Sunday, November 23, 2008

Homilia Dominical

Homilía Dominical del Pr. Pomponio de Loyola, S.J. a la feligresia de la capilla de Cristo Rey de San Adolfo Hitler, Xalisco. (Cuenta como ir a misa y tres rosarios.)

Hijos Míos,

Hoy les mostrare las diapositivas de mis vacaciones en Infiernotitlan donde fui a visitar al alma del beato Marcial Maciel.Tuve el honor de que un tal padre Virgilio, que creo trabaja para la curia romana, fuera el que me guiara.

La entrada a Infiernotitlan está cerca de la desviación al rancho de Fuchs.Si llegan hasta donde esta el reten del EMP se fueron muy lejos.Busquen la toba volcánica. Hay dos letreros: el tradicional (“lasciate ognia esperanza voi qui entrate”) y uno mas reciente aunque ya viejon pues es de hace varios sexenios (“termina camino a cargo de la SOP”).

A la entrada Porkstens tiene un minotauro para cobrar peaje.Me imagino que a Porkstens le remuerde la conciencia por comerse una vaca diaria y le dio hueso.

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Lo primero que encontramos es un lago de sangre.A su alrededor hay unos centauros que trabajan para el chamuco.En vida estos centauros eran villistas y representan al pueblo mexicano en armas.Las almas en el lago de sangre fueron represores y pretorianos en vida.Entre mas crímenes hayan hecho en vida mas los llenan con flechazos los centauros.Algunos parecen puercoespín.Me dicen que en vida los mas castigados trabajaron para URO.Me da horror pensar como trataran a ese fulano cuando caiga aquí.

“Los centauros villistas son la venganza del pueblo inerme,” me explicó mi guía.“Démosle gracias a Dios que el licenciado fue comprado por el PRIAN y no los suelta arriba. Su venganza seria terrible.”

Los centauros insultan constantemente a las almas: “¡Tengan su puto batallón Olimpia cabrones!”“¿Querías ser guardia presidencial verdad cabron?”“¿Quién te manda ir a joder gente en Atenco hijo de la chingada?”

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Encontre después un bosque donde las almas de los “comunicadores” de Taravisa van a caer.Poco a poco se convierten en arboles ponzoñosos, como lo que en vida destilaban, y eventualmente su tortura consiste en no poder hablar.En ese bosque solo se oyen mujidos quietos.

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Encontré luego otro bosque maldito.Contiene las almas de los gobernantes que hacen obras fatuas y antiecologicas, concesionar manglares a gachupines o los pasos a desnivel en Reforma.El chamuco los convierte en árboles y un grupo de chamucos los esta talando perpetuamente.Les duele cada hachazo de un carajo.

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Llegamos después a una planicie horrible.Era un país arruinado, me dijo mi guía, que otrora había sido magnifico, rico, lleno de esperanzas para sus habitantes.Las almas que en esas ruinas se retorcían eran los que habían maltratado a los humildes en ese país, los que se autonombraban la gente bonita, y que, por su codicia lo habían arruinado.Habían muchos dueños de fabricas, de maquiladoras, de minas, o sea, ¿veeessss?, puros del CCE.Ahora se retorcían encuerados en el caloron sin una puta kaka cola para apagar la sed.

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Curiosamente luego encontré un aguacero de la chingada.Y había un río desbordado.Retorciéndose entre el lodo (el agua es ácida) me encontré las almas de los gobernantes que habían hecho tranzas con las obras hidráulicas.Habían ahí varios gobernadores de Tabasco.Uno logro salir del lodo y me advirtió: “¡No fue la luna ni una chingada! ¡No turbinaron las presas para beneficiar a los gachupines!”.En medio de mi ignorancia –aquí en San Adolfo Hitler ni llueve—no supe que queria decir.

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Encontré luego un horrible dinosaurio –creo que era un dinosaurio—que traía propaganda del PRI pegada en todo el pellejo.Me explicó mi guia que esta bestia se le alimentan los presidentes neoliberales de ese partido.Quesque andaba muy hambrienta y solo aventándole un globo lleno de agua bendita logramos que no nos chingara.

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Encontré luego un lago de oro y plata líquidos.En el se hervian y se quemaban unos infelices.“Banqueros,” me explicó mi guía, “beneficiarios del ROBAPROA.Andaban regalando tarjetas de crédito en el metro para ensartar a los incautos.Ahora tragan oro liquido que les quema las entrañas y ansina lo harán por varias eternidades.”Había un tufo de la chingada a carne quemada.

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Nos detuvo entonces un reten de chamucos.Esta experiencia es peor que sobrevivir un reten de sardos.Nos encueraron y nos maltrataron.En vano intentó mi guia decir que era visitante y casi me entamban aunque todavía estoy vivo.Nos bajaron casi toda la feria que traia pero al final nos dejaron ir.

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Finalmente llegamos a nuestro destino.Era un lago de mierda inmenso.Para mi horror vide a un chamuco aventar el alma de un colega, el cura de San Heinrich Himmler, Guanajuato, al lago ese.“Se murió el curita,” explicó mi guía.“Como había manoseado unos chamacos en vida y era miembro del yunque va a purgar su condena aquí.”

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Es tan vasto ese lago de mierda que tuvimos que andar preguntando donde estaba Maciel. Finalmente, unos chamucos nos dieron información: “váyanse por la orilla güeritos, unos tres kilómetros mas, donde está mas profundo, ahí se encuentra el pagrecito.”

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Pero ir por esa orilla era muy difícil.Había que andar atravesando arroyos de lágrimas.Contratamos a un lanchero que nos llevo adonde íbamos.El olor es horrible y casi no se puede ver por el mosquero.Finalmente atracamos.“¿Y el pagrecito?” pregunte.Nadie me supo dar razón.Hasta que, finalmente, se me acercó un fulano y este dialogo tomó lugar.

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“¡Josu!¿Vos buscáis al pagrecito Maciel?”

“Si, buen hombre, ¿sabe oste onde esta?”

“¡Hostia, que habéis llegado tarde, jolines! Y no me hagais la barba, que muchos me la hicieron en vida y al final sus promesas de amor no fueron ciertas y hasta me ayudaron a morir. Si estoy aqui es que fui todo un cabron. En fin, yo estaba parado sobre el pagrecito Maciel aquí en el lago y por lo menos la mierda solo me llegaba hasta la barbilla.Pero lo acaban de sacar.”

“¿Y eso?¿Lo extraditaron al cielo?”

“No hombre, diantres, lo llevaron a darle de tehuacanazos.Eso va a durar una eternidad.Escuchad, ¿sabéis algo de mi extradición?¡Yo no debo estar aquí con los mejicanos jolines!”

Fue entonces que unos chamucos llegaron y se llevaron al infeliz y lo metieron otra vez al lago de mierda.Nunca supe su nombre aunque aparentemente hablaba como gachupin.

En fin, hijos míos, ¿qué os diré?Infiernotitlan da miedo.Y el miedo no anda en burros.He decidido que dejare de ser el archimandril de esta diócesis y dejo de pertenecer al Yunque.Le mande mi renuncia al arzobispo Bocadebagre.Me voy a una isla del pacifico a cuidar leprosos.A ver si ansina no acabo en lo mas profundo del lago.Ni tienen que dar limosnas.Es mas, agarren lo que quieran de las alcancías, que ustedes lo necesitan más que la puta de Babilonia.Yo ahí los wacho como dicen los chicanos.Podéis ir en paz, este arroz ya se coció y esta misa ya se acabó.

Friday, November 14, 2008

Algunos militan en el movimiento de López Obrador, afirma
“Fanáticos” que fomentan el odio en el PRD quedarán “marginados”: Ortega

http://www.jornada.unam.mx/2008/11/14/i ... e=005n2pol

Ayy asústame panteón
que me vas a hacer llorar,
te estás viendo muy mamón,
y si hablas de marginar
pinche chuchete hocicón
pon tu barba a remojar.

Wednesday, November 12, 2008

Revoca TEPJF nulidad del eleccion del PRD, da triunfo a Jesús Ortega

Da al PRD un plazo de 48 horas para entregar constancias de mayoría


El tufo a mierda
es lo usual
en la politiquería,
llámesele Nueva Izquierda
o nómbresele Fecal,
es la misma porquería.

Y aunque ahora canten victoria
los colaboracionistas chuchos
muy poco les va a durar,
será efímera su gloria,
que en su contra somos muchos
los que iremos a votar.

Monday, November 10, 2008

En Busca de la Adelita

En Busca de la Adelitamexican-revolution-soldier-aboard-train-casasola-380.jpg

Nota: se acerca el 20 de noviembre. Vamos analizando a la Adelita...

“En lo alto de una abrupta serranía

Donde acampado se encontraba un regimiento

Y una joven que valiente lo seguía

Locamente enamorada del sargento…”

Las coplas siguen el patrón a-b-a-b.No es el patron heroico (a-a-b-b) pero es efectivo aunque no tan elegante como las redondillas de Sor Juana (a-b-b-a).

Regimiento es una muleta conveniente.Ayuda a rimar con sargento.En la práctica, los ejércitos mexicanos de la revolución –rebeldes o federales—se agrupaban en brigadas, compuestas estas de varios batallones.Así es como se organiza el ejército ingles.La organización en regimientos es algo típicamente gringo/alemán/francés.Encontrar un “regimiento” en Mexico en esos dias seria entonces seria algo inusual en esos tiempos.Además, la unidad en cuestión probablemente no seria reconocida por un numero sino como “la gente de Canuto Turrubiates” o como se llamara el jefe.Pero dejémonos de aclaraciones mamonas y avoquémonos al corrido en cuestión.

Aclaro que no me parece bien llamar a la Adelita “corrido”.Carajos, corrido el de Juan Charrasqueado.La Adelita es mas bien un himno.mexican-revolution-armed-soldadera-casasola-380.jpg

El “regimiento” en cuestión se encuentra “en lo alto de una abrupta serranía”.¿Por qué?Si se trata del norte de la republica en “una abrupta serranía” es difícil hacer el vivaque, darle pastura a la caballada, y el agua escasearía.Entonces concluyo que el “regimiento” en cuestión anda huyendo y está lo suficientemente desesperado para encaramarse a los cerros para resguardarse del enemigo o bien está haciendo una marcha de aproximación para caerle al enemigo por caminos extraviados.Yo me inclino por la primera hipótesis.

La siguiente estrofa nos dibuja a la joven “que valiente seguía” al “regimiento” mentado.

“Popular entre la tropa era Adelita

La mujer que el sargento idolatraba

Y además de valiente era bonita

Y hasta el mismo coronel la respetaba..”

Es claro que la joven protagonista de este “corrido” es una hembra extraordinaria.Y si hay asombro que “el mismo coronel la respetaba” es porque este probablemente era un grandísimo hijoeputa.Esto no debe sorprender pues en esos años no habían muchos “gentlemen” estilo Felipe Ángeles en el ejercito mexicano (tampoco los hay hoy).

Yo pienso que si el coronel la respetaba es porque Adelita se hacia respetar.Además, era la mujer del sargento, aparentemente un personaje muy conocido entre la tropa.Ningún oficial es tan pendejo de ponerse al brinco con los sargentos, estos son el alma del ejército.Además, si el hombre “la idolatraba” capaz que le vaciaba la mitigueson al coronel si le faltaba el respeto a su mujer.

Y no le quito merito alguno a Adelita.Aparentemente era una mujer formidable.Se le reputaba como bonita y solo se iba entonces a “rejuntar” con el mas valiente guerrero entre la tropa.Eso, debo apuntar, era el común denominador de la valientes soldaderas que seguían los ejércitos mexicanos de la revolución.Cierto, si se les moría el Juan, luego luego se encontraban otro.Y preferían a uno que no fuera coyón pues así ganaría este los ascensos y recompensas y ella viviría mejor.Acuérdense que en la bola no se ascendía por antigüedad pues nadie moría de viejo.Los ascensos y recompensas solo se daban por tener huevos.Así que las soldaderas buscaban arejuntarse con los mejores guerreros.Por simple darwinismo, las soldaderas parían los hijos de héroes.

“Una noche en que la escolta regresaba

Conduciendo entre sus rifles al sargento

Por la voz de una mujer que sollozaba

La plegaria se escucho en el campamento…”

¡Ah que la chingada!La escolta, saben, se encarga de conducir a los prisioneros que van a ser fusilados.Si el “regimiento” iba en retirada, yo creo que el sargento desertó y fue capturado.¿Se imaginan la vergüenza –la mujer que sollozaba—que ha de haber sentido Adelita porque su hombre había desertado cuando mas se le necesitaba?Yo en verdad no quisiera estar en los huaraches del sargento.Y no es porque lo iban a fusilar sino porque Adelita le ha de haber escupido en la cara y lo ha de haber tildado de coyón.

Pero pensemos, si el sargento se pelo y desertó, pues ha de haber sido rete fácil hacerlo en la situación confusa y de pánico en que se encontraba el “regimiento” en su retirada.Perderse entre las “abruptas serranías” no hubiera sido muy difícil.Es evidente que el sargento no llevo con él a Adelita.Tal vez se separaron en la retirada.O él la creyó muerta.Lo que me da la impresión mas bien es que ella era muy leal a la causa –cualesquiera que esta era—y lo mandó al carajo cuando sugirió que desertaran.

El caso es que el sargento volvió y le pide frías a la Adelita al oírla sollozar:

“Al oírla, el sargento, temeroso

De perder para siempre a su adorada

Ocultando su emoción bajo el embozo

A su amada le cantó de esta manera…”

Y sale el peine de porque el sargento está ahí.Como argumento, una vez que se pelo no lo iban a volver a encontrar.No, el sargento regresó.Y el porque se hace evidente:

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“Y si Adelita se fuera con otro,

La seguiría por tierra y por mar,

Si por mar en un buque de guerra,

Si por tierra en un tren militar…”

Noten que esta copla no sigue el patrón normal a-b-a-b.Esta copla es sin embargo clave.Su poesía se encuentra en la insistencia.La palabra “si” se repite tres veces.Es la terquera, la terquera del mexicano que va a sobreponerse a todo obstáculo, sea en la tierra o sea en la mar. Repito: esta copla es clave.Aunque Taravisa y el PAN insistan en que los mexicanos deben de ser sumisos, derrotistas, y resignados, todavía existen los aventados, indómitos, y revoltosos.Y su característica principal es que son tercos.Vamos, carajos, México existe porque siempre había un patilludo en un cerro mentándole la madre al virrey.

Es evidente lo que pasó con el sargento.Se logro pelar con éxito.Pero el pensar que su Adelita se “iría con otro” lo volvió loco.La vida sin ella no vale la pena.El hombre regresa, a pesar de que lo mas probable es que lo fusilen por desertor.¡Que mujer extraordinario habría sido esta Adelita entonces!¡No solo no abandona la causa a pesar de una derrota horrible sino que además causa que regresen los desertores!Desde el punto de vista del sargento no es el amor a la causa o el honor del “regimiento” lo que importan.Esos, creo, le valen pura chingada.No, es el tener a esa mujer lo que lo hace regresar.

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¿Y en verdad era asi de valiente Adelita?El testimonio si lo indica.Tan valiente era que “locamente enamorada de su Juan” se atrevió a enfrentarse al mismo Pancho Villa, aun a costa de su vida.Verán, la escena que describe doña Elena Poniatowska es dantesca.Un grupo de 50 o 80 soldaderas federales habían sido capturadas.Pancho les había fusilado a sus hombres.Iba el centauro pasando frente a ellas cuando una le soltó un plomazo.No le pegó.De inmediato los dorados las encañonaron.La pistola apareció bajo un arbusto cercano.¿Quién fue?¡Que digan quien fue y no les pasara nada!Nadie habló.Enfurecido, el centauro ordenó que las quemaran vivas.Aun así ninguna denuncio quien había disparado.Para el caso fueron todas.El centauro las había enviudado a todas.Si abrieron la boca fue solo para maldecir a Pancho o aullar de dolor.Yo idolatro al centauro pero este crimen ni con toda el agua del mar se borra.

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En fin, así de valientes eran esas mujeres.No es de extrañar que el sargento regresara.Bien valía la pena regresar por una de ellas, aun a costa de ser fusilado.

“Y después que terminó la cruel batalla

Y la tropa abandonaba el campamento

Por las bajas que causara la metralla

Muy diezmado se encontraba el regimiento…”

Imaginemos entonces un churro de aquellos que se hacían en los años gloriosos del cine mexicano.López Tarso es el sargento.La guapísima Maria Felix es la Adelita.El coronel puede ser Carlos López Moctezuma o el Indio Fernández, los cuales tenían cara de hijoeputas.¿Como chingaos no iba a respetar este coronel a la doña?En fin, seria un trabuco de estrellas para un churro chingón y entretenido en que cada escena seria precedida por una estrofa de la inmortal canción.

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Y verán, la trama es ansina.“Después que terminó la cruel batalla” (¿Celaya?¿Zacatecas?¿El Ebano?)el “regimiento” anda huyendo derrotado por la sierra.López Tarso se pela para el monte.Al hacerlo descubre la emboscada que le prepara al regimiento el enemigo.Para evitar que muera Adelita el sargento regresa y da la voz de alarma y se porta heroico en el combate y el coronel lo indulta.La doña, si es que está de buenas, lo perdona y colorin colorado, final feliz.

No se si tal churro se hizo.Es probable.Si no, debería hacerse, pero en el estilo de “Looking for Richard” de Al Pacino, combinado con la manera documental de Ken Burns.(A ver, Señor Mandoki, usted es bueno para esto.)Y es que es importante analizar la penetración de esta leyenda en la mente de los mexicanos.La Adelita sigue viva.Las brigadistas no invocaron a la Corregidora o a doña Leona Vicario.Fue a la Adelita en la que se basaron.Hasta la derecha esta consciente de que tan fuerte sigue el mito.Miren como quieren acallar y tratar de que se olvide el 20 de noviembre.

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Debo apuntar que tanto pelones (federales) como carrancistas y villistas cantaban esta canción inmortal.De ahí que le llamo más bien un himno y no un corrido.La Adelita está al nivel de Lili Marlene o Waltzing Matilda.¿Por qué?Muy sencillo, en muchas ocasiones era lo que cantaban los hombres entrando en combate.Más de uno cantó, con su último aliento y sabiéndose herido de muerte, estas inmortales coplas.Por eso es que es un himno.

Por otra parte, separemos la leyenda de la vida real.Pobre sargento, si en verdad hubiera regresado les aseguro que la escolta lo hubiera fusilado luego luego.O, a la mejor, ni regresó y ocurrió lo que el sancho del corrido de la Martina: “y el amigo del caballo, ni por la vieja volvió…”

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Saturday, November 08, 2008

La Espia del Centauro

Ya se acerca el veinte de noviembre, fecha que los renegados celebramos y que los reaccionarios y persignados quisieran que se olvidara. Tengo algunos retazos escritos con las patas, historias sobre la revolución.

La Espía del Centauro

Ciudad de México, verano de 1915

El general carrancista Pablo González, jefe del cuerpo de ejército del noreste, se encontraba disfrutando de un juego de billar con su ayudante, el coronel Salcido. El general se había instalado en los lujosos aposentos de la casona en Paseo de la Reforma de Alberto Brannif, un “científico” que había apoyado a Huerta y se había exiliado a Paris tras caer el pelon.

“Me la puso usted muy difícil, Salcido,” dijo González observando la disposición de las bolas.

“Pos ya va usted adelante, mi general,” se rio Salcido. “Tengo que por lo menos ganar la de la honrilla.”

González se aprestaba a intentar un tiro cuando entró un teniente todo agitado.

“¡Usted perdone mi general!” dijo el teniente Vargas cuadrándose.

El taco de González rasgó la felpa de la mesa con el sobresalto de la interrupción. “¿Y ora que chingaos mi teniente?, ya me chispoteo el tiro.”

“Capturamos la espía mi general,” explicó Vargas. Por varias semanas ya las tropas carrancistas habían estado tratando de descubrir a un elusivo espía que había estado mandando palomas mensajeras al norte, rumbo al centauro, con información detallada de los movimientos de las tropas carrancistas.

Apenas hace un mes que las tropas zapatistas de la convención habían abandonado la ciudad. Las tropas de González de inmediato entraron a esta. Al norte, en el bajío, Pancho Villa y Álvaro Obregón se encontraban enfrascados en las titánicas batallas de Celaya.

“¿La espía? ¿Es una mujer?” preguntó con azoro González.

“Si mi general. La tenemos en una habitación en la planta baja. ¿Quiere interrogarla?”

“¿Para que chingaos?” preguntó González haciendo una mueca de desdén. “A los espías se les fusila y ya.”

El teniente estaba muy pálido. “Con todo respeto, mi general, debe usted verla.”

“¿Pa’ qué?” preguntó Salcido apoyando a su jefe.

“Mi coronel…” el teniente titubeo. “Es que está guapísima.”

El general era algo chiledulce. “¡Puta madre! ¿A poco? Órale, déjeme interrogarla entonces, ¡ja ja!” González se ajusto la casaca y se atuzó el bigote.

González entró bruscamente en la habitación donde se encontraba la mujer. Esta estaba de pie junto a una ventana. Portaba esposas y la blusa estaba desgarrada, aparentemente había habido trifulca al capturarla, y se veía expuesto un hombro muy mordible. El pelo era una mata negrísima, azabache, mas obscura que la conciencia de Huerta, que le llegaba a la cintura. La mujer volteo a ver a González y su sequito. Lo hizo con la gracia y elegancia de una prima ballerina. Una mueca de desprecio se formó en sus delgados labios. Era, en efecto, bellísima, muy morena, de pómulos altos, delgada, bastante alta, con una prominente nariz aguileña. Portaba una falda con olanes y botas de montar y numerosos collares. Los ojos eran verdes y brillaban.

“¡Ave Maria!” exclamó González que no se pudo contener. “¿Es usted una gitana?”

“Si, soy romani,” contestó la mujer.

“¡Carmen!” exclamó Salcido, un fanático de la opera, y que tampoco se había podido contener.

“Dice que es esposa de Pancho Villa,” explicó el teniente.

“¿Y como se llama usted…señora?” preguntó González.

“Scheherazade Sterhazy…de Villa.”

“¡Schecherazade!” suspiró Salcido que ya había quedado profundamente enamorado de la mujer.

González la vio algo incrédulo. “¿A poco de verdad esta casada con Pancho?”

“Si, nos casamos por lo civil cuando Pancho anduvo aquí en la ciudad. Fue derecha la cosa. En la mañana se casó con mi hermanilla y en la tarde conmigo. ¡Pero a ambos nos cumplió! Mi Pancho es muy hombre.” La mujer sonrió lascivamente.

González tomó una decisión rápida. “Bien, si nos dice el nombre de sus cómplices la dejare ir.”

“¿Cómplices? Yo hice todo solita. ¿A poco no cree que no puedo vigilar los movimientos de sus trenes. Y sus oficiales, con tantito les sonreía y me soltaban toda la sopa. No, no tengo cómplices. Me basto yo solita para estos trotes.”

González, viejo zorro, no dijo nada. Contempló a la mujer. Luego a Salcido y al teniente. Estos dos babeaban. Si la mujer les hubiera pedido que llenaran a González de plomo quien sabe que hubiera pasado. “¡Usted es una bruja! ¡Fusilenla!”

La mujer se rió. “Bien me decía Pancho que oste no sirve mas que para mayate de Carranza.”

González salio de la habitación gritando. “¡Que la fusilen Salcido!”

El cuadro se había formado en el jardín de la casona. Desde una ventana observaban Pablo González y Salcido. Vargas le había ofrecido una venda. La mujer la rehusó. Ella alzo su vista hacia donde estaba González…y le sonrió.

Gonzalez sacudió la cabeza. En sus manos tenia una copa de cognac de la reserva de Braniff. “Ordénenles que le paren, Salcido, está muy guapa para alimentar zopilotes.”

Salcido se apresuró a ir a interrumpir el fusilamiento. Regresó con la mujer.

“¿Que hacemos con ella, mi general?”

González la observo con cuidado. “¿En verdad se llama Scheherazade?”

“Si.” La mujer sonrió. González sintió que su mano tembló.

González se volvió a llenar su copa. Tenia la casaca media abierta. Se sentó en una cómoda poltrona. “¿Como la de los cuentos?”

“Si.”

“Siéntese señora,” indicó González. “Salcido, quitele las esposas.”

La mujer se talló las muñecas. “¿Que quiere de mi? Ya le dije que no tengo cómplices.”

“No he decidido. Teniente, Salcido, siéntense, pónganse cómodos. ¿Quiere algo de tomar señora?”

La mujer lo vio con recelo. Era evidente que González había cambiado de táctica. No la podian quebrar amenazándola con fusilarla. “Si tienen una copa de vino se lo agradeceré. Abreviemos, general, yo en su lugar usaría la tortura.”

“Usted es cruel, señora.”

“Soy gitana, ya sabe usted…”

Salcido solícitamente le sirvio una copa de vino.

“Bien, le hare una propuesta. Ya anocheció. Entreténgame con un cuento. Como hacia la Scheherazade de los cuentos. Si me gusta el cuento, la dejare vivir un dia mas, si no, la fusilare al amanecer.”

La mujer se puso muy seria. “Se mofa usted de mi.”

Gonzalez sonrió. “Pero hay una condición…”

“¡Explíquemela!” demandó la mujer.

“El cuento me debe dar algo que me ayude a batir a su marido. ¿Entiende? Al final de su cuento quiero ser mas sabio en estos menesteres de la guerra, si tal cosa es posible.”

La mujer se rió. “Ustedes siempre le harán los mandados a Pancho. Pero bien, acepto sus condiciones.”

“Empiece entonces.”

“Bien, os contare sobre la expedición de Barradas y algo os enseñare del alma del soldado mexicano, que tal vez os sea de utilidad.” La mujer pidió una guitarra. Empezo a tocar esta lentamente, con aires andaluces. Y empezó a canturrear.

“Gran alboroto de tambores y clarines

Escandaliza a la Habana

Ya saludan los cañones de los fortines

La expedición mejicana.

Se alza altivo el estandarte de España

En los palos de la nave capitana

Y un tercio viejo busca hacer hazaña

Reconquistando la tierra mejicana.”

“Ah, ya recuerdo,” dijo González. “Barradas intentó reconquistar México para la corona española en 1826 creo. Era presidente don Vicente Guerrero.”

“Muy bien, mi general,” dijo Scheherazade sonriendo. “A ver si me dice quien es este.”

La mujer empezó a tocar la guitarra con mas animación. La música ya no tenia tan obvias cadencias andaluces. Era ahora un son tropical.

“No le digo mi negro, ¡que no le digo!

Y no me de usted cuerda que le sigo.

Porque a fe mía que el mas picudo

En todo el veracruzano puerto

El que tiene el ingenio mas agudo

Es Antonio, de eso esté cierto.

¡Es Antonio el macizo,

El que con una puntada

El México nuestro hizo

Y fue el ocho su espada!

Un día la republica proclamó

Fue con el plan de Casamata

Que Antonio la guerra desata

Y la corona imperial tambaleó.”

González se rascó la cabeza. “¿Antonio? ¿Veracruz?”

Salcido estaba igual de perdido. “¿Que es eso del ocho? ¿El ocho de espadas? ¿Es albur?”

La mujer volvió a tomar la guitarra.

“No le digo mi negro, ¡que no le digo!

Y no me de usted cuerda que le sigo.

A fe mía, señores, que no hay

Un mayor grupo de cabrones

En toda la guarnición del puerto

Que los mulatos y cuarterones

Del ocho, de eso esté cierto.

Los domingos guardan misa

Y en honor al santo patrono

Celebran entre risa y risa

Y en el atrio bailan ‘El Mono’.

Y siguen a Antonio fielmente

Y lo seguirían hasta el averno

Entrarían con tambor batiente

Haciendo del infierno infierno.”

“Es el regimiento numero ocho, mi general,” dijo el teniente. “Le eran muy adictos a Antonio López de Santa Anna. Este proclamó la republica con el plan de Casamata y derrocó a Agustín de Iturbide.”

González hizo una mueca de resentimiento. Originalmente periodista y relativamente culto, no conocía mucho de la historia militar de México. “¿No le digo, Salcido, están convirtiendo en unos eruditos a estos aguiluchos hoy en dia. Es culpa de Felipe Ángeles, si lo conozco. Cuando era maestro en el colegio militar les llenaba la cabeza de humo.”

“Pos sera el sereno, mi general,” dijo la mujer sonriéndole al teniente. “A mi me gustan los hombres eruditos.” El teniente suspiró.

“¿Pos que ira a decir Pancho?” comentó socarronamente Salcido. “Mejor que ni se entere Villa mi teniente porque lo va a quebrar por andarle bajando a la señora. Y no lo culpo, ¡ya ven que guapa está!”

“Pos guapa o no, hasta ahora nomás nos ha canturreado,” apuntó González. “Bien, que con Santa Anna. Asumo que ese cabrón estaba al frente de la guarnición de Veracruz.”

“Pos Santa Anna fue un traidor según he oído,” dijo Salcido.

“No el Santa Anna de 1826. Dígame, mi general, ¿por qué los mulatos del ocho le eran tan fanáticos? Píensele tantito.”

“No sé. A la mejor les pagaba bien.”

“Ay mi general,” la mujer suspiró. “¿Por qué cree que los dorados se harían matar por mi Pancho? Cuando sale un líder nato, y Santa Anna tal era cuando joven, los hombres se identifican con él. Si, Santa Anna tenia muchos defectos. Era un tahúr y un chile dulce. Pero así es el mexicano. Hay veces que le sale un líder, de esos que no se repiten cada cien años, y la gente lo sigue por qué ese líder es lo que ellos quisieran ser. Los negros seguían a Santa Anna por eso. Le admiraban su importamadrismo y su dispendio, ellos que andaban desarrapados y hambrientos. Y los dorados se harían matar con tal de probar que son tan bragados como mi Pancho. No importa que tantos defectos tengan.” Luego acabó con aire de sibila: “Esto siempre ha sido y será.”

González prendió un puro. “Bien, sera el sereno, ya es medianoche, sígale con su cuento.”

“Pues no hay mas que decirle, mi general,” dijo la mujer. “Los españoles desembarcaron en Tampico. Enterado de esto, Santa Anna mando por tierra a mata caballo a la caballería con el coronel Andonegui y el general Mier y Teran. Mientras tanto Santa Anna embarcó en unos buques al ocho y se dirigió a Tampico. Los mexicanos desembarcaron en lo que es ahora Pueblo Viejo, todavía en la orilla veracruzana.”

“¿Y los españoles que habían hecho?” preguntó Salcido.

“Barradas quería a toda costa llegar a San Luis Potosí,” explicó Scheherazade. “Ese pueblo tenia fama entonces de mocho y probablemente los habitantes los recibirían con los brazos abiertos. Pero Barradas no había pasado de Altamira.”

“¿Altamira? Pos si está tan solo a unas leguas de Tampico.”

“En efecto, general,” se rio la mujer. “El problema es que Andonegui y Mier y Teran con su caballería lo traían loco. Le atacaban la retaguardia, le hacían fintas, aparentaban ser mas en numero de lo que realmente eran. ¡Ja ja! ¡Hoy en dia Mier y Teran y Andonegui estarían con mi Pancho, ya vide como los traen a ustedes.”

“¡Oigame señora!” protestó González. “Avóquese a su cuentos carajos.”

“Bien, desmoralizados los españoles decidieron hacerse fuertes en Tampico. Pero en unos cuantos días el vomito negro los tenia diezmados. Fue entonces cuando Antonio decidió cruzar el Panuco con sus mulatos por el rumbo de la quinta de doña Cecilia, una posadera que vendía vituallas a los pescadores del rumbo. En efecto, Antonio cruzo a su gente y los alineo en línea de batalla. Los españoles tenían un fortín con artillería que les cerraba el paso a Tampico donde tenían a todos sus hospitalizados. Pues después de un discurso pomposo Antonio se puso al frente de su gente. Hay que reconocerle que era valiente aunque pendejon y terco.”

“Es que era un gachupin el cabrón también,” se rio Salcido.

“Pos si, el caso es que le mataron el caballo luego luego lo cual enardeció a los mulatos. Estos entraron a bayoneta calada al fortín…¡y fueron rechazados con perdidas tremendas!”

“¡Puta madre!” exclamó González.

“Ya se imaginaran. Los españoles se habían crecido. Entre Josus y Hostias se paraban en los parapetos retando a los mexicanos a que volvieran a cargar entre los montones de sus muertos que habían enfrente del fortin. Y Santa Anna, por cierto, para estas alturas ya empezaba a ver si podía volver a cruzar su gente al otro lado del Panuco. Fue entonces que el dedo de Dios escribió una línea de nuestro destino.”

“¡No sea sangrona!” dijo Salcido socarronamente.

“Tampoco, señora,” protestó también el teniente.

“Perense cabrones, a ver, explíquese señora,” ordenó Gonzalez.

“Pues verán, esa mañana cuando cruzaron en piraguas y balsas los mexicanos el río había estado muy embravecido. El cielo tenía un color de hormiga y los pájaros revoloteaban como locos. El caso es que cuando iba a iniciarse un segundo asalto de pronto se alzo un viento huracanado. En efecto, era lo que llaman un ciclón o huracán en esas latitudes y entró precisamente a tierra por Tampico. Las piraguas y pertrechos de los mexicanos se los llevo la corriente. El río se desbordó y se llevó a muchos infelices. Ninguno de los dos bandos tenia ya animo de continuar la batalla. Los españoles, que en su vida habían visto semejante meteoro, se guarecieron en el fortín rezando con los rosarios en la mano. Los mexicanos mientras se trataban de guarecer bajo los árboles y en los pocos jacales que todavía estaban en pie. De pronto el viento cesó.”

“El ojo del huracan…” dijo Salcido.

“Así es. Pues bien, los mexicanos estaban todos desmoralizados, ya casi sin armas, y la pólvora estaba toda mojada por supuesto. De ahi entonces que Santa Anna demostró su gran labia. El cabrón se había guarecido en la quinta de doña Cecilia. Se montó en un precioso alazán y salio muy campante a arengar a la gente. El mismo cielo, les dijo, era su aliado. ¡No estamos derrotados exclamó! Claro, ya no tenia manera de cruzar el río. Santa Anna se jugaba todo en una sola tirada de los dados. Y al verlo caracolear el caballo y ondear la bandera pos la gente tomó animo. Se dirigieron como tropel de búfalos sobre el fortín. Los españoles, mientras tanto, todavía no se recuperaban y su pólvora, por supuesto, también estaba mojada. Así pues, los cañones que en la mañana les habían causado estragos a los mexicanos estaban ahora mudos. Todo acabó en cinco minutos. El fortín cayo. Unos cuantos días después Barradas capituló. Con toda su gente enferma no iba a poder presentar batalla.”

“Bueno, ¿y como chingaos me ayuda esto a derrotar a su marido?” preguntó González.

“Dudo que lo ayude en mucho. La moraleja de todo esto, le repito, es que el líder nato siempre encuentra la manera de arengar a su gente. No importa que negra se vea la situación siempre les inyectara animo. Y hay que conocer al mexicano. El soldado mexicano es muy frágil. Con cualquier cosa se desmorona su moral. De ahí que un buen líder tiene que estar siempre trabajando en mantener el animo de su gente. Y le digo ahora mismo que aun si Obregón derrota a mi Pancho en Celaya no piense que se va a rendir ansina nomás porque si. ¡Mi Pancho les va a dar un chingo de bronca todavía!”

González se paró y salio de la habitación no sin antes jurar: “¡Salcido! ¡Fusilela al amanecer! ¡Puta madre!”

Salcido y el teniente se quedaron viendo uno al otro tristemente. La mujer se rió. Mas, no se preocupen, igual que la mulata de Córdoba, cuando fueron a sacarla de su celda esta ya estaba vacía. Brujería, dirán unos, ya viden que las gitanas tienen pacto con el diablo. O tal vez fue que Vargas le había creído lo que había dicho la gitana, “que le gustaban los hombres eruditos”. El caso es que para fortuna de Vargas ni Salcido ni González la hicieron de tos. Salcido porque ganas no le faltaron de liberarla. Y González porque tenia en sus manos una bronca tremenda con Rodolfo Fierro, el lugarteniente del centauro. Pero esa es otra historia.

FIN

Tuesday, November 04, 2008

INFERMEX INFORMA

INFERMEX Informa

4 de noviembre del 2004

Infiernotitlan de Juárez, Guanajuato

Hoy, a las 19:00 horas se presentó en la puerta del averno el que en vida se llamaba Yoni CAMOTE, originario de Butrafago de las Alpargatas, Galicia. El difunto iba acompañado de un par de guaruras que habían entregado el equipo junto con él. Luego luego se presento el lic. Diego Fernández de Cebollas a presentar un amparo para que el alma del difunto fuera extraditada al cielo, cosa que fue determinada como NOTORIAMENTE IMPROCEDENTE por el juez Seboruco, del XIII Tribunal Colegiado de Infiernotitlan. El difunto, sin embargo, será extraditado al infierno gachupin en un par de eternidades. Mientras tanto, se le tendrá a puro tehuacanazo por media eternidad y pasara el resto de su estancia en el lago de mierda Jesús Reyes Herodes. Entre los crímenes que se le imputan a este fulano están la tranza de los 21,000 millones de dólares en gas comprado al Peru, los contratos en que se adjudicaron los bloques de la cuenca de Burgos a REPSOL, la represión a los resistentes en el senado, el hacer tranzas con PEMEX (de las cuales admitía), etc., etc. El difunto gozaba de impunidad en vida mientras le aplastaba los mojones al enano y dejaba que este se los aplastara. Pero ya muerto, el licenciado se encargara de que sufra. Se espera que el nivel del lago de mierda Reyes Herodes se incrementara con sus lagrimas y las de los fachos.

Atte.

Lic. Mefistófeles Satanás

Director de INFERMEX

PD: No seria raro si la CIA lo ajusticio pues ya “sabia demasiado” y estaba de salida y ahora los republicanos van también de salida.