Sunday, February 17, 2008

Reseña de La Privatización del Infierno o el Regreso del Fistol del Diablo - por Enrique Krauze

Reseña de La Privatización del Infierno o el Regreso del Fistol del Diablo

Por Enrique Krauze

Como historiador serio, no puedo sino sentirme profundamente ofendido por las múltiples libertades que el autor, un tal Pomponio, –un fulano que según el CISEN anda de mojado en gringolandia— se toma con los personajes de la historia real y literaria de México. El personaje principal, un tal Licenciado Mefistófeles Satanás, reclama ser el Rugiero de la novela de don Manuel Payno, “El Fistol del Diablo”. Y ese no es el único fusil que el tal Pomponio hace de la obra de Payno. Otro personaje central es el llamado Relumbrón, un bandido que Payno inmortalizó en los Bandidos de Río Frío. Y hasta ahí la manera por demás mercenaria y mediocre en que el tal Pomponio se fusila los personajes de don Manuel Payno.

Ahora bien, respecto a los personajes de carne y hueso, el tal Pomponio invoca –literalmente—a las almas de Vboriano Huerta (Victoriano Huerta), Sor Juana, Frida Kahlo, Maria Felix, Francisco Villa, Felipe Ángeles, Rodolfo Fierro, etc. Hay menciones constantes a Pedro Infante, un ídolo entre las clases bajas, que pecan de ser molestas por su frecuencia. Entre los vivos la pluma venenosa de este mediocre novelista cita a Ruth Pantaleta (Zavaleta), el excelentísimo señor Cardenal don Norberto Rivera (Perberto según Pomponio), Chespirito, su servidor Enrique Krauze, Vicente Fox, Marta Sahagun, Felipe Calderón, y Juan Camilo Mouriño (a este ultimo el tal Pomponio lo trata despectivamente y hace alusiones francamente homofóbicas y xenófobas), etc., etc.

Analicemos entonces las inconsistencias y exageraciones de esta novelita. ¿En base a que cabeza se puede concebir que Francisco Villa se atreviera a “lazar como un becerro” a Vicente Fox por andar –según Pomponio—queriéndole robar tierras a unos ejidatarios? Estos argumentos son obviamente sin fundamentos pues el señor Fox y la señora Sahagun y sus familiares son a todas luces rectísimas personas que tienen las manos limpias, igual que el señor presidente Calderón o Poncio Pilatos. Lo único cierto es que, en efecto, un individuo de la calaña de Villa, si regresara, no le tendría respeto alguno a don Vicente Fox o a ninguna de las instituciones que han hecho de México lo que es hoy.

Y es que bien es sabido que Villa, un forajido desalmado, no se oponía a la existencia de las grandes haciendas (le era muy conveniente robarse su ganado). Lo del reparto de tierras era una insistencia de Mesías desorientados como el general Zapata (el llamado Atila del Sur por sus desmanes). El Villa que pinta Pomponio –chillón, a punto está de matar al cónsul norteamericano, causando entonces un incidente entre los EEUU y sus únicos amigos (sirvientes los llama Pomponio)—que se enmuina por las injusticias es falso, la creación de xenófobos de izquierda y furibundos populistas como el tal Paco Ignacio Taibo II. Hoy en dia son tan solo las instituciones –esas que gente como el tal Pomponio y el Mesías Tropical que sigue mandarían gustosamente a Infiernotitlan—las que evitan que el populacho se levante en armas y exija justicia a la manera de Villa y sus forajidos.

Pero el ataque a las instituciones es constante en esta noveleta. Ruth Pantaleta (Zavaleta) se le pinta como tan solo una prostituta de “cincuenta pesos por el servicio” que tiene que mantener a su padrote Arce-Cirigo-Nahum y que se indigna si el tal Satanás no le paga los mencionados cincuenta pesos por agarrarle las nalgas. No, señor Pomponio, la señora Zavaleta, en su calidad de presidenta de la cámara de diputados, probablemente cobre más, tan solo en su sueldo de base, pero en los sueños lúbricos y –obviamente-- misóginos del tal Pomponio esta se vende por una bicoca.

A los llamados Chuchos, los respetables padres conscriptos de la Nueva Izquierda, el autor los pinta igual como unos vendidos, dispuestos a venderse por un hueso al gobierno electo por los jueces en base a la abrumadora mayoría de un 0.56%. Desvirtúa entonces de manera simplista y demagoga el autor a la verdadera izquierda, la responsable, la modosita, la cual, como lo afirma su prócer Cuauhtemoc Cárdenas, “le parten la jeta, da las gracias, y pide perdón por salpicar con sangre”.

El ataque a la santa madre iglesia es igual de constante y vulgar. De haber vivido unos años antes el tal Pomponio estaría entre los furibundos camisas roja de Garrido Canabal –tabasqueño por cierto aunque, claro, esto, repito, no viene a colación de ninguna manera—que tanto daño hicieron contra la iglesia mexicana. Las almas de los curas que se mueren, según Pomponio, son refundidas en un lago de mierda que lleva el nombre de Jesús Reyes Herodes (Heroles), el padre del actual excelentísimo señor director de PEMEX y un patriota respetuoso de las instituciones. De manera arbitraria, en la novela los curas son automáticamente refundidos en este lago y –aun cuando recibe Satanás la orden de extraditarlos al cielo—el chamuco hace mil malabarismos para mantenerlos ahí como si en México no hubiera un respeto irrestricto a las leyes.

¿Qué se puede esperar de tal ponzoña? ¿Que se puede esperar de alguien que no respeta la labor e historia de la iglesia católica en México? Esta es gloriosa, empezando por la evangelización forzada de la Conquista, los juicios a Hidalgo y Morelos, el fusilamiento de la imagen de la guadalupana en pleno zócalo, la valiente oposición al juarismo usando a un príncipe extranjero, su reconocimiento y aval de las instituciones porfirianas, y culminando con la rebelión cristera y la fundación del PAN para oponerse a la nacionalización del 38. Por ejemplo, el padre Maciel, que se menciona que está en el lago de mierda mencionado, y sufre de diarrea, merece mayor respeto por la bien conocida trayectoria y muy divulgados actos en vida. Lo mismo merece el excelentísimo señor Cardenal don Norberto Rivera por su estricto apego y respeto a las leyes mexicanas.

La premisa principal de la noveleta es que los EEUU deciden que utilizaran las instalaciones de Infiernotitlan para maquilar ahí la tortura de los presos políticos que tanto tienen en Guantánamo o traen del medio oriente. Como único sostén para esa teoria guajira el tal Pomponio se basa en el hecho de que, en efecto, la Blackwater está construyendo una base militar en el sur de California, a tan solo unos cuantos metros de la línea divisoria. (Ahí es donde se espera que se entrenen los pefepos, AFIs, y otros celosos defensores de las instituciones mexicanas.) Según la trama calenturienta de la novela el plan mencionado se frustra por diversas razones pero, sin embargo, al ultimo la Blackwater piensa seguir su plan de maquilar la tortura usando un CERESO que el excelentísimo señor gobernador Bours, de Sonora, les proporcionara.

Pomponio entonces se escuda en un falso nacionalismo y se desgañita por el hecho de que los EEUU, una potencia amiga, tome acciones vigorosas en defensa de occidente y su democracia. ¿Qué tiene de malo que los EEUU maquile la tortura en México? Orgullezcamonos, en efecto, de ser el patio trasero del imperio. ¿No se guardan en estos los tiliches y se mantienen a los perros y cachorros? Y sépalo, señor Pomponio, que la industria maquiladora ha sido un gran aliciente para la economía nacional. ¿Tiene algo Pomponio en contra de la industria maquiladora, la cual permite a los obreros mexicanos trabajar de sol a sol, por salarios bajos (pero justos, después de todo, no pueden esperar ganar lo que un gringo), y en condiciones de seguridad discutibles (pero que si cumplen las normas mexicanas)?

En base a un nacionalismo ramplón entonces, el tal Pomponio está mofándose de que los mexicanos apliquen el tehuacanazo –tecnología orgullosamente mexicana—en el servicio de la defensa del perímetro de seguridad de Norteamérica. Este tipo de nacionalismo simplista debe ser denunciado y combatido. Los Estados Unidos estan enfrascados en una guerra a muerte con el fascismo islámico –tal lo llaman asi en Langley—y en toda guerra se necesitan cargadores, afanadores, muleteros, carne de cañón, etc. ¿Qué mejor que darle a los mexicanos la oportunidad de desempeñarse en tales trabajos? Se mofa entonces el tal Pomponio, de una manera por demás vulgar, de los múltiples logros, bien documentados por el INEGI, de esta administración en materia de empleo.

Es por demás ofensivo el lenguaje vulgar y de carretonero tlacotalpeño que utiliza Pomponio. Las mentadas son usadas sin ton ni son, tal y como las utilizan las clases bajas de este país que, afortunadamente, no lo gobiernan. Hay visos, como mencione, de homofonía contra don Juan Camilo Mouriño y misoginia contra doña Ruth Zavaleta. Pinta al señor presidente Calderón como un borrachín aunque cualquiera de los miles de mexicanos que se han ido de mojados (excepto el ingrato Pomponio) puede atestiguar la calidad de su liderazgo en materia económica, política, y de empleo. La novela pinta entonces un panorama absolutamente falso de la realidad de México. ¿Qué se puede esperar de un lavaplatos que anda en gringolandia huyendo de la migra, cuyas únicas fuentes de información son los blogs izquierdistas, foros comunistoides, y los sitios tendenciosos como la Jordana? Es evidente que a este Pomponio lo han vuelto loco estas fuentes calenturientas, igual que “los libros de caballería” hicieron con don Alonso de Quijano, el Quijote. Cualquiera que vea la televisión mexicana y los spots informativos del gobierno sabrá que la realidad del país no es como se pinta en esta noveleta.

Flaco favor le hace Pomponio a Sor Juana. Esta, tengo entendido, fue una monja medio rebelde del siglo XVII que adquirió cierta notoriedad y fama a raiz de la divulgación de su obra a cargo de Octavio Paz, el intelectual domesticado del priato. Es en base a esa propaganda que hoy los billetes portan su imagen cuando podrían bien tener imágenes de próceres más merecedores, como Miramon, Maximiliano, Porfirio Diaz, o aun la misma Rabina Gran Tagore o doña Marta Sahagun (la cual también es tratada irreverentemente por el autor).

Pomponio convierte Sor Juana en una especie de Gandalf que guia al tal Satanás a deshacerse de su fistol o “precious” (así le llama en cierto momento), tirandolo en el cráter de un volcán. Así pues, la novela se fusila premisas del Señor de los Anillos y lo hace de manera por demás descarada. No teniendo como resolver al último la ridícula situación que ha creado, el tal Pomponio utiliza la técnica desacreditada y simplista del Deus ex Machina para resolverlo todo. Es mas, tan caradura es el autor y tan poco respeta al lector que así lo anuncia bautizando a uno de los últimos capítulos con ese titulo.

En suma, esta novela adolece de múltiples defectos. La técnica es pobre, el lenguaje es vulgar, las situaciones son predecibles, y los personajes son risibles. Es de notar que los personajes femeninos, Sor Juana, Frida Kahlo, y Maria Felix, todas son mujeres de sexualidad equivoca y esto habla de la misoginia y evidencia los sueños lúbricos del autor. Ningún mexicano del “México Ganador” que se precie de ser respetuoso de las instituciones debe contaminarse yendo a www.cerrodelascampanas.blogspot.com a leerla. Esta es una novela escrita para el deleite de la plebe y seguidores del Mesías Tropical, los cuales he llamado escorias humanas e irrespetuosos. Sin embargo, una virtud de esta novela, es mas, su única virtud, como lo admite abiertamente y sin pudor el autor, es que está “escrita con las patas” y el resultado no puede ser otro.

Enrique Krauze