Saturday, April 05, 2008

El Juramento

El Juramento

El espectáculo se encuentra muchas veces en las paginas del Casasola: este archivo es la crónica del México viejo, el de los tranvías de mulitas, de los catrines, de los sombrerudos, de la revolución. Don Porfirio, el viejo dictador –el buitre viejo de los Flores Magón—se presentaba entre los acordes de la Marcha Dragona en el campo Marte. El buitre viejo, que alguna vez fue águila, llegaba rodeado de una corte de chacales emperifollados. Ascendían a una tribuna y desde ahí presenciaban el espectáculo. Ante ellos desfilaba el viejo ejercito republicano, el mismo que todavía tenia los laureles secos y olvidados de la epopeya de la intervención. Seria ese ejercito el que el pueblo –“en bandas milenarias”, asi es el lenguaje del anciano—derrotaría en Ciudad Juárez y haría que el buitre viejo se embarcara en el Ipiranga.

Pero bien, una parte toral de la ceremonia era la entrega y juramento a las banderas. Y los juanes juraban, al recibir el lábaro patrio, honrar este y vencer y morir si así los requería la patria. Y así lo hicieron, en efecto, pues eran, después de todo, soldados mexicanos: tomar Ciudad Juárez les costo ríos de sangre a los maderistas.

Zarpó el Ipiranga pero la ceremonia continuaba en la memoria de los mexicanos. El señor Madero la revivió. Convocó a los batallones en el Campo Marte y los abandero. Tomo de estos su juramento de lealtad. Sin embargo, varios de estos cuerpos estuvieron entre los pretorianos que se alzaron contra Madero en febrero de 1913.

El chacal, Victoriano Huerta, efectuó la misma ceremonia porfirista en el campo Marte. El Casasola lo muestra abanderando al 20 batallón de Aureliano Blanquet y condecorando su bandera. Hay que apuntar que tanto Blanquet como este batallón tenían las manos enrojecidas con la sangre de Madero. El ejército que desfilaba ante Huerta era un ejército de pretorianos, dispuestos a derramar la sangre del pueblo. Pero ese ejército feneció en el cerro de la bufa, en Zacatecas, bajo las herraduras de las Siete Leguas, con Francisco Villa a cuestas.

Todavía durante el jefe máximo, Plutarco Elías Calles, la ceremonia continúo. Inclusive, algunos generales contrarios a Calles planearon alzarse contra el gobierno durante esta ceremonia. Tomarían prisionero al turco y lo derrocarían. Entre estos conspiradores se encontraban varios ex villistas como Rueda, ex dorado, que no le tenían cariño a los sonorenses. Más sin embargo el turco salio más zorro. De última hora cancelo su visita. Los alzados, sin embargo, siguieron con sus planes y se llevaron a varios de los batallones que mandaban rumbo a Texcoco. Pero no teniendo en sus manos a Calles este no tardo en derrotarlos.

La ceremonia se olvidó en algún momento del PRIato. La memoria del intento contra Calles quedaría en la mente de los presidentes de México. No convenía presentarse en una tribuna ante un ejército que no necesariamente seria leal.

Pero el origen de la ceremonia se remonta unas cuantas décadas antes que el porfiriato. Era inevitable que el anciano dictador la recordara y emulara pues el estuvo ahí. La ceremonia original tomó lugar en Puebla, justo después de la muerte del general Zaragoza. Por orden del presidente Juárez, el sucesor de este, el general Jesús González Ortega hizo desfilar al Cuerpo de Ejercito de oriente ante los fuertes del Loreto y Guadalupe. Ante ellos les presento un féretro cubierto de laureles, el de Zaragoza.

Los zuavos, les anuncio, iban a regresar. Napoleón III, se decía, mandaba ya 30,000 hombres, la crema de su ejercito, con mas zuavos, legionarios, infantería veterana, y armamento de lo mas moderno. El Cuerpo de Ejercito de oriente, les advirtió, defendía entonces no solo a Puebla, no solo a la patria, sino también el cadáver de su general caído. González Ortega finalizó tomándoles el juramento de vencer o morir en defensa de todo esto. Y el Cuerpo de Ejercito de oriente, así la historia lo registra, se hizo matar entre las ruinas de la angelopolis, peleando casa por casa, habitación por habitación. Y la plaza no cayó sino por hambre y solo después de un sitio épico de meses.

Los soldados del Cuerpo de Ejercito de Oriente, dispersados pero indómitos, no cejaron en combatir al enemigo extranjero. Se reorganizaron y a la larga culminaron su victoria fusilando a los traidores y a su principito sifilítico en el cerro de las campanas.

Hoy el día el enano ha desvirtuado este tipo de ceremonias. En unas ceremonias que no tienen nada de la majestuosidad del juramento del Cuerpo de Ejercito de Oriente o hasta los abanderamientos del buitre viejo, el enano se viste de Juan Garrison y hace el ridículo. Y es que, ¿que juramento va a tomarles a sus pretorianos? ¿Defender a REPSOL o a la Shell hasta el último yacimiento? ¿Qué banderas va a condecorar? ¿La de las barras y estrellas? ¿Y que honor defienden? ¿El del rey de España?

El enano viola, además, los reglamentos sobre el uso del uniforme pues lo porta de forma incompleta: utiliza tan solo una chamarra demasiado grande y una gorra con cinco estrellas. Y una vez mas el ejercito –mas bien el estado mayor presidencial—que tolera este ridículo es un ejercito pretoriano: está dispuesto a reprimir al pueblo para mantener en la silla a otro imbecil, pelón, borrachín, de lentes, impuesto por el embajador gringo, que se “viste’ de militar. (Hablo del enano, no de Victoriano Huerta.)

Pero mañana habrá otra ceremonia, una mas pura, que recordara el juramento del Cuerpo de Ejercito de Oriente. Mañana AMLO convocara a las brigadas y tomara su juramento de defender el petróleo y la soberanía nacional.

Se cierra entonces un círculo. Una vez mas la patria está amenazada por un enemigo intervencionista –España y EEUU—que cuenta con conservadores traidores que los ayudan. Una vez mas el presidente legitimo peregrina por toda la republica, arengando y organizando a sus seguidores. Una vez mas el pueblo mexicano busca, crea, de la nada, los medios para defender la patria, “con lo que sea, como sea, y hasta donde se pueda”.

Tengo la seguridad de que las brigadas patrióticas de AMLO haran la defensa del patrimonio nacional, de la soberanía de la nación, del honor patrio, con pundonor e igualaran la devoción y valor del Cuerpo de Ejercito de Oriente. E igual a como ocurrió en el siglo XIX, los traidores serán llevados al cerro de las campanas.

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