen hasta artillería. Tienen rifles, si, aunque estos están viejitos, son puros 30-30, pero los saben usar. Además tienen mucha caballada. Se movilizan rete rápido. Le sugiero que usted y sus muchachitos se atrincheren en el mol de inmediato. No le garantizo que no le vayan a empezar a aventar plomazos al anochecer. Por supuesto, los yaquis no atacan de noche. Quesque ofende a Manitou o que se yo.”

“Yankees?” Collins era evidentemente un sureño y no le caían bien los norteños o yanquis.

“No exactamente, general. Son indios Yaquis, de Sonora. Mire son como unos veinte mil en total los que hay en esos ranchos. Incluso sus mujeres saben disparar. Es mas, sus viejas me dan más miedo. Les gusta capar a los prisioneros.”

Collins ya estaba sudando y no era por el caloron. De inmediato salio y empezó a dar ordenes a gritos.

“Jefe,” me dijo don Viboriano. “Si estos cabrones caen en el mol van a espantar a los turistas. Luego se van a empezar a quejar los locatarios del mol. Y ya vide oste que son COPARMEcos.”

“Pos no tiene remedio. Oiga, don Viboriano, ¿tiene noticias de dentro de Nuevo Canutillo?”

“Pos si, jefe, mi oreja me dice que las gringas todavía siguen ahí. Pero Pancho ya no las quiere, las va a divorciar.”

Le rellene la copa a Carrothers. “Carrothers, hágame un favor.”

“Dígame licenciado.”

“Váyase usted con Villa. A usted lo conocen. Dígale que le trae un ultimátum, que en nombre del general Collins le ordena que libere a las tres gringas en un plazo de 24 horas.”

“¿Qué le ordena? ¡Pancho se va a enchilar! ¡Fierro me va a fusilar y yo todavía estoy vivo!”

“No, dígales que usted es solo un parlamentario. Es mas, llevese una bandera blanca. La respetaran.”

Carrothers estaba muy pálido. “¿Y yo por qué?” dijo con voz temblorosa imitando a Fox.

“Mire, don Cletus ya que lo haga, le manda un email a la Condolezza y le dice que los Blackwater las volvieron a cagar, a pesar de sus consejos. Allá en la Casa Blanca les gusta darse patadas bajo la mesa. Va a ser para su ventaja. ¿Se imagina? ¡Cletus Carrothers, embajador plenipotenciario de EEUU en Paris en lugar de furris cónsul honorario en Infiernotitlan!”

“I don’t know…”

“Tómese otro trago para darse valor. Es mas, llevese la botella pero asegurese de mascar chicle antes de presentarse con Villa. Si le huele el aliento a borracho si lo manda fusilar.”

Carrothers se dirigió al norte ya envalentonado con el alcohol.

XII Una Mañana Movida

Esa mañana fue muy movida. Mandé por fax a mis licenciados en el DF la copia de la ley reglamentaria de INFERMEX que sor Juana me había dado. Les instruí que me tramitaran un amparo contra cualquier cambio que fueran a introducir Gamboa, Doring, y Nalgarrete. El artículo 666 era muy claro. INFERMEX se encargaba tan solo de almas. Tal estaba incluso dictado en el contrato colectivo con el sindicato de chamucos. Si íbamos ahora también a torturar presos para los gringos, y estos estaban vivos, esto violaba el 666. Además, tal cosa no se especificaba en el contrato colectivo existente con el sindicato de chamucos. Este se tendría que renegociar y esas pláticas por lo general duran una eternidad, literalmente.

Igual, en la ley reglamentaria se especifica que organismos de derechos inhumanos pueden visitar las instalaciones. Incluso la señora Khan estuvo aquí el año pasado y nos felicitó porque nosotros teníamos menos violaciones a los derechos humanos que URO. Probablemente los gringos iban a exigir que ese artículo se derogara. Pero hay un acuerdo de la ONU sobre los avernos que México firmó en tiempos de Ruiz Cortines y este indica que no se les puede evitar la entrada a ONG’s de derechos inhumanos. Más fuerza para el amparo.

Les incluí también a mis licenciados copia de un mpg donde Azuela está bailando encuerado con Michael Jackson. Les hice saber que si la suprema corte no admitía mi amparo que le mandaran copia por email a Azuela y verían que mansito se pondría.

“Licenciado,” dijo doña Cholita, “el Ubergruppenfuhrer Skorzeny está en la línea dos.”

Uta madre. Skorzeny es de los nazis que el Fuhrerdasromankatolischekirche, Ratzinger o el Gran Shaitan, había revivido. Skorzeny, que en vida liberó a Mussolini, estaba ahora a cargo de la guardia suiza. El papa había aumentado esta de 500 changos a 100,000, emplazados en cinco divisiones panzer perfectamente equipadas. En cualquier momento el Fuhrerdasromankatolischekirche iría a empezar la conquista de Europa.

“¡Otto! ¿Qué milagro?”

“¡Heil Ratzinger!”

“Pos jail, ¿como chingaos no? ¿Como está su santidad?”

“Menfis, escucha, te voy a dar unl pitazo. Los PANistas ya adivinaron que fuiste tu el que hizo el secuestro y ya le vinieron a chillar al Fuhrer. Menfis, el papa está encabronado pues supo que dejaste salir a Villa encarnado y que él y su gente agarraron a Fox como si fuera un becerro. Te extralimitaste, Menfis.”

“¡Ah que la chingada!” Lo que mas me encabronaba era que esto me indicaba que tenía una oreja dentro. Alguien me estaba traicionando.

“Te van a caer unos inquisidores de un momento a otro. Escucha, traen orden de desaforarte.”

“Puta madre. ¿Me van a quitar el fuero inmortal? Me derretiría como el Christopher Lee en las películas de Drácula.”

“No tanto, la orden es darte el santo prepucio. No diré mas. Aquí hay pájaros en el alambre.”

Casi me desmaye. El santo prepucio es el pedacito de pellejo que le quitaron a Chuchin al hacerle la circuncisión. Aunque los fachos claman que Chuchin era ario la verdad es que era judío. Es más, por lo narizón y barbón hasta se parecía mas bien a Bin Laden. El caso es que el santo prepucio tiene poderes mágicos. Y es tan poderoso que causara que los míos desaparezcan. Me convertiría en un simple mortal.

Oí una voz en mi cerebro. “Todo se arregla si me llevas con Mouriño.”

“Ah, eres tu, doña Marina. ¿Ya puedes hablar? ¡Pues no, cabrona! ¡Antes muerto!”

“Eso lo podemos arreglar. Después de todo te convertirás en un simple mortal. Bien te puede ocurrir un accidente.”

Puse el fistol en mi caja fuerte. Me costo un huevo sacarlo de la bolsa de mi guayabera y depositarlo ahí. Luego me salí de mi oficina y le hablé a sor Juana por mi cel. Tal vez de esa manera la india no me iba a oír. “Madre, ¿qué noticias de Frida?”

“Está muy débil don Menfis. Si no estuviera ya muerta diría que está agonizando. Tengo que investigar que dicen los nigromantes sobre este caso.”

“Mire, le tengo un encargo. Necesito que haga una clase de viagra pero con cualidades muy especificas.” Y le expliqué lo que necesitaba.

“Jijos, voy a ver si tengo los ingredientes en mi laboratorio. Voy a necesitar glándulas de velador, modorra de burócrata, opio, extracto de adormidera, etc.”

“Consiga lo que necesite. Esto me urge.” Luego le expliqué lo de la voz que había oído.

“¡Ave Maria!” exclamó la monja. “¡La india está cada día mas fuerte! ¿Ha descifrado donde tiene que ir para deshacerse de ella?”

“Todavía no. Espero saberlo hoy.”

Doña Cholita de pronto salio de la oficina corriendo y gritando. “¡Don Menfis! ¡Don Menfis! ¡Ay! ¡La changa!”

En efecto, Chita habia regresado. Estaba armando desmadre en el escritorio de mi secretaria. “¿Y ahora qué chingaos te traes cosa peluda?”

“¡Ick! ¡Ick! ¡Kreegah mangani Bundolo!”

“Ah, ¿con que te corrió Mouriño y ahora tiene puros metro sexuales trabajando en gorilación? No te preocupes, aquí te la doy de madrina de chamuco, no faltaba mas.”

“¡Ick! ¡Bundolo! ¡Ick! ¡Ick!”

“De nada. Ah caray. ¿Con que vienen unos pefepos con los inquisidores? ¿Qué estos me van a entregar a la ‘justicia seglar’? ¡Ah chingaos, gracias por el pitazo!”

La mañana esta siguió muy movida. Don Viboriano me dio el parte de lo que estaban haciendo los Blackwaters. “Jefe, esos cabrones ya sacaron a putazos a los locatarios y espantaron a todos los turistas. También, pos los muchachos están encabronados. Se lo digo en buena ley. Primero por lo de los gringos que los llamaron panzones. Digo, si están un poco bofos, pero no hay derecho. Y también dicen que alguien les contó que la procuraduría los iba a desarmar, quitarles los trinches, quesque para ver si no tienen lazos con los carteles. Digo, pos a huevo que tenemos, perdón, tienen lazos con los carteles. Ni que los muchachos fueran tan pendejos de no tenerlos. Y eso si, nos vamos a ver rete pendejos nomás con puras resorteras. Digo, se supone que los chamucos traen trinche, ¿no?”

“¿Quién le contó eso del desarme? ¿Una changa peluda?”

“Ah que mi jefito. Cuando yo voy él ya regresa. Pos si, jefe.”

“Entonces creale. Escuche, van a venir unos inquisidores. Esos vienen directos de Ratzinger, el Gran Shaitan, y pos no hay remedio. Déjenlos entrar. Pero también vienen unos pefepos que manda gorilación. No los dejen entrar ni a madres, ¿entiende? Si le preguntan, dígale que son las nuevas disposiciones de la Blackwater, que no se puede meter un mortal nomás porque si aquí. Capaz que son los que vienen a desarmarlos.”

Huerta se cuadró y saludo. Me estaba arriesgando demasiado con él. Si se vendía ya me llevo la chingada. ¿Seria él la oreja que tenia dentro? “Oste no se preocupe jefe. Esos cabrones no entran.”

Fui a ver a doña Cholita. “¿Ya se fue la changa, licenciado?”

“Si, pero mire, déle de alta como madrina de chamuco. Ahora trabaja para mi. Ah, y también, consígame un boleto viaje redondo a Las Vegas para Barrigón Camacho. Que incluya un six de viagra y una suite de hotel con gringas de Playboy por tres días y tres noches. Aquí está un vale a tesorería para que se lleve varios millones de dólares.”

“¿En efectivo, jefe?”

“Si, si es necesario búsquense las tarimas del chino. Barrigón Camacho ya tiene 20 años de muerto y seguro va a querer apostar a lo grande. También, mande estos amparos de encarnación con el juez Seboruco.”

“No tienen el nombre, licenciado.”

Oste dígale a Seboruco que me los firme, que son para mí, y que luego nos arreglamos. Asegurase que le toque uno a Barrigón Camacho, pues quiere ir encarnado a Las Vegas.”

En eso se presentó el Dr. Atl. “¿Me quería ver, licenciado?”

Me lo lleve al cuarto de conferencias. A ver si ansina la india en mi caja fuerte no oía nada. Le expliqué lo de las instrucciones en el Codex Motoliniensis. “¿Entiende usted que chingaos quiere decir?”

Atl se quedó pensativo por unos momentos. “Pos mire, lo de ‘Id desde donde el sol fenece’ quiere decir que empiece uno en oriente. Pero bien, ¿que era el oriente para los antiguos mexicas? Tal vez tierras tarascas, qué se yo. ¿Y de ahí pa donde? ¿Al sur? ¿Al norte? ¿Al oriente? Yo creo que es esto último, según se lee en la segunda línea, sobre la ‘ciudad por ángel fundada’.”

“Me temo que todavía no entiendo. Amanecí muy Fox hoy.”

“Caray, pos licenciado, ¿que ciudad fue fundada por ángeles sino Puebla?”

Era evidente que el sabio ya estaba inspirado. “Ah caray, continué, tiene razón. ¿Tiene seca la garganta? ¿No quiere una cheve?”

“Jijos, pos si, se agradece. Ando crudo por libar con ese par de cabrones de Rivera y Siqueiros que parece que tienen un hoyo en la pata.” De inmediato ordené que le trajeran al sabio tal. Ya que se refrescó, él siguió analizando. “Y aparentemente se debe caminar hacia el oriente, hacia la sierra estrellada. Jijos, eso es fácil, se refiere al Citlaltepetl, monte de la estrella, o Pico de Orizaba.”

“Bueno, ¿y hay alguna laguna encantada en ese rumbo?”

“Hay una laguna de ese nombre en los Tuxtlas. Es un cráter, si, y ahí espantan. Pero yo creo que los volcanes de los Tuxtlas están demasiado al sur. Mire, por el oriente de Puebla mas que lagunas hay axacapayotls, algunos con agua y otros secos.”

“¿Y esos que son?”

“Cuando una intrusión volcánica, una pluma de magma, se dirige a la superficie y hace contacto con una laguna o manto freático se produce una explosión tremenda pues el agua se vaporiza instantáneamente y se convierte en vapor. Es mas violento que una detonación atómica. El resultado es una cavidad en la tierra con un terraplén que asemeja un cráter alrededor. Este terraplén es la escoria que fue lanzada al aire al haber la explosión. En Europa les llaman maars a la depresión que resulta. Los antiguos mexicanos llamaban a esas cavidades axacapayotls. Para mi que la ‘laguna encantada’ en cuestión es la laguna de Alchichica. Ahí quesque se han visto hasta ovnis. Está al nororiente de Puebla, casi al pie del Citlaltepetl.”

“La profecía dice que de ahí se ve ‘la humeante sierra’ donde ‘retiembla en su centro la tierra’. Como que se adelantó el autor a Nuño y Bocanegra.”

“Jijos, toda esa área es muy activa volcánicamente. Es mas, CFE tiene ahí una planta donde hacen vapor inyectándolo agua a la tierra pues ahí el magma está muy cercano a la superficie.”

“¿Hay algún cerro caído o derrumbado ahí como dice la siguiente línea?”
Atl se rio. “¡Ah pos si! ¡Eureka licenciado! Ahí junto a Alchichica están Las Derrumbadas. Son un par de conos muy activos. En efecto, ahí retiembla en sus centros la tierra.”

“Pos no entiendo todavía. Las dos entradas al averno mexicano están aquí en Guanajuato, por lo feo. Tengo planeada abrir una en San Pedro, Nuevo León, pero no, no tengo nada en Puebla, a pesar de que algún día recibiré a Marín.”

“Pos no me cabe duda de que se trata de Las Derrumbadas, licenciado. Respecto a lo del infierno, pos Dante se metió a este por una cueva en una caldera muerta por Castelgandolfo. Los antiguos siempre equiparaban los volcanes con el averno. Oiga, por cierto, me acabo de acordar de otro detalle de Las Derrumbadas. No les dicen ansina porque los cerros esos estén caídos. Es que ahí se desbarrancaban las diligencias que venían de Xalapa a Puebla. Y esto era porque a veces los perseguían unos bandidos. El caso es que el bandido que ahí asolaba es el que llamaban ‘El Relumbrón’, el mismo que menciona don Manuel Payno en los bandidos de Rio Frio.”

“¿Y por qué le llamaban así?”

“Es que siempre andaba todo vestido con plata, en el sombrero, en el traje de charro, en la silla de montar. En vida fue un coronel de la guardia presidencial de Santa Anna. Solía vigilar las casas de los ricos para saber cuando iban a viajar de la Ciudad de México a Veracruz. Luego los esperaba en Rió Frió o en Las Derrumbadas.”

“Una fichita el cabrón.”

“Si, y además hace trampas al jugar cartas.”

“¿Lo conoce?”

“Si, aquí está en el infierno. Bueno, anda con Pancho. Ya lo hizo uno de sus coroneles. Quesque porque caracolea bonito los caballos y tira bien.”

“Licenciado,” dijo doña Cholita muy pálida. “¡Aquí están los inquisidores!”

XIII Los Inquisidores

Julius Streicher había sido revivido por el Gran Shaitan, Ratzinger. En vida Streicher habia sido un furibundo antisemita y un pederasta tan asqueroso que hasta los mismos Nazis lo habían encarcelado. El tal Streicher era ahora Julius, Cardenal Streicher, y llegó vestido como príncipe de la iglesia acompañado de un jesuita que reconocí.

“Jefe,” dijo Huerta, “aquí le traigo a estos señores. Se han portado como barbajanes amenazando y demandando chingaderas.”

“¡Heil Ratzinger!” dijo Streicher dando un taconazo y levantando la pata.

“Pos guten morgen, don Julius,” le dije, ignorando el anillo que me extendió para besar en grandísimo cabrón. “¿En que les puedo servir?”

Streicher no dijo nada y me vio con desdén. “Licenciado,” dijo el jesuita, “permítame leer el siguiente edicto firmado por el papa.”

“Déle pa delante de Loyola,” le dije, reconociendo al tal Pomponio de Loyola, un hijoeputa que empezó de cura de pueblo en San Adolfo Hitler, Jalisco, y que ahora trabajaba en la curia. Entre latinajos el tal de Loyola me hizo saber que ya me había llevado la chingada. Se me quitaban mis poderes infernales. Seria un simple mortal otra vez.

“¡Raus!” dijo Streicher apresurando las cosas. De Loyola acabó de leer a chingadazos.

“Lo siento licenciado, son ordenes de la superiorida,” dijo el jesuita y produjo una caja de madera y la abrió. Dentro había un pellejo ennegrecido. Senti un escalofrió tan solo al verlo. “Tóquelo, por favor. Es el prepucio de Chuchin.”

Mi única esperanza era que Streicher era un facho, y por lo tanto un ignorante. No creia poder cabulearme al jesuita pero tal vez si podría enredar a Streicher. “Perate tantito chato, ¿tiene el sello del anillo de Constantino esta bula? Digo, porque por política establecida bajo el papa Sinforoso III, en su encíclica ego te jodum, si no tiene el sello pos no vale.”

“Was is los? ¿De que habla licenciado? Como ve usted tiene las firmas de la curia y del papa.”

Saqué unos pergaminos que contenían poemas lúbricos escritos por Safo. Me puse a buscar en ellos. “Es que hay un solipicio al andante cantabile de la Carmina Burana que especifica que una bula de excomunión de chamuco necesita el sello de Constantino. Por aquí lo tengo. Lo escribió en Nicomedia el tal Sinforoso en tiempos de Juliano el apostata, unos años después de la muerte de Constantino. Creo que la iglesia traía una bronca con el Lic. Plutón por unos ejidos en Cartago o en Alejandría, ya no me acuerdo, y lo iban a excomunicar. ¿Ustedes leen griego?”

De Loyola sacudió la cabeza. “¡Ach! ¿De que carajos habla?” preguntó Streicher furibundo.

“Eso no se aplica a usted, licenciado,” argumentó de Loyola. “No le están haciendo excomunión, lo están deschamuquizando. Es como desaforar si fuera mortal, no excomulgar.”

“Y aun si aceptando sin conceder que ustedes están en lo cierto, ¿cómo chingaos me van a forzar a cumplir con esto? Digo, solo veo dos changos, ustedes, aquí.”

“Schiesse! No dejaron entrar a los pefepos que gorilación nos dio. Escúcheme usted, Satanás, a menos que usted coopere el papa lo declarara fuera de la ley. Y entonces si le mandarían al cabrón del arcángel San Miguel con una legión y le pondrán una putiza y le quitaran el fuero inmortal. ¿Entiende lo que eso significaría?”

“Si, licenciado, no se haga guey,” dijo de Loyola. “No hay ningún solipicio de la Carmina Burana ni que los calzones de Salieri. Está usted inventando pendejadas.”

“Pos es que el problema es que constitucionalmente quieren además implementar el derecho canónico sobre las leyes mexicanas. Miren, es requisito de INFERMEX que el encargado de Infiernotitlan sea un chamuco. No le hice de tos a Collins pero si me deschamuquizan me están inhabilitando para detentar un puesto federal, mi hueso. En tal caso meto el caso en Conciliación y Arbitraje me tienen que dar mi liquidación y les costaría un ojo de la cara. Si no me creen, pregúntenle al primer damo y verán como se arruga. El caso es que yo ya tengo un amparo. Aquí está.” Les mostré un papel con la firma de Seboruco y unos sellos con aguilita.

“¡Un amparo!” exclamó de Loyola. “¡Pero eso solo protege de las autoridades!”

“Y ustedes no son autoridad y tampoco tienen pefepos. Y como aquí el cardenal es extranjero, al ejercer tal función se hace susceptible de que se le aplique el 33. Usted, de Loyola, sabe de que hablo. ¿Me explico?”
“¡Que 33 ni una chingada!” dijo don Viboriano. Acto seguido sacó una mitigueson y los apuntó. “¡Oste dice jefe si les doy matarile!”

“¿Nos van a matar?” preguntó de Loyola que ya estaba pálido viendo la mitigueson en manos de don Viboriano. Un olor a meados me indicaba que el jesuita había perdido el control.

“Pongalos en una celda por 24 horas, don Viboriano, mientras se hacen las viriguaciones de ley,” ordene.

“¿Bajo que cargo?” preguntó de Loyola con voz tremula.

“Violaciones al articulo tercero, manejar en día de hoy no circula, acompañar un extranjero pernicioso, violación al TLC, disolución social, tener caspa, mearse en una zona federal, que se yo. Lleveselos don Viboriano.”

“¡Sordenes jefe! ¡A ver, cabrones, jalenle pal bote!”

Le quite la caja a de Loyola y la cerré. Me daba dolor de cabeza solo con ver el pellejo ese. Bien, había ganado 24 horas. Luego se me declararía fuera de la ley y el Gran Shaitan me iba a mandar al jefe de sus pefepos, el tal arcángel San Miguel, y probablemente toda una legión de hijoeputas.

Sonó el telefono. Era Seboruco. “¡Licenciado! ¡Me llego un decreto de gorilación. ¡Todos los curas que están en el lago de mierda van a ser extraditados!”

“¡No chingues!”

“¡Si licenciado! Está toda la papelería en orden. Van a ser extraditados…al cielo.”

Era evidente que el primer damo ya estaba siguiendo las órdenes de Perberto. “Mire, Seboruco, dilate los tramites lo mas que pueda. Aduzca razones técnicas.”

“¿Razones técnicas?”

“Si, haga que los curas firmen un escrito de protesta. Que testifiquen que prefieren estar en el lago de mierda en lugar de verle la jeta a la madre Teresa por el resto de la eternidad.” Parte de lo que hace al averno tan popular es no tener que ver la jeta arrugada de la madre Teresa.

“No van a querer, licenciado. Esta cabrón pasar el resto de la eternidad entre mojones. Ahí huele rete gacho.”

“¡Como chingaos no! Dígale a don Viboriano que los convenza. Una vez que firmen, mande los escritos a Bucareli. Eso va a enredar el asunto.”

XIV La Hora de los Intelectuales

Llamé a mis licenciados. “Oiga Carranca, ¿le llego el video donde Azuela está bailando encuerado con Michael Jackson?”

“Que bárbaro licenciado. Lo tuve que apagar porque se me revolvió el estomago. ¡Se estaban pasando el chicle!”

“No hombre, está mas grueso al ultimo, cuando Azuela se monta en el columpio. En fin, ¿le servirá el video?”

“Con esto se garantiza que cualquier amparo que pongamos contra privatizar INFERMEX será oído por la suprema corte. No le prometo mas. Si Azuela les causa un escándalo el gobierno capaz que lo suicida. La bronca es que ya empezaron a hacer guerra sucia contra usted.”

“¿A poco?”

“Lo están atacando en todos los noticieros.”

“Pereme entonces.”

Puse a López Droguira.

“…hoy, si hoy, analizaremos la situación de la llamada paraestatal INFERMEX. ¡snif! Perdón, es que tengo catarro. Pero decía, ¿se puede tolerar que INFERMEX albergue a tanto narco? Si, como usted, ¡snif!, lo oyó, en INFERMEX, si, INFERMEX, están almacenadas las almas de miles de narcos. Y todos estos, ¡snif!, maleantes, entambados en un solo lado, están bajo ¡snif! la jurisdicción de un solo hombre, ¡Mefistófeles Satanás! Ese chamuco es bien sabido que es un renegado. ¿No fue acaso él parte de los ángeles ¡snif! que se alzaron contra Dios? Si, oyó usted bien, contra Dios, ¡snif! es decir, contra las instituciones. Es mas, ¡snif!, ha participado en protestas de chamucos cada aniversario de la batalla de ¡snif! Armagedon donde las fuerzas del orden institucional a cargo del arcángel San Miguel les partieron la jeta. Miren, ¡snif! en este video clarito se ve y se oye al tal Satanás gritando que el dos de octubre del 5568 A.C. no se olvida. ¡Es evidente que Satanás es un peligro para México! ¡No se puede confiar en él! ¿Y de donde sacó que es licenciado? ¡Si escribe con las patas! ¡Ni en la libre de derecho tienen evidencia de que haya estudiado! Asi pues, hoy, si hoy, el gobierno está haciendo ¡snif! Una labor muy loable combatiendo al narcotráfico, aun ¡snif! a costa de tantas vidas. Es que el azote del ¡snif! narcotráfico debe de ¡snif! erradicarse, aunque ¡snif! cueste muchas vidas como lo ha prometido ¡snif! el señor presidente. Y lo que el promete, se cumple, ¡snif! así que esperemos mas muertitos. Pero entonces no se puede permitir que Satanás ¡snif! les de a esos vendedores de coca ¡snif! celdas con aire acondicionado. Si, vendedores, ¡snif! de coca, que orita ¡snif! están disfrutando ¡snif! vacaciones en Infiernotitlan. Y yo me pregunto…ah caray, ¡snif! siento como que tengo arañas. ¿Ustedes no sienten como que tienen aranas? Discúlpenme, ¡snif!, un momento por favor…tengo que tomar mi medicina…”

En el canal del congreso la PANtaleta me estaba atacando.

“…un vividor del presupuesto, que ha tenido ese hueso por los últimos quinientos años bajo toda clase de administraciones. Es además un desalmado, un vulgar buscapleitos de cantina, pues ha dicho que me agarrara las nalgas sin siquiera pagarle los cincuenta pesos del servicio al subcomediante Arce-Cirigo-Nahum. Digo, tengo que mantener a mi padrote, ¿no? Honorables diputados, compañeros, presento entonces un punto de acuerdo para que se haga una investigación a fondo sobre la administración de INFERMEX, específicamente que se aclare como maneja el tal Satanás los dineros que le da PEMEX. A ver, asumo que cuento con los votos del PAN y del PRI. Ustedes, órale, bola de putas, si, a ustedes los compañeros de Nueva Izquierda les hablo. Apúntense para votar a favor, son ordenes desde arriba, orales, bola de borregos…”

En tele manteca estaba “La Hora de los Intelectuales” y Chespirito entrevistaba a Enrique Krauze.

Chespirito: “….¡Eso! ¡Eso! Yo siempre digo que no panda el cunico. Total, el averno necesita inversión extranjera, ¿verdad? Hay que modernizarse. No tenemos la tecnología para ampliarlo a mayor profundidad.”

Krauze: “Es que es evidente que toda esa campaña de este Mesías infernal con sus amparos a diestra y siniestra es populismo del mas ramplón. ¿Por qué le tenemos miedo a la inversión extranjera? Vea usted el auge del porfiriato.”

Chespirito: “Ese cabrón fue priista, me parece, y fue secretario del trabajo bajo Jolopo. Todos los del perdere fueron priistas, igual que los que tiene Jelipe en el gabinete. Ahora AMLO lo puso al frente del FAP.”

Krauze: “No me refiero a Porfirio Muñoz Ledo sino a don Porfirio Díaz, mi ancestro.”

Chespirito: “Don Porfirio fue antes de que hubiera televisión ¿verdad? ¿Está seguro que no se trata de don Facundo?”

Krauze: “No, hablo de Porfirio Díaz. Claro, no había televisión entonces. Si acaso tenían fotografías en blanco y negro.”

Chespirito: “¿En blanco y negro? ¿Cómo las películas de Pedro Infante? Oiga, usted que es intelectual de derecha, ¿realmente cree que Pepe el Toro era inocente o es populismo?”

Krauze: “¿Pepe el Toro?”

Chespirito: “Es que en una de esas películas vide como lo meten a las Islas Marias. Que gacho, ¿no? Probe Torito, se aprovechan de su nobleza.”

Krauze: ¡Estoy discutiendo sobre la iniciativa privada en tiempos de don Porfirio y el gran bien que los latifundios y las compañías extranjeras le hicieron a México!”

Chespirito: “Bueno, pero no se enoje, bien, vamos a comerciales de Bimbo.”

“Carranca,” le dije a mi licenciado, “exíjales derecho de replica a estos cabrones. Estas son chingaderas.”

“Está cabrón, licenciado, para mi que son ordenes de Mouriño.”

“Haga lo que pueda. Y si logra que me inviten a la ‘Hora de los Intelectuales’, exíjale a Chespirito que me deje llevar a Pedro Infante conmigo. Aquí lo tengo al cabrón y el Torito me debe una feria y testificara que soy inocente.”

La monja entró a mi oficina y me enseño una bolsa. “Licenciado, aquí están las píldoras que me pidió. No las saque de la bolsa ni las toque. Use guantes o se le duerme la mano.”

“¿Así de poderosas son?”

“En efecto, licenciado. Me esmeré. Si usted tomara una dormiría por todo un año.”

“Oiga, ¿pero como sigue Frida?”

“Licenciado, a menos que usted destruya esa joya el alma de Frida Kahlo no será mas.”

“¿Está segura?”

“Si consulte a google y a la ouija y a unos brujos de Catemaco. Todos están de acuerdo en ese desenlace. ¿Encontró ya…?”

Miré hacia mi caja fuerte. La monja siguió mi mirada. “Sea mas discreta, madre.”

“Entiendo. A ver, colgaos esto antes de hablar.” La monja me extendió un collar hecho de pellejos con pencas de nopal colgando.

“¿Qué es esto?”

“El pellejo es de víbora de cascabel. Pongase además este penacho con plumas de águila.”

“Parezco anuncio de cerveza.”

“Por lo menos pongase una pluma en un bolsillo. Son los símbolos del escudo mexica. Lo protegerán un poco.” La monja empezó a rezar latinajos y puso unos santos oleos sobre la caja fuerte. “Ahorita está neutralizada, creo. ¿Sabe como destruir la joya?”

“Tengo que ir a Puebla. Creo saber donde la puedo destruir.”

“Escuche, Frida tiene que estar presente cuando la joya sea destruida.”

“¿Me acompañaría usted?”

“Insisto en ello. El estado de Frida es muy delicado. Sin embargo, tendrá ella que ir encarnada.”

“¿Está segura?”

“Entonces estamos hablando de un problema medico. Creo que podré ganar algo de tiempo. En este siglo hay medicinas que no existían en mis tiempos.”

“Obviamente usted también tendría que estar encarnada. Si es un fantasma no podrá tratar a Frida. Para el caso las mandó a Houston, ¿no? Ahí que la curen los gringos y oste y la Frida se pueden ir de shopping después.”

“No sea fatuo, licenciado. Además, ir a Houston seria tirar el dinero. No, todo se remedia si destruye la joya. ¿Cree que pueda hacerlo?”

Toqué la pluma de águila y el collar de pellejo de víbora con pencas de nopal. “Como que esto me da fuerza. No garantizo nada. Partamos de inmediato. Nomás déjeme escribo una carta.”

La carta era para don Fidel Velásquez. La escribí con la letra de Marin y me aseguré de usar papel membretado con los sellos del estado de Puebla.

“Don Fidel,

Yo siempre he sido un gran admirador de los grandes próceres del PRI. Ustedes nos enseñaron la ruta a seguir y estamos modestamente tratando de emularlos. Y entre estos próceres usted es el mas chingon, el muchacho de la película, chingaos. Se que esta usted disfrutando de un merecido descanso en Infiernotitlan. Mire, le estoy incluyendo unas píldoras que a mi me han hecho maravillas. Tómelas de inmediato y espere un día pues toman tiempo en reaccionar. Tendrá usted la potencia de un toro de lidia. Abrirá las puertas sin usar el picaporte. Para demostrarlo, le mandare unas botellitas de doce años para que las pruebe, ¿entiende? Pero tiene que estar ya bien preparado para recibirlas pues son del harem de Nacif, o sea, de lujo.

Atte.

Marín, Gobernador Priista de Puebla”

Le deje instrucciones a doña Cholita que le entregara la carta y las píldoras a Fidel Velásquez. “Barrigon” Camacho, cuando regresara de Las Vegas, lo encontraría todo jeton y de inmediato convocaría junta en el sindicato para tumbarlo. Si Mouriño intentaba privatizar, el sindicato de chamucos le armaría unas broncas tremendas. “Mantenga el bote dentro de esta bolsa de cuero y no las toque, doña Cholita, o se quedara dormida por años.”

“Ah caray, licenciado, no se preocupe, me perdería mi telenovela si me quedo dormida. Oiga, el secretario de gorilación está en la línea cinco.”

No tenia caso perder mas el tiempo con Mouriño. Seguro me iba a echar pestes por no dejar entrar a sus pefepos. “Dígale que hay una emergencia en el lago de mierda. Que Maciel se tragó medio lago y ahorita anda con diarrea. Ahí invéntele algo, doña Cholita, por favor. ¿Tiene mis amparos?”

“Aquí están, licenciado, con la firma de Seboruco.”

XV La Traición

Me llevé la joya en mi bolsa y también agarré la caja con el prepucio. Afuera de mi oficina estaba Huerta con unos chamucos y unos sombrerudos con cananas de muy mala catadura y facha de facinerosos. El pelón se había puesto su uniforme de general de división con botas federicas y se veía muy encabronado, mas fello de lo normal. Pensé para mis adentros que finalmente se iba a destapar como el traidor que seguramente era.

“Licenciado, oste y yo tenemos que hablar,” dijo Huerta. Noté que traía la funda de la mitigueson abierta. Si traía balas de plata como el llanero con solitaria me podría hacer bastante daño.

“Estoy a sus ordenes.”

“Esto es muy serio, licenciado.”

“Huerta,” dijo la monja haciéndole al Guillermo Prieto, “los valientes no asesinan.”

“¿Y quien está hablando de derramar sangre? Esto se puede arreglar, estoy seguro.”

“Bien, hable de una vez. Que salga a la luz la traición, que caray.”

“En efecto, es de traición de lo que hablo, licenciado.”

“Pos orales, abrevie, ¿no que muy machito?”

“Mire, usted me puso a cargo de la seguridad de Infiernotitlan.”

“Chales, ¡igual hizo Allende con Pinochet!”

“Me ofende, licenciado, estos últimos noventa años siempre le he sido fiel ¿o no?”

“Cierto. Hasta ahora.”

“Es que esto ya es mucho. Por favor explíquese.”

“¿De que habla general?” preguntó Sor Juana.

“En mi capacidad de encargado de la seguridad de Infiernotitlan, y a raíz de la automatización de sus sistemas, también asumí la responsabilidad de vigilar los correos electrónicos, mantener firewalls, antivirus al día, etc. ¡Si viera usted como nos mandan chingaderas! Hasta me tuve que certificar como CNE para administrar todo este desmadre. El caso es que aquí están los registros y copias de los correos que el licenciado ha mandado a gorilación estos últimos días. Léanlos por favor.”

“¿Qué carajos trata de decir?” Pero yo ya temía lo que contenían. En efecto, muchas veces últimamente me había levantado en medio de la noche y me había metido al internet. Cuando me despertaba, siempre pensaba que había andado surfeando en el sendero o que se yo. Como dije antes, nunca me acuerdo de lo que sueño.

La monja palideció. “Ave Maria, don Menfis. Usted le ha estado detallando a Mouriño todo sobre el fistol. ¡Usted es el traidor!”

“¡No la chinguen!” Pero leyendo los correos recordé todo. En efecto, yo mismo me estaba traicionando.

“No miento, jefe,” dijo Viboriano. “Oste no es de confiar ya. Es la joyita esa que ya lo trae loco y lo maneja. Mire, yo he estado monitoreando todo esto. Estoy enterado de todo. Mire, si se dirigen a San Francisco del Rincón no se los aconsejo. Mouriño movilizó al ejército y ya pusieron retenes en la carretera. En cualquier momento entran. Traen tanquetas y coleopteros. Quesque tienen que rescatar a los Blackwaters que chillaron que Villa los tiene sitiados. No mandan un ejercito gringo nomás porque aquellos están empantanados en medio oriente.”

“¡Estamos atrapados!” gemí. Y todo por mi bocota.

“Pues no hay bronca,” dijo la monja, “nada mas manifiéstese usted con Frida y conmigo donde va a destruir la joya.”

Me sentí desfallecer. “No se si puedo…”

“Ah, caray, ¿tan débil está ya?” La monja pasó su sonda de Hairy Potty por sobre mi. “¡Ave Maria! ¡Está rete radioactivo con ectoplasma! ¡Parece conserje de Chernobyl! ¿Cómo se siente?”

“Bien débil. No creo que mis poderes valgan para mucho ahorita.”

“Entre que son peras o son manzanas,” explicó Huerta, “yo busqué a los ex colorados que hay aquí en Infiernotitlan. Aquí tengo a Pascual Orozco y Panfilo Natera y otros mil cabrones. Tenemos parque y ametralladoras. Le garantizo que les va a costar un huevo a los federales entrar. Además, esos cabrones del EMP no se van a querer morir por un gachupin. Y el resto del ejercito que traen, ese si está muy panzón para que vea, valen verga. Mire, le traje una de las hummers de los gringos. Pasen por el claustro y recoja a doña Frida. Se de otra ruta para salir, aunque es riesgosa.”

Yo conocía Infiernotitlan como la palma de mi mano. “¿Se refiere usted al cañón del Infiernillo?”

“Si licenciado.”

“Hay mucho yaqui ahí.”

“No veo por donde mas.”

“Sea. Yo me arreglare con el manco. Le debo una disculpa, general.”

“Olvídelo. Oste nomás deshagase de esa chingadera, jefe. No quiero estar a las órdenes de un gachupin ojete. A oste ya sabemos como torearlo.”

XVI Ángeles Tumba el Palo Encebado

“Deje yo manejo,” dijo la monja. “Usted ya está hasta bizco.”

“¿Sabe usted manejar?” pregunte con asombro.

La monja se puso unos anteojos de piloto y unos guantes de cuero. “Nomás me remango el habito.” Noté que traía unas botas de cuero negro picudas y con taconzote bien sexy. “Ah, que bien, tiene súper cargador y diez velocidades esta matraca. Y esas cajas dicen RPG. Do me baby!”

Y quemando llantas pasamos a recoger a Frida y la acostamos dentro. La pintora estaba exánime.

“¿Y ustedes donde chingaos llevan a Frida?” preguntó la doña con voz retadora. Estaba vestida como cuando hizo la película de Doña Barbara.

“Súbase, doña Maria,” dijo Sor Juana. “Usted no tiene objeción ¿verdad licenciado?”

De plano no iba a ponerme con broncas con estas viejas. “Tengo suficientes amparos de encarnación, madre.”

“¿Ahora para donde licenciado?” preguntó Sor Juana

“Vamos al mol, madre. Tengo que hablar con Villa.”

Pancho estaba montado en la Siete Leguas viendo por catalejo mientras el general Ángeles derruía poco a poco el mol de Infiernotitlan con la artillería de la división del norte. “Ah caray, don Felipe, buen tiro. Ya chingó usted la cafetería esa que le dicen el starbocs. Se lo merecen por explotadores del pueblo. Mira que cobrar cien pesos por un mugre capuchino.”

“Nomás los estoy tanteando, mi general,” dijo el genial artillero ajustando la mira de un cañón de 75 mm. “Tumbare todos los locales antes de bombardear las Glorias de Azrael. En esa cantina tienen su cuartel general los gringos.”

“No toque esa cantina, mi general,” dijo Fierro. “Le tengo cariño.”

“¡Ya lo he fusilado a oste quien sabe cuantas veces por andar de borracho y todavía no aprende!” dijo el centauro, que aborrecía el alcohol.

Fierro parecía un perro pateado cuando Pancho le hablaba golpeado. “Por esta cruz, mi general, le juro que dejare de tomar. Esta vez si.”

Villa nada mas sacudió la cabeza. Los gringos tiroteaban sin ton ni son pero la gente de Villa estaba bien guarnecida.

“¿Pos no que muy sacalepuntas esos cabrones? Nomás están gastando parque a lo pendejo,” dijo Villa. “Orita entran mis muchachitos y sabrán lo que es amar a Dios en tierra de indios.”

Carrothers estaba ahí cerca junto con las tres gringas que habían causado la bronca. Toda esta gringada estaba rodeada de dorados.

“Mi general,” le dije a Villa. “Sabe, si les parte la madre a esos cabrones, van a meter un ejercito a México.”

“Licenciado, no me trate de engatusar otra vez. Ya le perdone al animal ese de Fox. Estos cabrones me ofendieron gacho. Aunque le den de plomazos a mis muchachitos en 24 horas ellos se reaniman. Los gringos en cambio se apersonaran en el cerezo Scott como difuntos.”

“Creame, ya vide oste que esos cabrones gringos nomás buscan pretexto para meterse. Vendrá otra vez la punitiva.”

“¿A poco?” preguntó el centauro viéndome con los ojos entrecerrados.

“Va a ser un desmadre otra vez. Invadirán México.”

“No, que va,” la sonrisa era del centauro era de un lobo estepario. “¡Nos vamos a divertir! ¿Verdad mis muchachitos?”

Los dorados contestaron con descargas de fusilería y vivas a Villa.

“Nomás que allá arriba ustedes serán fantasmas y no les podrán hacer nada. Esta vez quien sabe quien saque a los gringos, mi general.”

“Nomás déme unos amparos de encarnación, licenciado, como cuando le trajimos a Fox.”

“Que mas quisiera. El Gran Shaitan ya me anda queriendo joder por eso. No se los puedo ya dar.”

“Es cierto, mi general,” dijo Sor Juana. “El vaticano va a declarar al licenciado como proscrito por ayudarlo a usted a hacerle justicia a los ejidatarios.”

“Pancho, no quieres ser el responsable de que se vuelvan a meter esos cabrones,” dijo la doña.

“¡Me lleva!” dijo Villa tirando el sombrero tejano al suelo. Empezó a llorar de rabia. Sacó la mitigueson y le apuntó a Carrothers. Villa llorando mataba.

“¡No!” dijimos al unísono Sor Juana, la doña, y yo. Carrothers cerró los ojos esperando el plomazo.

“¡Ja!” dijo el centauro. “No se asusten. Solo le quería decir a Carrothers que se llevara a esas tres viejas al mol y que les dijera a esos cabrones que les doy una hora para salir del pueblo.”

“Oiga, mi general, ¿no tiene entre sus a un fulano que le llaman ‘El Relumbrón’? Necesito que me lo preste.”

“Ah, a ver, ¡ese mi coronel Camacho! ¡Apersonese con el licenciado!”

El tal Relumbrón era un ranchero flaco con cara patibularia. Portaba un traje de charro muy bonito, todo recamado en plata, el sombrero galoneado con plata, y traia espuelas del mismo metal. “¡Sordenes mi general!”

“Pongase a las ordenes del licenciado. Obedézcalo como me obedece a mi, ¿entiende?”

“¡Si mi general!” contestó el Relumbron saludando. “Oste dice a quien tengo que matar, licenciado.”

“¿No puedo siquiera tumbar al Gualmar del mol?” preguntó Ángeles.

“Le sugiero un verdadero reto, General Ángeles. ¿Ve usted ese tótem en el estacionamiento del mol?”

“Está como a dos kilómetros,” estimó Ángeles. “¿Qué con ello?”

“¿Qué se trae?” preguntó el centauro.

“No os atreveréis, Menfis,” advirtió Sor Juana. “¡Son los siete sellos!”

En efecto, el tótem portaba siete escudotes de bronce con señas cabalísticas. “Usted túmbelo, mi general,” dije. “A ver que tan buen artillero es.”

“¡Por Dios no!” imploró Sor Juana.

“¿Pos que tanto es tantito?” dijo el centauro. “A ver, mi general, usted es mucha pieza. Tumbe ese palo encebado.”

Felipe Ángeles hizo unos cálculos. Se mojo el dedo con saliva y lo sostuvo al aire. Luego ajustó la mira del cañón. Un solo obús basto. El tótem se vino abajo y los sellos se despedazaron al caer.

“¡Eso es de celebrar!” dijo el centauro. “A ver, mis muchachitos, vamos matando unas reses. Hoy hay fiesta en Canutillo.”

La monja me veía con los ojos desorbitados y se persigno. “Santo Dios, don Menfis…”

Una extraña luz bañaba Infiernotitlan. “Nosotros nos vamos, mi general,” le dije al centauro. “Por cierto, aquí le dejo la dirección de un descendiente de los Creel. Es un coyon perfumadito y modosito y quesque senador.”

“¿Y para que la quiero si no puedo salir?”

“Guárdela por ahorita, mi general.” Arreciaba una tormenta. Se oían truenos. La caballada empezó a relinchar. Sor Juana, la doña, el Relumbron y yo nos montamos apresuradamente en la hummer y partimos a toda velocidad.

XVII El Sitio de Infiernotitlan

“Menfis, ¡estas loco!” dijo la monja mientras le sacaba la vuelta a los baches. Los caminos en Infiernotitlan son de pura terraceria.

“¿Querían quitarme el hueso verdad? Pues ora van a ver como chingaos le hacen porque se va a armar un soberano desmadre. Mire, madre, desvíese por aquí y súbase a ese cerro y pare junto a esas nopaleras. Pancho no es el único que tiene entierros.”

En efecto, moví una piedra cuadrada y aparecieron unos escalones que daban a una pequeña cueva. Salí de ella portando un baúl tan pesado que me tuvo que ayudar el Relumbrón a sacarlo. “El virrey Revillagigedo tuvo una bronca por un desfalco con la nao de China. Yo le arregle el asunto con el rey pero le costó su buena feria. Vamos a necesitar dinero y aquí hay varias barritas de oro y plata.”

“¡Plata!” dijo el Relumbrón contemplando asombrado los lingotes. “Le repito, licenciado, nomás me dice a quien matar. ¡Usted nomás ordéneme!”

“Mendigo Menfis,” dijo la doña manoseando los lingotes relucientes. “Ya que se acabe esta bronca déjame irme de shopping, cabrón. ¿Qué dices, Chana, nos vamos a gastar la plata de Menfis?”

Pero Sor Juana no decía palabra. Estaba viendo como la bóveda del averno parecía vibrar. “Ave Maria Purísima.”

Desde el cerro divise el convoy de los Blackwater saliendo a toda prisa del mol rumbo a la puerta a Infiernotitlan. El miedo no anda en burros.

“¿Ahora para donde Menfis?” preguntó la doña.

“Sor Juana, déle rumbo al rancho de Obregón. A ver si los cañonazos de cincuenta mil pesos todavía trabajan.”

La monja estaba muy pálida pero arranco la hummer como si fuera un auto de carreras y nos dirigimos al rancho del manco. La hummer tenia una televisión. En Taravisa estaba López Droguira hablando.

López Droguira: “…y en efecto, hoy, si hoy, ¡snif!, el gobierno federal, ¡snif!, se dispone a darle un tremendo golpe al narcotráfico. De acuerdo a un parte de la SEDENA el ejercito ha rodeado al tristemente celebre pueblo de Infiernotitlan de Juárez, lugar donde, ¡snif!, el narco hace y deshace a su antojo pues el tal Satanás, ¡snif!, los deja mangonear. Momento, ¡snif!, me están informando que de un momento a otro entra el ejercito ahí. Aquí tengo el enlace con el general de cinco estrellas, ¡snif!, el señor presidente Calderón, que está personalmente al mando de este operativo. Díganos, señor presidente, ¿quién es la dama con peineta que tiene usted al lado?”

Calderón: “Es el señorito Mouriño, ¡jic!, eshtábamos jugando, ¡jic!, a que él era Carmen y yo don José…José Cuervo, ¡jic!, cuando resultó esta emergencia, ¡jic!.”

Lopez Droguira: “¿Cuál es la situación señor presidente?”

Calderón: “La shituación, ¡jic!, esh que estoy crudo. A ver tu, Galvan, chingaos, ¿no tienen unas líneas pa que se me baje el cuete?”

Lopez Droguira: “¡Si! ¡Unas líneas, ¡snif!, caerían bien!”

Mouriño: “¡Hoztia! ¡Me cagó en la virgen! Llevenze a Jelipe que no zabe ni como ze llama ya. Mire, la zituación ez la ziguiente. De tiempo atraz he zospechado que el tal Satanás es moro.”

Lopez Droguira: “¿Cree que tenga nexos con Al Queida?”

Mouriño: “A ezo voy. Mandamoz gente del CISEN al medio oriente a inveztigar. Y lo que encontramoz ez que Satanás nazio en Babilonia, hace como siete mil años. En gorilación no tenemos evidencia de su naturalización. Aquí está una copia de zu acta de nacimiento escrita en unas tablillas de barro con caracteres cuniformes. Y aquí esta el acta de nacimiento de su abuelo, un tal Khaled ibn Cthulhu, que en el año 7538 A.C. obtuvo del rey de Mesopotamia una credencial de elector que lo acreditaba como babilonio, miembro del sindicato de camelleros. ¡Satanás ez moro!”

Lopez Droguira: “¿Luego entonces Satanás no es mexicano de nacimiento? ¿Lo inhabilita esto para estar al frente de INFERMEX?”

Mouriño: “¡Rediez! ¡Que eze no es el punto! ¡Ignoren ezo! ¡Que no zalga al aire!”

Lopez Droguira: “Me temo que estamos en vivo, señorito secretario.”

Mouriño: “¡Diantrez! Bien, el punto ez que el tal Satanás ez árabe técnicamente y peor, iraqui. Luego recibimos parte, en efecto, a través de don Tony Garza que si, Satanás tiene nexos con Al Queida. Ez maz, se cree que ez compadre de Bin Laden.”

Lopez Droguira: “¿Y esa es la razón ¡snif! de este operativo?”

“Con razón estas tan narizón, Menfis,” dijo la doña. “Me resultaste turco.”

Mouriño: “Nuestra intención no zolo ez cumplir con las ordenez que nos dan los patronez dezde Washington. Hay evidenzia de que Satanás alberga a un grupo guerrillero conocido como Los Dorados que eztan capitaneados por el que en vida fue Pedro Armendáriz.”

Lopez Droguira: “¿El actor?”

Mouriño: “La evidenzia es contundente y el analizis que hizieron los peritos del CISEN asi lo confirma. Mire, aquí eztá una fotografia tomada durante el secuestro de Fox. Vea al fulano que eztá lazando a don Vizente como si fuera un becerro. Es Pedro Armendáriz, no queda duda. Y Satanás lo protege. Y ezo no es todo.”

La doña se rio. “¿Y ora que? Van a sacar que el Tizoc es zapatista?”

“Oiga, licenciado, hablando de Pedro Infante,” dijo el Relumbrón, “¿oste cree que Pepe el Toro es inocente?”

Lopez Droguira: “¿Hay mas? ¿Han encontrado cocaína? ¿De la buena? ¡snif! Yo siempre he estado de acuerdo con usted de que la guerra contra el narco bien vale la pena, ¡snif!”

Mouriño: “¡No! Ez que en un claro intento de distanziar a los Estados Unidos de sus únicos sirvientes en Latinoamérica, el tal Satanás conzpiró con Pedro Armendáriz para atacar…a unos contratistas norteamericanos, de la iniziativa privada, que estaban haziendo un trabajo en Infiernotitlan.”

Lopez Droguira: “¡Ah caray! ¿Satanás queria crear un incidente internacional entre Estados Unidos y sus sirvientes?”

Mouriño: “En efecto. De inmediato le avizamos al patrón en la Caza Blanca que si querían meter marines para rezcatar a sus connacionales con gusto noz abriríamos…a ellos. Pero no, don Chorch nos dio orden de rescatarloz con los recurzos que tenemoz.”

Lopez Droguira: “Pues muchas gracias señorito secretario. Así está, ¡snif!, la situación. ¡Que manera tan elegante, ¡snif!, de vestirse de maja tiene el señorito secretario! Falta un Goya para que lo pinte desnudo. Así pues, de un momento a otro la mano firme del gobierno se cae, ¡snif!, sobre este grupo de facinerosos. Hoy, si hoy, sin embargo, en forma sorpresiva el juez Azuela le dio, ¡snif!, entrada a un amparo contra la privatización de INFERMEX que interpusieron los abogados del tal Satanás. Seguiremos, ¡snif!, informando sobre esto. Y bien, con permiso, que tengo, ¡snif!, que tomar mi medicina…”

XVIII El Volcán

“¡Pinchi legulelo, tu chingartuma!”

“¿Qué dijo Menfis?” preguntó la monja. El jefe del piquete de los yaquis y sus hombres nos encañonaban.

“Es que hablan en mexicano. Además, me tienen tirria por una bronca que traigo desde años atrás. He estado representando a unos ejidatarios de Sonora. Les he cobrado como si su cerro seco fuera en la riviera francesa y el asunto sigue empantanado. Deje les contestó en mexicano. ¡Tu chingatuma cuilon! ¡Piquele con il cacique mancu o ti echu mazacuata!” Para intimidarlos me puse a cantar como tecolote y agité el collar de pellejo de víbora de cascabel con pencas de nopal. El jefe llamó por un celular y luego de unos minutos, muy a huevo, le hizo una señal a sus hombres que nos dejaran pasar.

“Don Menfis,” dijo la monja, “mas vale que Obregón nos deje salir cuanto antes. Quien sabe que resultara de lo que hizo con los sellos.”

“Paciencia, Solin, mucha paciencia. Hay tiempo, creo.”

Obregón nos esperaba con su segundo, Pancho Serrano, frente a la casa grande de su hacienda. “¿Qué milagro don Menfis?”

“Mi general, deje abreviar porque me temo que no tengo mucho tiempo.”

“Pos orale. ¿De que se trata? ¿Ya vio que rara se ve la boveda?”

“Es que la ICA la está remozando. Mire, le voy a dar el equivalente de un cañonazo de cincuenta mil pesos. ¿Le parece?”

“Nomás que yo los daba con centenarios, licenciado. No me vaya usted a querer dar bilimbiques. Ya se que es usted muy tranza.”

“Lo que le diré vale mas que eso. ¿Se ha puesto a pensar que técnicamente usted es el presidente electo de México?”

“Pero pos de que me sirve, ya estoy muerto. Me llenó de plomo el hijoeputa mocho ese de Toral.”

“¿Y si regresara con vida a México?”

“Jijos, licenciado, me canso que reclamo la silla, aunque no pueda robar a dos manos. De alguna manera desplumare la tesorería. ¿Quién manda orita, algún pelele de Calles?”

“Pues si, es un pelele, pero no es de Calles, es de Sam.”

“Bien, ¿y como le hago para regresar?”

“Mire, le voy a dar un amparo de encarnación. Y por lo que toca a salir de Infiernotitlan, de eso no se preocupe. Nomás espere. Este es el número de teléfono de Carranca, mi abogado. Dígale que viene de mi parte.”

“¿Y que quiere a cambio? Digo, entre gitanos no se vale echarse la suerte.”

“Una escolta de sus yaquis, para salir por el cañón del Infiernillo.”

Y así fue que un par de horas después estábamos en la superficie, contemplando el rancho de Fox desde un cerro. Al salir de Infiernotitlan les había repartido amparos de encarnación a mis compañeros. A Frida le habíamos puesto uno entre las manos.

“La señorita de la ceja sigue desmayada,” dijo el Relumbrón.

Sor Juana le tomaba el pulso. “Está débil pero estable. Necesitare suero, licenciado. ¿Hay una farmacia por aquí?”

“En San Francisco del Rincón ha de haber una. ¡Jijos! ¡Me temo que llegó la hora!”

La tierra empezó a temblar. El lago de Fox se agitó. Luego con un tremendo rugido la bóveda del averno se colapsó, tragándose el rancho enterito con todo y jeep rojo. Se vieron las figuras de Fox y su vieja fodonga salir corriendo muy apenas. Luego la tierra se abrió más. Hubo una tremenda explosión freática cuando el lago de Fox y el lago de mierda Jesús Reyes Herodes hicieron contacto con los hornos del averno. Esto abrió mas grietas. Acto seguido una columna de magma surgió de la tierra y entre rayos y temblores nació un volcán.

“El doctor Atl va a estar contento,” dije contemplando la montaña que aventaba grandes cantidades de lava.

“¡Santo cielo!” dijo la monja persignándose.

De pronto del cráter del volcán se vieron salir grandes muchedumbres difusas, fantasmales.

“Jijos, Menfis,” dijo la doña, “¡todos los muertos están saliendo!”

“Dejen que se va a armar un desmadre. Imagínense, se muere tu suegra y tu muy contento. Pero la cabrona regresa y te empieza otra vez a chingar. O asesinaste a un cabrón y tenias la cuartada perfecta pero ahora este se presenta para denunciarte. O se murió tu compadre, al que le ponías los cuernos con la comadre, y ora se va a presentar cuando estés con ella en el degenere.”

Una columna fantasmal de jinetes salia a todo galope disparando sus armas. La división del norte iba en busca de Creel.

Luego salio otra columna, esta encabezada por un jinete sólido, manco. Obregón y sus yaquis iban a demandar la presidencia.

“Licenciado,” dijo Sor Juana, “¿y que va a pasar después? ¿Cómo va a volver a meter a los muertos a Infiernotitlan? Le acaba usted de endilgar al país doscientos millones de gentes de golpe.”

“Y como la mitad ni hablan español,” dije mientras contemplaba una gruesa columna de olmecas salir en dirección al sureste. “Por lo menos no van a necesitar comer. ¿Se imaginan? El país no le da alimento y sustento a los vivos, menos podría darle trabajo y de comer a 200 millones mas ansina de golpe. ¡Acabarían yéndose de mojados! En fin, esa ya no es mi bronca. A mi me van a quitar el hueso. Si tanto lo quieren pos a ver como arreglan el asunto.”

Por lo que toca a los retenes del ejército, estos se disolvieron al ver las gruesas multitudes de espectros que se les abalanzaron aullando como almas en pena. Los del EMP fueron los primeros en salir huyendo y el resto del ejército de inmediato puso pies en polvorosa. El enano y Mouriño muy a huevo lograron pelarse en un coleoptero.

XIX Se Arma un Desmadre

Noticias de Último Minuto de la Jornada

09:00 Anuncia Perez Prado gira de retorno. “¡¡¡Aaaaaauuuuggghhh!!!” dice el difunto músico con voz de ultratumba.

09:40 Insiste el fantasma de Pedro Infante que Pepe el Toro es inocente. Presenta denuncia por difamación en la procuraduría.

09:45 El alma del obispo Guizar acusa a su sobrino, Marcial Maciel, de haberlo envenenado. Insiste en que se abra investigación. La secretaria de gorilación trata de tapar el asunto.

10:30 Cientos de fantasmas de victimas del dos de octubre asedian a Echeverria. “No me dejan en paz ni cuando estoy cagando”, se queja el ex presidente. “Casi no duermo pues me andan jalando las patas.”

11:00 Refuta el espectro de tata Lázaro las declaraciones de Cuauhtemoc sobre el petróleo. “Ese cabrón no merece llevar mi apellido,” afirma el general Lázaro Cárdenas. “Ha de ser hijo del lechero.” “Es tuyo,” insiste doña Amalia, “mira lo orejón y trompudo que está.”

11:30 Cantara Maria Conesa en Bellas Artes. La orquesta sinfónica de Bellas Artes estará dirigida por el maestro Juventino Rosas, autor del vals “Sobre las Olas”.

11:45 Postula el PAN a Miguel de Miramón como candidato a diputado. Se espera que destapen a Leonardo Marquez para una gubernatura.

12:03 Miles de fantasmas de indígenas se posesionan de Catemaco. Dicen que son seguidores de Conejo XIII un rey olmeca del siglo III AC. Fundaran una nueva ciudad junto al lago. Insisten en efectuar un sacrificio humano para consagrar su templo. Solicitan voluntarios.

13:00 Anuncia el CISEN nuevo nombramiento. Rutilo Bocanegra, ex inquisidor del siglo XVII estará a cargo de las viriguaciones por los delitos de disolución social.

13:30 Destapa Krauze a don Porfirio para el 2012. “El viejo ya descansó cien años y esta dispuesto a volver a mangonear. Dice que se siente muy a gusto en el México de hoy, que se parece mucho al de sus tiempos.” Se espera que el CCE anuncie su apoyo en cualquier momento.

14:00 Emiliano Zapata destituye a Marcos de la dirigencia del FZLN. “¿Para que chingaos quieren un cara de trapo culero si tienen al mero mero?” pregunta el general. Tropas zapatistas al mando de Genoveva de la O se posesionan de Cuernavaca y bloquean la carretera federal en el Ajusco.

14:30 Mandoki dirigirá al alma del Santo en una nueva película: “Santo Contra los Narconeoliberales”

14:45 La faena que hizo el domingo Silverio Perez se vio opacada por sus dificultades en matar al astado. Desafortunadamente él y su espada son insubstanciales y no dañaron al toro. Eso si, le hizo una serie de verónicas que causaron vítores y loas del respetable.

15:00 Atiborrados los juzgados por demandas presentadas por los muertos. “Esa vieja cabrona de mi esposa falsificó mi testamento. Yo le iba a dejar todo a mi segundo frente,” declara un difunto.

16:00 Marchan miles de difuntas en Ciudad Juárez exigiendo justicia. “Que no se haga guey el gobierno,” insisten. “Presentaremos nombres y evidencia de los asesinos. ¡A muchos los protege el PAN!”

16:15 Toman Santa Anna y seguidores San Juan de Ulua. Declaran que han hecho un pronunciamiento contra el gobierno. Insisten en volver a poner al cojo en la silla. Salen huyendo los turistas asustados por los espectros santannistas.

17:00 El espectro de Plutarco Elías Calles se presentó hoy en el PRI. Insiste en que le den el hueso de Gamboa. Declara que espera volver a mangonear por otros setenta años.

17:30 Huye Creel del Senado perseguido por una turba de jinetes espectrales. “Esos nacos feos me quieren linchar,” se queja.

17:45 Se lamenta Fox que esta en la vil inopia. “Todo mi rancho fue destruido. Se lo tragó la tierra. Ahora solo vivo de mi furris pensión presidencial.”

18:00 Asume el espectro de “Barrigón” Camacho la jefatura del sindicato de PEMEX. La Quina será su segundo. Rotundo no a la privatización de esa empresa. Paralizan las refinerías de Minatitlan, Cd. Madero, Salina Cruz, Poza Rica, y Tula.

18:20 Los fantasmas de Rivera y otros muralistas mexicanos efectuaran un plantón en palacio nacional hasta que se retiren los pefepos del recinto. “Esos cabrones se han estado meando en las paredes donde tengo mis murales. ¿Qué se puede esperar de un gobierno fascista?” Siqueiros y Atl se integraran al plantón y declararon: “Que se vayan porque los vamos a estar espantando a cada rato. Ni cuando estén cagando los vamos a dejar en paz.”

19:00 En conferencia de prensa, Noroña declaro que “el hecho que no se encuentran entre los espectros ni la madre ni los abuelos de Mouriño demuestra que estos no son mexicanos. Si lo fueran aquí andarían. No, esos cabrones eran gachupines y están en el infierno europeo, ¿o no?”

Programa “La Hora de los Intelectuales”

Chespirito: “Buenas noches. Hoy Taravisa y este programa se visten de gala pues tengo conmigo al señor don Carlos de Sigüenza y Góngora, un físico y astrónomo y matemático mexicano del siglo XVII. Hola don Carlos.

Carlos de Siguenza: “Buenaz nochez tengan su merzedez.”

Chespirito: “También esta con nosotros el señor Jaguar 38, sacerdote de Quetzalcoatl, astrónomo real de la ciudad del Tajin, y autor de un modelo astronómico del sistema solar que se adelantó a Kepler por mil años. Buenas noches don Jaguar.

Jaguar 38: Buenas noches tengan sus mercedes.

Chespirito: Bien, la pregunta obvia que me veo obligado a preguntarles a dos luminarias de la ciencia mexicana es: ¿creen ustedes en la inocencia de Pepe el Toro?

Trascendidos del Mierdenio

Si grande fue la sorpresa en dias pasados porque la SCJN le dio entrada al amparo a Satanás para evitar la privatización del infierno hoy se atizó mas la ya de por si hirviente caldera que es hoy México. Y es que la Suprema Corte de Injusticia accedió a oír la demanda del General Álvaro Obregón que, habiendo muerto al ser presidente electo, hoy insiste en terminar su mandato. “En el Diario Oficial se encuentran los decretos que lo declaran presidente electo,” declaró Carranca, el abogado de Obregón. “Hoy el general ha sido revivido y exige que le haga justicia la revolución. Nada en las leyes mexicanas le impide asumir la presidencia. Si acaso, la muerte fue tan solo una inhabilitación temporal por causas de fuerza mayor, en este caso, sobredosis de plomo.” Obregón se encuentra vivito y coleando y presentó las pruebas de ADN que lo acreditan como él mismo. Demanda que los jueces le otorguen la silla. El juez Azuela se negó a dar explicaciones sobre su decisión de darle entrada a la demanda del manco.

Por otra parte, el Cardenal Perberto Rivera recibió hoy en audiencia privada a los espectros del Padre Pro, a la madre Conchita, y a José de León Toral, este último asesino de Obregón. Se espera que en los próximos días todos estos próceres cristeros sean integrados al Yunque.

XX El Love Motel

Nos habíamos estacionado frente a la vieja estación de ferrocarril en San Francisco del Rincón. Sobre el anden estaba todo un tren espectral retacado de soldaduras y sombrerudos, seguidores de quien sabe que caudillo.

“Menfis,” dijo la doña, “parecería que el pueblo esta todo congestionado pero pos esos fantasmas son insubstanciales. Puedes caminar entre ellos.”

“Y se meten a todos lados,” explicó el Relumbrón. “Hay un carajal en el cine del pueblo que se metieron sin pagar. Digo, ¿quién los detiene si pasan entre las paredes? ¡Mejor ni se baje don Menfis!”

“Pero por que no quiere que me baje?”

Sor Juana le estaba poniendo suero a la Frida. “Ay licenciado, ahora de que Infiernotitlan desapareció San Francisco del Rincón perdió su mayor fuente de entradas. Ni siquiera queda el museo ridículo ese de Fox. ¿Qué turistas van a caer aquí? Según me dijo el boticario que me vendió el suero, casi todos los lugareños se van a ir de mojados. San Francisco del Rincón se convertirá en un pueblo verdaderamente de puros fantasmas.”

“Ah, chingaos, no se me había ocurrido eso.”

La monja sacudió la cabeza. “Lo peor es que varios fantasmas ya les dijeron a los lugareños que fue usted el culpable de romper los siete sellos. Si lo ven lo linchan. ¡Se lo advertí! De plano fue un acto muy egoísta de su parte.”

Mejor ni le conteste nada. En efecto, la había cagado, gacho.

“¡Ah que la chingada! Lo hecho, hecho está,” dijo la doña. “Lo importante es que orita el país está patas pa arriba y vamos a poder dirigirnos a Puebla sin que nos detengan. A toda costa hay que evitar que el gachupin se haga del fistol y salvar a Frida, ¿no? Ahí a ver como se arregla esto luego.”

“Pos vamos dándole pa Puebla,” dijo el Relumbrón. “Si no me equivoco, allá por el volcán veo uno de esos aparatos que llaman coleopteros. Ha de ser del gobierno.”

“¡Cierto!” dijo la monja echando a andar la hummer. Acto seguido salio a toda velocidad por la calle que bordeaba el ferrocarril. Atropello, o mas bien pasamos, entre un vivaque espectral de sombrerudos pero obviamente no les hicimos daño. Parecían hechos de humo. Eso si, nos persiguieron las mentadas de madre.

Pero antes de llegar a Querétaro nos topamos con un reten.

“¡Identifíquense por favor!” dijo un milite mientras sus hombres nos apuntaban con rifles de alto poder.

“Soy el licenciado Satanás,” dije mostrando mi credencial de la secretaria de gorilación.

“¿Y los otros?”

“El señor vestido de charro es mi ayudante. Llevamos a la señorita ahí a un hospital. La monja es enfermera y la señora es doctora. ¡Esto es una emergencia!”

“¡Mangos! ¡Bájense!”

Saque una barra de plata. “Si mi otra credencial no es buena, aquí está esta más pesada. Es como de un kilo.”

“No, pos si, es rete buena. ¡Pásenle!”

La bronca fue que de reten en reten se han de haber estado alertando que desplumaran a una hummer. En cada reten tuve que soltar plata, literalmente. Y como habían como cincuenta retenes, ya llegamos con muy pocas barras de plata a Santa Ana Chiautempan. Me quedaban todavía las de oro.

“Por lo menos ya estamos en Tlaxcala,” dijo el Relumbrón. “Ah caray, como ha cambiado el pueblo. ¿Ya no estará el mesón de la tuza?”

“Lo dudo,” dijo Sor Juana. “Vamos a necesitar pernoctar en algún lugar.”

“Menfis, has estado regando plata como si fueras Barrigón Camacho en Las Vegas,” dijo la doña. “Lo mas probable es que ya le dieron parte a Mouriño.”

“¿Nos turnamos y seguimos manejando?” les pregunté.

“Yo solo sé montar a caballo,” dijo el Relumbrón.

“Miren, tengo que revisar a Frida. ¿Hay algún hotel por aquí?”

“Atrás había un Camino Real,” les indique. “Pero mejor no lo usemos porque ese es propiedad de los fachos. Luego luego nos identifican. Tiene usted razón, doña Maria, Mouriño va a andar buscando a una hummer. Además, traigo puras barras de oro y plata. No se me ocurrió cambiarlas por dinero en efectivo. En el Camino Real pedirian tarjeta o que se yo.”

“Pues pronto vamos a necesitar gasolina, Menfis,” me advirtió la doña. “Afortunadamente esta troca tenia doble tanque pero pronto vas a tener que vender algo de esa plata.”

Sor Juana bajo la velocidad. “¿Oigan, que cosa es eso ahí adelante? Dice ‘Love Motel’. Ese es un mesón, ¿no?”

La doña se puso a reír. La monja no sabia de esos trotes.

“¡Perfecto! ¡Metase ahí, Sor Juana!” le indique. “Tienen garages en cada cuarto para esconder el carro.”

El dependiente nos sonrió socarronamente. “A ver, una monja, un charro con cara de narco, un pelado viejon vestido a la veracruzana, una señora guapa que se parece a la Maria Felix cuando joven, y una señorita unicejal a la que le dieron demasiado Ecstasy. ¿Se van a condenar y van a hacer la prueba del añejo? Chales, solo tengo un cuarto con una cama. Es redonda y tiene espejos en el techo. Son 500 pesos mas 500 de deposito por los daños al inmueble y 1000 mas de propina.”

Puse una barra de oro en el mostrador. Para mi sorpresa, el fulano produjo un kit para probar la autenticidad del oro. “Jijos, patrón, ¡es autentica! ¿Quiere que le mande chupe o cocaína? Tengo dos chamacas de planta. Son entronas. Así ya hacen la orgía en toda forma, ¿no? Y si quieren, pos yo le entro.”

Encaré al fulano. “Mira, chato, ¿ves la hummer que manejo? Mi compadre es el tal Pomponio ‘el Chupe’ Arellano, del cartel de Tantoyuca. ¿Me explico? Quédate con la barra. Pesa medio kilo. Dame tan solo diez mil pesos en efectivo de cambio. La barra ha de costar unos diez o veinte mil, pero en dólares si no es que mas. Así pues, te conviene, chato. Pero si dices una palabra a los federales ya valiste verga, ¿entiendes?”

El dependiente se apresuró a darme el cambio que le pedi. “Le juro por esta cruz que no dire nada, patron. Tomen, les toca el cuarto 69. Y tengan, les doy también un bate por que las cucarachas ahí son muy mendigas.”

“Huele bien gacho aquí,” dijo la doña abriendo una ventana en la recamara. Pusimos a la Frida en la única cama. Esta era redonda.

“¡Que extraña es la decoración de los mesones en este siglo!” dijo la monja ¿contemplando el espejo sobre la cama.

“En mis tiempos te daban un petate y un rincón,” apuntó el Relumbrón. “Y esos petates eran rectangulares, no redondos.”

“¿Cómo está Frida?” le pregunte a la monja.

La monja la examinó. “El pulso está mas débil. Tal vez deberíamos de haber seguido manejando.”

“No, a ver si el descanso ayuda a la Frida. Y todos estamos ya muy cansados. Ustedes por volver a portar carne y yo porque estoy tan débil como un mortal común y corriente. Oigan, no es por nada, pero, ¿no tienen hambre?”

“Cierto,” lo reconoció la monja. “Ese es el problema de volver a vivir. Ya hasta me había olvidado de lo que era tener hambre. Además, Frida necesita más suero. Habrá una botica por aquí?”

“Yo vide una en el camino, como a una legua antes del mesón este,” dijo el Relumbrón.

“Bien, iré,” dijo la monja. “Pero, ¿me podría acompañar el señor Relumbrón? Este barrio está rete feo.”

“Estoy a sus ordenes madre,” contestó caballerosamente el bandido.

“Tráiganse aunque sea unas tortas,” les recordé. “Tengan, tomen un dinero. Yo y la doña cuidaremos a Frida.”

“¡Ave Maria!” se asombró la monja. “¡Estoy en los billetes!”

Ya que se fueron, la doña se metió a darse un baño. Hizo esto y se me presentó desnudita. “Oyes, Menfis, ¿qué tal si reestrenamos este cuerpo? Y hasta te tengo una sorpresa. Creo que soy virgen otra vez.”

La doña, reencarnada en toda su plenitud era un cuerazo y no la iba a despreciar. Hicimos a un lado a la Frida y empezamos el degenere. Panchito se portó a la altura. Ya habíamos acabado cuando oí una risa de mujer en mi mente.

“¡Vieja maldita!”

“¿Pos que traes Menfis?”

“¿Usted no la oyó? Es la india cabrona esa riéndose.”

“No me asustes, Menfis. ¿La oistes?”

“Si, la puta joya esa está en mi guayabera.”

De pronto una luz entró por la ventana. Se oyeron las aspas de helicópteros. Y una voz por altoparlante se escuchó. “¡Policía federal! ¡Salgan con las manos en alto! ¡Ríndete Satanás!” Esta solicitud fue seguida por varias ráfagas de cuerno de chivo.

XXI El Relumbrón y la Coca Cola

Me asomé con cuidado. En efecto, había una turba de pefepos en el patio del motel. Pero no habían disparado contra nuestro cuarto sino contra otro al otro lado del patio. Los disparos habían tumbado la cortina del garage y se veía otra hummer ahí, ahora perforada por balazos.

“¡Vistete Maria! ¡Tenemos que salir de inmediato!”

Mientras que la doña se vestía se oyeron toda clase de gritos y mentadas. Varias gentes salieron con las manos en alto de los otros cuartos, la mayoría en cueros.

Del cuarto que habían acribillado salieron unas figuras que me eran familiares. “¡No disparen!” gritó el arzobispo Perberto Rivera. Traia el racimo al aigre y estaba encuerado a excepción de unas bototas de charol que le llegaban hasta las nalgas y unos anillos en los pezones.

Detrás de él, con las manos en alto y también encuerado a excepción de una tanga venia Serrano Limón gritando: “¡Ustedes no saben con quien se meten! Este es el arzobispo primado de México cabrones! ¡Respeten! ¡Puta madre! ¡Jodieron la hummer! ¡Son peores que la Klug!”

Oí la voz de Mouriño. “¡Hoztia! ¡El arzobispo! ¡Me cago en la virgen! ¡No disparen! ¡Alto el fuego!”

Resulto que Perberto no era el único “influyente” ahí. De otro cuarto salio tambien Marín y unas botellitas y de otro salieron la Chucky, Ferriz de Con y López Droguira que estaban haciendo un menach atroz.

“¡¡¡Pos que carajos estas haciendo pinche gachupincito!!!” le gritó la maistra. “¡Ya me tenían ensanwichada estos dos cabrones y nos interrumpes en lo mero bueno!”

“¡Doña Ezther! ¡Usted perdone!”

La maistra empezó a jalar a Mouriño. “Pos órale, baturro, vente con nosotros. ¿O qué? ¿Tu nomás con Jelipe? ¡A los tres me los aviento!”

“¿No tienen ¡snif! cocaína?” les preguntó Lopez Droguira a los pefepos. Estos empezaron a buscar en sus alforjas.

Se estaba armando un San Quintín con la turba de políticos encuerados reclamándole a Mouriño. Aparentemente, el Love Motel era el lugar preferido de la clase política mexicana, razón por la cual el dependiente estaba acostumbrado a recibir barras de oro como pago.

"¡Ay no! ¡Fuchila! ¡No ze me azerque con eza coza peluda!” protestó con asco Mouriño viendo a la maistra encuerada. “¡Busquen a Satanás!” alcanzó a gritar Mouriño mientras la Chucky lo jalaba.

“¡Ayúdame con la Frida, Maria,” le pedí a la doña. De un momento a otro vendrían los federales a catearnos. Fue cuando oímos toquidos en la puerta.

“¡Ya nos llevo la chingada, Menfis!” gimió la doña.

“¡Abra licenciado! ¡Apurese! ¡Soy Sor Juana!”

En efecto, la monja había regresado. En un morral traía el suero y unas tortas de cachete y unos chescos. Detrás de ella estaba el Relumbrón portando una cuerno de chivo que habían sacado de la hummer. Pero lo que me sorprendió es que la monja se había despojado del habito. Usaba ahora un traje de puro cuero negro. Con los anteojos obscuros se parecía mas bien a Carrie Ann Moss, la Trinity de la Matrix. “Tengo la hummer a la vuelta, ¡vamonos de aquí!”

En el corredor se presentaron de pronto un grupo de pefepos. Estabamos ya tan cerquita de ellos que no tuvieron chance de disparar. Se nos echaron encima. Pero la monja se convirtió en un remolino y les partió la madre mas rápido que lo hubiera hecho Bruce Lee.

Salimos apresuradamente del motel pero otros federales nos marcaron el alto. El Relumbrón los roció con la cuerno de chivo. No les pegó pero bien que se oyeron mentadas.

“¡Dejen yo manejo!” dijo la doña. “Usted, madre, vea por la Frida.”

La doña aceleró la hummer y salimos quemando llantas.

“Creo que nos siguen,” dije pues se oían sirenas y luces detrás de nosotros.

“¿Cómo se manejan estas chingaderas?” preguntó el Relumbrón manoseando uno de los RPG’s. “¿Son escopetas? Las instrucciones no están en cristiano.”

Le quite la bazuca de las manos. “¡Jijos! ¡Fíjese para donde apunta! Mire, lo que tiene que hacer es apuntar con esta mirilla y quita el seguro y luego oprime aquí. Pero esperese a que estén mas cerca esos cabrones.”

“¡Oigo helicópteros!” gritó la doña. En efecto, teníamos un helicóptero encima y trataba de alumbrarnos. Ya habíamos salido a despoblado y cerca estaba la sierra de la Malinche.

“¡A ver si los perdemos en la sierra!” dije. La persecución siguió por varios kilómetros. El camino era cada vez más sinuoso. La noche era sin luna y muy obscura.

“Esos cabrones ya están mas cerca,” notó el Relumbrón. “Déle mas recio a esta carreola, señora.”

“¡No chingues!” dijo la doña. “Si hay puro despeñadero aquí. ¡La ultima curva la tome con dos ruedas en el vació!”

La monja mientras trabajaba en mantener viva a la Frida. “Sosténgame la botella de suero, don Menfis, tengo que inyectar a la Frida.”

El Relumbrón había sacado medio cuerpo por el techo de la hummer y apuntaba. “No veo el coleoptero pero ya están a tiro los federales que nos siguen.”

Entramos como bólido a un pueblito. Aparentemente estaban tomando lugar las fiestas del santo patrono y había una romería. La doña tuvo que frenar de golpe para evitar atropellar a unos chamacos. Desgraciadamente, con el enfrenon el Relumbrón apretó el gatillo de la bazuca. El RPG voló raudo y le dio de lleno en el tanque de gasolina de un camión de Coca Cola. La explosión hasta hizo repicar las campanas de la parroquia del lugar. La gente salio huyendo despavorida.

“¡Ora si te va a demandar FEMSA cabrón!” le dije

El Relumbrón tiro la bazuca. “¡Chales! ¡Perdón! Fue un accidente.”

Pero lo que resultó fue que al estallar el camión de Coca Cola –este se levantó en el aire—quedó bloqueada la entrada al pueblito, o sea sobre la única calle pavimentada.

El miedo no anda en burros. El helicóptero se alejó temiendo que también le íbamos a disparar. “Déle por ahí, Maria, que ya los perdimos a estos cabrones.”

La doña incluso apagó las luces para despistar al helicóptero y manejando yo creo que por radar salimos del pueblo.

“Oiga madre, usted me sorprende a cada rato,” le dije a Sor Juana. “¿De donde aprendió karate?”

“Usted me mandó a principios del siglo XX como representante del infierno mexicano a una convención de chamucos en Nepal. Ahí conocí unos chamucos que en vida habían sido monjes Shao Lin y me entró el gusto por las artes marciales. Ya tengo mas de cien años entrenando pero hasta ahora tuve oportunidad de usar lo que he aprendido. Me la he pasado haciendo boxeo de sombra con el profesor Zobek. Y respecto a la ropa, la verdad es que a mi siempre me ha gustado el cuero y es mas fácil hacer maniobras vestida así que con habito. Pero ahora dígame usted una cosa, licenciado, ¿qué es esa caja que se trajo con usted?”

Le explique lo del prepucio de Chuchin y los poderes que tiene. La monja abrió la caja y examinó el pellejo. “Cierre la caja, madre, por favor, me da un doloron de cabeza cada que se abre.”

“Es que quería ver si ayudaba en algo a Frida,” explicó la manja. “No veo como. Esta como quien dice ‘hardwired’ para quitarle poderes a los ángeles nada mas. Me temo que si no destruimos el fistol no creo que Frida dure un día mas.”

“Si se muere se convierte entonces en un alma, ¿no? Todavía me queda otro amparo de encarnación,” expliqué.

“Según los brujos de Catemaco el alma se desvanecería, licenciado,” explicó la monja. “Ningún amparo le ayudara. Frida no será mas.”

“Pos ora si no paramos,” concluí. “Cuando se canse usted Maria, denme el volante. Mientras pasen las tortas.”

“Oigan,” dijo la doña comiéndose su torta mientras manejaba, “¿y como chingaos nos encontraron esos cabrones?”

“¡Les juro que no fui yo!” insistí. “En el Love Motel no había conexión al internet. Seguro fue el dependiente.”

“No, fue la india probablemente,” concluyó la monja. “El mesón ese aparentemente estaba llena de parejitas o grupos de gentes que iban a hacer el amor. Tanta lubricidad a su alrededor le dio fuerza a la india para llamar a Mouriño y decirle donde estabamos. Los templarios practicaban semejante magia. Se follaban unos a otros para invocar demonios en sus ceremonias.”

“Ah chingaos,” no me atreví a mencionar que yo y la doña habíamos hecho el amor a tan solo unos metros del fistol. Como quien dice, nuestro degenere había conectado a la india a la red.

XXII El Mesón del Turco

Amaneció. Yo iba manejando. Mis compañeros estaban todos dormidos. Me orille a una gasolinera de PEMEX. “Nos queda solo un cuarto. Voy a rellenar el tanque. A ver quien toma el volante. “Yo ya no aguanto mas.”

“Creo que reconozco esa sierra,” dijo el Relumbrón al despertarse. “Si este era el viejo camino real entonces estamos a unas cuantas leguas de Alchichica.”

La monja revisó a Frida y sacudió la cabeza. “Yo manejare. Nada mas dígannos para donde, señor Relumbrón.”

“Sugiero que tomemos por aquella Y griega,” contestó el bandido.

“¿Reconoció donde está?” le pregunte.

“No. Es que el letrero ese dice ‘Las Derrumbadas 10 KM’.”

El camino se internó por un mal país.

“Menfis,” dijo la doña, “¿se supone que aquí hay una entrada al infierno?”

“No que yo sepa. Pero eso es lo que indica la profecía según la interpretó Atl.”

El Relumbrón se puso a reir. “¿El dotor Atl? Jijos, si ese es rete borrachín. Además hace trampas en el pokar.”

“¡Me lleva el carajo, Menfis!” juró la doña. “Esos muralistas se la han pasado briagos desde que cayeron en Infiernotitlan. ¡Atl te cabuleo! ¡Apuesto que le distes chupe mientras te orientaba, ¿verdad? ¡Por un trago esos cabrones te dicen cualquier cosa!”

Me acorde como le habia dado cheves a Atl para lubricar su lengua. “¡Chales! Busquemos un crater o que se yo. Si no es aquí nos jalamos para el popo o el pico de Orizaba.”

“Esperense,” dijo la monja. “Vamos analizando esto. Según leí en la memorias de la señora Calderón de la Barca por este rumbo había un mesón donde paraban las diligencias que venían de Xalapa. ¿Se acuerda usted de tal, señor Relumbrón?”

“Pos como no. Era donde nos la pasábamos chupando mientras esperábamos una diligencia. Si traían escolta de los soldados de Perote entonces no la tocábamos y nos escondíamos en el malpais.”

“Entiendo,” dijo la monja. “¿Estaba ese mesón cerca de un cráter?”

“Pos cerquita, si. El Gehenna estaba al pie de un cerro muy empinado.”

“¿El Gehenna?” preguntó la monja con asombro.

“El mesón era propiedad de un turco, don Ismael, que ansina lo bautizo. Ese cabrón se hacia pasar por un honrado mesonero pero él era el que luego se llevaba lo que robábamos a Xalapa para revenderlo.

La monja sonrió. “No creo que el tal Ismael era turco. Más bien ha de haber sido hebreo. La palabra Gehenna se refiere al barranco de Hinnom, cerca de Jerusalem, que era el basurero de la ciudad y que siempre tenia basura quemándose. Ahí tienen el infierno que buscamos. Q.E.D.”

El Relumbrón escudriñaba a su alrededor. “Si este es el viejo camino real, en cualquier momento llegaremos adonde estaba el mesón del turco.”

Después de una curva se veía un cono monogenetico que surgía del malpais. A sus pies había una explanada con unas ruinas. En medio de esta se veía una figura espectral.

“¡Ahí es!” gritó el Relumbrón. “¡Carajos! ¡Hasta está ahí don Ismael!”

Nos apeamos. El espectro se nos acerco. “Seguid vuestro camino señores. No tengo cuartos. Estamos reconstruyendo. Ah caray, ¡Relumbrón! ¡Bellaco! ¡Me debéis cien pesos plata, y con intereses a 10% por año, por 150 años mas o menos, son…”

El Relumbrón cargaba a la Frida y trataba de ignorar al espectro que lo estaba chingando y cobrandole una fortuna. Yo palpe el fistol en la bolsa de mi guayabera. “Me imagino que vamos a tener que subir este cerro. Tal vez tenga un cráter todavía.”

La voz de la Malinche se oyó clarita. “No te atreverías a hacerme daño, ¿verdad Menfis?”

Sentí como si me hubiera paralizado. No podia ya caminar.

“¡Cállate vieja culera traidora!” le contestó la doña.

“¿Traidora? ¿Por qué? Si los mexicas eran rete ojetes. Con Cortes abriamos el pais a la globalización, a la modernización, digo, ¿veesss? Y pos Hernan me agarraba la pierna rete bonito.”

“Aguante, licenciado,” dijo la monja, sobandome con las pencas del nopal. Poco a poco empecé a caminar otra vez.

“¿Por qué siguen de tercos? Mouriño va a gobernar, quieran o no. ¿Creen que sus plantones y marchas y blogs van a impedirlo? Bien lo dijo don Porfirio, ‘solo los extranjeros pueden hacer progresar al país’. Este requiere de inversiones y lo mejor para todos será si lo abrimos de patas.”

“¿No hay manera de callar a esta vieja hija de la chingada?” preguntó la doña toda encabronada.

“¡Mouriño es un gachupin!” le grite a la india.

“Y hablando de inversiones, ¿a todo esto quien va a responder de mis dineros?” preguntó el espectro. “Si no me pagan pondré una queja con la guarnición en el fortín de Perote.”

De pronto empezó a temblar. El volcán volvió a la vida. Retumbaba en sus centros la tierra. El cráter comenzó a abrirse a unos metros mas adelante. De este empezó a salir humo, chispas, y vapores hediondos.

“¡Haiga nacido donde haiga nacido yo me voy a ir con él! Es como Hernan nomás que orejon como Salinas. ¡Miren al cielo! ¡Eso les pasa por no andar respetando a las instituciones! ¡Ora si van a saber lo que es amar a Dios en tierra de indios!”

En efecto, en el cielo había una luz extraña.

La doña me agarró. “¿Y eso que es, Menfis?”

Vi con tristeza al cielo. “Tan cerquita que estábamos.”

“¡Ave Maria Purísima!” dijo la monja.

La luz se proyectó frente a nosotros y una figura gigantesca se fue materializando. Era un fulano rete feo vestido como centurión romano, alotas de ángel, y una espada flamígera.

“¡Menfis!” dijo San Miguel apuntándome con un dedo descomunal. “¡Ya valiste verga!”

“¿No te notificaron del amparo que metí en la corte celestial? Ah caray, mendigo San Perico, te ha de estar haciendo polilla el cabrón porque no te dicen nada. Mike, te están viendo la cara de pendejo. Allá arriba se han de estar cagando de risa.”

“¡Cállate mendigo picapleitos! ¡Tus enredos de leguleyo no te servirán de nada! Tengo orden de partirte la jeta otra vez.”

“¡Tan grandote!” dijo la monja. “Para mi que no puedes ni con una monjita. ¡Sois un coyon!”

“¡Callaos mortal!” rugió el arcángel. “Esta es una bronca entre miembros del sindicato de ángeles.”

“Insisto, no me aguantas ni un round. Pa mi que sois joto. Mira esa faldita rabona que portas.”

“Madre, no se meta,” le pedí. “La va a hacer papilla.”

Pero la monja no me hizo caso y se le acerco al gigante caminando como mantis. “A ver, mano a mano, sin esa espadota. Entradle chato.”

El gigante tiro la espada y se rió. “¡Ja ja! ¡Mujer estupida! ¡Me divertis! ¡Pegadme si os atrevéis!”

La monja se le acerco. Luego salto y se suspendio en el aire un momento. Le intento dar un golpe con la mano. El gigante detuvo su mano y la aventó como si fuera una muñeca de trapo. La doña corrió a levantarla.

“¿Esta bien, madre?”

“Un poco golpeada pero se caer. El caso es que ya gane.”

“¿Cómo?”

El gigante se paró asombrado. Luego vio lo que la monja le habia puesto en sus manos.

“¡Me lleva la chingada!” rugio el gigante. “¡El santo prepucio!”

“¡¡¡No!!!” gritó la india. Y me sentí impelido hacia el gigante. Este se tambaleaba y a duras penas se sostenía en pie pero aun así había recogido su espada y se preparaba para darme un sablazo.

No opuse resistencia. Me le abalance a los pies del gigante y los dos caímos al cráter.

XXIII Deus ex Machina

“¡No!” gritaron mis compañeros al unísono.

“¿Ontoy?” preguntó Frida toda modorra.

Por unos minutos arrecio la furia del volcán luego esta se fue apagando. De entre el humo salí trastabillando y chamuscado. Junto a mi caminaba majestuosamente otra figura diabólica.

“¡El papa!” dijo la monja reconociendo a Ratzinger.

“No, es el Gran Shaitan, mi jefe,” les explique.

“Las profecía decía que aquí era la entrada al averno,” dijo Ratzinger. “Sin embargo, no es una entrada a Infiernotitlan. Este agujero va derechito hasta la matriz, a mi oficina en el séptimo círculo. Como quien dice, detecte un disturbio en la fuerza y adivine que era el Menfis que se traía un desmadre. Sin embargo, no pude venir antes por bronca con el presupuesto.”

“Usted me debe una explicación, jefe. ¿Por qué quería darle Infiernotitlan a los gringos?”

“Es que el polaco me dejo un desmadre con las finanzas del Vaticaño. El untermensch había contratado unos préstamos con el FMI y esos cabrones ya me estaban haciendo ya manita de puerco. Bush me llamó y me amenazo. La opción era o darles Infiernotitlan o permitirles poner un Disneylandia en el Vaticaño. Halliburton tenía planeado derruir la basílica de San Perico y poner el castillo de la bella durmiente con una estuata a Mickey Miados al frente. ¿Te dio el pitazo Skorzeny? Es lo menos que podía hacer para ayudarte.”

“Pos si y apenas logre huir.”

“Su Santidad,” dijo la monja respetuosamente, “mire que yo quiero mucho al licenciado pero rompió los siete sellos y ahora todo el país está patas para arriba con los muertos desperdigados.”

El Gran Shaitan se rio. “El caso es que con esa acción Menfis ganó la jugada.”

“¿Gane?”

“Si. Luego luego me empezaron a llamar Perberto y los fachos. Si no hay infierno se le acaba a la iglesia el negocio. Los muy pendejos se dieron cuenta que el miedo al infierno proporciona casi el 40% de las limosnas. Ademas, los velorios ya son un desmadre. El alma del difunto está ahí también tomando café y viboreando a sus familiares. ¿De que sirve que el cura le eche agua bendita al cadáver si el muy cabrón sigue jodiendo a los vivos? Y luego los gringos me llamaron diciendo que no pensaban que las instalaciones de Infiernotitlan serian lo suficientemente seguras para poder maquilar ahí la tortura, quesque hay guerrilleros. El tal Erick Prince de la Blackwater ya construyó un campamento del lado gringo al otro lado de Agua Prieta donde aterrizaran los presos que traerán desde Guantanamo. De ahí los volaran por helicóptero a un CERESO en Sonora que les ofreció Bours.

“Pero pos ahora Infiernotitlan está destruido, Su Santidad,” insistió la monja. “Los muertos siguen sueltos. ¡Santo Dios! ¡Los archivos de la nación fueron destruidos!”

“No se preocupe, Sor Juana,” le explique. “Viboriano los puso a buen recaudo previamente.”

El Gran Shaitan saco su celular. “Orita arreglo todo esto. ¿Perberto? ¡Habla Ratzinger! ¿Todavía quieres el infierno? Aja. Aja. Aja. Escucha, cabrón, ¿cuanto sacas de la basílica de Guadalupe? ¿Tanto asi cabrón? Y mira que solo te me mochas con una miseria. Nada que ‘jefito, jefito’. Mire, con esa feria se pone usted a excavar. Pos ahí usted se arregla. Pos con la ICA, está bien. Yo apago el volcán, no hay problema. No, que se chingue Fox. Si quiere reconstruir él que lo haga con la pensionsota el cabrón. ¿Cómo que lo de la villa no seria suficiente? Pos ahí tu ves como le haces. ¡Es una orden, cabrón! ¡Reconstruyan Infiernotitlan!”

“¿Y mi lana?” preguntó don Ismael.

“Bueno, lo justo justo es,” le conteste. Le extendí una de las barras de oro. Esta le pasó por las manos.

“¡No puedo agarrarla!”

“Esa es bronca de usted,” dijo el Relumbrón. “El licenciado le pago.”

“No se preocupe, don Ismael,” le explique, “ora que Infiernotitlan sea reconstruido entonces si podrá agarrar el oro y podrá comprarse una celda con aire acondicionado.”

“¿Su Santidad va a restaurar los sellos?” preguntó Sor Juana.

“Ya tengo a Benvenuto Cellini trabajando en ellos. En cuanto queden inauguro las nuevas instalaciones en Infiernotitlan y los muertos tendrán que regresar.”

XXIV Epilogo

Estábamos Frida, la doña, Antonio Lopez de Santa Anna, y su servidor en La Parroquia en Veracruz tomando café y comiendo mariscos. La monja se había ido al DF pues le habían dado chamba en la UNAM enseñando matemáticas. Además quería abrir un dojo para enseñar karate.

“Yo creo que en justicia merezco volver a gobernar, don Menfis,” dijo el cojo. Alzó una taza de café y se la tomo. Este cayó en la silla pues era tan solo un espectro. “Si México tiene semejante pendejo en la silla pos es menester que lo quite, ¿no?”

“Pos oste ya esta muerto, ya le dio vuelo a la hilacha,” le contestó la doña.

“Si el licenciado me da su aval, tendría la posibilidad. Mire como el manco ya anda haciendo demandas para que le den la silla. Todo es que él me de un amparo de encarnación y le aseguro que mi gobierno le ayuda a reconstruir Infiernotitlan. Hasta un segundo piso le pongo.”

Me reí. “¿Pero pos de donde va a sacar la feria? Usted siempre desplumaba al erario y acababa juyendo.”

“Pongo impuestos a las ventanas, eso no es problema.”

“Bien, general, lo pensare, lo pensare.”

En la tele se veía un programa de Taravisa en horario estelar.

Chespirito: “¡Bienvenidos al INFERNOTON! Cooperen por favor para ayudar a la construcción de un nuevo infierno para México. Nuestros muertitos necesitan estar a buen cobijo. Recuerden, en sus compras en Gualmar y Aurrera les preguntaran si quieren donar su cambio para esta causa. Ayuden a la santa iglesia católica a reconstruir Infiernotitlan…”

“Bueno, niñas, vamonos de regreso al hotel. Ya me comí como tres vuelve a la vida, un kilo de ostiones, y dos de camarones.”

“¿Crees que funcione Panchito?” pregunto Frida.

“A huevo, a huevo.”

FIN

3 comments:

PEPMAC said...

Clap clap clap

Saludos

Anonymous said...

Maestro...
Espero algún día poder escribir como Ud.

EstrellaFugaz said...

Esta de POCAMADRE, mi estimado Pomponio. No se si es una parodia de "El Fistol del Diablo" de Payno o inspirado en ??? ERES GRANDE POMPONIO, y me has hecho feliz en un dia depre y blue sabadito triste no mas gracias a ti jajajajaa...

Todavia no termino de leer la parodia (Me quede en el sabotaje de don Menfis despues del secuestro a Fox) pero prometo hacerlo al rato.

Tu pagina se ha convertido en parte del link de mis favoritos!! en unos momentitos mas elaborare un link de tu pagina a la mia, sale Pomponio!!!!

Reirnos de la derecha y de lo aparentemente absurdo tambien es muy importante....

Saludos

EstrellaFugaz

P.D. seria bueno que hicieras podcasts con tus cuates de la vida de don Menfis y las ladillas, staria bueno como una nueva version reloaded de Payno (a quien prometo leer de ahora en adelante, solo he visto los viejos capitulos de los churritos del cine mexicano jejee)

Saludos y estamos en contacto

http://lavidenelexilio.blogspot.com