Tuesday, August 13, 2013

Gringos y sus pasquines llaman a privatizar PEMEX, gracias por el consejo

La mejor opción para Pemex es privatizar, hacerla competitiva y extirparle la corrupción: The Washington Post | Sin Embargo:
Por: Redacción / Sinembargo - agosto 22 de 2013 - 7:59
De revista, México, Mundo, TIEMPO REAL, Último minuto - 17 comentarios



Washington, 22 ago (EFE).- La compañía estatal Petróleos de México está en graves problemas y la mejor opción para el país es la privatización del monopolio, afirmó hoy un editorial del diario The Washington Post.

PEMEX “es uno de los mayores productores de petróleo del mundo”, añadió el artículo. “Es también una empresa sustentada sobre justificaciones insensatas acerca del orgullo y la soberanía nacional”.

“La burocracia de PEMEX es impenetrable, el jefe de su sindicato vive de manera extravagante y en una encuesta reciente casi el 80 % de los mexicanos asocian la firma con la corrupción”, continuó el editorial.

“Mientras tanto el Estado toma enormes cantidades de dinero para financiar un tercio del presupuesto nacional y la compañía no se las ha arreglado para usar el resto para abrirse paso en la extracción de petróleo bajo aguas profundas o para incrementar la extracción de petróleo y gas natural de los esquistos en tierra firme”, sostuvo periódico.

“Aunque la firma todavía extrae mucho crudo tiene una deuda de 60.000 millones de dólares”, apuntó el artículo.

“La mejor opción para los gobernantes mexicanos es abrir el negocio petrolero (a la competencia), reducir la dependencia estatal de los ingresos petroleros y privatizar PEMEX, forzando a la compañía a competir con empresas extranjeras más ágiles, sujetas a reglas coherentes e impuestos razonables”, añadió.

Pero estas reformas que, según el diario, aumentarían la productividad y el crecimiento económico, parece “estar lejos de la imaginación de los reformistas”. EFE
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Carta a los soldados mexicanos

Carta a los soldados mexicanos

México está herido de muerte.  La parca llega cuando un pueblo pierde toda esperanza.  Los mexicanos solo ven un futuro de miserias, estrecheces, pobreza, hambre, y peor, es el futuro que perciben para sus hijos.  La desesperanza cunde en todo el país, desanimando a los luchadores y dando pie a claudicaciones y traiciones.  México como nación se extingue y agoniza.  

O sea, en estos momentos, ya no hay nada que perder.  De seguir este rumbo México dejara de existir como nación.

Don Ignacio Allende, coronel en el regimiento de lanceros de la reina, con todos los privilegios y sueldos que eso implicaba, antepuso su amor a la patria –que entonces ni existía como nación—ante los juramentos que había hecho a España.  

Don Vicente Guerrero hizo a un lado sus prejuicios contra el sangriento asesino de tantos insurgentes, Iturbide, y no tuvo empacho en llegar a un acuerdo con este para que la patria naciera.  

Donn Ignacio Comonfort, que gozaba de los privilegios de un comandante de la plaza de Acapulco, cayó en cuenta que bajo la tiranía de Santa Anna la patria seria destruida y vendida a pedazos al extranjero.  Comonfort se fue a buscar al viejo insurgente, don Juan Álvarez, en las montañas de Guerrero.  Y juntos conspiraron contra el tirano.  Y el quince uñas salió huyendo.

Después de la decena trágica, el general Felipe Ángeles, por su reconocida trayectoria militar, fue indultado por el chacal Huerta y se le ofrecieron puestos y honores dentro del régimen de este.  Ángeles rehusó todo esto y tuvo que exiliarse.  Posteriormente regreso y se sumo a la revolucion contra el borrachin pelon de lentes que usurpaba la presidencia.  Luego, viendo la ambición que existía en el corazón de Carranza no tuvo empacho en sumarse a las fuerzas de la división del norte de Francisco Villa.

Los ejemplos abundan de militares mexicanos que rehusaron tomar el camino fácil, cómodo, de servir al tirano para irse por la vía mas penosa, la de servir con honor a México.  Pero la lección es evidente: en cada caso el pueblo supo reconocer a los verdaderos caudillos que defendían a la patria y gustoso se les unió (“en bandas milenarias” como decía la carta de renuncia de Porfirio Díaz).  No hay razón por la que no sea hoy igual.

Hoy los traidores a la patria gobiernan.  Se disponen a entregar los jirones de patria que nos quedan a los extranjeros.  Desprecian al pueblo.  Le roban.  Lo explotan y le ofrecen toda clase de facilidades a los extranjeros para que hagan lo mismo.  Pero ese no es su mayor crimen.  Es este: querer quitarle toda esperanza al pueblo y así que este acepte resignado la muerte de la patria.

Soldados mexicanos: ustedes son la última esperanza que queda.  El lema del H. Colegio Militar es “por el honor de México”.  Es tiempo de que demuestren que ese lema no es letra muerta.

Mario Quijano Pavón

Favor de revisar el Plan de Septiembre: http://cerrodelascampanas.blogspot.com/2013/09/el-plan-de-septiembre.html


EDU-003 - Los Testimonios de la Expropiacion

Los testimonios de la expropiación 

'Ese día 19 de marzo llegamos y estaban paradas las plantas. Lo peor fue cuando quisimos echarlas a andar y nos encontramos con que los archivos estaban vacíos. Con las ganas inmensas de resolver las cosas, juntamos todos los apuntes que había hecho cada trabajador y lo que sabíamos por experiencia y así las echamos a andar. Y es que teníamos el orgullo muy en alto.' Ing. José Ornelas Canales, 78 años, jubilado. 

'Nos daban 15 minutos con reloj en mano para comer. Como estábamos en el campo, nada más en acarrear la bolsa ya se acababan.' J. Carmen Rueda Solís, 82 años, jubilado. 

'Nos preguntó nuestro gobierno, que era el Gral. Lázaro Cárdenas, si estábamos dispuestos a apoyar. ¿Cómo no íbamos a estar dispuestos si había que defender la riqueza de nuestro país?' Eduardo Díaz, 80 años, jubilado. 

'La industria la mantuvimos nosotros de milagro, pues no había refacciones.' Eduardo Bolaina, 76 años, jubilado. 

'Para mí es motivo de gran orgullo saber que mi hijo, al igual que yo, esté gozando de la jubilación de Petróleos Mexicanos. Cuando nació (en 1934), acabábamos de pasar una dura huelga en contra de las compañías petroleras extranjeras, las cuales se encontraban renuentes a darnos las mejoras laborales que después gozó mi hijo.' José Castellanos, 83 años, jubilado; José Castellanos Hernández, 53 años, jubilado. 

'Si uno le faltaba el respeto a un gringo, enseguida le ponían ‘Bola Negra’ y lo boletinaban en todos los campos. Hubo compañeros que ante tal situación, para poder trabajar en otro lugar se tenían que cambiar de nombre ya que sólo pedían la edad, el origen, y no solicitaban ninguna fotografía.' Rubén Ramírez, 68 años, jubilado. 

'En la primera huelga ganamos el descanso, porque antes trabajábamos 6 días; únicamente eso nos pagaban. Ni soñábamos con vacaciones.' Ernesto Sosa Fuentes, 80 años, jubilado. 

'Cuando la expropiación, yo vi llorar a Mister Karrington, que era un ingeniero holandés encargado de las plantas compresoras de El Plan; no eran lágrimas de coraje, sino de tristeza, ya que al igual que muchos extranjeros, se había encariñado con México.' Teodoro Cruz Aquino, 70 años, jubilado. 

'Éramos 90 hombres cargando todo el material a puro mecapal. ¿Cómo podíamos defendernos si no sabíamos nada? Éramos como niños.' Fernando Piedra Torres, 77 años, jubilado. 

'Teníamos algo muy grande en ese momento. Teníamos la esperanza.' Ismael Maldonado, 68 años, jubilado. 

'Escuchábamos el ruido de una máquina de escribir y entramos y ahí estaban los gringos. Y les dijimos: ‘¡se salen!, ¡ahora nosotros somos los que mandamos aquí!' '. Marcelino Sánchez, 79 años, jubilado. 

'A la hora que se fueron los gringos, los que sabían les enseñaban a los que no sabían y en las oficinas les empezaron a enseñar a los del Sindicato, pero ya las cosas no se hacían en inglés.' Antonio Sánchez López, 80 años, jubilado. 

'Los primeros años posteriores a la expropiación fueron de grandes penurias. Los rollos de papel de las máquinas sumadoras no los podíamos tirar una vez usados, sino que los utilizábamos de los dos lados. También empatábamos los cachitos que sobraban de los lápices para hacer uno solo. Dicha situación duró como cinco años.' Irineo Gallegos, 73 años, jubilado. 

'Cuando andábamos buscando nuevas localizaciones de posibles yacimientos, durábamos hasta un mes internados en la selva. El agua para beber la obteníamos de donde podíamos; en cambio, los extranjeros salían del campamento con sus cantimploras repletas de agua. Muchos de nuestros compañeros se quedaron enterrados entre el monte, mordidos por la terrible Nuayaca, pues no nos daban ni botas, ni teníamos medicinas y sólo recurríamos, cuando se podía a los remedios caseros aprendidos durante tantos años de andar entre la selva.' Israel Zurita, 78 años, jubilado. 

'Desde las compañías siempre fuimos responsables de nuestro trabajo. Por eso, cuando se decretó la expropiación petrolera y recibimos a los primeros ingenieros mexicanos, nos empezaron a respetar y a darnos nuestro lugar.' Eleazar Córdova, 72 años, jubilado. 

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* Testimonios y titulares de periódicos tomados del libro ‘Los cohetes duraron todo el día’, de Pedro Mayer. 1988. Edición para el 50 aniversario de la Expropiación Petrolera.